Introducción
La modularidad cerebral es un descubrimiento de una importancia básica para comprender cómo funciona el cerebro y la mente. Las consecuencias de este hecho para la comprensión de las funciones psíquicas normales o patológicas no parece que hayan sido suficientemente desarrolladas, sobre todo porque chocan con el concepto de mente unitaria, que es un criterio firmemente establecido en nuestra cultura y que incluso se lo valora como una adquisición cultural básica, como un signo de madurez humana. Los fenómenos de desdoblamiento de la personalidad, de posesión por los espíritus, de trance, los fenómenos histéricos e hipnóticos, lavados de cerebro, la psicología de las sectas, etc. suelen considerárseles como primitivos o patológicos e simplemente extraordinarios y no comprensibles por la psicología académica. Se acepta como una realidad incuestionable e incuestionada que el sujeto normal tiene un Yo único y lo mejor establecido posible: este es el ideal de hombre sano en nuestra cultura. En cada cerebro sólo una mente.
La idea de la mente única subyacente en toda la concepción psicológica y psiquiátrica procedente del platonismo y del cristianismo. La mente se confunde, aunque no se exprese así, con el concepto religioso del alma. El mismo Jaspers en su Psicopatología general emplea indistintamente Seele y Geist, alma y espíritu, y parte de la firme e indiscutida creencia en la mente única. Sólo en Freud aparece un inicio de división de la mente, y una rotura de la tradición medieval. Consciente e inconsciente se muestran en el psicoanálisis como dos personoides con voluntades propias, así como la estratificación de la psique en Yo, Super-Yo, y Ello, significan también el reconocimiento de que pueden existir deseos, voluntades, pensamientos, etc. independientes entre sí dentro de la propia psique del sujeto. Incluso el concepto de complejo, sobre todo en Jung, apunta a que se pueden formar en la mente estructuras con una marcada autonomía, que imponen una determinada dirección en la actividad mental y en la acción del sujeto e independiente de su voluntad. No obstante el psicoanálisis participa plenamente del mito de la mente única, como demuestran sus técnicas psicoterápicas encaminadas a reforzamiento del Yo como director supremo del psiquismo.
Pero, ¿qué ocurriría si la mente de la persona normal no fuera única, sino que estuviéramos formados por múltiples personalidades que habitan en nuestro cerebro? Muchos de los concepto básicos de la psicopatología deberían ser modificados, puesto que numerosos patologías se deberían a la formación de personalidades o mentes patológicas que disputarían la actividad psíquica al resto de las personalidades del sujeto. Existiría una especie de darwinismo mental, de igual manera que existe un darwinismo neuronal (1). Tal sería el caso de la anorexia mental, de las toxicomanías, de las dependencias, etc. en las que una mente patológica se impone a las otras desplazándolas y llevan al sujeto a la ruina vital e incluso a la muerte. En el cerebro de los enfermos se habrían formado unos módulos, unas estructuras cerebro/mentales de los que emergería una mente patológica que lucharía por imponerse arrastrando al enfermo a hacer su voluntad. Los mismo delirios podrían se interpretados como la emergencia de otro Yo, como afirma Castilla del Pino en su monografía El delirio, un error necesario. (2).
Pero veamos los fundamentos de estas afirmaciones y sus consecuencias. El cerebro es una complejísima estructura que presenta una acusada división del trabajo. Grandes agrupaciones de neuronas están especializadas en tareas concretas, y trabajan con una relativa independencia del resto del cerebro. De aquí que estas agrupaciones de neuronas hayan recibido el nombre de módulos. Los módulos, sobre todo los encargados de la funciones superiores del psiquismo, son funcionales, es decir, que no se trata de agrupaciones fijas de neuronas, sino agrupaciones funcionales que se unen para una determinada tarea. Luria y su escuela describió estos módulos con el nombre de estructuras funcionales complejas. La característica principal de estos módulos es que cualquiera que sea la composición neuronal que tengan en un momento dado, la función que desempeñan es constante; están dotados de un programa, todo lo elástico, cambiante o plástico que se quiera, pero encaminado a la consecución de una tarea.
