Última actualización web: 19/10/2019

PSICOTERAPIA PSICODINAMICA BREVE

Autor/autores: Maria Luis Gutierrez
Fecha Publicación: 09/09/2015
Área temática: Terapias Dinámicas .
Tipo de trabajo: 

Libro exclusivamente disponible en formato digital - PDF descargable

RESUMEN

Esta obra surge en un ambiente de importante presión asistencial y está concebida para dar respuesta a la notable demanda y a las generosas expectativas que las personas ponen de manifiesto en los dispositivos de Salud.

Mental, en relación a la psicoterapia como herramienta terapéutica. De acuerdo con los autores intersubjetivistas, concebimos los fenómenos psíquicos, no como producto de mecanismos intrapsíquicos aislados, sino como emergentes de la interacción recíproca de las subjetividades en relación.

Nos situamos, como ellos, dentro de la teoría de campo o de sistemas, en la que las manifestaciones del psiquismo no pueden ser entendidas independientemente del contexto intersubjetivo en el que toman forma. Es por ello que centramos el área de investigación, no en la mente aislada individual, sino en un sistema más amplio creado por la interrelación entre la persona, el otro, el terapeuta, y la realidad.

Desde este posicionamiento, en la consulta establecemos una relación intensa  con la intención de acercar el mundo del paciente al propio, contacto intersubjetivo afectuoso e integrador que nos permite situamos en la terapia con compasión, con la pasión compartida por la naturaleza y la vida, para ayudar a la persona a cambiar y descubrir la serenidad que supone aceptarse a sí mismo, aceptar a los otros y encontrar el propio destino.

Palabras clave: psicoterapia


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INTRODUCCIÓN

"Mi atención perseguía en el vergel de la sustancia gris células
de formas delicadas y elegantes, las misteriosas mariposas del
alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día, el
secreto de la vida mental"
Santiago Ramón y Cajal (1852-1934)
El propósito de este texto es compartir las conclusiones del trabajo
realizado durante varios años en psicoterapia breve, que nos ha
permitido, mediante la observación de la vida mental y la naturaleza
humana, la comprensión de aspectos concretos para la elaboración y
obtención de el cambio en psicoterapia.
Esta obra surge en un ambiente de importante presión asistencial y
está concebida para dar respuesta a la notable demanda y a las
elevadas expectativas que los pacientes ponen de manifiesto, en
relación a la psicoterapia como herramienta terapéutica, cuando
acuden a los dispositivos de Salud Mental Comunitaria.

Durante estos años hemos pretendido ofrecer al paciente un
tratamiento digno, en un contexto marcado por la escasez de tiempo.
Invitamos a los profesionales interesados en la psicoterapia breve a
una reflexión sobre sus posibilidades, especialmente a aquellos que
se muestran más reticentes en su uso, debido a la dificultad que
supone su realización en el tiempo limitado del que se dispone para
la atención en las Unidades de Salud Mental Comunitaria y en los
dispositivos asistenciales en general.
En este contexto presentamos un modelo de psicoterapia breve
encuadrado dentro de lo que se denomina los Modelos Integradores
en Psicoterapia, que aúnan conceptos y técnicas psicoterapéuticas
de diferentes enfoques. En concreto, hemos diseñado un protocolo
de actuación basado en la corriente psicoanalítica del self o sí
mismo, cuyo fundador y máximo representante es Kohut y en las
aportaciones de las más actuales figuras intersubjetivistascomo
Storolow, Shore y Fosha, además de utilizar las herramientas de la
Terapia Centrada en las Emociones de Greenberg, y la
Logoterapiade Frankel.
Convencidas de la importancia que la disfunción de la vida afectiva
tiene en el desarrollo de la psicopatología y la enfermedad mental,
tras la realización de diversos estudios y su confrontación con la
práctica clínica, en este libro intentamos dar respuesta a las
siguientes cuestiones: ¿Cuáles son los sentimientos y emociones
relacionados con el enfermar psíquico? ¿Qué emociones y
sentimientos hemos de trabajar en psicoterapia? ¿Hacia dónde
dirigir nuestros esfuerzos para ganar en eficacia durante la
intervención psicoterapéutica?
El trabajo y la vida vivida nos llevaron a entender que los

sentimientos fundamentales sobre los que trabajar en psicoterapia
podrían ser aquellos gestados en la infancia en relación a las figuras
significativas. Nos referimos a sentimientos y emociones
particulares, genuinos y únicos, que afectaron a la imagen de sí, en
momentos del pasado en los que se produjeron inevitables,
reiteradas e importantes quiebras a la construcción de la identidad.
Momentos que coinciden con etapas del desarrollo evolutivo en las
que los mecanismos para la defensa contra el sufrimiento se
configuran, se constituye el sí mismo y los patrones de
funcionamiento internos del self. Periodos del desarrollo donde se
mezclan aspectos afectivos, cognitivos y conductuales en
interconexiones neuronales que se despliegan y van conformando la
manera de sentir, comprender, creer y actuar en interacción con uno
mismo y con los otros. Se configuran estructuras de funcionamiento
interno que permanecerán estables y se activarán de manera
repetitiva a lo largo de variadas circunstancias en la vida del
individuo, marcando el estilo de personalidad y el grado de
resistencia al enfermar.
Creemos que los sentimientos que en tiempos pasados debilitaron el
desarrollo óptimo de la construcción del sí mismo, se convierten en
el eje central del despliegue de la enfermedad mental. Pero no
enferma la calidad o intensidad del sentimiento, tampoco lo
inapropiado de su aparición; podemos sentir intensamente, con
infinita tristeza, con enérgica rabia, y dañar o destruir relaciones
significativas con ello, pero sólo si estos sentimientos y su puesta en
escena afectan al desarrollo de la identidad se favorecerá y
concretará la enfermedad mental. De este modo, entendemos la
psicopatología como un fenómeno derivado de la disfunción de la
interrelación entre la afectividad y la integración del sí mismo.
De acuerdo con los autores intersubjetivistas, concebimos los

fenómenos psíquicos, no como producto de mecanismos
intrapsíquicos aislados, sino como emergentes de la interacción
recíproca de las subjetividades en relación. Nos situamos, como
ellos, dentro de la teoría de campo o de sistemas, en la que las
manifestaciones del psiquismo no pueden ser entendidas
independientemente del contexto intersubjetivo en el que toman
forma. Es por ello que centramos el área de investigación, no en la
mente aislada individual, sino en un sistema más amplio creado por
la interrelación entre la persona, el otro, el terapeuta, y la realidad.
Desde este posicionamiento, en la consulta establecemos una
relación intensa, con la idea de acercar el mundo de la persona al
propio, para generar un contacto intersubjetivo afectuoso e
integrador que nos permita situamos en la terapia con compasión; la
pasión compartida por la naturaleza y la vida. Sentimiento que
persigue como único objetivo el ayudar a la persona a cambiar y
descubrir la serenidad que supone aceptarse a sí mismo, reconocer
a los otros y encontrar el propio destino.
Mantenemos un vínculo a veces complementario, a veces simétrico,
siempre con un papel activo, con actitud cálida, acogiendo la
emoción, favoreciendo el diálogo fluido, ofreciendo al paciente
explicaciones acerca del método de tratamiento, de la dinámica de
su interior y de las características del funcionamiento mental. No
atendemos de manera especial a la transferencia y sí a la
interrelación, con empatía, sincronía y especial consideración a las
manifestaciones del self dañado, para intentar reparar lo afectado y
favorecer la cohesión e integración de las emociones y sentimientos
con la configuración del sí mismo.
Establecemos una relación focalizada que permite esclarecer las
conexiones significativas entre la vivencia del presente, puesta de

