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Perfil de los pacientes atendidos por intento de suicidio en la interconsulta de psiquiatría del Hospital Severo Ochoa.

  • Autor/autores: Beatriz Martín Cabrero.

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Artículo | Fecha de publicación: 13/12/2004
Artículo revisado por nuestra redacción | Urgencias Psiquiátricas

IntroducciónEn la actualidad, el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo de edad de 15 a 24 años tras los accidentes de circulación y una de las primeras causas de años potenciales de vida perdidos entre los españoles (Mirón y Alonso, 1996) (1). Se constituye por tanto como un grave problema de salud pública para el que aún no se han encontrado respuestas suficientes. Los divers...

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Introducción

En la actualidad, el suicidio es la segunda causa de muerte en el grupo de edad de 15 a 24 años tras los accidentes de circulación y una de las primeras causas de años potenciales de vida perdidos entre los españoles (Mirón y Alonso, 1996) (1). Se constituye por tanto como un grave problema de salud pública para el que aún no se han encontrado respuestas suficientes. Los diversos estudios coinciden en que se ha producido un incremento de las tasas de suicidio y de tentativas de suicidio desde comienzos de la década de los años 50 hasta, por lo menos, el comienzo de la década de los 80, especialmente entre las poblaciones de adolescentes y jóvenes adultos de Europa y EE.UU.



La Oficina Regional Europea de la Organización Mundial de la Salud aprobó 38 objetivos en el año 1984 para alcanzar en el año 2000 un nivel de salud adecuado en la población. El objetivo número doce era el de reducir las enfermedades mentales y suicidios (“...inversión de la tendencia creciente de los suicidios y tentativas de suicidio”), objetivo que no se ha cumplido (2).



Existe evidencia de que de la población de individuos que realizan un intento de suicido saldrán muchos futuros suicidas (1). El 17 % de los pacientes tienden a repetir las tentativas de suicidio en el primer año (Bancroft y Marsack, 1977); según Hawton (1987) el 1 % de los pacientes que cometieron tentativas autolíticas se suicidaron en el curso del año siguiente, lo cual es un riesgo 100 veces superior al de la población general (3). Según otros autores (Bluglass y Horton, 1974; Hawton y Fagg, 1988; Nordentoft et al, 1993), un 3 % termina con su vida entre los 3 y 8 años después de su primer intento (4). Dado que no existe de modo absoluto ningún signo o síntoma patognómico predictor del parasuicidio o del suicidio (Westreich, 1991) (5), las investigaciones de los factores de riesgo de los intentos de suicidio constituyen un primer paso para la realización de programas preventivos.



Existen numerosas dificultades metodológicas para medir la extensión real del problema, pero cada vez existen más estudios epidemiológicos que nos permiten un mejor acercamiento a esta cuestión, siendo los de ámbito local quizá los que más utilidad práctica tengan a la hora de implantar medidas para reducir las tasas. El presente estudio pretende contribuir al conocimiento que se tiene de las tentativas de suicidio y puede facilitar que se desarrollen programas específicos de prevención de la conducta suicida.

Material y método

Se ha definido el intento o tentativa de suicidio como aquellos actos autolesivos voluntarios que no tienen un desenlace letal, bien porque han sido interrumpidos en el curso de su desarrollo, bien porque su realización no ha terminado con la vida del individuo.



Los datos analizados corresponden a pacientes atendidos por tentativa de suicidio en la urgencia general del Hospital Severo Ochoa de Leganés durante el año 2001. El área sanitaria IX comprende dos distritos: Leganés y Fuenlabrada (que incluye además los municipios de Moraleja de Enmedio, Arroyomolinos y Humanes de Madrid). A la urgencia del HSO llega un determinado número de personas que necesita asistencia a nivel somático tras realizar una tentativa. La Interconsulta de Psiquiatría (perteneciente al Instituto Psiquiátrico Servicios de Salud Mental José Germain) atiende igualmente a estos pacientes, para valorar su estado psicológico, ofrecer una alternativa en el caso de que el riesgo de cometer suicidio continúe siendo alto y/o garantizar un seguimiento por los Servicios de Salud Mental en caso de que sea necesario. Este instituto da cobertura de atención psiquiátrica completa al área IX. clínicas de los pacientes que acudieron a la urgencia y que fueron atendidos por la Interconsulta de Psiquiatría desde el 1 de enero del 2001 hasta el 31 de diciembre del 2001. Se atendieron 138 tentativas de suicidio, aunque en este estudio sólo se han descrito 136 (no hubo acceso a las historias clínicas de las dos tentativas restantes).