De estos objetos materiales que son las agrupaciones neuronales o módulos, emergen las distintas actividades psíquicas. Agnosias, apraxias y afasias son las mejores pruebas de la modularidad cerebral. Las lesiones de los módulos en los que se llevaba a cabo la labor correspondiente, conlleva la desaparición de dicha función. La sensación de percepción real del miembro fantasma se debe a la persistencia en el cerebro del módulo que le interpretaba. (3), y las somatoagnosias son debidas al fenómeno contrario, a la desaparición del módulo cerebral interpretativo. Los modernos estudios del cerebro en acción nos suministran pruebas inequívocas de la modularidad cerebral, aunque estos módulos no sean siempre fijos, sino cambiantes y al servicio de la actividad que el cerebro esté desarrollando en ese momento.
Podemos decir que los módulos o estructuras neuronales son auténticos "procesadores" cerebrales. Nos permiten "interpretar" o dar una respuesta cognitiva, afectiva, motora y somática a la realidad. Por ello se les puede llamar "estructuras interpretativas" (4). A través de ellas "vemos" la realidad y nos constituimos. Son nuestros sueños del mundo, son la materia de la que está hecha nuestra mente, como podemos decir remedando a Shakespeare. Estos conceptos resultan fundamentales, puesto que nosotros no "vemos" la realidad, como ya afirmaba Kant, sino aquello que nos interpretan nuestras estructuras cerebro/mentales. La realidad percibida/pensada es siempre una realidad virtual, que puede coincidir más o menos con el mundo objetivo. Por otro lado, somos justamente lo que sea nuestro cerebro, nuestras estructuras. Es decir, nuestras estructuras cerebro/mentales son constituyentes.
Existen unas estructuras genéticamente determinados, las estructuras innatas, como las que procesan en su fundamento primario la afectividad, la cognición, la motilidad y el control somático, y a las que hay que añadir aquellas estructuras cerebrales en las que está contenida toda la información instintiva heredada del mundo animal y las heredades genéticamente propias de nuestra especie, como la capacidad de aprender un lenguaje, y adquirida a lo largo de todas la evolución. Esta información es la información primigenia (4) de la mente y son los pilares a partir de los cuales se forma la mente humana. Siempre están en su base e influyendo en toda la construcción mental humana.
Otras estructuras son las huellas mnémicas que van creando la experiencia, el aprendizaje y la propia actividad intrapsíquica; son las estructuras adquiridas. El cerebro humano está dotado de una enorme capacidad de formar nuevas agrupaciones neuronales o simplemente nuevas huellas mnémicas, de adquirir nuevas estructuras interpretativas. Este fenómeno es la base de la inteligencia, de la capacidad de ser programado y de autoprogramarse, es decir, de aprender, de crear una cultura, de tener historia. Los animales sólo tienen estructuras innatas, los instintos, y muy pocas estructuras adquiridas.
De aquí que el ser humano tenga la capacidad de crearse a sí mismo. El resultando de ello es que estamos instalados en distintas realidades, tanto personales como culturales. Pero no sólo eso, sino que por la capacidad constituyente de la psique que poseen las estructuras, nos convertimos en seres mentalmente diferentes. No existe en nosotros la uniformidad que hay en los animales dentro de cada especie.
La modularidad cerebral nos lleva a importantes consecuencias para la comprensión de la mente normal y patológica: (5)
1º. La actividad cerebral es siempre parcial; unos módulos o estructuras estarán activos y otros no. Activación y desactivación es un proceso mantenido durante toda la actividad cerebro/mental. A este proceso le podemos llamar conmutación.
2º. El psiquismo emergerá sólo de aquellas estructuras que estén activadas, por lo que éste variará continuamente.
