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El aumento del consumo de ultraprocesados: causas y consecuencias



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Noticia | Noticia PUBLICO GENERAL | Fecha de publicación: 02/01/2026
Artículo revisado por nuestra redacción

  Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor, no consumir alcohol durante el embarazo, prohibida la venta a menores de 18 años. Estos son ejemplos sobre mensajes relacionados con la comercialización del tabaco y el alcohol en España que intentan limitar su venta por la multitud de problemas sanitarios de los que son causantes. Sin em...



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Fumar perjudica gravemente su salud y la de los que están a su alrededor, no consumir alcohol durante el embarazo, prohibida la venta a menores de 18 años. Estos son ejemplos sobre mensajes relacionados con la comercialización del tabaco y el alcohol en España que intentan limitar su venta por la multitud de problemas sanitarios de los que son causantes.


Sin embargo, nada de esto sucede con los alimentos ultraprocesados a pesar del aumento de su consumo y la cada vez mayor evidencia científica disponible de que estos alimentos industriales elevan el riesgo de desarrollar obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y renales, depresión y muerte prematura. 


España, pese a la variedad y calidad de su gastronomía, no es ajena a este problema. Según los resultados recientemente publicados en la revista The Lancet, nuestro país es uno de los países donde más ha crecido su consumo, llegando a triplicarse en las últimas tres décadas.


La razón de esta expansión global tan rápida es que son productos que se elaboran con ingredientes baratos, ofrecen mucha practicidad y están diseñados para ser difíciles de rechazar e hiperpalatables, debido a su alto contenido de grasas y azúcares, además de aditivos que realzan sabores, olores y texturas. A ello se suma un marketing muy intenso y generalizado.


El nuevo tabaquismo


Los alimentos ultraprocesados son “formulaciones industriales elaboradas a partir de ingredientes baratos extraídos o derivados de alimentos frescos y combinados con aditivos.


En su mayoría contienen poca o ninguna parte del alimento original y están diseñados para competir con los demás alimentos y maximizar las ganancias de la industria alimentaria” pusó en contexto para Univadis España la Dra. Renata Bertazzi Levy, investigadora del Departamento de Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina y del Núcleo de Investigaciones Epidemiológicas en Nutrición y Salud, ambos de la Universidad de São Paulo (NUPENS), actualmente investigadora visitante en el Instituto de Investigación Biomédica de Salamanca (IBSAL) y co-autora del estudio publicado en The Lancet.


Su consumo está sustituyendo las culturas alimentarias tradicionales en todo el mundo y deteriorando la calidad de la dieta. Por un lado, “aumenta la ingesta de nutrientes críticos como grasas totales y saturadas, azúcares y calorías en exceso; por otro, reduce la presencia de nutrientes protectores como fibra, proteínas y potasio.


Además, expone a la población a sustancias que no forman parte de la alimentación humana tradicional, como xenobióticos (aditivos colorantes, saborizantes, emulsionantes, edulcorantes, entre otros), y desplaza el consumo de alimentos saludables como frutas, verduras y legumbres”, continuó la Dra. Bertazzi.


En el artículo recientemente publicado en The Lancet, se realizó una revisión sistemática y, de los 104 estudios de cohortes incluidos (en su mayoría de buena calidad), 92 mostraron un mayor riesgo de uno o más desenlaces de enfermedades crónicas, que abarcan prácticamente todos los sistemas orgánicos.


El patrón alimentario ultraprocesado asociado al riesgo de enfermedades “no debe entenderse aislando un elemento concreto. No se trata de atribuir el efecto nocivo a un alimento en particular, sino de comprender que estos productos comparten características que, en conjunto, los hacen perjudiciales para la salud.


La epidemiología nutricional ha cometido grandes errores al intentar atribuir efectos a alimentos o componentes aislados —el ejemplo del huevo es muy ilustrativo.


Por ello, es fundamental analizar el patrón alimentario y cómo se combinan los alimentos en su conjunto. Por último, siguiendo la analogía con el tabaquismo, “hay estudios que relacionan ultraprocesados con comportamientos adictivos.


Están diseñados para eso y la industria no se preocupó en ocultarlo al principio: varias campañas publicitarias incluían frases que sugerían esa idea, como “es imposible comer solo uno” o “el sabor que engancha”, remarcó la investigadora del IBSAL.


¿Cómo reconocerlos?


Tanto el alcohol como el tabaco son muy fáciles de identificar. Incluso, su venta y consumo están regulados. Sin embargo, nada de esto sucede con los alimentos ultraprocesados, lo que no impide que “puedan identificarse revisando la lista de ingredientes.


Estos marcadores claves son:


Aditivos cosméticos, cuya función no es conservar el alimento, sino modificar atributos sensoriales como el color, el sabor, el aroma o la textura mediante el uso de aromas artificiales, potenciadores de sabor, colorantes, emulsionantes, edulcorantes artificiales y espesantes.


Sustancias de uso exclusivo de la industria alimentaria. Es decir, ingredientes que no están disponibles en las cocinas domésticas ni se encuentran a la venta en supermercados, como por ejemplo aislados de proteínas, gluten adicionado, caseína, proteína de suero, jarabe de maíz de alta fructosa, azúcar invertido, maltodextrina, dextrosa, lactosa, aceites hidrogenados o interesterificados, entre otros


Estos marcadores fueron seleccionados porque son esenciales para el modelo de negocio de los ultraprocesados: permiten reemplazar componentes perecederos de los alimentos integrales por sustitutos más estables y baratos, manteniendo al mismo tiempo el sabor y la apariencia esperados del producto final”, detalló la Dra. Bertazzi.


