Última actualización web: 19/10/2019

Salud y Sueño

Autor/autores: Fernando Almansa
Fecha Publicación: 01/01/2016
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo: 

Libro exclusivamente disponible en formato digital - PDF descargable

RESUMEN

La Salud y el Sueño mantienen una relación funcional bilateral, imprescindible y necesaria.

El Sueño es necesario para mantener la Salud como componente básico de Bienestar.

En todas las actividades del organismo se va produciendo el desorden de los elementos utilizados, de forma progresiva, hasta alcanzar un grado cada vez mayor de dificultad de acción.

Para la recuperación del orden alterado, el organismo pone en marcha una actividad de sentido aparentemente contrario: Dormir.

Dormir es una actividad paradójica que tiene como función reordenar los elementos utilizados: esa función se realiza mediante el Sueño. Se podría comparar con la actividad de la respiración que tiene la función de llevar el oxigeno a los tejidos.

Este libro se orienta a facilitar la comprensión de la función del Sueño: cada día se origina la necesitad de la actividad de Dormir desde el doble camino de la fisiología, por el cansancio, y la relación con el cosmos, mediante el estímulo negativo del declinar de la luz, para que la función del Sueño comience a realizar su función de recuperación.

Y desde un bosquejo de la relación de las posibles alteraciones, que pueden llegar a la patología definida de los Trastornos del Sueño, en este libro se dan algunos consejos que puedan servir de algún modo para facilitar la consecución del Buen Dormir y que, en consecuencia, permita alcanzar el Bienest5r a través de un aceptable estado de Salud.

Palabras clave: sueño


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SUEÑO Y SALUD

Sueño y Salud

Dr. F e r n a n d o A l m a n s a

Pastor

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© FEPSM

SUEÑO Y SALUD

© Del prólogo: Los editores
© De la obra: El autor
© De la edición:


Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental

C/ Arturo Soria, nº 311, 1º B

28033 Madrid (España)

Tel. 91 383 41 45
fepsm@fepsm.org
www.fepsm.org
Editado por psiquiatria.com
C/ Valldargent, nº 27, bajo
07013 Palma de Mallorca
Baleares, España.
e-mail: info@psiquiatria.com
Primera edición 2016
Nº de páginas: 83
ISBN: 978-84-941401-6-7

© FEPSM

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SUEÑO Y SALUD

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© FEPSM

SUEÑO Y SALUD

Sueño y salud.
Antonio Medina, Mª José Moreno, Rafael Lillo y Julio Antonio Guija
(Editores)

Fundación Española de Psiquiatría y Salud Mental
Madrid, 2016

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SUEÑO Y SALUD

PRÓLOGO
PARA COMPRENDER EL SUEÑO
El sueño y la salud están en relación directa de interdependencia.
La salud en general necesita el apoyo de un buen sueño, que complete las necesidades de cantidad
y calidad. Y el sueño, para poder cumplirse a plena satisfacción, exige unas condiciones de salud que,
al menos, no se opongan a su desarrollo. Los enemigos directos del sueño son el dolor y la ansiedad;
después pueden venir además otros muchos problemas de salud, que dificulten la conciliación del
sueño o que interfieran en su continuación.
Comenzó mi interés por el sueño hace mucho tiempo, al ver la frecuencia de personas con dificultades
para dormir y valorar la importancia de sus quejas. La clínica me puso en contacto con la realidad de las
repercusiones negativas, que acarrean frecuentemente los trastornos del sueño. Y de la introspección,
de la toma personal de conciencia mirando hacia dentro, pasé a la búsqueda sistematizada de los
enemigos del sueño, con observación motivada y con la recopilación de datos.
Este camino me ha conducido a reformular las clásicas teorías vigentes sobre el sueño, sin necesidad
de proponer enfrentamientos ni negaciones de importancia, porque creo que casi todo lo anteriormente
formulado ha seguido una línea lógica, fruto del esfuerzo colectivo de muchos profesionales. Mis
observaciones solamente pretenden continuar en la senda de la evolución progresiva del conocimiento,
que en realidad prolonga el sentido general de estos conocimientos.
En esta línea quisiera poder ayudar, con mis conclusiones, a la divulgación de los estudios del sueño,
que sirva para continuar en el camino de su comprensión, para aportar una visión de esperanza y para
desmitificar, dentro de lo posible, el miedo a sus trastornos.
Han sido muchas las anotaciones, las consultas, los comentarios relacionados que primero me pusieron
en el camino de elaborar una hipótesis, y en segundo lugar despertaron el deseo de transmitirla.