En el presente estudio se han recogido variables que han sido consideradas en la literatura científica como influyentes en esta conducta. Estas variables se pueden englobar en cuatro grandes apartados: datos sociodemográficos; información relacionada con la historia pasada y presente en los Servicios de Salud Mental; información relativa a la tentativa de suicidio; y cuestiones relacionadas con la asistencia.

Respecto a los datos sociodemográficos, se ha analizado el sexo, la edad, distrito al que pertenece el paciente, estado civil, nivel educativo, situación laboral y tipo de convivencia.



En relación con la información de la historia pasada y presente en los Servicios de Salud Mental: si tiene historia o no en los SSM públicos; diagnóstico (siguiendo las categorías de la CIE-9); tratamiento farmacológico (si están tomando o no tratamiento farmacológico de uso psiquiátrico, y en el caso de que sí lo hagan, cuáles están tomando); si acude o no en el momento de la urgencia al CSM; si ha precisado o no ingresos psiquiátricos.



Algunos pacientes del estudio tenían un diagnóstico primario y otro secundario, por lo que se han tenido en cuenta ambos.



Respecto a la conducta suicida y aspectos que pudieran ser relevantes en relación a la misma, se ha recogido información de los antecedentes personales de suicidio (si había realizado alguna tentativa anteriormente), el método utilizado, el motivo de la tentativa y el consumo de tóxicos en el caso de que lo hubiera.

En relación con el método utilizado en la tentativa, fueron recogidos todas las formas empleadas por los sujetos de la muestra, y agrupadas en categorías: ingesta medicamentosa de forma exclusiva, combinada con alcohol o con alcohol y otro método añadido; ingesta de otras sustancias u objetos, como por ejemplo productos de limpieza o agujas; uso de armas blancas; venoclisis; precipitación; inyección de sustancias, como son la insulina y aguarrás; ahorcamiento; otras combinaciones de los métodos citados anteriormente.



Los motivos de la tentativa hacen referencia a aquellas razones que los pacientes refieren como motivadoras o desencadenantes de su conducta suicida. Se recogieron y se agruparon posteriormente en categorías. En los resultados se presentan las que aparecieron con mayor frecuencia.



Finalmente, se recogen algunas cuestiones relacionadas con la asistencia: el tiempo y lugar de permanencia en el hospital y el destino al alta.



Para el análisis estadístico de los datos se ha empleado el programa SPSS versión 10.0 para Windows. Se ha utilizado el test no paramétrico de la razón de verosimilitud para la correlación entre variables cualitativas, ya que no se satisfacen las condiciones de aplicabilidad de la prueba X² de Pearson.

Resultados

<U>Datos sociodemográficos</U>



Durante el año 2001, la interconsulta psiquiátrica atendió en la urgencia del Hospital Severo Ochoa 138 casos de tentativa de suicidio. Las 136 tentativas analizadas fueron realizadas por 118 pacientes, por lo que hubo un 12,3 % de casos de reincidencia dentro del año 2001. Diez personas volvieron a realizar un intento autolítico y tres personas lo intentaron en dos ocasiones más, ambos dentro del año del estudio, siendo el diagnóstico más frecuente el de trastorno de personalidad (38,7 %).



En la tabla 1 se muestran los datos recogidos correspondientes al sexo, distrito, estado civil, edad, tipo de convivencia, nivel educativo y situación laboral. Se incluyen algunos datos poblacionales correspondientes a los municipios del área sanitaria IX. El 61,8 % de los pacientes atendidos eran mujeres y el 38,2 % eran hombres. El 53,7 % de los pacientes atendidos residían en Fuenlabrada (esto es, un total de 73 personas), el 43,4 % (59 personas) residían en Leganés y un 2,9 % procedía de otras áreas (Móstoles, Toledo, Madrid).

