Introducción. UbicaciónPereira, es la capital del departamento de Risaralda, el cual está localizado en el sur occidente de la República de Colombia, en una región conocida como "El Eje Cafetero". Límita con los departamentos de Caldas, Quindío, Valle del Cauca, Chocó, Antioquia y Tolima.
La población total según el último censo es de 570.939 personas. Es una ciudad predo...
Introducción. Ubicación
Pereira, es la capital del departamento de Risaralda, el cual está localizado en el sur occidente de la República de Colombia, en una región conocida como "El Eje Cafetero". Límita con los departamentos de Caldas, Quindío, Valle del Cauca, Chocó, Antioquia y Tolima.
La población total según el último censo es de 570.939 personas. Es una ciudad predominantemente urbana que alberga en su cabecera 85 de cada 100 habitantes, tiene un nivel de pobreza del 55%, un 24% de desempleo, un PIB (Producto Interno Bruto per cápita) de 2.1 y tiene como principales actividades económicas la agricultura (especialmente el cultivo del café), la industria manufacturera y el comercio.
Referentes teóricos
Desde el punto de vista de la salud mental, un desastre puede definirse como una situación de estrés colectivo que afecta toda una comunidad, o segmentos considerables de ella, de manera tal que los individuos expuestos sufren consecuencias físicas y mentales potencialmente dañinas.
Las consecuencias mentales de un desastre han sido ampliamente estudiadas en las últimas décadas, en diferentes países, incluyendo Colombia, donde se han presentado varios, y de grandes proporciones, encontrándose que hasta un 30% de las personas expuestas a este tipo de eventos pueden desarrollar un trastorno clínicamente definido y hasta el 50% de los pacientes con trastorno mental previo desencadenan crisis. Estas reacciones psicológicas son diferentes, en su presentación e intensidad, dependiendo de la fase del desastre:
En la <B>fase de impacto</B>, que corresponde al primer mes, se manifiestan las reacciones agudas e hiperagudas ante una crisis de gran magnitud.
En la <B>fase de postimpacto</B>, que comprende los siguientes seis meses, es donde tienen lugar los fenómenos psicológicos reactivos de tipo crónico como los síndromes depresivos, ansiosos y entre estos, el trastorno de estrés postraumático, además de una gran cantidad de signos y síntomas psicosomáticos.
En la <B>tercera fase</B>, después de los seis meses, se inicia la recuperación de las consecuencias psicosociales del desastre, que de no resolverse adecuadamente pueden perdurar (incluso durante el resto de la vida), generando un gran costo social, obstaculizando los procesos individuales y sociales de recuperación, rehabilitación y reconstrucción, lo que produce un impacto negativo en el desarrollo de las comunidades (aumento de los índices de morbilidad psiquiátrica, inseguridad, violencia, delincuencia, prostitución, alcoholismo y consumo de sustancias psicoactivas, entre otros).
Las tragedias que han ocurrido en el mundo y específicamente las tres grandes de nuestro País (Armero, Popayán y el Río Páez) han dejado como enseñanza que los desastres se caracterizan por pérdidas que se dan en todos los órdenes y niveles: víctimas fatales, destrucción de viviendas y destrucción del tejido social, con las graves secuelas que se ocasionan a largo plazo, y es por ello que la reconstrucción de las comunidades es larga y compleja.
Esta claro que reconstruir no es solamente dotar a las personas que todo lo han perdido de nuevas viviendas e infraestructura, es necesario además prevenir los graves problemas psicosociales que se generan posterior al desastre; reconstruir las redes del tejido social implica trabajar con la comunidad para crear nuevas formas de relación con su nuevo entorno, brindar herramientas para afrontar las crisis, formar elementos para una ética de convivencia con los ciudadanos y sobre todo proteger a los grupos etáreos más vulnerables de la comunidad: las mujeres, los niños y los ancianos.
Antecedentes de la intervención
El 25 de enero de 1999 ocurrió un sismo de magnitud 6 grados en la escala de Richter, cuyo epicentro fue el Municipio de Córdoba, Departamento del Quindío que afectó varias poblaciones del Departamento de Risaralda, Tolima y Valle del Cauca.
Aunque Risaralda tiene un riesgo alto de sufrir fenómenos naturales de este tipo y antecedentes de otros sismos, los profesionales del área de Salud Mental de la región quedamos perplejos ante el terremoto, principalmente por nuestra falta de preparación para la atención de personas afectadas por el impacto de un desastre.
