La anorexia athletica (AA) constituye una entidad clínica descrita en el contexto del deporte de alto rendimiento, caracterizada por una restricción energética significativa y un ejercicio físico excesivo orientados a optimizar el rendimiento competitivo. Aunque comparte rasgos con los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) clásicos, presenta particularidades psicopatológicas y motivacionales que justifican su análisis específico en el ámbito de la psiquiatría deportiva.
El estudio sistemático de la salud mental en atletas es relativamente reciente. Durante décadas, la presión por mantener un bajo peso corporal fue normalizada como parte del entrenamiento, especialmente en disciplinas estéticas (gimnasia, danza, patinaje artístico) y deportes de resistencia (atletismo de fondo, ciclismo). Este contexto favorece la internalización de ideales de delgadez funcional, que pueden evolucionar hacia patrones restrictivos clínicamente relevantes.
A pesar de su creciente reconocimiento en la literatura científica, la anorexia athletica no está formalmente recogida como diagnóstico independiente en el DSM-5-TR ni en la CIE-11. Esta ausencia plantea desafíos tanto diagnósticos como investigativos, especialmente en poblaciones de élite.
La prevalencia de TCA en deportistas de alto nivel es superior a la observada en la población general. Algunos estudios reportan tasas de anorexia nerviosa de hasta el 16,7% en determinados grupos de atletas, frente a cifras aproximadas del 2–3% en controles no deportistas. Las diferencias por sexo son consistentes: las mujeres atletas presentan tasas significativamente mayores que los varones (alrededor del 14% frente a 3,2%).
Los deportes clasificados como “de riesgo” incluyen:
- Deportes estéticos (gimnasia artística, patinaje artístico).
- Deportes con categorías de peso (lucha, boxeo, remo ligero).
- Deportes de resistencia (maratón, triatlón).
En estos contextos, la presión externa (entrenadores, jueces, cultura deportiva) y la autoexigencia interna pueden interactuar con vulnerabilidades individuales, generando un terreno propicio para la aparición de conductas restrictivas.
Desde el punto de vista psicopatológico, la anorexia athletica se asocia con:
- Perfeccionismo disfuncional.
- Elevada autoexigencia.
- Baja autoestima.
- Dependencia del rendimiento para la autoevaluación.
- Presión externa por mantener un determinado peso o composición corporal.
En muchos casos, el control del peso se percibe como un medio instrumental para mejorar marcas o puntuaciones, lo que dificulta la identificación precoz del problema por parte del entorno deportivo.
Uno de los marcos conceptuales más relevantes es la denominada tríada de la atleta femenina, descrita por el American College of Sports Medicine, que integra:
1. Baja disponibilidad energética (con o sin TCA).
2. Disfunción menstrual (amenorrea u oligomenorrea).
3. Disminución de la densidad mineral ósea.
En el plano neuroendocrino, se han documentado:
- Niveles reducidos de leptina.
- Descenso de estrógenos.
- Alteraciones del eje hipotálamo-hipófiso-gonadal.
Estos hallazgos muestran similitudes con la anorexia nerviosa, aunque en la anorexia athletica el detonante primario suele estar vinculado al rendimiento deportivo y no necesariamente a una distorsión global de la imagen corporal.
En los últimos años, el concepto de “Relative Energy Deficiency in Sport” (RED-S) ha ampliado la comprensión de las consecuencias sistémicas de la baja disponibilidad energética, incluyendo afectación cardiovascular, inmunológica y psicológica.
El diagnóstico diferencial de la anorexia athletica exige una evaluación clínica exhaustiva y contextualizada.
Aunque puede existir solapamiento, algunas características diferenciales incluyen:
- Motivación centrada en el rendimiento más que en el miedo intenso a ganar peso.
- Conductas restrictivas predominantemente limitadas al periodo competitivo.
- Menor presencia de distorsión perceptiva corporal generalizada (aunque no siempre).
No obstante, la progresión desde una anorexia athletica hacia una anorexia nerviosa formal es posible, especialmente si la conducta restrictiva se generaliza fuera del ámbito deportivo.
Debe descartarse patología médica que justifique pérdida ponderal o síntomas asociados, como:
- Enfermedad celíaca.
- Anemia ferropénica.
- Hipertiroidismo.
- Trastornos gastrointestinales crónicos.
La evaluación debe incluir historia clínica detallada, exploración física, estudio analítico y valoración de la composición corporal.
Existen cuestionarios específicos para deportistas (por ejemplo, adaptaciones del EDE-Q o instrumentos como el SCOFF), aunque ninguno ha sido validado de forma concluyente para definir anorexia athletica como entidad independiente. La ausencia de criterios diagnósticos estandarizados limita la comparabilidad entre estudios.
El tratamiento de la anorexia athletica requiere un enfoque multidisciplinar estructurado, que incluya:
- Psiquiatría o psicología clínica especializada en TCA.
- Nutrición deportiva.
- Medicina del deporte.
- Entrenadores y equipo técnico.
- En algunos casos, trabajo social y apoyo familiar.
Objetivos terapéuticos prioritarios:
1. Restaurar la disponibilidad energética adecuada.
2. Normalizar patrones alimentarios.
3. Prevenir complicaciones médicas (óseas, endocrinas).
4. Reestructurar creencias disfuncionales sobre peso y rendimiento.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) ha mostrado utilidad en TCA y puede adaptarse al contexto deportivo. En atletas jóvenes, la terapia familiar también puede desempeñar un papel relevante.
Es esencial equilibrar la recuperación clínica con la planificación del retorno seguro a la competición, evitando mensajes contradictorios desde el entorno técnico.
La psiquiatría deportiva se encuentra en fase de consolidación como subespecialidad. La integración de profesionales de salud mental en clubes, federaciones y centros de alto rendimiento constituye una estrategia clave para:
- Detección precoz de conductas de riesgo.
- Diseño de programas preventivos.
- Formación de entrenadores en salud mental.
- Reducción del estigma asociado a la búsqueda de ayuda.
La evaluación periódica interdisciplinaria debería formar parte de los protocolos habituales en deportes de alto riesgo, incluyendo parámetros psicológicos, endocrinos y nutricionales.
Persisten importantes lagunas en la evidencia disponible:
- Falta de ensayos clínicos de alta calidad sobre intervenciones específicas.
- Ausencia de criterios diagnósticos consensuados.
- Escasa investigación en población masculina.
- Necesidad de estudios longitudinales que analicen la transición hacia TCA formales.
Asimismo, es prioritario desarrollar programas preventivos basados en evidencia, centrados en la promoción de una cultura deportiva saludable que priorice el bienestar integral del atleta.
La anorexia athletica representa un desafío clínico relevante en el deporte de élite. Su identificación precoz requiere una mirada clínica sensible al contexto competitivo y a las particularidades motivacionales del atleta.
Desde una perspectiva asistencial, resulta fundamental:
- Incorporar protocolos de cribado en deportes de riesgo.
- Establecer equipos multidisciplinares con experiencia en TCA.
- Sensibilizar a entrenadores y gestores deportivos.
- Promover investigación orientada a definir criterios diagnósticos específicos.
El abordaje integral de la anorexia athletica no solo impacta en la salud física y mental del deportista, sino también en su trayectoria profesional y calidad de vida a largo plazo.
Resumen y adaptación editorial: María Dolores Asensio Moreno (Cibermedicina / Psiquiatria.com)
Fuente original: Nattiv A. et al. The Female Athlete Triad. British Journal of Sports Medicine (artículo disponible en acceso abierto). https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC10389266/
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