manifiesto en las preocupaciones actuales, con las emociones y
sentimientos que estas preocupaciones desencadenan y la manera en
la que afectan al desarrollo del sí mismo. Buscamos los nexos de
unión entre lo sentido en relación al sí mismo, con los vínculos
básicos del pasado donde este sentir se configuró y la manera en la
que estos sentimientos se manifiestan en las relaciones presentes con
el otro significativo. Trabajamos además, las consecuencias de lo
anteriormente descrito sobre la visión del propio futuro y del sentido
de la existencia.
En relación a los aspectos formales, con el propósito de ganar
eficacia en la intervención y ser útil para la investigación, este
modelo de intervención se realiza sobre un marco predeterminado
que permite plasmar el desarrollo de la psicoterapia, disponer de un
encuadre específico y un tiempo definido de intervención en cuanto
al número de sesiones y duración de las mismas. Los criterios de
inclusión incluyen la valoración del diagnóstico, la capacidad de
introspección, de expresar y reconocer emociones, el deseo de
comprender y mostrar una actitud activa, la disposición a cambiar y
la esperanza de lograr resultados positivos con la intervención.
Para finalizar esta introducción resumimos el contenido de esta obra.
Consta de cinco capítulos, en el primero de los cuales, realizamos
una síntesis sobre el concepto de afectividad y las funciones y
clasificaciones de la emoción y los sentimientos. Posteriormente se
exponen las diversas teorías desarrolladas a lo largo de la historia
de la psiquiatría y la psicología sobre el sentir, prestando especial
atención a las teorías psicoanalíticas. Finalmente, se describen las
herramientas psicoterapéuticas disponibles para trabajar el afecto
durante la intervención.

En el segundo capítulo presentamos una visión histórica de la
elaboración del concepto de sí mismo o self, el estudio de la
relación entre la afectividad y el self y las herramientas
psicoterapéuticas disponibles para trabajar el sí mismo.
Exponemos en el tercer capítulo una síntesis de los diversos
modelos de Psicoterapia Dinámica Breve en la que se analizan las
referencias históricas, los criterios de selección de pacientes, y el
estilo de personalidad, actitud y actividad del terapeuta. Para
finalizar, se abordan los aspectos relacionados con la relación de
trabajo entre el paciente y el terapeuta.
En el cuarto capítulo se describe el modelo de Psicoterapia
Psicodinámica Breve propuesto en este libro, que tiene como
característica diferencial con otros modelos el estar centrado en la
relación entre la afectividad y el sí mismo o self. Se plantea la
hipótesis de trabajo, el foco y el diseño de la intervención, además
de describir las herramientas psicoterapéuticas útiles para trabajar
la relación entre la afectividad y el sí mismo.
El quinto y último capítulos está dedicado a la exposición de un
caso clínico. Se describe en él el desarrollo de la psicoterapia
desde una perspectiva longitudinal.
Respecto a los casos clínicos hemos solicitado a los pacientes el
consentimiento para la publicación y se han modificado los datos
con el objeto de mantener la confidencialidad. El libro ha sido
evaluado para la aprobación de su edición por el Comité ético del
Hospital Juan Ramón Jiménez de Huelva y la Fundación FABIS
(Fundación Andaluza Beturia para la Investigación en Salud).
En su elaboración han colaborado Guadalupe Mena Cabezas, como

autora del capitulo V: "Descripción de casos clínicos" y Mª Jesús
Muñoz Molero, autora del capitulo III: "Aspectos de la Psicoterapia
Psicodinámica breve". Ambas han participado también en la
revisión de partes del texto.
Parte de su contenido ha sido la base de diversas publicaciones en
Revistas científicas y Cursos para Congresos de Psiquiatría y
Psicoterapia.

CAPÍTULO I

ESTUDIO DE LA
AFECTIVIDAD
En este primer capítulo pretendemos aportaros conocimientos sobre
los conceptos afectividad, emoción, sentimiento y pasión, con la
intención de despertar vuestro interés sobre el estudio del afecto y la
repercusión que tiene en el devenir de la vida humana. Analizaremos
para ello las diversas teorías y clasificaciones surgidas a lo largo de
la historia en relación a la emoción y al sentimiento, además de
estudiar las funciones que cumple el afecto en la dinámica de nuestro
interior. Así mismo, quisiéramos facilitaros la adquisición de
habilidades prácticas en el reconocimiento de los afectos y
presentaros herramientas de trabajo útiles para su abordaje durante
el trascurso de la intervención psicoterapéutica.

"Por afecto entiendo las afecciones del cuerpo, por las cuales
aumenta o disminuye, es favorecida o perjudicada la potencia de
obrar de ese mismo cuerpo y entiendo al mismo tiempo, las ideas
de esas afecciones".

Ética Demostrada según el Orden Geométrico
Bruch Spinosa (1632-1677)

El término afecto deriva del latín affectus cuyo significado es
"afectado, movido por el contacto con algo que actúa". Esta
definición recoge el sentido desarrollado en esta obra, al entender el
afecto en respuesta a la proximidad y a las consecuencias del actuar,
para nosotros, en relación al otro significativo. Spinosa incluye
además, en su visión sobre el afecto, la respuesta al contacto, que
favorece o perjudica la potencia de obrar y la capacidad de
reflexionar, configurando así una definición plenamente humana.
La afectividad es definida haciendo alusión al percibir: la cualidad
sensitiva de la experiencia, la tonalidad o el color emotivo que
impregna la vida. En filosofía existe una perspectiva común en la
que la afectividad tiene por materia prima las sensaciones
producidas por estímulos físicos externos que son percibidos por los
órganos de los sentidos. A diferencia de la percepción, que permite
recibir las sensaciones procedentes del entorno externo al
organismo, la afectividad remite a la relación sensorial que el sujeto
tiene con él mismo, a la experiencia personal de la relación con las
cosas.
Bulbena (1991) describe lo que cree elementos esenciales de la
afectividad al asegurar que la afectividad es el conjunto de estados
que el sujeto vive de forma propia e inmediata (subjetividad), que
influye en toda su personalidad y conducta (trascendencia),
especialmente en su expresión verbal y no verbal (comunicatividad),