3º. De aquí se deduce que no es necesario que todo el cerebro esté activado para que emerja la mente. Un determinado conjunto de módulos pueden ser suficiente para dar lugar a una mente, entendiendo por tal al conjunto formado por la Conciencia y su contenido, al Yo como cibernos o patrón de la mente, y a la información extraconsciente que sirve de apoyo a la actividad psíquica.
4º. Como consecuencia de estos hechos, podemos decir que el sujeto cambia de mente, posee diversas formas de mente. Dependiendo de qué información contengan las estructuras activadas, así será la mente del sujeto.
5º. Las variaciones en la mente pueden ir desde pequeños cambios exigidos ante tareas diferentes, hasta la emergencia de personalidades o mentes distintas en un mismo sujeto. De aquí que podemos afirmar que poseemos múltiples personalidades. La mente es plural. Uno no es siempre el mismo.
6. Puede ocurrir que existan varias agrupaciones modulares activadas al mismo tiempo y con capacidad de generar cada una, una mente. En este caso tendremos una mente dominante, que es la que nos da la vivencia de ser uno mismo, y unas mentes satélites, que desde la penumbra de la Conciencia de la mente dominante intervengan en la vida psíquica.
Desde este punto de vista, el enfermo -o la persona sana- que tenemos delante durante la entrevista no es una única persona, sino un conjunto de personalidades que se activan y desactivan a lo largo de la conversación, y que incluso pueden cambiarse o crearse en su transcurso (fundamento de la psicoterapia). Es más, puede ocurrir que no sólo exista una mente activada en el mismo momento, sino varias, como se ha afirmado más arriba. Todos estos fenómenos ha sido puesto de manifiesto por la experimentación, y se pueden observar mediante la otra manera de ver los enfermos mentales o las personas normales. En los trabajos de Sperry (6), Gazzaniga (7), etc. con cerebros escindidos, podemos comprobar cómo es posible "dividir" la mente en dos mediante la escisión quirúrgica del cuerpo calloso, y cómo una mente desconoce la existencia de la otra, pero justifica sus acciones, de tal manera que la mente que emerge del hemisferio izquierdo donde están las estructuras del habla en los diestros, ejerce de mente dominante, mientras que la mente del hemisferio izquierdo, que sufre de una afasia por no estar en ella los procesadores del lenguaje, hace las veces de mente satélite. Sperry concluye. "En el síndrome del cerebro escindido nos encontramos con dos esferas de conciencia despierta, es decir, dos entidades conscientes o mentes separadas trabajando en paralelo en el mismo cráneo, cada una con sus propias sensaciones, percepciones, cogniciones, procesos cognitivos, aprendizajes, experiencias, memoria y demás..." Lo que realmente ocurre con la escisión del cuerpo calloso es que impedimos la activación de ciertos módulos, es decir, producimos agnosias, apraxias o afasias del hemisferio aislado. Por ejemplo, el hemisferio derecho es afásico.
Estos mismos fenómenos se pueden poner de manifiesto mediante métodos menos drásticos que la cirugía, como la hipnosis o la simple persuasión. Basta dar una orden bajo hipnosis -abrir y cerrar un paraguas, por ejemplo- con la condición de no ser recordada una vez fuera del trance hipnótico, para comprobar que el sujeto la cumple, y la mente dominante, que no sabe por qué lo ha hecho, da las explicaciones más peregrinas y está persuadida de que la acción ha nacido de su voluntad. Los fenómenos de la propaganda subliminal y muchísimos otros nos hablan de que es posible la existencia de varias "voluntades", de varias maneras de pensar, sentir y actuar diferentes y coexistiendo en un mismo sujeto al mismo tiempo.