El conocimiento del esquema funcional de cualquier actividad fisiológica nos puede permitir actuar con
la anticipación necesaria para prevenir los trastornos derivados de las alteraciones, desde estadios
precoces. Son los fundamentos de la medicina preventiva.
Pero la ilusión de extender y alcanzar ese conocimiento a todo el organismo, saber cómo funciona cada
órgano y aparato y sus conexiones, exigiría tanta dedicación con tal magnitud de datos, que convierte
esta aspiración en utopía, al menos por ahora.
Y así será hasta que no se consigan datos suficientes y se perfeccionen unos mecanismos, de tan alta
tecnología que nos acerquen a la interpretación más cercana del funcionamiento total de la fisiología;
sería el camino para desentrañar el origen de la vida.
Por eso todavía debemos reducirnos a límites concretos, al lento progreso que se va alcanzando con
los medios reducidos de nuestras humildes posibilidades.
Y en relación con el sueño, la observación y la clínica aportan el caudal suficiente de elementos
para abrir el camino que nos acerca a su conocimiento y a la interpretación, quizás más intuitiva que
científica, sobre su funcionamiento, sobre su existencia, sobre unos sucesos que se repiten siguiendo

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un orden preestablecido, pero con la suficiente libertad evolutiva para el ser humano, permitiendo unos
márgenes amplios para el desarrollo de la leyes de la naturaleza.
La evolución del sueño a lo largo de la vida merece unos comentarios. El sueño se estructura como
un aprendizaje, el primer aprendizaje desde la vida intrauterina, condicionado sobre las necesidades
fisiológicas con la función fija de recuperación de esas necesidades, que se realiza siguiendo unos
patrones estables y cíclicos. El niño cuando nace duerme casi todo el día, a medida que pasan los
meses y después los años empieza a dormir las horas necesarias, hasta llegar a ser un niño que
duerma las 9 o 10 horas aproximadamente. Con el paso de los años hay una reducción fisiológica del
sueño, tanto en cantidad como calidad.
Cada etapa de la vida necesita un horario, que va desde el trabajo al descanso, pasando por la
dedicación a los amigos y a la cultura; hay una realidad evolutiva que establece la interacción entre la
persona, su naturaleza y el medio en el que vive, y en el conjunto de sus resultados podemos apreciar
las diferencias de las necesidades de sueño entre los diferentes individuos, pero que a grandes rasgos
se pliegan a las leyes de la naturaleza con valores parecidos. Se puede apreciar un patrón común,
sobre el que se adaptan las diferencias personales de las necesidades de sueño.
El saber popular, que utiliza el sentido común de la observación para sacar sus conclusiones, leyendo
en el gran libro de la naturaleza, es capaz de resumir la repetición continua en leyes que transmite y
divulga en refranes, en dichos populares que se continúan en la tradición oral con aceptación de certeza.
El saber popular alcanza un valor estadístico que supera el origen mágico de las supersticiones, ya que
estas se basan en la valoración superficial de las apariencias y el saber popular, de probable origen
intuitivo, consigue la ratificación del conocimiento experimental.
Y entre sus aforismos, merece gran respeto la regla popular de los tres ochos, con la división del tiempo
de cada día utilizando ocho horas para el trabajo, ocho horas para el descanso y otras ocho horas, al
mismo nivel de importancia, para el sueño.
Sin embargo, la evolución de las costumbres para la distribución del tiempo, clásicamente aceptadas
para principio y finalización de las actividades tanto laborales como lúdicas, ha derivado hacia unos
patrones de conducta diferentes, en detrimento de las conductas sanas, que para el futuro serán
incompatibles con un adecuado funcionamiento fisiológico del organismo.
Desde esta base del saber popular y tomando como ejemplo el funcionamiento utópico, ideal, de la
fisiología humana aislada sin interferencias externas, se fundamenta la consideración del Dormir como
una Actividad Fisiológica que desarrolla su Función mediante el Sueño.
Actividad es una orientación genérica finalista y Función es el mecanismo determinado específico para
realizarla. Se puede comparar con la Respiración como Actividad fisiológica que cumple la Función de
llevar el oxígeno a los tejidos.
Y desde esa base de partida he pretendido profundizar en el análisis de la estructura general del sueño,
siguiendo los pasos evolutivos de su progresión, desde que se abren diariamente sus puertas para
poderlo relacionar, en primer lugar, con su sentido y significado: dormir bien es uno de los indicadores
más claros de salud física y también psicológica.
Pero al mismo tiempo, en un segundo lugar de orientación más práctica, la realidad del dormir bien se
debe tener en cuenta para hacerla extensiva por comparación a la consideración de algunos trastornos
específicos del sueño y sus posibilidades asistenciales.
Y también con este sentido pragmático he considerado la reivindicación de la influencia de los hábitos,

