A menudo puede existir una percepción errónea sobre el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), "y más en esta época actual de búsqueda rápida de la información en internet que frecuentemente aporta información parcial y superficial", advierte Juan Carlos Pascual Mateos, especialista en Psiquiatr&iacu...
A menudo puede existir una percepción errónea sobre el Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), "y más en esta época actual de búsqueda rápida de la información en internet que frecuentemente aporta información parcial y superficial", advierte Juan Carlos Pascual Mateos, especialista en Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona) y vocal del Comité Ejecutivo de la SEPSM.
"El TLP es un trastorno complejo que se caracteriza por un patrón general y estable de inestabilidad en la regulación de las emociones, en las relaciones interpersonales, la autoimagen y el control de los impulsos", explica.
Signos que pueden llevar a que muchos jóvenes busquen en Google el concepto de TLP o Borderline y se sientan identificados. "Es verdad que, según a qué edades o épocas de la vida, uno puede identificarse fácilmente con conceptos generales y algo inespecíficos como `inestabilidad emocional', `impulsividad' o `dificultades en las relaciones interpersonales'. Incluso si realizan un test de `screening' autoaplicado para el TLP será fácil que respondan afirmativamente a varias de las preguntas pudiendo dar lugar a `falsos positivos'", indica.
Por eso, "es importante no dejarse llevar por una primera y rápida impresión y la tendencia al autodiagnóstico. Se requiere una evaluación completa y profesional para realizar un estudio completo de la personalidad, definiendo con claridad la frecuencia e intensidad de las emociones y conductas problemas que se presentan", subraya. A menudo, también es necesario ampliar la información del propio paciente a partir de los datos de familiares y acompañantes.
En cuanto a los tratamientos, las expectativas en el abordaje del TLP "han ido cambiando notablemente". "Antes del 2000, la persona con este trastorno era considerada como un paciente crónico e intratable que no mejoraba con nada de lo que se le pudiera ofrecer.
Esta percepción ha ido evolucionando en los últimos años, en gran parte, gracias a las aportaciones y novedades en el campo de la psicoterapia, que han demostrado su eficacia y utilidad".
Sin embargo, "su tratamiento es complejo y debe realizarse en servicios especializados de salud mental". "Casi todas las guías terapéuticas señalan que el tratamiento principal debe ser la psicoterapia, ya que hasta la fecha no existe ningún fármaco aprobado con la indicación específica para el abordaje del TLP.
Eso no quita que sí se recomiende el uso de fármacos en caso de presencia de otros trastornos comórbidos, como los trastornos de ansiedad o depresivos", detalla. En este sentido, "en la práctica clínica alrededor del 90 % de los pacientes con TLP están en tratamiento farmacológico, y un 50 % toma tres o más fármacos, siendo la polimedicación una práctica frecuente".
Además, apunta que el tratamiento psicológico es la principal herramienta terapéutica, existiendo diferentes modelos como la Terapia Focalizada en la Transferencia, Terapia de Mentalización o la Terapia Dialéctica-Conductual (TDC), que han demostrado su eficacia.
"Algunas guías consideran que la TDC desarrollada por Marsha Linehan es la que presenta más evidencias de eficacia, considerándose en la actualidad el mejor tratamiento `basado en la evidencia' para el TLP.
Su objetivo principal es lograr la adquisición, fortalecimiento y generalización de un nuevo repertorio conductual más adaptativo", agrega.
Aunque algunas intervenciones psicoterapéuticas han demostrado eficacia, su implementación es compleja, costosa y hay pocos profesionales formados. En los servicios públicos, los pacientes con TLP a menudo reciben atención general de salud mental, ya que los recursos disponibles no están diseñados específicamente para sus necesidades.
Asimismo, destaca la necesidad de ampliar la investigación en prevención y en intervenciones tempranas para jóvenes con síntomas leves, así como de desarrollar estrategias para mejorar la adaptación y funcionamiento socio-laboral en pacientes con sintomatología prolongada.
Para acabar, evidencia "la falta investigación para diseñar nuevos fármacos eficaces para el trastorno, o para mejorar aspectos como la impulsividad o la inestabilidad emocional". Por ello, insiste "en la necesidad de incrementar esfuerzos y recursos para fomentar la investigación en las causas del trastorno e implementar estrategias de prevención, así como en estudiar nuevas y eficaces alternativas terapéuticas farmacológicas y psicoterapéuticas para el TLP".