y que, por lo general, se distribuye en términos duales como alegríatristeza, agradable-desagradable, etc (polaridad).
No existe en la actualidad acuerdo entre los diferentes autores a
cerca del papel de los integrantes implicados en el afecto.
Emociones, sentimientos, deseos y pasiones involucran de manera
aún no establecida a pensamientos, creencias, valores, activación
fisiológica y aspectos comportamentales, en orden cronológico
desconocido y con múltiples formas de presentación.
Emoción tiene su origen en el término latino emotio que significa
"movimiento o impulso, aquello que te mueve hacia...". Kleinginna y
Kleinginna (1981) al hablar de los componentes de la emoción
recogen la motivación como uno de los elementos fundamentales.
Para ellos es la percepción cognitiva de una situación y las
tendencias motivacionales consecuentes lo que acarrea un estado
mental subjetivo con alteraciones fisiológicas, comportamientos
expresivos y conductas instrumentales concretas.
Sentimiento deriva de la palabra sentiré que condensa los
significados de "percepción de todos los sentidos", "darse cuenta de
algo". En una acepción más restringida la palabra sentimiento
designa los afectos atemperados por los procesos del pensamiento
que llegan a la conciencia y allí reciben un nombre. Sumando
aspectos comunes Oatley (1992) define la emoción y el sentimiento
como "una experiencia afectiva en cierta medida agradable o
desagradable, que supone una cualidad fenomenológica
característica y que compromete tres sistemas de respuesta:
fisiológico-adaptativo, cognitivo-subjetivo y conductual-expresivo".
Y más allá, la pasión, del verbo latino patior cuyo significado es

"sufrir, padecer, tolerar", un modo de la afectividad intenso y
duradero que tiene como característica diferencial el ser irreductible
e insustituible, e implica una fuerte afinidad, un entusiasmo y deseo
profundo hacía alguien o algo.
En este libro, de acuerdo con Damasio (1998), distinguiremos la
emoción del sentimiento, admitiendo el hecho incuestionable de su
íntima asociación. Para este autor, la emoción está relacionada con
una serie de respuestas desencadenadas desde zonas concretas del
cerebro y resto del cuerpo, y el sentimiento, es el resultado de tales
respuestas que dan lugar a un estado mental complejo. El sentimiento
incluye la representación de los cambios que están ocurriendo en el
propio cuerpo, simbolizados en las diversas estructuras del sistema
nervioso central, y las correspondientes alteraciones en el
procesamiento cognitivo, que dan lugar a la experiencia subjetiva
del estado emocional.

1. FUNCIONES DE LA EMOCIÓN Y EL
SENTIMIENTO
Los afectos tienen como función principal el ajuste personal y la
adaptación social. Bowlby (1969) cree que todos los afectos,
sentimientos y emociones son fases de la evaluación intuitiva que el
individuo hace de su propia condición orgánica, de los impulsos que
lo llevan a actuar o de la serie de situaciones ambientales con las
que se va encontrando. Desde esta posición, para él los procesos de
evaluación intuitiva cumplen tres funciones: la primera radica en
evaluar los ambientes cambiantes y la condición orgánica, la
segunda función reside en permitir que el ser humano perciba o

controle lo que le ocurre y la tercera, consiste en facilitar la
comunicación con terceros.
En la misma línea que Bowlby, Reeve (1994) distingue tres
funciones básicas de la emoción. Hace referencia a la función
adaptativa y la social e incluye más concretamente, la función
motivacional. En cuanto a la función adaptativa hemos de entender
que la emoción prepara al organismo para ejecutar eficazmente la
conducta exigida por las condiciones ambientales, moviliza la
energía necesaria para ello, además de dirigir la conducta hacia un
objetivo destinado a la supervivencia.
En relación a la función socialde las emociones, Izad (1989) destaca
la capacidad que tienen las emociones y sentimientos para facilitar
la interacción social, controlar la conducta de los demás, permitir la
comunicación de los estados afectivos, y promover la conducta
prosocial. Así, emociones como la alegría o la felicidad favorecen
los vínculos sociales y las relaciones interpersonales, mientras que
otras como la ira pueden generar respuesta de evitación o
confrontación.
Revee resalta la íntima relación entre emoción y motivación. Según
ella la emoción energiza la conducta motivada y se considera una
experiencia presente en cualquier tipo de actividad que posee las
dos principales características de la conducta motivada: dirección e
intensidad.
Para Greenberg (1997) las emociones cumplen un papel integrador
al organizar el interior de la persona, regulan el funcionamiento
mental y ajustan tanto el pensamiento como la acción. Establecen las
metas hacia donde se dirige las cogniciones y las acciones y
constituyen las estructuras que guían nuestra vida, especialmente

nuestras relaciones con los demás.

"Un afecto cualquiera de un individuo difiere del afecto del otro,
tanto cuanto difiere la esencia de uno de la esencia del otro".
Ética Demostrada según el Orden Geométrico
Bruch Spinosa (1632-1677)

2. CLASIFICACIÓN DE LAS EMOCIONES
Y LOS SENTIMIENTOS
A lo largo de la historia se ha planteado, en numerosas ocasiones, la
manera en que podrían clasificarse los afectos, con el inconveniente
que, al igual que las ideas, los afectos son infinitos en cantidad,
cualidad y en sus diferentes combinaciones o matices.
Vives (1538) en su obra El Alma y la Vida, habló sobre la inmensa
variedad de los afectos. Este autor ha sido figura cumbre del
Renacimiento por ser considerado uno de los precursores de la
psicología moderna. Retomó la tradición aristotélica al considerar
los afecto parte integrante de la naturaleza humana. En el tercer
capítulo de la obra anteriormente referida enumera las emociones y
pasiones de acuerdo con tres coordenadas: las que tienden al bien,
las que proceden del mal y las que se sitúan contra el mal. Entre las

pasiones que buscan el bien como objetivo destaca el amor, que es
la complacencia en el bien ya consolidado, la alegría, el bien
presente conseguido y el deseo, respecto de un bien futuro. Entre las
emociones procedentes del mal está el odio, la ofensa o molestia que
ha arraigado, la tristeza a causa del mal presente y el temor, a
causa del mal futuro. Entre las pasiones que tienden contra el mal, si
es presente, se encuentra la ira, la indignación o la envidia. Si es
futuro, la confianza y la audacia. Describió, además, la naturaleza,
las características y relaciones de los principales afectos, tales
como el amor, el deseo, la simpatía, el respeto, la misericordia, la
alegría, los celos o el miedo.
Descartes (1649) en Pasiones del Alma, hace un recuento sobre las
pasiones por medio de una deducción progresiva. Considera seis
pasiones primitivas, a partir de las que se originan las pasiones
particularescuyo número es indefinido. Para él, la admiración, una
de las pasiones primitivas, se define como la sorpresa súbita del
alma que hace que se dirija a observar objetos que le parecen
infrecuentes y extraños. El amor es la emoción del alma causada por
el movimiento de los espíritus. El odio, el movimiento de querer
separarse de los objetos perjudiciales. El deseo, la agitación del
alma causada por los espíritus. El gozo, nuestra opinión de ser
poseedores de un bien y la tristeza, de perderlo.
Para Spinosa (1677) "hay tantas clases de alegría, tristeza y deseos,
consiguientemente, hay tantas clases de cada afecto compuesto de
ellas, -como la fluctuación del ánimo-, o derivado de ellas -amor,
odio, esperanza, miedo, etc - como clases de objetos que nos
afectan".
Hume (1740), siguiendo a Descartes, clasifica las pasiones en

