Autor/autores:
Literariamente: Literatura y salud mental
Fecha Publicación: 23/09/2026
Área temática:
Psicología general .
El 17 de septiembre, a las 19:00 horas, en la Fundación Ibercaja Patio de la Infanta de Zaragoza, tuvimos el primer encuentro Literariamente de Aragón. Bajo el título «Antídotos contra la prisa, la intolerancia y el narcisismo», el escritor José Ángel González Sainz, el psiquiatra Javier García Campayo y a Ana López Trenco, gerente de ASAPME, reflexionaron sobre algunos de los retos sociales y emocionales que caracterizan nuestro tiempo, como es una sociedad marcada por la aceleración, la dificultad para escuchar, el individualismo y una atención cada vez más fragmentada.
González Sainz comenzó hablando de su propia experiencia después de más de tres décadas en Italia. Su regreso a Soria aparece ligado a una idea que atraviesa buena parte de su pensamiento: nadie vuelve exactamente al mismo lugar, porque ni quien regresa ni el lugar que encuentra son ya los mismos. El cambio, recordó, forma parte esencial de la vida.
Pero la conversación pronto se desplazó hacia uno de los grandes conceptos de la jornada: el narcisismo. Para el escritor, vivimos en una sociedad especialmente preocupada por la imagen y las representaciones. El problema no reside únicamente en mirarse a uno mismo, sino en vivir cada vez más pendientes de un mundo construido a través de imágenes, juicios, fantasías e ideas.
Ahí apareció una de las cuestiones centrales del encuentro: la diferencia entre la realidad y la representación que construimos de ella. González Sainz recurrió a los filósofos clásicos y, especialmente, a Epicteto. La pregunta que planteaba el filósofo estoico sigue teniendo vigencia: cuando algo nos asusta, ¿tenemos miedo de aquello que ocurre o de la representación que hemos construido sobre ello?
Javier García Campayo trasladó esa reflexión al terreno de la psicología. La vida, explicó, no solo se experimenta, sino que también se interpreta. Entre lo que sucede y lo que pensamos que sucede existe una distancia que condiciona nuestras emociones y nuestra manera de relacionarnos con el mundo. En ese espacio entre realidad y representación puede crecer también el narcisismo contemporáneo.
La conversación llevó entonces a otro de los grandes problemas planteados: el debilitamiento de los vínculos. Ana López Trenco señaló la creciente distancia social y reivindicó lo cercano —la ayuda mutua, el contacto, incluso un abrazo— como posible antídoto frente a un individualismo cada vez mayor. González Sainz coincidió en que cada vez estamos menos presentes unos para otros. No basta con intercambiar mensajes: hay que mirar al otro, escucharlo y compartir físicamente un espacio.
Escuchar, precisamente, se convirtió en una de las palabras clave de la conversación. Para González Sainz, muchas discusiones contemporáneas no son verdaderos diálogos. En una discusión se responde para imponerse al otro; en una argumentación, en cambio, se escucha al otro con la intención de comprender y buscaralgo común. Cuando desaparece esa disposición, aparece la intolerancia: primero se niega al diferente, después se intenta silenciarlo y, en su extremo, eliminarlo.
La atención fue otro de los asuntos centrales. González Sainz recordó su experiencia como profesor universitario: incluso estudiantes brillantes tenían dificultades para explicar qué decía un párrafo que acababan de leer. Leer, insistió, no consiste simplemente en recorrer palabras, sino en comprenderlas, interpretarlas y pensar sobre ellas.
La aceleración tecnológica complica todavía más ese ejercicio. El escritor alertó sobre la enorme velocidad del desarrollo científico y tecnológico y sobre la dificultad de acompañarlo con una reflexión equivalente. La inteligencia artificial apareció en la conversación como uno de los ejemplos de ese avance vertiginoso cuyo alcance todavía resulta difícil de prever. Al mismo tiempo, González Sainz relacionó la pérdida de atención, el empobrecimiento del lenguaje y la manipulación lingüística con los riesgos de una sociedad que necesita preservar su capacidad de razonar.
García Campayo puso el foco en la relación con el tiempo. Recordó una época en la que el aburrimiento formaba parte de la infancia y podía convertirse en una oportunidad para pensar y generar ideas. Ahora, en cambio, la espera parece haberse convertido en algo difícil de soportar. El teléfono móvil y la sucesión constante de estímulos favorecen una búsqueda continua de gratificaciones y dificultan permanecer en silencio o simplemente no hacer nada.
González Sainz defendió precisamente ese espacio vacío. Esperar, aburrirse, recordar, mirar por una ventana o mantener una conversación sin consultar el teléfono pueden parecer actividades insignificantes, pero recuperarlas supone recuperar también una relación distinta con el tiempo. Recordó una imagen especialmente elocuente: durante un viaje en autobús entre Soria y Madrid, mientras el paisaje nevado podía contemplarse a través de las ventanillas, la mayoría de los pasajeros miraba vídeos. Una pasajera, incluso, contemplaba en su pantalla una película de paisajes nevados mientras el paisaje real estaba justo al otro lado del cristal.
La paradoja resume buena parte de la conversación: tenemos cada vez más medios para acceder al mundo y, al mismo tiempo, podemos estar perdiendo la capacidad de estar realmente en él.
El cierre llegó con una reivindicación de la llamada «vida pequeña». Para González Sainz, no se trata simplemente de refugiarse en las cosas sencillas, sino de reconsiderar la manera en que vivimos, hablamos y pensamos. Se trata de volver a la realidad, revisar nuestras ideas previas y cuestionar las representaciones que interponemos entre nosotros y las cosas. En esa vuelta a la realidad apareció una última imagen: la del jardín que hay que cuidar. Cuidar las palabras, las ideas, las representaciones y también a los demás. La atención, explicó, no consiste únicamente en concentrarse, sino también en velar, en estar presentes.
García Campayo cerró la conversación desde una perspectiva similar. La felicidad, señaló, puede encontrarse en las pequeñas cosas cotidianas, en la capacidad de asombrarse ante el mundo, estar presentes y agradecer lo quetenemos. El paraíso, sugirió, no tiene por qué ser un lugar lejano: puede estar aquí y ahora, si somos capaces de apreciarlo.
Cuando Ana López Trenco puso fin al encuentro, destacó que el público había permanecido atento y sin móviles. Después de una hora de hablar sobre la atención, la escena parecía cerrar el círculo: escuchar también puede ser una forma de resistencia frente a la prisa.
Palabras clave: Literatura y salud mental
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