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tanto constitucionales como adquiridos y sus repercusiones en la actividad del dormir, con una influencia
que radica tanto en la predisposición como en la final realización de la propia conducta del sueño.
Desde un punto de partida con sentido funcional, creo que se pueden clasificar los trastornos que
afectan al sueño en relación con la etiología que los provoca, para facilitar la comprensión de las
medidas terapéuticas adecuadas que se pueden utilizar.
Finalizar con unas normas a modo de consejos que puedan resultar útiles para subsanar prejuicios y
orientar hacia el conocimiento del valor del sueño en su finalidad de recuperación fisiológica, ha sido
mi motivación que sirva para continuar en el camino de su comprensión, para aportar una visión de
esperanza y para desmitificar, dentro de lo posible, el miedo a sus trastornos; y que.
Desde esta perspectiva teórica, como parece que resulta aceptable y útil, derivan todos los pensamientos
que trato de comunicar con intencionalidad divulgativa, utilizando los modestos medios a mi alcance
para aunar el conocimiento contrastado con la interpretación de la observación repetida, que permitan
hacer compatible la ciencia con la imaginación, encauzadas a comprender el sueño y el posible origen
de sus alteraciones; que nos acerquen dentro de lo posible a la solución de sus trastornos, a recuperar
el dormir bien. A saber dormir.

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ÍNDICE
1.-

INTRODUCCIÓN

2.-

T. CLÁSICA

3.-

CICLOS FIJOS

4.-

ENGARCES

5.-

ETAPAS

6.-

LA QUINTA (V) ETAPA

7.-

DESPERTAR

8.-

ACTIVIDADES DIURNAS

9.-

SIESTA

10.-

FISIOLOGÍA

11-

TRASTORNOS GENERALES. CLASIFICACION

12.-

TRASTORNOS MENORES. ALTERACIONES

13.-

TRASTORNOS PRIMARIOS. I
DISOMNIAS I .- HIPERSOMNIAS

14.-

TRASTORNOS PRIMAIOSR. II
DISOMNIAS II.- HIPOSOMNIAS

15.-

TRASTONOS PRIMARIOS. III
PARASOMNIAS

16.-

TRASTORNOS PRIMARIOS IV
TRASTORNOS SINTOMÁTICOS

17.- NORMAS DE ACTUACIÓN I.- DIAGNOSTICO
18.- NORMAS DE ACTUACIÓN II.- TRATAMIENTO
19.- CONSIDERACIONES A MODO DE CONSEJOS
20.- EPÍLOGO PRÁCTICO
CONSIDERACIONES COMO CONSEJOS Y NORMAS