directas, producidas por la asociación entre placer y dolor (alegría,
tristeza, miedo, esperanza, seguridad...) e indirectas, que surgen de
la comparación de placer y dolor asociado a un objeto y el placer y
dolor asociado a otro (orgullo, humildad, amor, odio, envidia,
piedad, vanidad...).
Schneider (1975) aseguraba que los sentimientos son estados del yo,
al igual que las pulsiones y las sensaciones. De los sentimientos
corporales diferenciaba sentimientos anímicos o actos
emocionales y dentro de ellos, incluye diferentes modalidades. Por
un lado los sentimientos de estado, agradables, como la alegría, la
serenidad, la satisfacción, la confianza; o desagradables, como el
temor, el desamparo, el desconcierto y la desesperanza. Por otro
lado refería sentimientos valorativos muy relacionados con la
valoración propia (la vergüenza, la culpa, el remordimiento...) o la
valoración ajena (la desconfianza, el desprecio o la hostilidad).
Stern (1985) escribió sobre la imposibilidad de acotar los
sentimientos y en consecuencia, la dificultad que presenta el intentar
clasificarlos de manera concreta. Según él al intentar ponerles un
nombre se pierde la riqueza de las sutiles y profundas diferencias
entre los afectos sentidos; la diferencia sentida de una tristeza y otra,
o de una alegría a otra. Resaltó la delicadeza extrema de los
intercambios afectivos, las miles de manera y los imperceptibles
detalles con los que la madre transmite el afecto a su hijo.
Izard (1991) describió las características de las emociones básicas.
Define la emoción básica como aquella que tiene un sustrato neural
específico y distintivo, una expresión o configuración facial
concreta, posee sentimientos determinados, deriva de procesos
biológicos evolutivos y manifiesta propiedades motivacionales y

organizativas de funciones adaptativas. Según este autor las
emociones que cumplen estos requisitos son el placer, el interés, la
sorpresa, la tristeza, la ira, el asco, el miedo y el desprecio.
Importante en la configuración de nuestra obra ha sido la
clasificación propuesta por Greenberg (1997). Según este autor, las
emociones pueden ser conceptualizadas como primarias,
secundarias e instrumentales. Denomina emociones primarias a las
respuestas emocionales fundamentales o iniciales a los estímulos del
exterior. Estas emociones primarias pueden ser emociones
biológicas adaptativas o emociones desadaptativas aprendidas. La
emociones adaptativas primarias son la tristeza ante la pérdida, el
enfado ante la violación y el miedo ante la amenaza. Todas ellas
producen expresión y tendencia a la acción dirigida hacia metas, son
innatas y están organizadas para la supervivencia. Las emociones
primarias desadaptativasson emociones primarias que se han vuelto
inconvenientes, tales como el miedo asociado a cualquier tipo de
fobia, o el miedo asociado al bienestar y al contacto.
Las emociones secundariasconstituyen reacciones identificables
ante procesos emocionales o cognitivos del interior; así son
secundarias en el tiempo o secuencia de procesos internos. Son
ejemplos de estas emociones expresar enfado cuando lo primero que
se sintió fue miedo, o sentirse triste, cuando se piensa que se ha
fracasado. Por último este autor define las emociones
instrumentales como aquéllas que se experimentan y expresan
debido a que la persona ha aprendido que producen un efecto sobre
los demás. Así, la persona expresa enfado para dominar o tristeza
para inspirar compasión. A menudo estos pueden volverse patrones
crónicos de expresión.

Aún más en consonancia con nuestra perspectiva está la
clasificación propuesta por Fosha (2001) al hablar del núcleo de la
experiencia afectiva. Esta autora, además de distinguir emociones
primarias como el miedo, alegría o la rabia, diferencia las
experiencias y estados del self,
que incluirían aquellos
sentimientos directamente relacionados con el sí mismo, como los
sentimientos de vulnerabilidad, soledad y poder. Señala además,
los sentimientos en la relación con el otro, a los que llama
experiencias relacionales, que serían los sentimientos de
proximidad, distancia, enajenación o intimidad.

"El hombre es afectado por la imagen de una cosa pretérita o
futura con el mismo afecto de alegría o tristeza que por la
imagen de una cosa presente"
Ética Demostrada según el Orden Geométrico
Bruch Spinosa (1632-1677)

3. TEORÍAS SOBRE LA AFECTIVIDAD
Diversas líneas teóricas elaboradas a lo largo de la historia del
mundo occidental, confluyeron en el siglo XX para explicar las
diferentes corrientes de entendimiento sobre la afectividad que hoy
en día están de actualidad. A lo largo de los siglos se ha debatido
sobre los mecanismos cerebrales implicados en la emoción, el papel
que juegan al relacionarse con la conciencia, la cognición y la

conducta, la posibilidad de diferenciación entre percepción,
sensación, y emoción, los procesos subyacentes referentes a su
determinismo, intencionalidad y relación con la motivación, y
también muy especialmente, sobre la primacía de la cognición y la
emoción en relación a la naturaleza humana.
Dentro de las teorías filosóficas clásicas, las obras de Aristóteles y
Santo Tomás han desempeñado un papel fundamental en el modo de
entender la afectividad en nuestra cultura. Ambos autores
relacionaban los sentimientos con las tendencias del hombre que
incluyen una valoración de la realidad en términos de atracción o
rechazo, así como una intencionalidad.
Aristóteles (384-322 a.C.) en su obra La Retórica, estudia la
emoción desde un punto de vista práctico, en relación con el arte de
convencer. En ella considera la pasión como un juicio humano
acerca de lo que nos rodea y no un impulso ciego, ni un reflejo
automático. En Sobre el Alma, un libro más teórico, habla de la
diferencia entre sensación o acto de registrar cognoscitivamente un
dato procedente del exterior, y el sentimiento o acto por el cual lo
que es dado en la sensibilidad se refiere a la situación orgánica. La
sensación es conocimiento y el sentimiento sólo indirectamente, en
cuanto procede del deseo y se relaciona con él.
Santo Tomas (1224-1274), apoyado en la tradición aristotélica,
sugiere la existencia de un nuevo sentido interno; la estimativa en
los animales y la cogitativa en el hombre, para explicar la
existencia de un juicio sobre lo particular. La cogitativa en el
hombre sirve de puente entre la sensibilidad y la razón, juicio de
conveniencia sobre lo particular, juicio práctico, cuyo objetivo es la
acción mediante la activación del deseo.