También son numerosas las observaciones de psicólogos y psiquiatras sobre la pluralidad de la mente y el dominio de una mente sobre otra. William James (8) observa que "Podemos decir prácticamente que él tiene tantos Yo sociales diferentes como distintos grupos de personas requieren su atención". Jung (9) expone refiriéndose a su concepto de complejo: "Desgraciadamente, siempre que una de estas personificaciones del inconsciente se apodera de nuestra mente, parece como si tuviéramos tales pensamientos y sentimientos...Se está realmente poseído por la figura del inconsciente". Para el pluralismo mental estas "figuras del inconsciente" son las mentes satélites. Henri Ey (10) afirma: "El neurótico tiene conciencia de estar habitado por otro que no es él, no puede ser, o no quiere ser, y por el que está poseído". Pero no sólo en el neurótico, añadiríamos nosotros, se encuentra esta pluralidad de la mente, sino en cualquier persona normal, como se pone de manifiesto con una fina observación psicológica, aunque en este caso no existirá ninguna estructura o mente anormal que distorsione el acontecer psíquico.
Empecemos a aplicar estas ideas a la comprensión de la patología.
LAS PSICOSIS
Como en casi todas las patologías, es muy difícil comprender los fenómenos que ocurren en la psicosis si no se tiene en cuenta la naturaleza modular del cerebro y de la mente, así como la capacidad de generar varias mentes en un mismo cerebro. Desde siempre se ha observado que en esta patología aparece una enajenación, una entfremdung, la formación de otra mente satélite en el sujeto que le hace ver el mundo y comportarse de una manera radicalmente extraña. Esta fue la observación básica que llevó a Kraepelin a emplear la palabra paranoia, o a Bleuler a denominar esquizofrenia a la antigua dementia precox.
En la psicosis existe una destrucción parcial de las estructuras interpretativas ya formadas en el cerebro, como afirmaba Montserrat Esteve (11) refiriéndose a los patrones cibernéticos de éste (egorrexis). Por este motivo, el enfermo en la fase de trema descrita por Conrad (12) vive la perplejidad del que se siente perdido, se mira en el espejo intentando reconocer su cara, o no reconoce a sus familiares como tales porque la interpretación que hace su cerebro de sus caras o sus cuerpos es extraña, distinta. La famosa frase referida por Jaspers (13) "Algo pasa, doctor, dígame lo que pasa", nos pone de manifiesto este fenómeno. Es lo mismo que ocurre en las agnosias, aunque en ésta la transformación es vivida como la pérdida del carácter instrumental de las estructuras interpretativa, mientras que en la psicosis se afecta el papel constituyente de la propia mente, del propio ser y estar en el mundo, como ocurre, por lo demás, en los grandes traumatismos cerebrales en los que existe un cambio de la personalidad, de maneras de ser y estar. De igual manera ocurre en las psicosis tóxicas, o en las llamadas psicosis psicógenas, aunque sea en este caso de una manera transitoria. Con esto la psicosis queda emparentada con los grande cataclismos biológicos cerebrales, en los que hay una masiva destrucción o alteración de estructuras interpretativas y como se sabe de siempre en los psicosis de origen orgánico o tóxico, o incluso en las psicosis reactivas a grandes traumas psíquicos.
El delirio, la nueva forma de interpretar la realidad y de ser, la apofanía de Conrad, es un proceso posterior a la alteración de las estructuras, un esfuerzo por desarrollar nuevas estructuras interpretativas de la realidad, que ha quedado desdibujada, caótica. En las psicosis psicógenas y en los delirium la distorsión del funcionamiento cerebral da lugar a una alteración de la conciencia, apareciendo en ella de una forma más o menos desorganizada los contenidos de las estructuras que se activan durante el proceso patológico. De aquí el carácter oniroide de estos delirios, puesto que lo mismo que en los sueños, las estructuras se asocian siguiendo un proceso analógico y aleatorio, activándose el modo mágico de trabajo de del cerebro (3).