Tabla 1: Datos sociodemográficos



Respecto al estado civil, el mayor porcentaje corresponde a las personas solteras (39 %), seguido de cerca de las personas casadas (34,6 %). Los separados o divorciados aparecen en un 19,1 % y en último lugar se encuentran los viudos en un 7,4 %.



El intervalo de edad que se ha encontrado con más frecuencia es de 25-34 años (en un 27,9 %), intervalo que coincide como más frecuente en los varones, siendo el más frecuente en mujeres el intervalo de 15-24 años. La mayor parte de los pacientes (el 73,5 %) tenían edades comprendidas entre los 15 y los 44 años.



La mayor parte de los pacientes viven con familia propia (54,4 %) o con su familia de origen (30,9 %). El 50 % de la muestra tiene estudios primarios. Aproximadamente el 22 % de los casos atendidos están ocupados en el área laboral. El 19,9 % son amas de casa; el 14,7 %, estudiantes y el 13,2 % están desempleados.

<U>Datos sobre la historia en salud mental</U>



El 68,4 % de los pacientes tienen historia en la atención especializada en salud mental en el ámbito público, porcentaje que asciende al 73,5 % si añadimos los que han acudido alguna vez a un psicólogo o psiquiatra fuera de la atención especializada. El 26,5 % restante no ha acudido nunca a salud mental.

El diagnóstico que se da con más frecuencia entre los pacientes es el de reacción de adaptación (41,9 % de los casos). Los trastornos de personalidad son los siguientes en frecuencia (con un 17,6 %), seguido de la depresión neurótica (casi un 9 %) y el síndrome de dependencia alcohólica (un 5,9 %). El restante 25 % lo componen una diversidad de diagnósticos. Algunos pacientes tenían también un diagnóstico secundario, siendo el de dependencia alcohólica el más frecuente de ellos (4,4 %). Estos datos de presentan en la tabla 2.

Tabla 2: Diagnósticos primarios y secundarios

El 58,1 % de los pacientes toman tratamiento psiquiátrico. El 28,7 % no toma tratamiento, no hay información de 18 pacientes (el 12,5 %) y un 1,5 % desconoce el tratamiento. Los psicofármacos incluían ansiolíticos e hipnóticos (para el 73,5 % de los pacientes), antidepresivos (el 50 %), antipsicóticos (20,6 %), estabilizadores del humor (3,7 %), los utilizados para la dependencia alcohólica (3,7 %).

En un 11,8 % no hay información sobre si acude o no en el momento de la urgencia al Centro de Salud Mental. Un 38,2 % de los pacientes no acudía al CSM en el momento de la tentativa, y un 50% de los que intentaron quitarse la vida acudía al CSM.



El 33,8 % de los pacientes atendidos han tenido ingresos psiquiátricos en al menos una ocasión. El 63,2 % nunca ha precisado ingresos psiquiátricos y no hay información sobre 4 pacientes.



<U>Información relativa a la tentativa de suicidio</U>



Respecto a los antecedentes personales de intento de suicidio, el 33,1 % no habían realizado ninguna tentativa anteriormente, y el 55,1 % sí lo había hecho. No hay información suficiente en el 11,8 % de los casos.

Del 55,1 % con antecedentes personales, el 18,7 % había realizado una o dos tentativas previas dentro del año 2001 (el menor intervalo de tiempo entre tentativas encontrado en la muestra es de dos semanas, y el mayor es de cuatro meses y dieciséis días).



No hay información suficiente en aproximadamente un 13 % de los casos sobre los motivos que llevaron a realizar la tentativa. Respecto al resto de casos, se ha encontrado que en alrededor del 50 % de las tentativas existe una conflictiva familiar que actúa como desencadenante o como estresor. En el 24,3 % de los casos, referían alguna pérdida como motivo de la tentativa. Otras motivos que esgrimían los pacientes, aunque en menor frecuencia, eran los problemas laborales (7,3 %), ánimo deprimido (6.6 %), problemas legales (4,4 %) y sentimientos de soledad (4,4 %).