Siglos más tarde, un autor determinante en la manera de entender la
afectividad en nuestro tiempo ha sido Descartes (1596-1650), quien
quiso hacer del ser humano un ser racional cuando aseguró cogito
ergo sum (pienso, por lo tanto, soy). Para él, una emoción o pasión
es algo que primordialmente se siente y se siente de un modo
infalible, pues no es posible sentirla y equivocarse. Es ante todo un
penseé, una percepción de algo de lo que somos inmediatamente
conscientes, un modo de autoconciencia. Dentro de los penseé
diferencia los volantés o voliciones, acciones del alma que terminan
en sí mismas o en el cuerpo, y las pasiones o perceptiones,
fenómenos en los que el alma es pasiva y no activa. En esta última
acepción dio un tinte de descontrol a la emoción, para mostrarla
como un fenómeno diferente y enfrentado a la razón o la voluntad.
A partir de la obra de Descartes, el pensamiento occidental dividió
el mundo en todos los opuestos, como mente y cuerpo o sujeto y
objeto. Esto dio lugar años más tarde a la polarización de la
psicología entre lo físico, obedeciendo al modelo de las ciencias
naturales, correspondiendo al cuerpo, y lo mental y social, más
acorde con las ciencias del espíritu. Por otro lado, se establecieron
dos objetos de estudio: lo interior o dentro del cuerpo y lo exterior o
fuera de él.
Coetáneo de Descartes y en contraposición a él, Spinosa (16321677) habló de una sustancia única de la que está constituida toda
la naturaleza. Para este autor no hay distinción entre lo externo e
interno, la mente o el cuerpo, porque todo está constituido por una
única materia regida por las mismas leyes. También los afectos se
rigen por las mismas leyes que lo hace la naturaleza y por tanto
persiguen la misma necesidad y eficacia que ésta. Reconoció que las
emociones, sentimientos y pasiones tenían ciertas causas en cuya

virtud eran entendidos y diversas propiedades tan dignas de que las
conozcamos como las propiedades de cualquier otra cosa.
Desgraciadamente para la cultura occidental este autor no fue
entendido en su época. Su gran obra, Ética Demostrada Según el
Orden Geométrico, vio la luz después de su muerte y no tuvo la
trascendencia merecida.
Fundamental y trascendente sí fué años después, la obra de Darwin
(1882-1909). Con su libro The Expressión of the Emotions in Man
and Animals, marcó un hito insoslayable en la investigación
emocional. Basándose en premisas biológicas, estableció el papel
de comunicación que los movimientos corporales y las expresiones
faciales cumplen entre los miembros de una espacie al trasmitir
información acerca del estado emocional del organismo. Para él, las
emociones, así como la expresión de las mismas, son esencialmente
innatas y modificadas por el aprendizaje, siendo esta modificación,
por el aprendizaje, lo que hace que puedan evolucionar a través del
tiempo para incrementar la probabilidad de que el sujeto y la
especie se adapten a las características cambiantes del medio
externo. Este autor resaltó la generalidad de las emociones entre las
distintas especies y el valor de adaptación al medio que poseen.
Con clara influencia de las aportaciones evolucionistas y de las
raíces filosóficas anteriormente comentadas, surge la historia de la
psicología moderna y con ella diferentes perspectivas para el
estudio de la emoción y el sentimiento.
La perspectiva biológico-evolucionista comienza con la obra de
James y Lange (1884), quienes entendieron las emociones como
estados subjetivos con gran influencia sobre el sistema nervioso.
Para ellos, la emoción se produce, en primer lugar, a través de la
percepción de una situación o peligro por el órgano receptor, que se

encarga de trasmitir la información sobre dicha situación a la
corteza cerebral, responsable del desencadenamiento de una serie de
manifestaciones orgánicas. Cuando el sujeto percibe estas
modificaciones del organismo es cuando se siente la emoción. Esta
percepción es interpretada por el cerebro como una experiencia
emocional, y es de esta manera como "sentimos tristeza porque
lloramos, enojo porque golpeamos y miedo porque corremos".
Las ideas de James fueron desarrolladas y corregidas por la
psicología conductista. Watson (1917), el padre del conductismo,
describe la emoción como un pattern-reaction heredado que
contiene profundos cambios en los mecanismos corporales, sobre
todo en el sistema límbico. Para él, la emoción es una simple
reacción a una situación y reduce las emociones a estos patternreaction del recién nacido en respuesta a los cambios fisiológicos.
Ante la misma situación, la emoción es más o menos la misma, pues
los cambios fisiológicos son los mismos. Así describe tres estímulos
incondicionados que producen respuestas condicionadas: miedo ante
la aversión, ira ante las situaciones que impiden el movimiento y
amor, ante la estimulación de zonas erógenas, formándose a partir de
estas tres, el resto de las emociones.
Cannon y Bard (1927) aseguraron que el tálamo y el hipotálamo
eran los centros reguladores de las actividades nerviosas de la
emoción y en contraposición a James y Lange, proponen que el
sentimiento emocional y los cambios corporales se producen de
manera simultánea. Rechazan la idea de que las alteraciones
fisiológicas provocan la percepción de la emoción.
Más actuales representantes de esta corriente biológicoevolucionista son Tomkins, Izard y Plutchik. Para Tomkins (1963)
las emociones son sistemas motivacionales primarios y destaca la

hipótesis del feedback facial, en la que las emociones se describen
como respuestas musculares y glandulares localizadas en la cara.
Izard (1977) asegura que las emociones básicas están al servicio de
respuesta motivacionales diferenciadas y son sobre todo respuestas
faciales, dirigidas a nivel subcortical y determinadas genéticamente.
Cada emoción básica tiene una cualidad subjetiva, un patrón de
descarga neuronal y consecuencias únicas. Este autor presenta una
postura crítica en relación al enfoque cognitivo, que analizaremos
más adelante, pues situándose en un punto de vista evolutivo no cree
que los animales tengan que pensar para sentir la emoción.
Pultchik (1980) define las emociones como reacciones adaptativas
prototípicas heredadas o aprendidas. Considera la emoción como un
constructo hipotético y evidencia la necesidad de describir las
emociones según diferentes lenguajes. Habla de cómo las emociones
son polares, varían en intensidad y grado de semejanza, y hay que
considerarlas en el marco de la evolución, porque pueden
observarse desde los animales inferiores hasta el hombre. Las
cogniciones, entendidas como evaluaciones del ambiente, están al
servicio de las emociones y se producen para predecir el futuro.
Lindsley (1951) y Arnold (1970) desarrollaron la llamada Teorías
de la Activación sobre la emoción, según la cual la emoción se
produce porque los estímulos tanto viscerales como somáticos,
llegan a la formación reticular donde se integran, se dirigen
posteriormente al hipotálamo y al tálamo y, a través de estos, a la
corteza cerebral. Si el estímulo es fuerte o peligroso, la corteza da
una señal de alerta que desinhibe los centros diencefálicos y ello
hace que se produzca la expresión orgánica de la emoción y se
desencadenen una serie de modificaciones orgánicas que influyen en
la toma de posición emocional. La toma de posición emocional
producida por el estímulo original y los estímulos de lo que está

