Definición y características del patrón de conducta tipo-ALa concepción de salud actual como un constructo que incorpora tres dimensiones interrelacionadas estrechamente -la biológica, la psicológica y la social- es asumida por los profesionales sanitarios. Sin embargo, la atención integral de los enfermos no siempre es llevada a cabo contemplando estas tres dimensiones. Un ejemplo que mues...
Definición y características del patrón de conducta tipo-A
La concepción de salud actual como un constructo que incorpora tres dimensiones interrelacionadas estrechamente -la biológica, la psicológica y la social- es asumida por los profesionales sanitarios. Sin embargo, la atención integral de los enfermos no siempre es llevada a cabo contemplando estas tres dimensiones. Un ejemplo que muestra con claridad la desconexión, a nivel práctico, entre la atención a estos tres niveles es la cardiopatía isquémica (angor e infarto de miocardio).
La investigación sobre factores psicosociales y salud ha identificado al patrón de conducta tipo-A (PCTA) como un factor de riesgo en el desarrollo prematuro de enfermedades cardiovasculares. Tradicionalmente el análisis etiológico se ha centrado en la consideración de una serie de factores entre los que destacan los siguientes: presión arterial, nivel de colesterol, consumo de tabaco, dieta rica en grasas y falta de ejercicio físico. Se ha especulado que la influencia del PCTA en la enfermedad coronaria sigue una vía diferente o no directamente ligada a la contribución que puedan hacer otro tipo de factores. Ya en 1959 los cardiólogos Friedman y Rosenman pusieron de manifiesto por primera vez el hecho de que sus pacientes (enfermos de corazón) compartían una serie de características comportamentales, que ellos denominaron PCTA. A partir de los años 60, se viene prestando atención a determinados estilos de conducta que parecen fuertemente asociados a dichas alteraciones cardiovasculares. Existen formas de conducta, sólidamente establecidas, que pueden resultar desadaptativas, y que parecen conducir al desarrollo de alteraciones cardiovasculares.
El PCTA se ha venido definiendo por tres atributos básicos:
a) Competitividad. Compuesta por las siguientes características :
Afán por destacar: los sujetos tipo-A rinden al máximo de sus posibilidades. Se esfuerzan por destacar en todo momento independientemente de los requerimientos de la tarea.
Eliminación de impedimentos: focalizan su atención sobre aquellos estímulos ambientales que son relevantes para la tarea ignorando toda aquella otra estimulación periférica que pudiera resultar irrelevante o perjudicial para el desempeño de la tarea. Más aún, las personas tipo-A parecen inhibir activamente su atención a aquellos elementos, presentes en la situación, que puedan distraerles e interferir con el adecuado desarrollo de la tarea.
b) Impaciencia. Hace referencia al matiz de urgencia temporal, que las personas tipo-A introducen en todos sus actos. Pretenden conseguir alcanzar el mejor aprovechamiento posible del tiempo.
c) Hostilidad. Se trata de un complejo que comprende diversos elementos. Junto con la impaciencia constituye el núcleo esencial del patrón, y varios estudios epidemiológicos lo hacen directamente responsable del riesgo de la enfermedad coronaria.
En cuanto a los efectos fisiológicos del PCTA, estos sujetos responden a una gran variedad de estímulos con una fuerte reactividad simpática, lo que se traduciría en cambios en diferentes sistemas orgánicos. En el sistema cardiovascular se produciría elevación de la presión arterial (fundamentalmente en la presión sistólica) y de la frecuencia cardíaca. En el sistema endocrino se produciría aumento de las concentraciones séricas de adrenalina, noradrenalina y cortisol. En relación a otras medidas también se producirían aumentos en los niveles de colesterol, ácidos grasos libres, triglicéridos y testosterona.
Estos sujetos tienden a verse implicados e incluso a buscar situaciones que les produzcan la reactividad simpática que conlleve a todas estas alteraciones que progresivamente irían lesionando la estructura del sistema circulatorio. De la misma manera, en el caso de que un sujeto tipo-A sufriese un ataque coronario, su período de recuperación debería ser, teóricamente, superior al de otro paciente coronario sin este patrón característico de personalidad. La causa de ello es que estos pacientes sufrirían una mayor reactividad de su sistema nervioso simpático durante el ataque agudo cardíaco y el tiempo necesario para recuperar la normalidad sería del mismo modo más prolongado.