El método utilizado con mayor frecuencia es la intoxicación medicamentosa, empleada como método único (alrededor del 60 %), o de forma combinada con otro tipo de autoagresiones (un 26 % combinada con alcohol y/u otros métodos). El resto de los casos (que suponen alrededor el 15 % de la muestra) han empleado métodos muy variados. En la tabla 3 se muestran los resultados, separados por sexos y porcentaje. La ingestión medicamentosa es el método más frecuente en ambos sexos, aunque más frecuente en la mujer en comparación con el hombre (casi el 70 % de los que emplearon este método).

Tabla 3: Métodos utilizados para realizar la tentativa de suicido, dividido por sexos y porcentaje

No hay información de 65 pacientes (47,8 % del total) en relación al consumo de tóxicos. Del resto, 37 personas no consumían ningún tóxico (27 % del total). El 25 % de la muestra consumía algún tipo de tóxico, siendo el 13,98 % el porcentaje de personas que tenían un diagnóstico relacionado con ese consumo. El 11,02 % restante abusaba de algún tóxico, principalmente alcohol.

<U>Cuestiones relacionadas con la asistencia</U>



La mayor parte de los pacientes pasan menos de 24 horas en la urgencia (el 85,3 %). Doce personas tuvieron que ser ingresadas en planta para recibir asistencia de algún otro servicio del Hospital (8,8 %) y siete pacientes precisaron UCI (5,1 %). No hay información de un paciente.



El 90,4 % de los casos son derivados a atención especializada en salud mental: alrededor del 58 % son derivados al Centro de Salud Mental y el 32,4 % se deriva a la Unidad de Hospitalización Breve para ingreso psiquiátrico, perteneciente al Instituto Psiquiátrico José Germain. El porcentaje restante (el 8,1 %) corresponde a derivaciones muy diversas (al Médico de Atención Primaria, al Hospital de Día, a la Unidad de adolescentes del Hospital Gregorio Marañón, o al domicilio propio). No hay información de un paciente y otro abandona el hospital sin derivación.

Discusión

La OMS estimó que la tasa de incidencia de tentativa de suicidio en España oscilaba entre el 50 y el 90 / 100.000 hab./año (11). El número de tentativas atendido en el servicio de urgencias del Hospital Severo Ochoa señala una tasa de incidencia de 39,4 / 100.000 hab/año, teniendo en cuenta que la población del área IX es de 369.479 habitantes según padrón del año 2001 (6). El análisis de datos de un estudio más abarcativo realizado por Álvarez, Martínez, Delgado, Areses y de Gregorio (1997) (12) en esta misma área sanitaria, donde se recogieron datos de forma prospectiva de las tentativas de suicidio detectadas en un amplio número de servicios (atención primaria, urgencias hospitalarias, atención especializada en salud mental, servicios sociales y juzgados) permite concluir que la gran mayoría de casos se recogieron en los servicios de urgencia psiquiátricos y del hospital general. La elevada tasa de incidencia encontrada en el presente estudio muestra la utilidad de estudiar las características de este grupo de pacientes, sin dejar de ser cautelosos a la hora de generalizar los resultados a toda la población de pacientes que realizan intentos de suicidio.