Antes de este desastre, nunca había estado en nuestro quehacer diario el estudio de las consecuencias psicosociales de los desastres, y mucho menos conceptos como amenaza vulnerabilidad, riesgo, segundo desastre y gestión del riesgo, entre otros, que se han vuelto tema diario de estudio y conversación durante los últimos dos años.
Este ha sido el mayor desastre urbano en la historia del país en general, y de la ciudad en particular, afectando tanto el tejido social, como gran parte de la infraestructura física, pública y privada y la actividad económica.
En la región se presentaron grandes pérdidas humanas y materiales, por lo cual la Presidencia de la República declaró la existencia de una situación de desastre, mediante decreto 195 del 29 de enero de 1999. En Risaralda resultaron afectados principalmente los Municipios de Pereira, Dosquebradas, Marsella y Santa Rosa de Cabal, con una población total de 722.055 personas.
En conjunto con el Ministerio de Salud y la Organización Panamericana de la Salud, la Empresa Social del Estado Hospital Mental Universitario de Risaralda (HOMERIS), institución con cobertura departamental, desarrolló el plan de atención en salud mental a víctimas del sismo del 25 de enero de 1999, para los departamentos de Risaralda y Quindío, a fín de intervenir a tiempo las manifestaciones psicológicas y emocionales de las personas y prevenir así las secuelas y la cronificación de estos síntomas, que pueden constituirse en el caldo de cultivo para la aparición de múltiples problemas psicosociales. Este Plan contempla el nivel de intervención de los agentes primarios y otros funcionarios del sector salud, como Psicólogos, Médicos Generales, Psiquiatras y personal administrativo de las diferentes instituciones de la región, con los respectivos protocolos de manejo del desastre y sus consecuencias inmediatas y a largo plazo.
Durante las semanas siguientes al terremoto la E. S. E. HOMERIS, realizó diferentes acciones, especialmente con las personas de Pereira, donde se calcula que aproximadamente 6% (34.000) de la población fue afectada directamente y un 45% (256.923) en forma indirecta.
Se implementó un programa dirigido a la recuperación psicosocial de las personas afectadas en su esfera psíquica por la ocurrencia del terremoto y sus consecuencias mediante intervenciones en salud mental caracterizadas por la atención comunitaria y familiar, la interdisciplinariedad y la integralidad. Hemos tenido en cuenta los diez principios del Código Internacional de Conducta para el Socorro en Casos de Desastres, principios de la bioética -Justicia, Autonomía, Beneficencia y No maleficencia- y otros que consideramos importantes en este tipo de trabajo, como son el Respeto, la Solidaridad, la Honestidad y la Eficiencia.
En la tabla 1 se muestran las principales actividades de la atención, con cada uno de sus componentes , la población beneficiada y los medios que se utilizaron. Más adelante se hace una descripción detallada de cada una de estas actividades.
Tabla 1. Componentes de la atención
Integral en Salud Mental a las personas afectadas por el sismo del 25 de enero
de 1999 en Pereira.
COLOR="#ff0000">ACTIVIDADES
COLOR="#ff0000"> |
DIRIGIDAS
A: |
COLOR="#ff0000">ACCIONES
COLOR="#ff0000"> |
COLOR="#ff0000">CAPACITACIÓN
COLOR="#ff0000"> |
Información sobre las
reacciones emocionales de un desastre, su detección y sitios de
atención. |
Comunidad General |
|
Capacitación sobre
atención primaria en salud mental en situaciones de
desastre |
Agentes de atención primaria
y líderes comunitarios. |
|
Capacitación sobre
atención primaria y secundaria en salud mental en situaciones de
desastre. |
Personal de salud (asistencial y
administrativo) |
|
ATENCIÓN
INTEGRAL |
Ayuda al ayudador |
Personal de socorro, personal de
salud y funcionarios de instituciones encargadas de la atención de las
personas afectadas. |
- Atención especializada a las personas con
patologías.