La formación de nuevas estructuras interpretativas en sustitución de las anuladas o destruidas, como puede ocurrir en la esquizofrenia, da lugar a que en el cerebro del delirante se formen unos módulos cerebrales de los cuales emerge una mente muy distinta de la que poseía anteriormente. Tendremos, pues, unos procesadores cerebrales diferentes, y el sujeto se encontrará instalado en otra realidad, tanto cognitiva como afectiva. La mente psicótica neoformada que emerge de estas nuevas estructuras no habrá seguido el proceso de formación guiado por una cultura, arrastrando una sabiduría ancestral, sino que será algo nuevo, producido por el propio individuo y asentada sobre la información primigenia (3), sobre la vida instintiva, y sobre todo, será una mente mágica, como la mente de los niños y de las culturas poco evolucionadas. Por este motivo, la mente delirante establece las relaciones entre las cosas siguiendo la ley de la analogía, por lo que resulta irrebatible a la argumentación lógica, ya que no responde a este tipo de categoría de pensamiento. Pero no son irrebatibles a la argumentación lógica porque son patológicas, como afirmaba Jaspers, sino porque pertenecen a otra modo de enfrentarse con la realidad. Tampoco son rebatibles por la argumentación lógica las creencias, sean estas privadas, políticas o religiosas. Y no por ello se las puede calificar de patológicas.
También nos encontramos en la mente mágica una confusión entre el mundo objetivo y el mundo subjetivo, como corresponde al adualismo mágico, en el que no existe dualidad entre ambos mundos, el mundo de lo concienciado y el mundo objetivo; lo que aparece en la conciencia del sujeto, lo que piensa el sujeto, es tomado como un reflejo fiel de la realidad objetiva. Esta "ingenuidad" gnoseológica es lo que le da la vivencia de realidad, la absoluta certeza de realidad con que se nos presentan los delirios, los pensamientos y sentimientos de la mente delirante. Al menos en parte, esta certeza de realidad le viene dada a los delirios por su naturaleza mágica, como a las creencias.
Por otro lado, la mente delirante suele ser lo suficientemente poderosa como para desplazar y termina dominando a las otras estructuras mentales que existen en el cerebro. Lo que quiere decir que la Conciencia emergerá casi exclusivamente de las estructuras activadas, con lo que cualquiera otra vivencia que no esté incluida en ella, será imposible "verla". De aquí la incapacidad de comprensión de sus vivencias e interpretaciones desde fuera de "esta" Conciencia, lo que imposibilita la autorreflexión que requiere el tener conciencia de enfermedad, el hacer un insight. Se trata de un fenómeno equivalente a las agnosias, aunque aquí las estructuras no son destruidas sino simplemente desactivas. La persona queda "ciego" para ver aquello que sus estructuras no le interpretan. Los enfermos que han sufrido un episodio psicótico agudo expresan cómo se identificaron y interpretaron la realidad de acuerdo con su mente psicótica. No había duda, la realidad era tal como ellos la veían en aquel momento, y ellos eran ese ser extraño en el que se habían convertido. Por aquello de que no vivimos en la realidad objetiva, sino en la realidad virtual que nos interpretan nuestras estructuras, el psicótico ve la realidad a través de sus estructuras enfermas con una sensación de realidad igual que la que el sujeto normal tiene cuando mira la mesa que tiene enfrente, o el amputado que sufre el fenómeno del miembro fantasma vivencia como real la existencia de su miembro inexistente. En la anorexia mental grave que cursa sin conciencia de enfermedad, nos aparece un fenómeno que podemos calificar de psicótico, ya que la realidad de su cuerpo, de su situación con respecto a la delgadez, se le presenta a la enferma como una "realidad incuestionable, como una "evidencia." En esta enfermedad vemos claramente que la mente anoréxica psicótica se ha apoderado del enfermo ejerciendo su voluntad centrada en conseguir la delgadez como bien supremo y llevándole sin remedio a la muerte. La mente anoréxica se ha hecho dominante de una manera absoluta, y el resto de las otras estructuras mentales del enfermo han sido anuladas o desplazadas. En los casos graves de trastorno obsesivo, las estructuras patológicas pueden fijarse de tal manera en la conciencia del enfermo, que desplacen a cualquier otra realidad, teniéndose una vivencia auténticamente psicótica, que sólo desaparece cuando estas estructuras son desplazadas.