La mayoría de los estudios coinciden en la mayor proporción de mujeres entre los que realizan tentativas de suicidio. En la revisión sobre la epidemiología del suicidio en España que realizaron Soto y Ruiz (1995) (13), los diferentes estudios oscilan entre el 64 y 80 % de tentativas realizadas por mujeres, y entre el 20 y 36 % en el caso de los hombres. En el presente estudio, la proporción de mujeres es algo menor que el intervalo citado (61,8 %), y la proporción de hombres es mayor (38,2 %). Quizá estemos encontrando en estos resultados la tendencia a la paridad observada en los últimos años (14, 15, 16, 17). Parece existir un consenso en que el suicidio es un hecho más frecuente en las personas solteras, separadas-divorciadas o viudas (13, 18). Destaca en el presente estudio el alto número de personas separadas o divorciadas que han realizado un intento suicida, comparando los resultados con los estudios revisados por Soto y Ruiz (1995) (13) y con el porcentaje de cada estado civil encontrado en la población (ver tabla 1 y gráfico 1). La mayoría de los 11 estudios revisados por los autores citados en los que aparece recogida la categoría de separados y/o divorciados, se encuentran porcentajes entre el 1 % y el 9 %, siendo superior al 13 % en sólo tres de ellos, y el más alto de 18 %.

Gráfico 1

Si se compara el estado civil de hombres y mujeres, no se dan diferencias estadísticamente significativas, pero si se controla la variable edad, se dan estas diferencias en el intervalo de 25 a 34 años (raz. ver.=8,901; gl=3; p=0,031), siendo mayor la proporción de mujeres casadas y de varones solteros. Este resultado, encontrado en otros estudios, ha sido interpretado por algunos autores como un reflejo de que el matrimonio es un factor de protección para el hombre, mientras que para la mujer lo sería de estrés (19).



Algunos autores consideran que el riesgo de tentativa de suicidio sería mayor en las personas que han sufrido la pérdida de su pareja o de un familiar por abandono o muerte, independientemente de su estado civil (20). Como hemos visto en relación a los motivos de la tentativa, alrededor del 30 % de casos habían sufrido alguna pérdida que había motivado el intento de suicidio o que había contribuido al mismo en forma de estresor.



El Estudio Multicéntrico de la OMS (11), afirma que las tasas más elevadas de conductas parasuicidas pertenecen al grupo de edad comprendido entre 15 y 24 años en el caso de las mujeres y en el de 25-34 años en el caso de los varones, dato que encontramos en este estudio. La persona más joven tenía 14 años, y nueve personas eran mayores de 65 años. Actualmente se cree (15) que el riesgo de suicidio se incrementa con la edad, siendo extremadamente raros los casos de suicidio en menores de 12 años, comenzando a ser un hecho más frecuente tras la pubertad, para ir decreciendo poco a poco con la edad. Los datos también coinciden con los hallados por Diekstra (1989) y Platt (1992), quienes encuentran un pico en las edades comprendidas entre 15 y 44 años (21). Los ancianos sólo representan alrededor de un 5% del total de las tentativas atendidas en los servicios de urgencias (15), porcentaje que se asemeja al 6,6 % encontrado en esta muestra. Varios estudios realizados en ancianos muestran que los intentos de suicidio de este subgrupo constituyen un grupo aparte, por presentar características que se acercan más a las de los suicidos consumados (15).



Se suele asociar un nivel bajo de estudios con una prevalencia aumentada de intentos de suicidio (22), resultados que aparecen aquí incluso si se tienen en cuenta los datos en la población (ver tabla 1).

Existen diferencias estadísticamente significativas en cuanto a su situación laboral entre hombres y mujeres para los intervalos de 35 a 44 años (raz. ver.=13,957; gl=5; p=0,016) y de 45 a 54 años (raz. ver.=23,125; gl=4; p=0,000), en los cuales hay más amas de casa entre las mujeres y más hombres trabajando o en situación de ILT. No se encuentra una alta frecuencia de personas en situación de desempleo al comparar con las tasas poblaciones (ver tabla 1). En la mayoría de estudios revisados por Soto y Ruiz (1995) (13), la situación laboral más frecuente es ama de casa, estudiante u ocupado laboralmente, tal y como aparece en la presente muestra.



Aunque se ha dicho (Rich et al, 1986) que la enfermedad es condición necesaria pero insuficiente para el suicidio, y aunque algunos estudios epidemiológicos realizados en adultos (Rich et al, 1986; Runeson, 1989; Allebeck y Allgulander, 1990; Cheng, 1995) encuentran que entre un 90% y 100% de los suicidas presentan un trastorno mental (15, 23), un 31,6 % de los pacientes atendidos en esta urgencia por tentativa de suicido no tienen historia en salud mental, resultado que, no obstante, coincide con otros estudios realizados en nuestro país (19). Cabe destacar que hay diferencias estadísticamente significativas dependiendo de la edad (raz. ver.=30,747; gl=6; p=0,000), siendo el intervalo con más frecuencia de personas con historia en salud mental el de 25 a 34 años.