Valoración del patrón de conducta tipo-A
A lo largo de los últimos años se han desarrollado numerosos instrumentos para la valoración del PCTA. No obstante, no todos ellos han sido estudiados con las debidas garantías psicométricas, por lo que solo esta exposición se limitará a los más rigurosos y de probada utilidad en la práctica.
1. Entrevista estructurada: fue diseñada para medir el PCTA en el Western Colaborative Group Study Su duración es de 10 a 15 minutos, estando integrada por dos partes bien diferenciadas, la primera correspondiente a un autoinforme de 22 ó 26 cuestiones (evaluándose la urgencia, la competitividad y el afán de logro) y la segunda en la que se realiza la observación de las respuestas del sujeto ante estímulos tales como la interrupción o la contradicción. A pesar de ser el mejor instrumento para la evaluación del PCTA la complejidad de su realización, así como la necesidad de entrevistadores entrenados, hacen que sea menos empleada de lo que cabría esperar.
2. Escala de actividad de Jenkins (JAS): consta de 52 ítems que cubren los tres supuestos componentes del PCTA: impaciencia (subescala S), esfuerzo-competitividad (H) e implicación (J). La puntuación en la escala se obtiene mediante la suma de los valores ponderados de cada ítem. Esta prueba se caracteriza por poseer una alta fiabilidad en los diferentes estudios que la han empleado.
3. Escala tipo-A de Framingham: esta escala evalúa los componentes de competitividad, urgencia, dominancia y quejas de trabajo mediante la aplicación de 10 ítems. Sin embargo, no posee una correlación fuerte con la entrevista estructurada e infravalora los componentes hostiles del PCTA.
4. Cuestionario de Bortner: este inventario esta formado por 14 ítems cuya puntuación varía en un continuo de 1 a 24 en función de que el sujeto se sienta nada (1) o muy identificado (24) con el contenido de la afirmación. Por la sencillez y rapidez para su realización así como para su corrección este instrumento de evaluación es el más idóneo para su aplicación por parte de los profesionales de enfermería.
Intervención y modificación del patrón de conducta tipo-A
Los patrones conductuales son pautas de comportamiento estables y muy arraigadas en el repertorio de conducta habitual de las personas, por lo que su modificación resulta extremadamente costosa. Por ello, y partiendo de una definición bio-psico-social de la salud resulta imprescindible un abordaje multidisciplinar del problema para ofrecer un apoyo a todos los niveles requeridos por el sujeto.
Una alta adhesión al tratamiento es algo muy complicado de conseguir en estos pacientes debido a que las características de sus hábitos conductuales interfieren en una adecuada percepción de su situación y en la motivación a la hora de realizar un programa de tratamiento.
Los profesionales de enfermería deben jugar un papel esencial en la detección de los individuos poseedores de este patrón conductual (bien sea antes de que se presente algún problema de salud [en la atención primaria] o bien sea en el caso de que el problema ya se haya presentado [en la atención hospitalaria]) y pueden ser los que inicien el proceso de intervención y realicen las derivaciones pertinentes a otros profesionales.
Antes de comenzar nuestra actuación es necesario realizar una valoración consistente que nos permita orientar cada uno de los objetivos. Son especialmente relevantes en el caso de estos pacientes las siguientes variables: constantes vitales (frecuencia cardiaca y tensión arterial), actividad laboral (en lo que se refiere tanto al tipo de trabajo como al horario del mismo), rol familiar y social, apoyo social, otros factores de riesgo implicados en el desarrollo de patologías cardiovasculares (tabaquismo, vida sedentaria, niveles de colesterol, obesidad...).
Un paso imprescindible y de gran importancia para todo el desarrollo del proceso de modificación del PCTA es una implicación activa del paciente en el programa de tratamiento. Por ello, resulta fundamental que el sujeto sea plenamente consciente tanto de su situación como de las implicaciones que su forma de comportamiento tiene sobre su salud. Este componente pedagógico puede ser llevado a cabo de manera eficaz por parte del personal de enfermería que debe asegurarse de aclarar todas las dudas que pueda tener el paciente. Del mismo modo se debe destacar que un tratamiento de estas características exige un periodo de tiempo prolongado para conseguir los resultados esperados y que estos se mantengan a medio y a largo plazo.