Lo mismo ocurre en el fenómeno de las sectas o de los fanatismos religiosos o políticos. En las técnicas de fanatización o de introducción en una secta se procede a crear maneras exclusivas de estar en la realidad, impidíéndose que aparezcan otras formas de "ver" la ésta. Se procede al aislamiento y la exclusividad de las estructuras sectarias. De esta manera se consigue que el sujeto no tenga "conciencia" de otros modos de interpretar la realidad. Se impide el "insight", si se puede emplear esta expresión. El final del proceso es la creación de una nueva estructura cerebro/mental poderosa que desplaza a las otras mentes llevando al sujeto al suicidio, al asesinato o a cualquiera que sea el propósito alrededor del cual se ha formado la nueva mente, la voluntad de esta mente.
Desde el punto de vista del pluralismo mental los límites entre lo psicótico, lo neurótico, los trastornos dismorfofóbicos, las alteraciones que aparecen en las lesiones cerebrales, las personalidades múltiples o ciertos fenómenos culturales, como las sectas y los fanatismos, etc. no aparen claros. Todas estas patologías serían el producto de la formación de unas estructuras que dan lugar a unas variaciones o cambios muy profundos e incluso a una mente diferenciada del resto y que interpreta la realidad de una manera nueva. En las psicosis se produce una escisión, una Spaltung, de la mente, que es lo que las diferencia de las otras patología. En este sentido sólo existiría una diferenciación de grados, de dominio absoluto de la mente psicótica con relación a un dominio relativo en otras patologías menos graves, a parte, claro está, del contenido y forma de cada mente patológica. Pero todas se deberían a la formación de estructuras o mentes patológicas. Otro problema sería la etiología, pero esto no es objeto de la psicopatología ni de esta conferencia.
LAS NEUROSIS
Lo primero que hay que decir es que es necesario rebelarse contra la desaparición del concepto de neurosis y su sustitución por el de trastornos de angustia. Se trata de una simplificación absolutamente falseante de la realidad. La neurosis, el más común de los trastornos mentales, tiene una dimensión humana enormemente rica y no puede ser tratada tan elementalmente por la psicotalogía.
Desde el punto de vista del pluralismo mental podemos definir la neurosis como la patología debida a la existencia de estructuras cerebro/mentales o mentes patológicas que dan lugar a una superposición de cogniciones, afectos, conductas y reacciones somáticas anómalas, cambiantes e incluso contradictorias entre sí, aunque sin llegar a la ruptura (Spaltung) de las psicosis, y todo ello sobre un trasfondo de alteración más o menos graves de los fenómenos de la conmutación y disociación que rigen la dinámica de las estructuras.
La mente que emerge de una estructura patológica suele tener un núcleo alrededor del cual gira su actividad. Suelen ser monotemáticas, persiguiendo un solo fin, que resulta desproporcionado, no realista y que generalmente produce una disminución de sus rendimientos y choque con los verdaderos intereses del sujeto. En las psicosis este hecho se eleva a una categoría casi excluyente, mientras que en la neurosis el "monotema" o la meta perseguida convive con otros del sujeto. Por ejemplo, una mente patológica puede girar alrededor de la angustia ante las personas, ante la pérdida de dinero, ante la pérdida de control y la necesidad de controlarlo todo, etc. Estas mentes patológicas actúan persiguiendo su fin e interviniendo en contra de otras tendencias del sujeto. Y todo ello sin que éste sea plenamente consciente de que en él habitan y actúan otras tendencias.