No hay diferencias estadísticamente significativas en relación al sexo. Cabría pensar que la tentativa de suicidio fuera el debut para este 31,6 % o la forma en que estas personas establecen su primer contacto con salud mental a pesar de la existencia de un trastorno previo.



Como indican Sarró y de la Cruz (1991) (20), generalmente los diagnósticos de trastornos psicóticos se asocian al suicidio consumado y las tentativas de suicidio, a los trastornos de personalidad, distímicos y adaptativos. En diversos estudios (12, 13) se encuentran como más frecuentes los trastornos adaptativos y neuróticos. El diagnóstico más frecuente encontrado aquí es el de reacción de adaptación (un 41,9 %), aunque hay razones para suponer que entre estos pacientes hay personas con otros trastornos que requieren una evaluación más prolongada en el tiempo (por ejemplo, trastornos de personalidad y trastornos distímicos) y que no ha sido posible detectar en el contexto de la urgencia.



Cabe destacar algunos resultados diferenciales con el estudio realizado en este mismo área entre los años 1993 y 1994 por Álvarez et al (1997) (12): se da un aumento del diagnóstico de reacción de adaptación (que según estos autores es de 25,4 % y que puede deberse a lo señalado anteriormente), un menor porcentaje de pacientes con trastorno de personalidad (10,4 %, frente al 17,6 % encontrado aquí), un mayor porcentaje de psicosis esquizofrénicas (6,5 % frente al 2,2 % de este estudio) y un menor porcentaje de uso de sustancias (un 6,5 % frente al 9,6 %, que se eleva al 14 % si le añadimos el diagnóstico secundario). Las diferencias metodológicas entre ambos estudios no permiten sacar conclusiones fiables, aunque podríamos hipotetizar que hay un aumento de pacientes diagnosticados de trastorno de personalidad y de abuso de sustancias que, tras cometer un intento de suicidio, acude a la urgencia del hospital general y son atendidos por la interconsulta de psiquiatría, así como una disminución de pacientes diagnosticados de psicosis esquizofrénica.



No hay diferencias estadísticamente significativas entre el diagnóstico y el sexo, aunque en otros estudios se ha observado esta relación (24)

La mayoría de las personas están tomando tratamiento farmacológico, por lo que parece probable que existan otras variables (además de la ausencia de tratamiento farmacológico o la ausencia de uno efectivo) que estén implicadas en la realización o no de tentativas. De nuevo se dan diferencias estadísticamente significativas dependiendo de la edad (raz. ver.=29,666; gl=12; p=0,003), siendo las personas con edades comprendidas entre 25 y 54 años los que con más frecuencia toman algún tipo de fármaco.



Poco más del 38 % de los pacientes no estaba acudiendo al Centro de Salud Mental cuando realizaron la tentativa, a pesar de que un 42,3 % tenían historia en salud mental. En el citado estudio sobre el área IX (12), se señala la alta frecuencia de consulta a servicios sanitarios poco antes del intento de suicidio hallada por diversos autores, encontrando ellos en su muestra que el 61,7 % de los pacientes había consultado a algún profesional de salud mental en el mes previo a la tentativa y que el 35,9 % habían acudido al médico de cabecera.

La mayor parte de los pacientes (63 %) no ha precisado nunca un ingreso psiquiátrico, en contraste con los resultados encontrados en otros estudios (13).



En los estudios revisados por Soto y Ruiz (1995) (13), hay una gran variabilidad en el porcentaje de tentativas previas encontrado: desde el 15% al 64%, porcentajes entre los que se sitúa el encontrado aquí (55,1 %). Este dato es muy similar al 48,7 % encontrado por García-Macía et al (1984) en su estudio sobre pacientes asistidos por psiquiatría de un hospital general (20).

