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Marcadores clínicos precoces del trastorno del espectro autista

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Autor/autores: Guiomar Lanuza , Ángel Rosa Alcázar, Javier Orteso Rivadeneira, Fuensanta Robles Sánchez, Fuensanta Belmonte Avilés
Fecha Publicación: 26/04/2018
Área temática: Trastornos infantiles y de la adolescencia .
Tipo de trabajo:  Póster
Universidad Católica de San Antonio de Murcia (UCAM)

RESUMEN

El Trastorno del Espectro Autista (TEA) afecta a uno de cada 68 recién nacidos convirtiéndose en el trastorno del neurodesarrollo que más ha crecido en Estados Unidos. Sin embargo, su etiología sigue siendo una incógnita que se intenta descifrar a través de la búsqueda de algún marcador biológico, pero sin resultado concluyente, por lo que el diagnostico sigue siendo clínico. La bibliografía y los profesionales de la salud mental insisten en que puede diagnosticarse incluso antes de los 2 años, no obstante, éste se retrasa hasta los 4 o 5 años. Ante lo cual se hace patente la necesidad de reducir la edad de diagnóstico, facilitando un tratamiento precoz, y para ello es de vital importancia contar con marcadores clínicos precoces, siendo el objetivo de este estudio evaluar los factores que pueden actuar como un signo de TEA en la primera infancia. Para llevar a cabo este cometido, en este estudio se ha recogido la información de las historias clínicas de 55 niños diagnosticados de TEA, para luego contrastarla con la bibliografía actual. Entre las variables recogidas se encuentran las de tipo: sociodemográfico, antecedentes familiares, embarazo y nacimiento, alimentación, hábitos de autonomía, desarrollo motor, comunicación, desarrollo perceptivo, desarrollo emocional, desarrollo social e impresión cognitiva. Los resultados muestran que existen variables claramente identificables en las etapas tempranas de la infancia, que pueden servir como diagnóstico precoz del TEA, siendo conveniente que dicha información esté disponible no sólo para los profesionales de la salud sino también para los padres, cuidadores y docentes.

Palabras clave: trastorno del espectro autista, diagnóstico precoz, factores de riesgo.

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Congreso Virtual Internacional de Psicología
II Edición
12 - 22 de marzo de 2018

MARCADORES CLÍNICOS PRECOCES DEL TRASTORNO DEL
ESPECTRO AUTISTA: UN ESTUDIO DESCRIPTIVO
Lanuza Belmonte, Guiomar1, Rosa Alcázar, Ángel1, Orteso Rivadeneira, Javier1, Robles Sánchez, Fuensanta2, Belmonte Avilés, Fuensanta2
1: Universidad Católica de San Antonio de Murcia (UCAM); 2: Servicio Murciano de Salud

INTRODUCCIÓN

FIGURAS

La etiología del Trastorno del Espectro Autista (TEA) sigue
siendo una incógnita que se intenta descifrar a través de la
búsqueda de algún marcador biológico, pero sin resultado
concluyente, por lo que el diagnostico sigue siendo clínico. La
literatura científica y los profesionales de la salud mental insisten
en que puede diagnosticarse incluso antes de los 2 años, no
obstante, éste se retrasa hasta los 4 o 5 años. Ante lo cual se hace
patente la necesidad de reducir la edad de diagnóstico, facilitando
un tratamiento precoz, y para ello es de vital importancia contar
con marcadores clínicos precoces.

Figura 1: Variables perinatales y de Desarrollo Motor

OBJETIVOS
Objetivo general: Evaluar los factores que pueden actuar como
un signo de TEA en los dos primeros años de vida.
Objetivos específicos: Examinar los principales signos presentes
en niños con TEA, a través del análisis de variables referentes al
embarazo y parto, alimentación, comunicación y desarrollo motor,
perceptivo, emocional y social.