La conmutación es la activación y desactivación permanente de las estructuras que se lleva a cabo durante la actividad cerebro/mental. Percibir y pensar requieren una fluidez de la conmutación. La fijeza anómala o el cambio excesivamente acelerado de la conmutación son origen de patologías. La disociación puede ser definida como la capacidad de separar o escindir las estructuras mentales. En la persona normal, los módulos o estructuras son "relativamente" independientes. En el fenómeno disociativo las estructuras pueden separarse radicalmente unas de otras rompiéndose la comunicación normal entre ellas.
En todos los tipos de neurosis existen unas estructuras patológicas y unos trastornos de conmutación/disociación. En la fobia, por ejemplo, nos encontramos con una estructura patológica que interpreta desproporcionadamente una señal como muy peligrosa, pero también existe una incapacidad de conmutarla o disociarla. Si no existiera esta anomalía, el temor sería fácilmente sustituido por otra estructura. En el trastorno obsesivo predomina la dificultad de conmutación, de desechar un pensamiento o sentimiento, y también hacen su aparición estructuras patológicas. En los trastornos disociativos nos encontramos con una hipertrofia de esta capacidad y, a su vez, con la existencia de estructuras patológicas anormales. En ambos casos estas estructuras patológicas, aunque pueden ser preexistentes, se desarrollan a causa del fallo de la conmutación o la disociación. (Importante para el tratamiento psicoterápico).
Veamos en primer lugar lo que estamos entendiendo por estructura cerebro/mental patológica. Un reflejo condicionado que produzca una patología -luz igual a crisis de angustia- es un ejemplo elemental de una estructura patológica. Se ha formado en el cerebro del animal o del ser humano una estructura nerviosa que da lugar a unas vivencias y a una conducta anormal. Se trataría de un aprendizaje anómalo, de la formación de una huella mnémica cerebral que cada vez que se active producirá unos efectos mentales determinados.
La posibilidad de formación de estructuras interpretativas depende tanto del estímulo externo como de que exista un campo abonado previo, que puede ser también adquirido o innato. En el neurótico se han formado estructuras patológicas posiblemente por estas dos influencias. Si la estructura patológica es lo suficientemente poderosa, sobre todo por sus enlaces con los centros de la angustia y del ánimo, puede dar lugar por sí misma a la emergencias de una mente propia, con su manera de ver el mundo, de sentirlo, de reaccionar ante él, e incluso con su forma especial de reacción somática. En el neurótico aparecen múltiples mentes que se alternan jugando el papel de mente dominante o de mentes satélites.
Heri Ey (11) afirma en su libro La Conciencia "El Yo neurótico es esencialmente un yo sin unidad, es decir, un Yo del que está excluida la problemántica de la unidad". (Pag 210). "El neurótico tiene conciencia de estar habitado por este otro que no es él, no puede ser, o no quiere ser, y por el que está poseído. Pero esta toma de conciencia dividida no puede sustituirse ella misma más que como un personaje..." (Pag. 212). En el neurótico se rompe la armonía con la que las distintas estructuras o mentes que habitan en el cerebro humano se suceden entre sí. Esto ocurre de esta manera porque se han formado mentes patológicas monotemáticas cada una y que desean hacer cosas diversas, contradictorias que llevan al sujeto a una falta de rendimientos vitales, a un estado crónico de lucha, de angustia, de desgarramiento interior. El neurótico de fobia social, por ejemplo, posee una mente satélite que se asusta de los demás (monotema). Aunque la mente dominante en ese momento desee ponerse en contacto con el público, desee dar una conferencia o dar un concierto, la mente fóbica-social se lo impide actuando desde la penumbra de la conciencia de la mente dominante. La mente fóbico-social, como cualquier otra mente patológica o normal, es un personaje con sus cogniciones, su afectividad, sus propósitos, su motórica, etc. Es una personalidad completa, como se pone de manifiesto en los casos de personalidad múltiple. Este trastorno es sólo, desde el punto de vista del pluralismo mental, una hipertrofia patológica de lo que ocurre en todas las neurosis, en gran parte de las enfermedades mentales e incluso en la normalidad. Estamos constituidos por múltiples mentes, que son los personajes de nuestra vida psíquica. Estos personajes quieren llevar a cabo su proyecto vital, tienen sus temores, sus deseos, etc. Cuando estos proyectos, deseos, temores, etc. son patológicos surge el conflicto, lo mismo que cuando la conmutación o disociación funcionan mal.