Pero no se debe dejar todo el peso en manos del consumidor, “existen varias acciones que los Estados pueden implementar para facilitar el reconocimiento de estos productos. En América Latina, por ejemplo, varios países ya han adoptado guías alimentarias que recomiendan evitar el consumo de ultraprocesados. Brasil fue pionero en esta orientación, seguido por Chile, Uruguay, Ecuador, Perú y México.


Asimismo, la adopción de un sistema de etiquetado frontal que señale claramente estos productos sería una herramienta eficaz para ayudar a la población a realizar mejores elecciones alimentarias”, prosiguió la investigadora de la NUPENS.


La situación en España


En nuestro país, reconocido mundialmente por el gran nivel de su gastronomía, al contrario de lo que podría parecer a priori, la penetración de los ultraprocesados es cada vez mayor.


“El dato más reciente disponible procede de una encuesta de presupuestos familiares, que mide las compras de alimentos y la disponibilidad per cápita, no el consumo directo.


En dicho estudio, la última encuesta analizada fue realizada en 2010, se observó que el 32 % de las calorías disponibles per cápita provenían de productos ultraprocesados.


Aunque existen encuestas más recientes, estos datos aún no han sido analizados para actualizar esta estimación, pero con la tendencia de crecimiento observada, es posible que el consumo actual sea aún mayor”, explicó la Dra. Bertazzi.


Este dato está aún lejos de los valores obtenidos en “Estados Unidos y Reino Unido, donde el porcentaje de ingesta calórica procedente de ultraprocesados es de entre un 50 y 60 % de la ingesta calórica total.


Esto hace que España no sea uno de los países que esté en peor situación, pero hay que tener también en cuenta que se ha triplicado el consumo de ultraprocesados desde la década de los años 90 del siglo pasado”, puso en contexto para Univadis España la Dra. Maira Bes-Rastrollo, Catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Navarra, investigadora del Instituto de Investigación Sanitaria de Navarra (IdiSNA), del Centro de Investigación Biomédica en Res de la Fisiopatología de la Obesidad y Nutrición (CIBERobn) y también co-autora del estudio publicado en The Lancet.


Para intentar revertir esta tendencia, “actualmente hay un código de autorregulación respecto a la publicidad y el marketing de estos productos en todos los canales de información, incluidas las redes sociales, pero no está funcionando.


Por ello, en primavera de este año se aprobó el Real Decreto para regular la calidad de los alimentos de las escuelas, que implicará la retirada de este tipo de productos de las cantinas escolares y, actualmente se está trabajando en la regulación de la calidad de los alimentos de los hospitales y las residencias de mayores”, continuó la Dra. Bes-Rastrollo.


“Este es un primer paso importante, pero tiene que venir acompañado de otras medidas que permitan frenar el crecimiento de los ultraprocesados en la alimentación de la población.


Existen ejemplos de acciones adoptadas en otros países que podrían servir de referencia: la elaboración de guías alimentarias que recomienden evitar estos productos; la aplicación de impuestos específicos para dificultar su acceso, junto con subsidios a alimentos naturales y mínimamente procesados; la implementación de sellos de advertencia frontal que indiquen claramente cuando un producto es ultraprocesado (un etiquetado tipo cajetilla de tabaco), que informe claramente de sus aditivos y del riesgo que suponen para la salud de forma visible en la parte frontal del producto; y la regulación estricta de la publicidad, especialmente la dirigida al público infantil, como impedir el uso de personajes, héroes o elementos promocionales en los envases”, profundizó la Dra. Bertazzi.


Además de todo esto, “también sería muy recomendable contar con nutricionistas en los centros de Atención Primaria para prevenir las enfermedades crónicas a través de la alimentación”, añadió la Dra. Bes-Rastrollo.


La respuesta ha de ser global o no será


Estamos ante una situación provocada por la propia industria alimentaria, ya que los ultraprocesados son “su sector más rentable, con ventas anuales globales de miles de millones de euros, que le permiten ampliar producción, invertir en técnicas de mercadotecnia agresivas, influencia política y diseños atractivos para impulsar el consumo”, denunció la Dra. Bertazzi.


Por ello, todas las medidas anteriormente mencionadas han de ser implementadas conjuntamente ya que “son las empresas globales, y no las elecciones individuales, las que impulsan el auge de los ultraprocesados. Es imposible que una persona luche sola contra un sistema alimentario que favorece la presencia y expansión de estos productos.


Por ello, es imprescindible que el Estado implemente políticas públicas de forma articulada y contínua para lograr una reducción significativa en su consumo y proteger a la población”, concluyó la Dra. Renata Bertazzi Levy.


Pero la sociedad también tiene que poner de su parte, no se puede dejar todo en manos de los gobiernos. “Tenemos que tener claro que para cuidarnos no solo tenemos que ir al gimnasio, sino que también tenemos que invertir tiempo en aprender y cocinar de forma saludable y sostenible, ya que de otro modo, si confiamos en la industria alimentaria seguramente vamos acabar ingiriendo más sal, más azúcar y más grasas saturadas de las recomendables, así como la ingesta a largo plazo de una gran cantidad de xenobióticos con un daño potencial para la salud”, apuntó por su parte para finalizar la Dra. Maira Bes-Restrollo.


La declaración de conflictos de interés de los autores de este estudio puede encontrarse en la  publicación original.


 

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