|
Atención individual intra y
extrahospitalaria por Psiquiatra, Médico General, Psicólogo,
Trabajador Social y Terapeuta Ocupacional. |
Personas psicológicamente
afectadas |
|
Atención grupal intra y
extrahospitalaria por Psiquiatra, Médico General, Psicólogo,
Trabajador Social y Terapeuta Ocupacional. |
Personas psicológicamente
afectadas |
- Evaluación y terapia familiar
- Evaluación y manejo de grupos escolares
|
Hospitalización
|
Personas con patología
mental |
|
Suministro de
medicamentos |
Personas con patología
mental |
|
PROMOCION Y
PREVENCIÓN |
Acompañamiento en la
reconstrucción |
Escolares, padres de familia y
profesores |
|
Actividades de información y capacitación
* Se informó a la comunidad a través de todos los medios de difusión locales y regionales, acerca de las reacciones emocionales de un desastre, su detección y sitios de atención disponibles (incluyendo el Hospital Mental de Risaralda, la unidad de salud mental del Hospital Universitario San Jorge de Pereira, y las unidades de atención que se organizaron en centros de salud y en algunas escuelas de la ciudad).
* La capacitación sobre atención primaria en salud mental en situaciones de desastre, dirigida a Agentes de atención primaria y líderes comunitarios se realizó en forma de talleres, seminarios, charlas y conferencias magistrales, adaptadas a cada grupo específico.
* La capacitación sobre atención primaria y secundaria en salud mental en situaciones de desastre estaba dirigida a todo el personal de las entidades de salud de Pereira, incluyendo Médicos, Enfermeras profesionales, Auxiliares de enfermería, Gerentes de hospitales y otras personas que, de una u otra forma podrían participar en la atención de las personas afectadas durante los primeros meses posteriores al terremoto. La capacitación se realizó en forma de talleres, seminarios, charlas y conferencias magistrales adaptadas a cada grupo específico.
Actividades de atención integral
* <B>Elaboración de Instrumentos:</B> se diseñaron tres instrumentos cuyo objetivo era recolectar información acerca de los factores de riesgo de patología mental postdesastre, el diagnóstico (de acuerdo a los criterios del DSM IV), el plan terapéutico y el desarrollo del tratamiento. Todos los profesionales que participaron en el programa fueron capacitados en la aplicación de los instrumentos, que son:
1. "Formato de Evaluación inicial en salud mental"
2. "Historia clínica familiar en salud mental"
3. "Formato de seguimiento"
* <B>Ayuda al ayudador:</B> muchas de las personas directamente involucradas en la atención de pacientes, resultaron afectadas psicológicamente por las grandes cargas de estrés, los sentimientos de impotencia y el gran volumen de trabajo y por ello se programaron terapias grupales de descarga emocional, durante las cuales se detectaron personas con patologías psiquiátrica establecidas, a quienes se brindó atención especializada (intra- y extrahospitalaria, según el caso).
* <B>Atención Intra- y extrahospitalaria:</B> estas actividades fueron realizadas por los diferentes miembros del equipo interdisciplinario, de la siguiente manera:
- Los Médicos generales y/o Psiquiatras (participaron todos los médicos del hospital en los servicios de atención extramural, urgencias y consulta externa) realizaron evaluaciones iniciales, atención de urgencias, controles clínicos y psicoterapias en las instalaciones del hospital y en la comunidad (en la residencia de los pacientes o en espacios comunitarios que se acordaron con la población).
La atención se desarrolló en forma individual, y cuando el caso lo permitía o lo requería en grupos de pacientes. Adicionalmente a la intervención terapéutica se trabajó sobre conciencia de enfermedad, necesidad de tratamiento y se brindó orientación sobre el mantenimiento de la salud mental.
- La Atención por Psicología comprendía el manejo psicoterapéutico en el hospital y en la comunidad, en forma individual o grupal, dependiendo del caso y las necesidades particulares. Fue prestada por varias Psicólogas de la institución y personal voluntario de la Asociación Colombiana de psicología regional Risaralda. Se realizó psicoterapia individual, terapia grupal (terapia de pareja y de familia, grupos de toxicomanía) y actividades educativas con familias y en algunos colegios de los barrios intervenidos, como se describe más adelante.
- La atención por Trabajo Social consistió en evaluaciones de la situación socio económica de los pacientes, asesorías a las familias y actividades educativas.
- La atención por terapia ocupacional consistió, individualmente, en la evaluación y tratamiento de niños con problemas del desarrollo, déficit de atención y dificultades del aprendizaje, y a nivel grupal en talleres educativos con niños y capacitación a docentes de los diferentes barrios en detección precoz y manejo de estas patologías.
