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SEXOLOGÍA, ÉTICA Y PSIQUIATRÍA

Autor/autores: Carlos Pol Bravo
Fecha Publicación: 15/05/2020
Área temática: Salud mental .

Central Medica de Sexologia Director Cientifico

SEXOLOGÍA, ÉTICA Y PSIQUIATRÍA


Errores conceptuales de ayer, de hoy y —como no lo evitemos— de siempre, se mantendrán vivos en el sentido de cómo la sexualidad no solamente no es genitalismo, ni menos frivolidad ni menos aún perversión.


La Sexología, ciencia que estudia la sexualidad, debe estar enfocada holísticamente en todas las ramas galénicas, con el mismo sentido de ética, de estudio, de prevención y de compresión; al margen lógico del entendimiento y del tratamiento con nuestros pacientes.


Parafraseando al gran poeta Gustavo Adolfo Bécquer… “¿Qué es poesía? Poesía eres tú”. ¿Qué es sexología? Sexología somos todos y cada uno de los seres vivientes, donde existe un universo individual y único para cada uno.


Donde múltiples esferas como la personal, la íntima, la sexual, la laboral, la intelectual, y así tantas, pero también otras que se desconocen en pleno siglo XXI, para nuestra tristeza y vergüenza, al no habernos ocupado ni preocupado lo suficientemente de ellas, y son nada menos que el CONCEPTO HOLÍSTICO E INTERDISCIPLINARIO, en que la lucha del río de los desafueros arrastra verdades y lleva a tragedias.


Cardiología, Urología, Ginecología, Neumología y el sistema respiratorio —con sus diversas patologías restrictivas, unas; agudas o crónicas, otras— o el pandemónium del área metabólico-endocrinológica —donde se hacen y se cuecen todas nuestras verdades bioquímicas—, sin hablar de la Psiquiatría, que dejó lejana a la Sexología durante mucho tiempo.


Y en las ramas del frondoso árbol Galénico, están todas integradas, incluyendo Sexología Médica.


Nos enorgullecemos y gratificamos de nuestra profesión, de nuestras especialidades, olvidando en gran manera que, como reza en la frase, LA SEXUALIDAD ES TEMA DE TODOS.


Y de este desaire a la vida, de este desafortunado desatino con la sexualidad, es de donde se desprenden fuertes y múltiples desviaciones, al buscar ayuda en otros múltiples submundos, entes desconocedores de verdades académicas y galénicas, porque dentro nuestro marco se consideraba poco importante o poco tratable o de menor importancia.


Las disfunciones sexuales en los seres humanos, relajando o dilatando los conceptos e incluso el diagnóstico y tratamiento de éstas, permiten que —en río revuelto— sucumban víctimas para el oscurantismo de la malpraxis, por brujería, chamanismo, y otras lindezas, más actuales, cayendo y creyendo en influencias absurdas, a lo que llega un altísimo porcentaje de pacientes perdidos en clínica, y abandonados a su suerte así como a sus verdaderas patologías de etiología sexológica, ya sea física, psicógena o mixta.


No nos rasguemos pues las vestiduras al saber de noticias, como, por ejemplo, ha pasado con españoles con problemas sexuales sobre los que no se atrevieron a preguntar —o a los que los responsables quizás no se atrevieron a responder, al dar poca valoración al tema o por insuficiente conocimiento e información— y que después terminan en islas del Caribe, seducidos y secuestrados por la santería y demás ritualismos ajenos a la Medicina.


E, irónicamente, —y, al estar en el mismo barco— quiero dejar una académica inquietud con animus colaborandi a cuantos estas palabras puedan llegar, en el área clínica y en la propia rama de la industria farmacéutica: Somos nosotros, en Medicina y por ética profesional, quienes debemos conocer, reconocer, entender, atender y actualizarnos en los parámetros válidos de la Sexología Médica, y no presuponer, como ocurre y, más que por desconocimiento, por equivocación, con tendencias —y haberlas haylas— según las cuales, al mencionar la palabra Sexología —ciencia que, repito, estudia la sexualidad— e incluso no por falso pudor, sino por conveniencia operativa, reitero, se evita mencionar la palabra sexualidad, y aun así, utilizando la primera, es decir, la científica, Sexología, se disparan sonrisas inmotivadas, que, más que morbosas, son absurdas, inmaduras, o, peor aún: demuestran desconocimiento e irrespeto a la Sexología Médica, rama galénica que merece y amerita ser reconocida.


También son poco valoradas las disfunciones sexuales —al no estar en la diana específica de la patología prima, aunque las colateralidades latentes afecten la circunstancia descrita— haciendo que se enfoque más, por contra, en la elemental “causa-efecto” sin valorar la posibilidad de cómo ciertas patologías afectan la sexualidad o viceversa.


Pongo de ejemplo para ello un trabajo de mi autoría: el concepto de sexualidad depresiva, en que debe valorarse, si la depresión genera sus síntomas propios, en que se incluye la disminución de la libido y por consiguiente todo cuanto se refiere al ciclo de la respuesta sexual normal, debido a la propia patología psiquiátrica, cosa más que por todos conocida. Pero también debe conocerse la otra cara, es decir, cuando una disfunción sexual en cualquier sexo llega a afectar la esfera íntima, la social y la laboral de quien sufre esta disfunción y sea esta circunstancia, con sintomatologías similares a las depresivas, la que haga caer a este paciente no estudiado, no valorado y no diagnosticado por un tema sexual, en cambio, en una depresión reactiva, como mínimo.


Es interesante recordar la paradoja de cómo el depresivo, llegando a la aurora del bienestar, superada su fase y pasando al periodo en lo que en Psiquiatría llamamos eutimia, vuelve a recuperar su sexualidad.


En cambio, aquel paciente con disfunciones sexuales sin diagnóstico especÍfico en el área sexual, puede pasar a fase depresiva y mefistofélicamente además potenciado cuando en ocasiones, al no haberse valorado el diagnóstico diferencial, su patología, por los más que conocidos efectos secundarios de los psicofármacos, entra en barrena. Es decir, se hunde en su pena.


Así pues, sintetizando, vemos la importancia del diagnóstico orientativo en la diferenciación entre la sintomatología de la disminución de la sexualidad por la depresión, y el concepto de sexualidad depresiva, en que la anhedonia, la baja autoestima, la inseguridad sexual, las celotipias, el insomnio, la ansiedad e incluso la propia agresividad se deben a la angustia del paciente por la disfunción vivida.


Hay que estudiar, conocer para valorar más la sexualidad humana, para poder verdaderamente respetarla y disfrutarla; y no abandonarla cual barco sin capitán o nave sin rumbo para que se estrelle contra Tánatos en vez de buscar a Eros.


 

Palabras clave: Etica, Sexologia, Holistico


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