Las tareas a realizar se van a dirigir principalmente al patrón de actividad del individuo, ya que es el que manifiesta más directamente las características de la personalidad tipo-A. También resultará importante la asistencia a las revisiones médicas y de enfermería establecidas con el fin de poder realizar el seguimiento adecuado y si fuese necesario una actuación precoz ante los posibles problemas aparecidos.
Desde el campo del psicología clínica se ha señalado en numerosas ocasiones los beneficios que se pueden obtener a partir de la práctica de alguna técnica de relajación (relajación progresiva, respiración profunda...). A pesar de que estas técnicas son relativamente sencillas y están al alcance de la mayoría de las personas no se debe caer en el error de aplicarlas sin una adecuada formación y entrenamiento en las mismas. Por ello, el personal de enfermería debe tener una buena base antes de su empleo en situaciones clínicas.
Conclusiones
A pesar de que la atención de las alteraciones cardiovaculares se suele realizar únicamente a un nivel fisiológico, el papel que desempeñan, directa e indirectamente, los elementos comportamentales es algo que no puede ser ignorado por los profesionales de la enfermería. El PCTA es un factor de riesgo en la cardiopatía isquémica tan importante como los factores tradicionales por lo que exige la misma atención que ellos. La principal utilidad de considerar este nivel de actuación es que proporciona el apoyo necesario para la prevención de las enfermedades coronarias. El profesional de enfermería debe conocer qué es el PCTA, cuales son sus implicaciones, así como los sistemas de evaluación y modificación del mismo, para de esta manera dar una atención adecuada a los pacientes coronarios o con riesgo de padecer este tipo de patología. Aunque el PCTA es un factor muy estudiado por otros profesionales de la salud (médicos y psicólogos), el interés de los enfermeros hasta este momento ha sido nulo. Es necesario llenar el vacío de conocimiento existente sobre este aspecto mediante el desarrollo de actividades destinadas a la prevención de la patología coronaria en estos pacientes y la evaluación posterior de los resultados obtenidos. La investigación es la principal arma de la que disponemos a la hora de aumentar conocimiento sobre este desconocido campo de estudio.
Bibliografía
1. Bermúdez J. Aspectos psicológicos de los trastornos cardiovasculares. En : Ibáñez E., Belloch A, editores. Psicología y Medicina. Valencia: Promolibro; 1989. p. 77-106.
2. Carmona FJ, Marín D, Sanz LJ. El patrón de conducta tipo-A: implicaciones para enfermería. Enfermería científica 2000; 218-219:69-73.
3. Del Barrio V, Mestre V, Velasco JA. Patrón de conducta A e infarto de miocardio. En: Santacreu J, editor. Modificación de conducta y psicología de la salud. Valencia: Promolibro; 1988. p. 487-97.
4. Evans P. Tratamiento cognitivo-conductual del patrón de conducta Tipo-A: una revisión crítica. Psicología conductual 1995; 3(2):183-194.
5. Palmero F, García A. Patrón-A de conducta y enfermedad coronario: relevancia de los aspectos psicobiológicos. Análisis y modificación de conducta 1989; 15(43): 123-151.
6. Pérez-García AM, Bermúdez J. Personalidad pro-coronaria, factores situacionales y reactividad cardiovascular. Revista de Psicología de la Salud 1997; 9(1):29-42.
7. Robles H, Fernández C. Enfermedad coronaria y factores de riesgo. Boletín de Psicología 1991; 33: 93-117.
8. Sanjuan Suárez P, Pérez García AM. Reactividad fisiológica y patrón de conducta Tipo-A: balance de la investigación. Clínica y Salud 1995; 6(1):45-66.
9. Sender R, Valdés M, Riesco N, Martín MJ. El patrón de conducta Tipo-A y su modificación terapéutica. Barcelona: Ediciones Martínez Roca; 1993.