La población atendida, en su mayoría, fue remitida por el personal que realizaba el trabajo de campo y determinaba la necesidad de enviarla al hospital para atención y tratamiento especifico. Al asistir a la institución, era atendido por consulta externa o urgencias, donde se determinaba la conducta a seguir. Las patologías predominantes fueron la depresión, la ansiedad y los problemas de aprendizaje.
Los mayores logros obtenidos en estas actividades están relacionados con el reconocimiento en la comunidad del impacto que los desastres tienen sobre la salud mental de las personas afectadas y, por lo tanto, de la importancia de iniciar y mantenerse en tratamiento, además del cambio del concepto errado que se tenía de la atención ofrecida en un hospital psiquiátrico.
* <B>Otros componentes de la atención:</B> estos fueron la hospitalización de aquellas personas que por las características de su patología no podían ser manejadas en su ambiente socio - familiar y el suministro gratuito de medicamentos a quienes lo requerían, de acuerdo al criterio médico psiquiátrico.
Actividades de promoción y prevención
Para el desarrollo de estas actividades se diseñaron estrategias alternativas de comunicación en salud. Así, se programaron las acciones, de acuerdo a las necesidades reales de la comunidad y con metodologías pedagógico - participativa donde se crea el conocimiento a través del saber popular, que incluían la participación de los actores comunitarios, la creatividad, la lúdica y el arte, permitiendo que los participantes tomen mayor conciencia de las problemáticas y encuentren por si mismos alternativas adecuadas para afrontarlas.
Se hizo un primer acercamiento mediante la técnica de lluvia de ideas, buscando tener una visión clara de las problemáticas que a nivel emocional se presentaban; basados en ello se concertaron los tópicos a trabajar. Seguidamente el grupo interdisciplinario de profesionales diseñó ciclos de talleres para satisfacer estas demandas, teniendo en cuenta la edad de las personas participantes y las posibilidades temporo-espaciales de los diferentes grupos.
Los temas para las actividades en las Instituciones educativas (colegios y escuelas) fueron concertados con los docentes, de acuerdo al concepto que ellos tenían de los principales problemas o puntos de vulnerabilidad social de la población estudiantil; se determinó que lo prioritario era trabajar sobre Valores, Autoestima, Prevención del maltrato y abuso sexual de los menores, y prevención del abuso de sustancias. Para la población de 12 a 18 años el ciclo de talleres se dirigió a La expresión de sentimientos y la cohesión de grupo.
Un hallazgo muy llamativo fue que estas comunidades educativas están insertas en un contexto cotidiano violento y con grandes carencias socioafectivas, que dificultan de manera importante un proceso de concertación y ejecución de las actividades. Por lo anterior, fue necesario emplear técnicas más directivas.
En ocasiones se presentaron muchas dificultades para desarrollar en forma optima las actividades programadas, debido a que muchos de los niños mostraron conductas disociadoras como indisciplina, agresividad, burla e indiferencia y otros se mostraron francamente evasivos. Estas situaciones fueron aprovechadas por el equipo de profesionales para hacer algunas intervenciones individuales dirigidas a lograr cambios de actitud en estos niños, e incluso en algunos casos se realizó contacto directo con la familia, tratando de brindar una atención integral. Lamentablemente la participación familiar fue mínima; en la mayoría de los casos los padres o personas contactadas manifestaban dificultades de tiempo, económicas o simplemente abierto desinterés por el proceso, a pesar de los intentos de motivación realizados.
Llama la atención que en esta población mas o menos el 50% de los menores manifestaron haber consumido licor por mano directa de sus familiares, sin embargo se mostraron receptivos y al parecer conscientes de lo nocivo de este hecho expresando saber como negarse para no reincidir en ello.
En los barrios se concertaron reuniones con los líderes comunitarios y, mediante un proceso similar al seguido con los docentes, se determinaron los temas a tratar que fueron prevención de la violencia intrafamiliar, disciplina con amor, habilidades para vivir y prevención del consumo de sustancias.
Al visitar las distintas comunidades de la ciudad de Pereira se encontraron grandes diferencias en el desarrollo intelectual de las personas, siendo necesario por ello adaptar los contenidos de varios talleres.
La comunidad se mostró desmotivada para la realización y participación del trabajo en Salud Mental, lo que estaba directamente relacionado con las ayudas económicas y materiales recibidas (son más receptivas las personas que han recibido algún tipo de ayuda material).