ocurriendo en el organismo refuerzan el desarrollo de la emoción.
Los primeros representantes de la perspectiva cognitivista sobre el
estudio de la emoción fueron Shachter y Singer (1962), al mantener
que las emociones dependen de una doble apreciación: por una parte
de cómo evaluamos la situación y, por otra, de cómo identificamos
lo que está pasando en nuestro cuerpo. La experiencia emocional
depende más de la interpretación que el sujeto hace de los estímulos
que del feed-back de los órganos internos y de los músculos. La
activación fisiológica es una condición necesaria para la aparición
de una experiencia emocional pero la cualidad de ésta la determina
la interpretación subjetiva de la propia reacción fisiológica del
organismo.
Mc Dougall (1926) considera que para que pueda hablarse de
emoción se necesita, por una parte, los impulsos innatos y, por otra,
el sentimiento. Este último proporciona cierto conocimiento, si bien
vago, de la actitud de la persona frente al objeto de la emoción. La
emoción es una experiencia fugaz; el sentimiento es una disposición
adquirida, construida gradualmente a través de muchas experiencias
y actividades emocionales. Cada una de las emociones es el
inevitable resultado de la expresión subjetiva de un determinado
tipo de instinto y una disposición innata y específica directamente
relacionada con un modo de acción. Así, por ejemplo, el instinto
paternal da lugar a la emoción de ternura o el instinto de fuga
provoca la emoción de miedo e inseguridad. En esta línea, Weiner
(1985) resalta la relación entre motivación y emoción. La reacción
emocional puede analizarse siguiendo la secuencia atribuciónemoción-acción. Específicamente, después de la ejecución
conductual, acontece una valoración primaria ceñida a las
consecuencias agradables o desagradables de la misma. Surgirá así
una emoción preliminar, se analizan las causas de dicho resultado y

en función de dicha atribución de causalidad emerge la emoción más
elaborada y dicha emoción será la que ejerza ulteriormente un papel
motivacional en la conducta posterior.
Continuando con los autores cognitivistas, Kenny (1963) establece
el conjunto de condiciones mediante el cual es posible establecer el
significado de la emoción. Tras analizar los contextos lingüísticos en
que puede expresarse una emoción, concluye que la emoción está
constituida por tres elementos: la circunstancia que provoca la
emoción, la percepción de la expresión corporal de la emoción y la
acción que esta emoción desencadena. La emoción no es un evento
mental que pueda experimentarse privadamente sin que exista una
relación con el contexto.
Para Averill (1992) y Lazarus (1999), la emoción surge también
como consecuencia de la evaluación cognitiva. Proponen que las
personas no sólo evalúan la situación, sino que reconocen su aspecto
amenazante, divertido o repulsivo. Cada evaluación produce una
reacción diferente y una forma de afrontamiento diferente. Lazarus
comenta lo inadecuado de plantear si la emoción precede a la
cognición, o si es consecuencia de la misma. Según él, la relación es
bidireccional, ambas están intrínsecamente unidas, pues la cognición
es una parte fundamental de la emoción, y ésta le proporciona la
evaluación de significado.
Otra corriente principal sobre el estudio de la emoción ha sido la
neurobiología localicionista, cuyos representantes más relevantes
son Papez, MacLean y Damasio. Papez (1937) establece una teoría
según la cual las estructuras neurales del "cerebro antiguo" están
unidas a la corteza y la estructuración de estas conexiones recibe el
nombre genérico de Circuito de Papez. Este circuito está
conformado por el hipocampo, el fórnix, el tálamo anterior, la

corteza cingulada y la amígdala. La emoción según él, está mediada
por las conexiones córtico-hipotalámicas e implica la expresión
conductual y la experiencia subjetiva, aspectos estos que pueden ser
disociados en el ser humano. La participación talámica es
importante en la emoción, ya que las aferencias sensoriales que
llegan hasta dicha estructura se difunden en tres direcciones: a la
corteza cerebral, a los ganglios basales, y al hipotálamo. La ruta
hacia la corteza representa la "corriente de pensamiento", la ruta
hacia los ganglios basales la "corriente de movimiento" y, la ruta
hacia el hipotálamo la "corriente de sentimiento".
McLean (1949) propone que el lóbulo límbico y determinadas
estructuras subcorticales relacionadas constituyen un sistema
funcional: el sistema límbico. El cerebro humano puede ser
considerado como un sistema de tres capas o tres tipos distintos de
cerebro, superpuestos uno sobre otro. Hipotetizó la existencia de una
jerarquía funcional en el sistema nervioso. Diferenció una capa o
zona primitiva, interna y filogenéticamente más antigua, cerebro
reptiliano, conformada por el tronco del encéfalo, y destinada a
controlar el nivel de activación y el funcionamiento autonómico. Por
encima de la cual y envolviéndola, se encuentra una segunda capa, o
zona intermedia, el cerebro mamífero antiguo, configurada por el
sistema límbico y los ganglios de la base que se encarga de la
conservación de la especie y del individuo. Y la más externa de las
capas, filogenéticamente más reciente, cerebro mamífero nuevo,
conformada por el neocórtex y el sistema piramidal, responsable de
las estrategias racionales y de la capacidad verbal.
Damasio (2003) trató de localizar la estructura neurobiológica
responsable de la experiencia emocional y de aumentar nuestro
entendimiento sobre la interacción entre las vivencias emocionales

del pasado y las reacciones fisiológicas que evocan estos estímulos.
En cuanto a las estructuras neuroanatómicas implicadas en los
procesos emocionales, encuentra que la corteza prefrontal
ventromedial se activa y propicia reacciones fisiológicas a las
emociones idénticas a las que se produjeron en el pasado ante los
mismos estímulos o eventos. Este autor sostiene que estas reacciones
producen un sesgo en la toma de decisiones que matiza la selección
del tipo de respuesta a producirse ante el evento activante. A este
proceso se le conoce como la Hipótesis Somática, que goza de
abundante apoyo científico al establecerse sobre técnicas
psicológicas y de neuroimagen. Este autor ha logrado, esclarecer
gran parte del substrato neurofisiológico de la emoción al identificar
muchas de las interconexiones y de los terminales neuronales de los
sentimientos.
Cuestiones debatidas en la psicología actual sobre la emoción están
en relación con las preguntas de si puede existir emoción sin
conciencia y cómo interacciona la emoción con el resto de los
procesos cognitivos. LeDoux (2000), situado dentro de la corriente
neurobiológica, estudia los mecanismos cerebrales de la emoción y
ha demostrado que las emociones se originan en el cerebro a un
nivel más profundo que los sentimientos conscientes. El cerebro
procesa, por un lado la percepción del objeto, y por otro, evalúa su
significado. De esta manera, el cerebro puede comenzar a evaluar el
significado emocional de un estímulo antes de determinar dicho
estímulo. Los mecanismos cerebrales que registran, almacenan y
recuperan los recuerdos de la significación emocional de los
estímulos son diferentes de los encargados de procesar los
recuerdos cognitivos de estos estímulos. Los mecanismos de las
evaluaciones emocionales están conectados directamente con los
que controlan la respuesta emocional, por lo que las respuestas

emocionales son automáticas tras la evaluación emocional. La
estrecha relación entre ambos mecanismos permite una respuesta
rápida a los sucesos significativos. Según este autor existen dos
redes neuronales implicadas en la emoción: la red subcortical y la
cortico-límbica. El elemento central de estas dos redes neuronales
es la amígdala, estructura neuronal situada en el lóbulo temporal. La
red subcortical puede activar emociones sin que intervenga la
corteza cerebral permitiendo así una respuesta rápida del individuo
para responder con eficacia a los peligros del medio. Pero la
amígdala influye también en el procesamiento cortical cognitivo a
través de la red cortico-límbica, con un mayor número de sinapsis.
Esta forma de activación es más lenta pero proporciona una
información mucho más completa sobre el estímulo.
Zajonc (1984) aseguró en su Teoría de la Primacía Afectiva que la
emoción precede a la cognición, puede existir antes que ella y sin
ella. Ha demostrado a través de interesantes experimentos que es
posible crear preferencias (simples reacciones emocionales) sin
que exista un registro consciente del estímulo. La existencia de estas
preferencias hace suponer que la razón y la emoción disponen de
circuitos cerebrales independientes.

