La gran verdad del adicto es que su vida es una farsa. Quien llega a la adicción aprende a mentir desde que aprende a drogarse y si le coge el gusto a la droga realiza una escalada paralela de habilidad en el arte de falsear la realidad. Para cuando se engancha tiene tan interiorizada la mentira que termina convencido de que lo que dice ?si le sirve a sus propósitos- es la pura realidad. Entonces adquiere un nivel aún mayor de engaño: el autoengaño. Y si el autoengaño crece se aboc