MÉTODO
Se revisaron un total de 250 historias clínicas de una Clínica
privada de Psiquiatría y Psicología Infanto-Juvenil, de los años
correspondientes de 2012 a 2016 (ambos inclusive), de las que 55
cumplían los criterios de inclusión (diagnostico de TEA). La
información extraída corresponde al periodo que va desde antes
del nacimiento hasta los dos años de vida.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN
Los resultados más relevantes, que se presentan en las Figuras 1, 2
y 3, muestran altos porcentajes en la mayor parte de las 27
variables analizadas, superando 23 de ellas el 40% y 10 de ellas,
incluso, el 70%. Las variables que se presentan con mayor
frecuencia, son aquellas relacionadas con el parto y con el
desarrollo emocional, social y de la comunicación. Aquellas con
porcentajes menos elevados deben ser tomados con precaución,
ya que presentan asimismo una alta incidencia con respecto a los
neurotípicos.

0%

10%

EMBARAZO, PARTO
Eventos adversos embarazo
Complicaciones parto
ALIMENTACIÓN
Lactancia artificial
Conducta anómala frente alimento
DESARROLLO MOTOR
Adquisición retrasada
Estereotipias motoras
Rituales motores

20%

30%

40%

50%

60%

70%

80%

90% 100%

46%
75%
46%
53%
29%
74%
58%

Figura 2: Variables de Desarrollo Comunicación y Perceptivo
0%

DESARROLLO COMUNICACIÓN
Intención comunicativa anómala
Expresión pragmática inadecuada
Presencia anomalias
Ecolalia
Lenguaje adultomorfo
Lenguaje peculiar
Dificultades comprensión
Anomalías apego visual
DESARROLLO PERCEPTIVO
Desarrollo anómalo
Atención aleatoria al medio/personas

10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

69%
87%
80%
40%
23%
46%
73%
91%
67%
66%

Figura 3: Variables de Desarrollo Emocional y Social
0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100%

DESARROLLO EMOCIONAL
No afectividad a propios
Humor inestable
Manejo emocional inadecuado
Mal manejo frustración
Mal manejo control impulsos
Dilatación respuesta
Crisis rabia o cólera
DESARROLLO SOCIAL
Ausencia sonrisa social
Baja interacción con iguales
Rechazo interacción adultos no habituales

38%
41%
91%
89%
41%
36%
72%
53%
84%
69%

CONCLUSIONES
En la actualidad, la detección y el tratamiento precoz del TEA son los factores principales para optimizar su pronóstico, sin embargo, el diagnóstico
se demora hasta el momento en que los síntomas son obvios e innegables. A través de este estudio, se ha podido constatar la existencia de ciertas
variables presentes en los dos primeros años de vida, así como previos al nacimiento, que pueden servir como signos precoces para su diagnóstico.
Por ello es importante que los profesionales de la salud, padres, cuidadores y docentes estén informados de los signos precoces de alerta que puede
presentar un niño con TEA, así como los factores pre y peri-natales considerados de riesgo, puesto que dichos datos, al hacer la historia clínica,
habían sido observados por los relatores evolutivamente, habiéndolos minimizado por considerarlos variables del desarrollo o peculiaridades no
relevantes del menor. En conclusión, este estudio muestra que, tras la realización de una exploración diagnóstica adecuada, incluyendo historia clínica
y exploración psicopatológica, los marcadores clínicos obtenidos son un medio científicamente correcto para un diagnóstico certero y precoz.
REFERENCIAS
Fariña, L., Galli, E., Lazo, M., Mattei, L. y Raggio, V. (2015). Genética molecular y trastornos del espectro
autista. An Facultad Med, 2(1), 9-19.
Hervás, A. (2016). Un autismo, varios autismos. Variabilidad fenotípica en los trastornos del espectro autista.
Revista Neurología, 62(1), 9-14.

Klin, A., Klaiman, C. y Jones, W. (2015). Reducing age of autism diagnosis: developmental social neuroscience
meets public health challenge. Revista Neurología, 60(1), 3-11.
Paula-Pérez, I. y Artigas-Pallarés, J. (2014). El autismo en el primer año. Revista Neurología, 58(1), 117-121.
Zwaigenbaum, L., Bryson, S. y Garon, N. (2013). Early identification of autism spectrum disorders. Behavioural
Brain Research, 251, 133-146.

Guiomar.Lanuza@Gmail.com

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