"El psicoanálisis se ha visto obligado a deducir la vida anímica
del adulto de la del niño, dando así razón a la afirmación de que
el niño es el padre del hombre"
Múltiple Interés del Psicoanálisis
Sigmund Freud 1913

4. TEORÍAS PSICODINÁMICAS SOBRE
LA AFECTIVIDAD
Desde una perspectiva diferente a lo descrito hasta aquí sobre las
teorías que estudiaron la emoción y el sentimiento surgió y se
desarrolló la teoría psicoanalítica en los inicios del siglo XX. El
psicoanálisis conectó la teoría fisiológica cartesiana, en las que la
emoción es la percepción de los cambios fisiológicos y movimientos
corporales, con la tesis de Hume, sobre el papel decisivo que el
placer desempeña en la formación del psiquismo.
Yildiz (2008) realiza un detallado estudio sobre el afecto en la
teoría psicoanalítica y nos explica como Freud entendía por afecto
la cantidad de energía que acompaña a los sucesos de la vida
psíquica. En su libro Lecciones Introductorias al Psicoanálisis
(1916), escrito en el contexto de la primera teoría de la personalidad
o primera tópica, habla de los afectos como expresiones de los
instintos y las pulsiones. Entendió por instintos los esquemas de
comportamiento heredados y por pulsiones esquemas también
innatos, pero más flexibles que estos y específicos del ser humano.
Para él la persona está dotada de actitudes innatas que intervienen en
su supervivencia fisiológica (respiración, sed, hambre....) y
actitudes afectivas comunes a todas las culturas (sonrisa, risa,
ira...). En este encuadre otorga un importante espacio a la
sexualidad humana y la entiende como pulsión y no instinto, al
manifestarse ésta más flexible e individual que el instinto.
Así llamó pulsión a la expresión psíquica de las excitaciones
endosomáticas que no actúan directamente a nivel psíquico sino a

través de un representante psíquico. Este representante psíquico de
la pulsión está formado por una representación (ideas, imágenes o
fantasías) a la que va unida un afecto. En este contexto el
afectoposee para él, un aspecto cuantitativo y otro cualitativo.
Desde el punto de vista cuantitativo o económico puede ser más o
menos intenso y desde el cualitativo tiene la característica de ser
placentero o displacentero. El placer se produce por la satisfacción
de pulsión, mezcla de necesidad y deseo, mientras que el displacer,
lo hace por la frustración de no conseguir tal satisfacción. En la
obtención de la satisfacción de esta necesidad o deseo el displacer
sería el origen de la repulsión, el odio, mientras que el placer de la
atracción, el amor.
Freud describió diferentes tipos de pulsiones a lo largo de su obra.
En una primera teoría pulsional concretada en Los instintos y sus
Destinos (1915) hablo primero de dos tipos de pulsiones
principales: pulsión de autoconservación y pulsión sexual. A la
energía psicológica de la pulsión de autoconservación la llamó el
"interés" y a la energía psicológica de las pulsiones sexuales la
"líbido". En esta obra la presentación de los síntomas era explicada
la resultante de los conflictos entre los dos grupos de pulsiones.
Cuando el conflicto surge entre ambos grupos de pulsiones, para
evitar la desintegración del individuo, las pulsiones sexuales son
descargadas con cuatro posibles destinos o mecanismos de
defensa; la transformación en lo contrario, la orientación hacia la
propia persona, la represión o la sublimación.
Para el Freud de esta época, los conflictos, las angustias y todas las
enfermedades mentales eran causadas por la insatisfacción de la
libido en el mundo exterior y su insuficiente sublimación. Esta
insatisfacción de la libido estaba motivada por varios factores entre

los que se incluyen la susceptibilidad genética, la inhibición de
desarrollo, la fijación y/o la regresión, la frustración en la
actualidad y la incapacidad de la adaptación a las exigencias de la
realidad.
Posteriormente, en una posición cercana a nuestra posición Freud
planteo una segunda teoría de las pulsiones al introducir el concepto
de narcisismo. Aquí el conflicto y la presentación de los síntomas se
situaría entre la líbido del yo (amor a sí mismo) y la líbido objetal
(amor objetal). El conflicto, la presentación de la angustia y el
síntoma se generarían entre ambas; la libido del yo y la libido
objetal. Reflexionó sobre el amor propio en relación a la
autoestima y concluyó que amar y no ser amado disminuye la
autoestima y amar y ser amado, la incrementa. De otra parte, para él,
el ser amado constituye el fin y la satisfacción en la elección
narcisista de objeto.
En la tercera y última hipótesis sobre las pulsiones propuestas por
Freud amplía a las anteriores y postula la existencia de una pulsión
de muerte a la que llamó Tanatos. Con ella explica la muerte de
los seres vivos, la agresividad y destructividad humana. En
contraposición a ésta, la pulsión de vida, Eros, que incluiría la
totalidad de los instintos y pulsiones anteriormente comentados:
líbido objetal, líbido narcisista, instinto de autoconservación y la
sexualidad. El conflicto y los síntomas se generarían aquí por la
lucha entre las pulsiones de vida y muerte. Normalmente las
pulsiones de vida y de muerte funcionan fusionadas en proporciones
variables según las circunstancias. La desunión (defusión) de estas
pulsiones en caso de destructividad o autodestructividad aparece
cuando la agresividad logra romper todo nexo entre la sexualidad y
la autoconservación.