Hay una alta incidencia de patología mental en esta población, asociada a la crisis económica y social del país, el gran índice de desempleo, de violencia y otras patologías sociales, lo cual ha relegado el terremoto a un segundo plano, y como manifestaran muchas personas:
El terremoto yá está guardado en el baúl del olvido
Por esto, es importante pensar en generar programas similares al ejecutado, dirigidos a la comunidad en forma permanente.
Existe gran dificultad en nuestro sistema para trabajar con las personas en su entorno (medio familiar, predio, barrio, institucional escuelas, etc.), debido a las limitantes de preparación de nuestros profesionales en cuanto al manejo del paciente en su entorno, lo mismo que el temor que genera la exposición a espacios no controlados, donde se manejan riesgos importantes por los altos índices de violencia, inseguridad y delincuencia de nuestra ciudad. Además, en algunas comunidades el ingreso de los profesionales, sin una concertación adecuada con los grupos del barrio (pandillas y otras agrupaciones al margen de la ley), se toma como una provocación, ante la cual, se pueden llegar a presentar situaciones que ponen en riesgo la integridad de las personas del equipo.
La idiosincrasia de nuestra comunidad, muestra un gran conformismo, pasividad y desinterés por buscar soluciones a sus propios problemas. Se perciben las dificultades como algo externo, que no depende de ellos, y por esta razón, tampoco buscan alternativas de solución. La priorización de las necesidades delega uno de los últimos lugares al mantenimiento de la salud mental.
El espacio físico fue indiscutiblemente el factor mas limitante en la ejecución de la actividad grupal pues en los centros educativos con frecuencia debía ser compartido, dificultando a los participantes fijar la atención y realizar actividades que requerían movimiento y desplazamiento y en los barrios era totalmente abierto, generando interferencia en el trabajo por elementos externos como el ruido, las condiciones climáticas, el polvo, olores desagradables, etc.
Resultados
El programa de atención en Salud Mental a las personas afectadas por el sismo del 25 de enero de 1999 benefició en total 24.724 personas), de los cuales el 63,2 % fueron atendidos en 1999. En el primer año el mayor énfasis fue en actividades de capacitación, especialmente con la comunidad (55,6 %). En el año 2000 se realizó el acompañamiento en la reconstrucción de las comunidades a través de actividades de las promoción y prevención (17,2%) y el tratamiento integral de las personas con patologías psiquiátricas establecidas, que surgieron a raíz del terremoto, o que se reactivaron por el mismo (18,9 %), de las cuales se realizó perfil epidemiológico. tabla 2
Perfil epidemiológico de la población atendida
Se realizó el perfil epidemiológico con los datos obtenidos del instrumento de "evaluación inicial de las víctimas de desastres" aplicado a las 5.255 personas atendidas en el componente de tratamiento integral del programa (Tabla 3). Del total de personas, en cuanto al sexo se halló que la mayoría son mujeres (71%) lo cual se debe al hecho que la mayor parte de las evaluaciones y la atención se realizaron en los hogares, en horas en que muchos de los hombres se encontraban laborando(Tabla 4); así mismo, se encontró que más del 60% de las personas se encontraban en el rango comprendido entre 20 y 59 años, seguidos por niños de 5 a 14 años (21,1%), lo cual puede estar relacionado con la pirámide poblacional de la ciudad de Pereira.
El estado civil más frecuente en las personas atendidas fue el de Soltero (personas solteras, separadas y viudas) Tabla 5, lo cual se constituye en un factor de riesgo para alteraciones emocionales.
Los resultados demográficos de la población atendida revelan datos muy interesantes que, indiscutiblemente, son frecuentes en comunidades desfavorecidas, como las afectadas por el evento sísmico de 1999 y también se consideran factores no directos de riesgo para el desarrollo de patologías mentales después de un desastre. Entre estos datos están el gran porcentaje de personas que solamente tienen estudios primarios (64.1%), Tabla 6; un alto número de personas que no tienen ingresos económicos (70.2%), comprendido por amas de casa, estudiantes y personas sin empleo y un porcentaje importante de personas que reciben ingresos por debajo del salario mínimo legal (59% de quienes trabajan) Tabla 7.
Existen también una serie de factores, directamente relacionados con el desastre, que pueden aumentar la posibilidad para trastornos mentales y se relacionan con las pérdidas sufridas, en diferentes órdenes. La casi totalidad de las personas presentó daños o pérdidas en la vivienda pero muy pocas sufrieron lesiones físicas o muerte de familiares, lo que se constituye en un factor protector.
