Vitoria Gasteiz, marzo de 2026.- “Los diagnósticos Z evitan el sobrediagnóstico en Psiquiatría porque no todo sufrimiento es una enfermedad mental”, ha afirmado el Dr. Francisco González Aguado, psiquiatra miembro del Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, durante la conferencia Diagnósticos Z en Psiquiatría: cuando tratar no es...
Vitoria Gasteiz, marzo de 2026.- “Los diagnósticos Z evitan el sobrediagnóstico en Psiquiatría porque no todo sufrimiento es una enfermedad mental”, ha afirmado el Dr. Francisco González Aguado, psiquiatra miembro del Comisionado de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, durante la conferencia Diagnósticos Z en Psiquiatría: cuando tratar no es la mejor opción que ha impartido en el Curso Nacional de Actualización en Psiquiatría. “Estos códigos permiten diferenciar entre enfermedad y experiencia vital sin convertir en patología lo que forma parte de la condición humana”.
Según ha explicado, “los códigos Z -en CIE10 Z00-Z99, especialmente Z55–Z65 cuando aluden al entorno social o psicosocial, y también en CIE11- no son trastornos mentales”. “Son etiquetas administrativas que describen factores psicosociales, problemas vitales o circunstancias contextuales relevantes para la salud que no constituyen enfermedad. Deben emplearse cuando no se cumplen criterios diagnósticos de trastorno mental, ya que señalan circunstancias vinculadas al malestar sin patologizarlo y evitan transformar en síntomas psiquiátricos respuestas humanas legítimas ante duelos, conflictos o estrés laboral”. “Confundirlos con un trastorno sería”, ha advertido, “un error clínico y ético que refuerza la psicopatologización de la vida cotidiana”. El Dr. González Aguado ha señalado que “se usan poco por parte de los facultativos”. “Están más habituados a trabajar con síntomas y trastornos y a manejar códigos de enfermedad. Esto favorece el uso excesivo de diagnósticos en personas sanas y el escaso recurso a los códigos Z en la red sanitaria. Se emplean más en procedimientos administrativos, como la solicitud de informes, aunque los Z55–Z65 se refieren específicamente al entorno psicosocial”. “Estos códigos recogen problemas relacionados con educación, empleo o entorno social, conflictos familiares, rupturas afectivas, pérdida de vínculos, duelos, aislamiento o falta de apoyo social”, ha desgranado, al tiempo que ha explicado que en un estudio de un Centro de Salud Mental de la Comunidad de Madrid representaban los códigos Z el 46,7% de por problemas con el grupo de apoyo, así como desempleo, malas condiciones laborales o inseguridad económica (18,4%), y también cambios vitales estresantes, sobrecarga por cuidados, transiciones académicas o laborales, problemas legales, educativos, sociales, administrativos, migratorios o comunitarios”.
El médico especialista en Psiquiatría ha reiterado que “son acontecimientos vitales, no trastornos” y ha asegurado que “la mayoría se resuelven espontáneamente sin tratamiento clínico”. Sin embargo, ha advertido de que “muchos de estos casos se diagnostican y tratan farmacológicamente o con psicoterapia, ocupan listas de espera durante meses y después resulta más difícil desmontar el sentido diagnóstico atribuido al sufrimiento y la idea de necesitar un especialista”. “El sufrimiento derivado de factores psicosociales no es una enfermedad, pero modela cómo las personas afrontan y buscan ayuda y puede actuar como desencadenante o amplificador del malestar”, ha explicado el Dr. Aguado, quién ha hecho hincapié en que “una ruptura o la pérdida de ingresos generan tristeza, ansiedad o rabia y son emociones normales y adaptativas en personas sin trastorno diagnosticable”.
MODELO BIOMÉDICO DESCONTEXTUALIZADO
No obstante, ha descrito que dentro de un modelo biomédico descontextualizado, ese sufrimiento se interpreta como signo de trastorno y se intenta eliminar o controlar, poniendo el foco en la persona y no en el origen social. Este fenómeno, ha señalado, invade también lo social y los medios de comunicación, donde se habla de “ataques de ansiedad ante hechos impactantes o se usa depresión como sinónimo de tristeza, empujando a eliminar el malestar sin atender al contexto”. “El riesgo es que los profesionales, al tratarlo sin contextualizarlo, se conviertan en controladores de los contextos, a veces sedando o responsabilizando a la persona de reaccionar de otro modo”. Durante su intervención, el Dr. Aguado ha añadido que “estos factores influyen en el curso evolutivo, especialmente cuando no cambian condiciones estructurales como pobreza, violencia o precariedad”. “Tratarlos sin modificar su origen genera impotencia en profesionales y pacientes, cronifica intervenciones poco eficaces y puede dañar a quienes quedan atrapados en el sistema”, ha agregado. Ha recordado, además, que la OMS señala que “determinantes sociales como desigualdad, pobreza, inseguridad o baja educación influyen más en la salud mental poblacional que las intervenciones individuales, aunque también existen cuadros moderados o graves que requieren tratamiento y no siempre es fácil diferenciar lo sano de lo grave, siendo central no hacer daño”.
ATENCIÓN PRIMARIA FUERTE
Respecto al sobrediagnóstico, ha indicado que “no se reduce solo al uso de códigos Z, ya que los factores psicosociales pueden coexistir con cuadros graves, pero es necesario diferenciar lo grave de lo que no lo es y formar más a los facultativos”. De esta forma, ha defendido “enseñar a manejar el malestar intenso pero normal sin aplicar las mismas herramientas que en casos graves, porque tratar puede causar más daño que beneficio”. “Esto exige una Atención Primaria fuerte, accesible y longitudinal que permita formular el malestar en relación con lo social, nombrarlo sin patologizarlo, resignificar la demanda en la entrevista y buscar soluciones distintas a los tratamientos habituales como proteger de intervenciones innecesarias, evitar el etiquetado psiquiátrico, reducir la carga asistencial mal distribuida, devolver una imagen ajustada con mirada psicosocial, reconocer el sufrimiento sin convertirlo en diagnóstico y apoyarse en recursos comunitarios”. “También implica dar tiempo, no reaccionar automáticamente ante el malestar y entender que escuchar y normalizar no es no hacer nada, porque en ocasiones no intervenir es lo más adecuado”, ha concluido.