A partir de 1920, Freud elaboró otra concepción de
la
personalidad, designada como la segunda tópica ó teoría
estructural. Uno de los principales descubrimientos que hizo
necesario este cambio fue la observación del papel desempeñado
por las identificaciones en la constitución de la persona y de las
formaciones permanentes que estas depositan en el seno de la
personalidad (ideales, instancias críticas, imágenes de sí mismo).
Diferenció en esta segunda teoría sobre el aparato psíquico la
intervención de tres instancias que constituían la estructura básica de
la dinámica de funcionamiento interno de la persona: el ello, polo
pulsional de la personalidad; el yo, instancia que se erige en
representante de los intereses de la totalidad de la persona
(catectizada con libido narcisista), y el superyó instancia que juzga
y critica, constituida por la internalización de las exigencias y
prohibiciones parentales.
Atribuyó entonces al yo el papel de moderar las variaciones
excesivas de los afectos para impedir la desorganización y
preservar la capacidad del pensamiento. Para realizar esta tarea el
yo puede descargar una cantidad excesiva de afecto a través del
movimiento o la conducta externa o bien, establecer lazos por medio
del trabajo mental asociativo distribuyendo y ligando el afecto a
varias representaciones entrelazadas. Propuso entonces tres destinos
del afecto cuando éste quedaba bloqueado: conversión somática
(histeria de conversión), desplazamiento (histeria de angustia o
fobias y neurosis obsesiva) y permutación en angustia o en sus
equivalentes. En estos momentos otorgó a la psicoterapia el papel de
canalizar y desbloquear el afecto descargado, al ligarlo o
distribuirlo a través del lenguaje, "la cura por la palabra".
Al explicar la dinámica de funcionamiento interno y de la

enfermedad mental aseguró que el yo sufría de tres servidumbres: la
líbido del ello, el rigor del superyó y el devenir del mundo exterior.
La contínua tarea del yo se centra en buscar el compromiso entre
estas tres exigencias utilizando los mecanismos de defensa y la
capacidad de adaptación humanas. En Inhibición, Síntoma y
Angustia (1925), al exponer el desarrollo de las diferentes
situaciones peligrosas y generadoras de angustia para la persona,
partió de la primitiva situación del nacimiento. Para este autor el
nacimiento es vivido como una situación peligrosa que se diluye
gracias a los progresos del desarrollo del yo. Posteriormente, en
cada una de las etapas del desarrollo psicosexual aparece cierta
condición de angustia. El desamparo psíquico corresponde a la
época de la carencia de madurez del yo; la pérdida del objeto, a la
dependencia de otros en los primeros años infantiles; el peligro de
la castración, a la fase fálica; y el miedo al superyó, en el periodo
de latencia. Todas estas condiciones de la angustia pueden subsistir
conjuntamente y provocar la reacción angustiosa del yo en épocas
posteriores a las correspondientes.
La manera en la que Freud se refirió a los afectos fue el punto de
partida a partir del cual se desarrolló toda la teoría psicoanalítica.
Así Klein formuló nuevas teorías que, por una parte, ayudaron al
desarrollo y comprensión de ciertos postulados freudianos, pero por
otra, se apartaron de ellos. A diferencia de Freud, puso el acento en
la importancia de la calidad de las primeras identificacionesrelaciones de objeto. Para Klein (1946) las relaciones de objeto
existen desde el comienzo de la vida, siendo el primer objeto el
pecho de la madre que es escindido en un pecho bueno gratificante y
un pecho malo frustrador, conduciendo esta escisión a una
separación entre amor y odio. Según Klein son las primeras
identificaciones las que constituyen tanto al Yo como al Superyó, e

influyen de manera considerable en el posterior desarrollo del
psiquismo del niño y en su relación con la realidad exterior.
Se inició con Klein un profundo estudio de la calidad de la relación
afectiva entre el bebe y su madre por la consideración de la
importancia de esta relación afectiva para el desarrollo posterior
del infante. Esta autora otorgó un papel primordial a la fantasia,
aspecto que refleja ya en su escrito Análisis Infantil (1923).
Consideró la fantasía un proceso precoz y dinámico con gran
influencia sobre las percepciones del niño y sobre sus relaciones de
objeto. Habló posteriormente en Contribución a la Psicogénesis de
los Estados Maniaco-depresivos (1935) del surgimiento inevitable
de dos tipos de angustia en el niño a medida que crece; la angustia
persecutoria, manifiesta en los primeros meses y la angustia
depresiva en los meses sucesivos. Estos dos tipos de angustia
corresponden a dos posiciones propuestas también por la autora: la
posición esquizoparanoide y la posición depresiva.
En su obra Amor, Culpa y Reparación (1937) describió los
sentimientos que progresivamente aparecen en ambas posiciones; en
la posición paranoide, cuando el objeto es parcial, aparece la
frustración y el odio por las insatisfacciones del pecho malo, y el
amor y la gratificación obtenidas por la satisfacción del pecho
bueno. Posteriormente en la fase depresiva, cuando el objeto es
total, aparece el temor a la pérdida, y la culpa, además de la
necesidad de reparar, atender y cuidar. La lucha entre el amor y el
odio, y todos los conflictos a los que da lugar aparecen en la
primera infancia y operan activamente durante toda la vida.
En Envidia y Gratitud (1957) hizo referencia también a la envidia y
la agresión, ambos sentimientos constitucionales resultantes de las

pulsiones de muerte. La envidia se genera por la voracidad ante un
pecho imaginado inagotable, y se transforma en odio y en pulsiones
destructivas contra la fuente de la bondad. El sentimiento de
gratitud y el amor hacia el objeto total se adquiere por el
reconocimiento de ser amado, ser comprendido emocionalmente, ser
"creado" y criado por la bondad de los padres, incluyendo su
sexualidad.
Más tarde escribe Sobre el Sentimiento de Soledad (1963), libro en
el que considera el sentimiento de soledad como resultante del
anhelo omnipresente de un inalcanzable estado interno perfecto y
fruto de las angustias paranoides y depresivas.
Otro autor importante en la comprensión del desarrollo y
surgimiento del intercambio emocional entre la madre e su criatura
fue Spitz (1963). A diferencia de Klein y otros psicoanalistas
consideró que existe un primer estado mental indiferenciado con un
despliegue lento y continuado de las funciones psicológicas. Durante
los dos primeros meses de la vida del infante, en la fase de nodiferenciación, los afectos son indiferenciados y caóticos
presentándose el llanto de perturbación y la quietud o placidez de
saciedad. La sonrisa, el primer afecto discriminativo, aparece ante
el rostro humano entre los dos y seis meses. Hacia el sexto mes el
bebé empieza a reconocer a su madre como imagen única y es para
él el momento del inicio de las verdaderas relaciones objetales.
Hacia el octavo mes aparece la primera manifestación de angustia
propiamente dicha ante un rostro no reconocido, la angustia del
octavo mes, a la que esta autor consideró una angustia de pérdida
del objeto. La madre, en este momento se habría convertido en un
objeto privilegiado en el ámbito afectivo. Al mismo tiempo
aparecen más actitudes emocionales diferenciadas como la cólera,

la alegría, la posesión, los celos....
Alcalá (2001) comenta cómo Spitz cree que, tras el surgimiento
del yo, las satisfacciones del niño necesitan de unas relaciones más
complejas y variadas. Las respuestas maternales para mantener los
progresos del niño, han de hacer posible la satisfacción de los
impulsos libidinales y agresivos del bebe, en forma de interacciones
en circuito entre la madre y el hijo. Estas interacciones, cada vez
más complejas, hacen posible el proceso madurativo del niño y el
creciente desarrollo en la estructura del yo. Este mayor nivel de
desarrollo, amplía el espectro de las satisfacciones que el niño
ahora demanda de las relaciones de objeto. Se trata de una relación
interpersonal entre dos personas distintas; la madre y el hijo. Cada
uno de

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