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Contar lo vivido: cuando la narrativa personal ayuda a comprender el malestar emocional

Fecha Publicación: 05/01/2026

Autor/autores: Marco Antonio Aguilar Ramírez
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Contar lo vivido: cuando la narrativa personal ayuda a comprender el malestar emocional

Hablar de lo que nos ha pasado no es únicamente un ejercicio de memoria ni un recuento de hechos pasados. Contar una historia personal es, ante todo, una forma de organizar la experiencia, de otorgarle sentido a lo vivido desde el presente y de comprender cómo determinados acontecimientos continúan influyendo en nuestro malestar emocional actual. En este sentido, narrar no implica solo recordar, sino interpretar, resignificar y vincular lo ocurrido con la manera en que hoy nos sentimos y nos relacionamos con el mundo.

En el ámbito de la psicoterapia y de las ciencias sociales, el trabajo con historias de vida se ha consolidado como una herramienta fundamental para comprender procesos humanos complejos. Crisis vitales, duelos, transiciones importantes, conflictos relacionales, experiencias de pérdida o periodos prolongados de incertidumbre suelen expresarse no solo a través de síntomas, sino también mediante relatos fragmentados, silencios, repeticiones o contradicciones que dan cuenta de cómo la experiencia fue vivida y procesada. Desde esta perspectiva, el énfasis no está puesto en reconstruir los hechos con exactitud histórica, sino en comprender el significado que estos han adquirido para la persona a lo largo del tiempo.

La historia de vida como proceso, no como registro exacto

Una historia de vida no busca versiones “correctas” ni narraciones completas o lineales. Por el contrario, asume que toda narrativa personal es parcial, situada y cambiante. Lo relevante no es tanto lo que ocurrió, sino qué se recuerda, qué se elige contar, qué se enfatiza y qué resulta difícil de nombrar. En estos elementos emergen emociones, interpretaciones y contextos que permiten comprender el malestar emocional desde una perspectiva más amplia y profunda.

En la práctica clínica es frecuente observar que ciertos episodios adquieren un peso particular dentro del relato personal, mientras que otros quedan minimizados o incluso ausentes. Estas elecciones narrativas no son arbitrarias: suelen estar vinculadas con experiencias de dolor, culpa, vergüenza, miedo o pérdida que no han podido integrarse plenamente. Muchas veces, lo que genera sufrimiento no es solo el acontecimiento en sí, sino la manera en que fue vivido y la forma en que quedó inscrito —o fragmentado— dentro de la experiencia subjetiva.

Subjetividad y conocimiento: una mirada clínica

Desde una mirada clínica contemporánea, trabajar con la narrativa personal implica cuestionar la idea de que la subjetividad es un error, una distorsión o un obstáculo para comprender la realidad. Por el contrario, la experiencia subjetiva constituye una fuente legítima de conocimiento. A través de ella es posible comprender cómo una persona ha tenido que adaptarse a su entorno, a sus relaciones significativas y a las exigencias de la vida cotidiana, muchas veces con recursos limitados y en condiciones adversas.

Esta perspectiva permite desplazar el foco exclusivamente sintomático y abrir un espacio para entender el malestar emocional como parte de una trayectoria vital. En lugar de preguntar únicamente “qué te pasa”, la narrativa invita a explorar “qué has vivido”, “cómo lo viviste” y “qué sentido tiene hoy para ti”. Este cambio de enfoque no busca negar la importancia de los síntomas, sino contextualizarlos dentro de una historia más amplia que dé cuenta de la experiencia humana en su complejidad.

Cuando el malestar no logra explicarse

En el trabajo clínico es común escuchar frases como: “sé lo que pasó, pero no entiendo por qué me siento así”, “siento que algo no termina de acomodarse” o “todo parece estar bien, pero sigo mal”. Detrás de estas expresiones no suele haber una falta de comprensión intelectual ni una resistencia consciente al cambio, sino una historia que aún no ha podido integrarse emocionalmente.

Narrar la propia historia permite, en muchos casos, construir continuidad donde antes había fragmentos. Al poner en palabras la experiencia, la persona puede empezar a reconocer conexiones entre distintos momentos de su vida, identificar patrones relacionales y comprender cómo ciertas formas de afrontamiento surgieron como respuestas posibles en contextos específicos. Este proceso no implica justificar el sufrimiento, sino darle un lugar comprensible dentro de la experiencia personal.

Narrar como acto de reconocimiento

Contar lo vivido también puede entenderse como un acto de reconocimiento. Reconocimiento de lo que se ha atravesado, de los recursos utilizados para sobrevivir emocionalmente y de las pérdidas que quizá no fueron elaboradas en su momento. En este sentido, la narrativa personal no busca cerrar la historia ni ofrecer finales definitivos, sino abrir un espacio para mirar la experiencia con mayor claridad y menor autoexigencia.

Escuchar y narrar historias requiere tiempo, respeto y una mirada libre de juicios. En psicoterapia, este proceso se construye de manera gradual, cuidando el ritmo de cada persona y reconociendo que no todo puede —ni debe— decirse de inmediato. En otros contextos, como la investigación social o la vida cotidiana, abrir espacio a la narrativa personal puede favorecer una comprensión más empática de los otros y de uno mismo.

Narrativa, cuidado y procesos de cambio

Desde esta perspectiva, la narrativa personal puede convertirse en un primer paso para procesos de cambio más conscientes y sostenidos. Al comprender cómo se ha construido el propio malestar emocional, se amplían las posibilidades de elección y de acción en el presente. No se trata de reescribir el pasado, sino de resignificarlo para que deje de operar de manera silenciosa o fragmentada.

Hablar de lo vivido no es una solución inmediata ni una técnica aislada. Es un proceso que, acompañado de manera adecuada, puede contribuir a integrar experiencias, aliviar el sufrimiento emocional y fortalecer la capacidad de autorregulación y cuidado personal. En este sentido, la narrativa no es solo una herramienta clínica o metodológica, sino una forma de aproximarse a la experiencia humana con mayor profundidad y respeto.

Nota para lectores

Este artículo tiene fines informativos y reflexivos. No sustituye un proceso de psicoterapia ni una evaluación clínica personalizada. Si al leerlo surgen inquietudes, recuerdos dolorosos o malestar emocional, buscar acompañamiento profesional puede ser una forma importante de cuidado y atención a la propia salud mental.


Palabras clave: narrativa personal, malestar emocional, historias de vida, subjetividad, salud mental
Tipo de trabajo: Post/Entrada de Blog
Área temática: Salud Mental/ Psicología .

Práctica clínica privada en Psicología. Mérida, Yucatán, México.

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