En 1985 el investigador inglés Baker y sus colaboradores introdujeron la estimulación magnética transcraneal (EMT) como un nuevo método de diagnóstico en neurología. Consiste en un impulso magnético de alta intensidad, generado por una bobina situada sobre la cabeza del sujeto, que induce una descarga eléctrica cortical intracraneal. Durante su segunda década de existencia, la estimulación magnética transcraneal, se ha introducido progresivamente en otros campos de la neurociencia, constituyendo una herramienta extraordinaria para el estudio del funcionalismo cerebral en neurología, neurofisiología, neurociencia cognitiva y neuropsiquiatría. Además, en los últimos ocho años, se ha abierto un nuevo campo de investigación, su utilización como tratamiento en distintas enfermedades psiquiátricas.