La mayoría de los estudios, incluido el presente, parecen coincidir en que los conflictos familiares y sentimentales son los factores desencadenantes más frecuentes (13) y que el riesgo de tentativa de suicidio sería mayor en las personas que han sufrido la pérdida de su pareja o de un familiar por abandono o muerte (18).



Los resultados en cuanto al método empleado en la tentativa coinciden con la mayoría de los autores de nuestro país y de los países europeos, según los cuales la intoxicación medicamentosa es el método más utilizado (11, 12, 13, 15).



Se ha dicho que las mujeres suelen utilizar métodos más pasivos y menos violentos, como la ingesta de medicamentos (Gracia-Marco y Rodríguez-Pulido, 1991) (15). Las diferencias aquí encontradas son estadísticamente significativas (raz. ver.=23,785; gl=12; p=0,022), siendo el porcentaje de varones que utilizaron arma blanca e inyección de sustancias superior al de las mujeres, así como muy inferior en relación a ellas el método de la ingesta medicamentosa.



Casi el 25 % de los pacientes consumían alcohol regularmente, sin embargo, el alto porcentaje de casos en los que no tenemos información no permite sacar conclusiones en esta área.



Los resultados hallados sobre el tiempo de permanencia en urgencia y la derivación al alta coinciden en gran medida con los encontrados por Seguí (1989) (3): buena parte de los ingresos son de corta duración (entre 24 y 48 horas) y son derivados posteriormente para tratamiento ambulatorio en un 66,67 % de los casos y para hospitalización en un 30,77 % (frente al 58 % y 32 % respectivamente encontrado aquí). Esta misma proporción se encuentra en otros estudios que han registrado estos datos (13).



Dado que la mayoría será atendida en régimen ambulatorio al alta de la urgencia, las medidas y abordajes llevados a cabo por los profesionales de la salud mental y las familias de los pacientes que han realizado la tentativa pueden contribuir a prevenir episodios posteriores y a disminuir el malestar de estos pacientes y sus familiares. Sería interesante la realización de investigaciones en esta dirección que arrojasen luz sobre las necesidades y resultados obtenidos en este proceso.

Conclusiones

La mayoría de los estudios, incluido el presente, parecen coincidir en que los conflictos familiares y sentimentales son los factores desencadenantes más frecuentes (13) y que el riesgo de tentativa de suicidio sería mayor en las personas que han sufrido la pérdida de su pareja o de un familiar por abandono o muerte (18).



Los resultados en cuanto al método empleado en la tentativa coinciden con la mayoría de los autores de nuestro país y de los países europeos, según los cuales la intoxicación medicamentosa es el método más utilizado (11, 12, 13, 15).



Se ha dicho que las mujeres suelen utilizar métodos más pasivos y menos violentos, como la ingesta de medicamentos (Gracia-Marco y Rodríguez-Pulido, 1991) (15). Las diferencias aquí encontradas son estadísticamente significativas (raz. ver.=23,785; gl=12; p=0,022), siendo el porcentaje de varones que utilizaron arma blanca e inyección de sustancias superior al de las mujeres, así como muy inferior en relación a ellas el método de la ingesta medicamentosa.



Casi el 25 % de los pacientes consumían alcohol regularmente, sin embargo, el alto porcentaje de casos en los que no tenemos información no permite sacar conclusiones en esta área.



Los resultados hallados sobre el tiempo de permanencia en urgencia y la derivación al alta coinciden en gran medida con los encontrados por Seguí (1989) (3): buena parte de los ingresos son de corta duración (entre 24 y 48 horas) y son derivados posteriormente para tratamiento ambulatorio en un 66,67 % de los casos y para hospitalización en un 30,77 % (frente al 58 % y 32 % respectivamente encontrado aquí). Esta misma proporción se encuentra en otros estudios que han registrado estos datos (13)



Dado que la mayoría será atendida en régimen ambulatorio al alta de la urgencia, las medidas y abordajes llevados a cabo por los profesionales de la salud mental y las familias de los pacientes que han realizado la tentativa pueden contribuir a prevenir episodios posteriores y a disminuir el malestar de estos pacientes y sus familiares. Sería interesante la realización de investigaciones en esta dirección que arrojasen luz sobre las necesidades y resultados obtenidos en este proceso.