Otras factores que aumentan la vulnerabilidad de la población ante una situación de desastre son los antecedentes de enfermedad, que fueron positivos en el 25% de la población intervenida y los antecedentes de traumas físicos graves, encontrados en el 11,9% de las personas.
Diagnóstico
El diagnóstico psiquiátrico de las personas afectadas por el sismo se realizó teniendo en cuenta los cinco ejes de la clasificación de enfermedades que presenta el DSM IV, pero en este informe solamente se presentan los resultados del eje I.
De las personas evaluadas en el componente de tratamiento integral, solamente el 32% estaban sanas en su esfera mental. Entre las personas que presentaban patología psiquiátrica se observa alta incidencia de Trastorno Depresivo (35%) y Trastorno de Ansiedad (17%), seguido de Trastorno Adaptativo (6,2%) y Trastorno de Estrés Postraumático (5%). Se encontró, igualmente, un aumento importante de las crisis psicóticas en pacientes con antecedentes de enfermedad mental, comparando con las estadísticas usuales. Tabla 10.
Conclusiones
* Para la eficiente difusión de los programas de recuperación psicosocial postdesastres, se deben utilizar todos los medios de comunicación social, utilizando métodos clásicos y métodos alternativos de comunicación. El éxito de estos programas depende en gran medida de que la comunidad recibe la información adecuada y en forma oportuna, lo mismo que una correcta motivación.
* Se debe convencer a los dirigentes políticos, las figuras sociales representativas y a la comunidad en general, que la atención y recuperación en salud mental es tan importante como la recuperación de la infraestructura y la salud físicas. Una atención inadecuada de la salud mental de las personas afectadas por un desastre perpetuará una gran cantidad de problemas psicosociales que obstaculizarán todos los procesos de reconstrucción y harán más difícil la reactivación y posterior desarrollo de la región afectada.
* La atención en salud mental en situaciones postdesastre es más efectiva cuando se realiza en el seno de la comunidad (en el domicilio de las personas afectadas, en locales comunitarios, escuelas, casetas de acción comunal, etc), brindando a la comunidad la oportunidad de acceder fácilmente a los servicios de atención en el área de la salud mental. Cuando la atención se realiza solo en los centros hospitalarios, no tiene igual acogida, pues la mayor parte de las personas son reacias a consultar centros de salud mental u hospitales psiquiátricos, por el estigma que sobre estos pesa.
* El trabajo en la comunidad debe ser abordado mediante intervenciones interdisciplinarias dirigidas a grupos y familias, lo cual permite, no solo realizar una atención más integral sino también obtener mayores índices de eficacia y eficiencia.
* El rol del trabajador de salud mental en la atención postdesastres, no es solo brindar tratamiento a las personas afectadas por patologías psiquiátricas concretas, sino realizar a la vez actividades psicoeducativas y de promoción y prevención entre la comunidad, para fortalecer las habilidades para enfrentar situaciones críticas y mejorar sus capacidades de resolución de conflictos y convivencia pacífica, para facilitar su adaptación a nuevos ambientes.
* Los programas de recuperación psico-social en el postdesastre requieren la participación de los trabajadores de la salud del nivel primario y secundario, pues en estas situaciones el número de especialistas en salud mental no es suficiente para la atención de todas las personas afectadas. A pesar de ello, se ha encontrado que los médicos generales, los especialistas no-psiquiatras y otros profesionales que trabajan en la atención de los damnificados desconocen las consecuencias psicológicas y psiquiátricas de los desastres y su manejo; por ello, consideramos que los curricula de los programas universitarios deben ser ajustados, profundizando en estos temas.
* Entre las observaciones realizadas, una de la más significativa es que muchos de los problemas encontrados se desarrollaban, no sólo como consecuencia del terremoto, sino también por los altos índices de estrés psicosocial y lo que se ha denominando "desastre cotidiano" que viven las comunidades con las que se trabajó (desempleo, violencia, inseguridad, accidentes caseros, pobre calidad de vida, falta de adecuados servicios públicos y de salud, etc). Por esto se recomienda dar continuidad y permanencia a este tipo de programas, dirigiéndolos a la promoción de estilos y formas de vida saludable de toda la comunidad, así como al manejo de los diferentes problemas mentales y su prevención.