Según el pluralismo mental, el concepto de Inconsciente freudiano debe de ser sustituido por el de la actividad de las mentes satélites. No existe un Inconsciente, sino actividad psíquica fuera de la Conciencia de la mente dominante en ese momento. La madre neurótica que tiene una mente que ama a su hija y otra que la envidia, presenta una conducta extraña mezcla de ambas tendencias que desconcierta al observador o al objeto de su amor-envidia. Si la mente dominante es la que ama a su hija, la mente envidiosa actuará como mente satélite y fuera del campo de conciencia de la dominante, por lo que la propia madre no será consciente en absoluto de lo que está haciendo su mente satélite. Los que le rodean y se dan cuentan de la incongruencia de su conducta contemplan con perplejidad la falta de conciencia de sus actos. Si alguien intenta que se de cuenta de ello, la enferma reaccionará con agresividad, sintiéndose insultada. El pianista que tiene una mente megalómana que se cree un genio del piano, puede poseer otra mente que le guste pasar desapercibido, por lo que hará todo lo posible para que la mente megalómana fracase en su empeño y satisfaga su deseo de no aparecer en público. Ambas mentes patológicas sacuden al sujeto destrozando su vida y haciendo que sus rendimientos estén muy por debajo de su capacidad real. El agudo psicólogo que fue San Agustín hacía referencia a este hecho cuando afirmaba que existe "una segunda voluntad" desconocida por el hombre y que hace que la "voluntad se obedezca a sí misma en cumplir aquella voluntad".
DEPENDENCIAS Y TOXICOMANÍAS
Ambos trastornos los podemos comprender como la consecuencia de haberse formado una estructura cerebro/mental patológica. Un número determinado de neuronas se programan alrededor de un objetivo: activar las estructuras cerebrales donde reside el ánimo y desactivar las de la angustia mediante un acto o mediante una sustancia. Esta estructura se hace tan poderosa como para generar con si sola una mente que puede poseer al sujeto. Es decir, hacerse una mente dominante en algunos intervalo de tiempo. Los alcohólicos y los dependientes en general nos comunican cómo su mente cambia cuando sienten apetencias del tóxico o del acto del que son dependientes. Ya sólo "ven" a través de sus estructuras patológicas, y todos los inconvenientes y peligros que le acarrean su dependencia desaparecen de su nueva conciencia. Su voluntad se transforma, se convierten en otro.
Estos hechos ocurren porque en su cerebro se ha formado otra entidad cerebral, otra estructura, que da lugar a otro personaje, con su mundo, su Conciencia, su voluntad y demás atributos mentales. No existe un trastorno de los impulsos, sino un impulso nuevo que no hay en aquellos en los que no se ha desarrollado esta estructura patológica, esta mente patológica. Se trata de un querer hacer otra cosa, se trata de una personalidad empeñada en beber, en jugar, etc., aunque otra de las mentes del sujeto opinen y deseen lo contrario.
CONCLUSIÓN FINAL
El espacio de una conferencia no permite una mayor extensión en los temas. Sólo se ha pretendido ofrecer este nuevo enfoque nacido de los conocimientos sobre el funcionamiento modular del cerebro y su implicación en la actividad psíquica, que nos lleva a la destrucción del mito de la mente única tan querido en nuestra cultura. Las consecuencias diagnósticas y terapéuticas de este enfoque está aún por desarrollar, pero significa una posibilidad de comprensión de las bases biológicas de la actividad psíquica normal y patológica.
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