Referencias bibliográficas

(1) Conde, V.J.; Blanco, J.A.; Ballesteros, M.C., “El problema del suicidio y su prevención (I)”, Anales de Psiquiatría, 2001, vol. 17, nº 9, pp. 387-395.

(2) Desviat, M., “Objetivo 12: reducir las enfermedades mentales y suicidios”. En SESPAS. Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria. Informe SESPAS: la salud pública ante los desafíos de un nuevo siglo. Escuela Andaluza de Salud Pública, 2000. También disponible en URL: http://www.sespas.es/informe2000/d1_12.pdf



(3) Seguí, J., “Las tentativas autolíticas atendidas en el servicio de urgencias de un hospital general (II)”, Actas Luso-Esp. Neurol. Psiquiatr., 1989, 17, 5 (353-359).



(4) Hepple, J.; Quinton, C., “One hundred cases of attempted suicide in the elderly”, Br. J. Psychiatry, Jul 1997, 171: 42 - 46.



(5) Vizán, R., Henry, M.; González de Rivera, J.L., “Acontecimientos vitales y conducta autodestructiva”, Actas Luso-Esp. Neurol. Psiquiatr., 1993, 21, 5 (205-210).



(6) Población oficial de padrón continuo por municipios. Disponible en URL: http://www8.madrid.org/iestadis/descarga/padcmuni.xls



(7) “Estadística de Población de la Comunidad de Madrid 1996. Tomo I: Características demográficas básicas”. Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid. Consejería de Hacienda. También disponible en URL: http://www8.madrid.org/iestadis/1005.htm



(8) “Estadística de Población de la Comunidad de Madrid 1996. Tomo I: Características demográficas básicas”. Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid. Consejería de Hacienda. También disponible en URL: http://www8.madrid.org/iestadis/1003.htm



(9) “Estadística de la Población de la Comunidad de Madrid 1996. Tomo II: Estudios y actividad económica de la población”. Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid. Consejería de Hacienda. También disponible en dirección URL: http://www8.madrid.org/iestadis/im00_08.htm



(10) “Estadística de Población de la Comunidad de Madrid 1996. Tomo II: Estudios y actividad económica de la población”. Instituto de Estadística de la Comunidad de Madrid. Consejería de Hacienda. También disponible en dirección URL: http://www8.madrid.org/iestadis/im00_19.htm



(11) Schmtidke, A. y otros, “Attempted suicide in Europe: rates, trends and sociodemographic characteristics of suicide attempters during the period 1989-1992. Results of the WHO/EURO Multicentre Study on Parasuicide”, Acta Pychiatr. Scand., 1996, 93: 327-338.



(12) Álvarez, M.J. y otros, “Epidemiología del intento autolítico en el Área IX de Salud Mental de la C.A.M”, Psiquiatría Pública, jul-ago 1997, vol. 9, nº 4, pp. 250-259



(13) Soto, A.A.; Ruiz, A., “Epidemiología del suicidio en España”, Monografías de Psiquiatría, 1995, vol VII, nº 1, 14-20.



(14) Martínez, J.M., “El suicidio en la población Mundial”, Monografías de Psiquiatría, 1995, vol VII, nº 1, 8-13.

(15) Bobes, J; González, J.C.; Sáiz, P.A., Prevención de las conductas suicidas y parasuicidas, Barcelona, Masson, 1997.



(16) Platt, S.; y otros, “Parasuicide in Europe: the WHO/EURO multicentre study on parasuicide. I. Introduction on preliminary analysis for 1989”, Acta Psychiatric. Scand., 1992, 85: 97-104



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(18) Domínguez, P., “Exploración clínica de la ideación y el riesgo suicida”, Monografías de Psiquiatría, 1995, vol VII, nº 1, 21-29.



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