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CAPÍTULO 1
INTRODUCCIÓN.- CONCEPTOS BÁSICOS

Dormir es fácil; todo el mundo lo hace. Pero dormir bien no es tan fácil, porque no todo el mundo lo
consigue. Dormir es fácil o así debería parecerlo porque todo el mundo nace sabiendo dormir; es fácil y
así lo saben todas las personas que nunca han tenido dificultades con el sueño, pero se vuelve un gran
problema cuando se pierde esa facilidad.
Este problema cada día preocupa a más personas porque su incidencia va en aumento. Y sobre todo,
hay muchas personas que no están satisfechas con su sueño porque no han dormido bien, o quizás
tan solo porque piensan que no han dormido bien. Puede ser una realidad o tan solo la certeza falsa de
una interpretación personal por creer que no ha sido suficiente el tiempo que se ha dormido, que no ha
tenido la suficiente calidad. La diferencia está en valorar un sufrimiento o en desmitificar un prejuicio.
Dormir es una actividad fisiológica. Tiene como finalidad la recuperación del organismo con la
reorganización de todos los elementos que se han ido utilizando durante toda la jornada, pero el
organismo permanece funcionando no solamente mientras se está despierto, en la vida vígil, porque
también hay desgaste de utilización mientras se duerme. Es una actividad imprescindible
La apariencia de reposo más o menos absoluto durante el dormir no se corresponde con la realidad
porque el sueño tiene una misión concreta: la reorganización de todo lo utilizado siguiendo unas
normas fijas, unas reglas a las que todo el mundo se adapta. La reducción del tiempo que se utiliza para
dormir hasta unos límites inferiores a lo necesario o la forzada pérdida completa, son incompatibles,
primero con la salud y en definitiva con la vida. Esa reducción supone un riesgo, un peligro grave; pero
ese riesgo tiene que considerarse limitado a la pérdida del tiempo imprescindible, tan solo referida al
tiempo absolutamente necesario; y sobre todo cuando se lleva a cabo de una forma prolongada, es
decir la reducción continua de sueño por debajo de los límites fisiológicos.
No toda reducción implica un peligro. Es posible vivir y también vivir bien, aunque se duerma poco, en
relación con unas necesidades personales individualizadas, pero hay que aceptar unas condiciones,
unos parámetros generales comunes de tiempo y características para el sueño que componen los
límites fisiológicos del organismo. La excepción siempre se dice que confirma la regla, pero se puede
afirmar que hay un tiempo mínimo exigible y su carencia es incompatible con la salud.
El sueño se establece como una respuesta de realización automática, innata y condicionada por las
necesidades fisiológicas de la evolución del cuerpo. Se duerme ya desde la vida intrauterina y desde
estadios muy precoces, aunque todavía no se puede precisar con exactitud su comienzo, que debe
ser automático y estar relacionado con las funciones del sueño, desde el momento en que se hace
necesario.
El sueño evoluciona desde el principio, cuando el nuevo ser deja de ser un conglomerado de células
para estructurarse, diferenciado, en el feto que va madurando. Esta maduración continua al nacer,
después de abandonar el claustro materno en ese traumático proceso del nacimiento y durante mucho
tiempo; seguirá realizándose mucho después, hasta una maduración aceptable del órgano rector de
toda nuestra actividad: el Sistema Nervioso Central.
Por embriología sabemos que el feto en el claustro materno está en un ambiente de máxima protección
y que tiene como objetivo fisiológico alcanzar su mayor desarrollo evolutivo sin malgastar energías en
otras actividades, que serían superfluas para ese periodo: duerme prácticamente todo el tiempo con la
facilidad fisiológica natural. En este tiempo toda la energía y la actividad se emplean para completar el
desarrollo. Así, hasta el momento de nacer.

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Llega la gran paliza, el gran trauma del parto, la salida al mundo, el abandono del ambiente de protección
máxima; y se encuentra el recién nacido indefenso, sorprendido ante la rugosidad, la aspereza, la luz,
los ruidos y sonidos, los estímulos a los que no está acostumbrado, cansado de ese gran esfuerzo que
es el nacer.
El sueño va a facilitar la recuperación. Y el recién nacido se sobrepone y entra en el periodo adaptativo,
Primera Infancia: necesita dormir mucho tiempo para recuperar las energías gastadas, para reorganizar
los elementos utilizados en su esfuerzo.
Así transcurren sus primeras jornadas durante los primeros meses, jornada que se completa como
objeto de todos los cuidados que necesita, por ser el más desvalido de los mamíferos al nacer.
Después se sigue avanzando en el desarrollo: la recuperación queda variablemente referida a los ciclos
diarios de las necesidades de la persona que está en evolución, desde la infancia con el paso por la
pubertad hasta que se alcanza una relativa estabilidad.
Cada etapa o periodo de la vida va necesitando unos horarios de acuerdo con la evolución que se
alcanza, de forma progresiva va disminuyendo la necesidad de sueño hasta llegar al desarrollo
neuronal completo del Sistema Nervioso.
En esta situación el organismo persiste mucho tiempo, la mayoría de la vida; después vendrá el
declive, la regresión y van cambiando las necesidades en relación con las distintas peculiaridades
de la evolución personal, aunque estas deben y van a quedar relacionadas con la normativa general,
tomando como base el esquema general de sueño.
En general se puede considerar que existen unos patrones comunes adaptables a todas las personas,
con leves variaciones individuales: cuando se alcanza la evolución plena, prácticamente todo el
mundo necesita dormir el mismo tiempo. Pero también es cierto que según los periodos evolutivos
las necesidades de sueño son diferentes: en la infancia son mayores y por el contrario en la vejez se
reducen, decrecen.
Por esa razón, para comprender el sueño debemos tomar como patrón, como unidad de referencia, el
ser humano adulto que perdura durante más tiempo en la situación corporal fisiológica prácticamente
estable y que así se prolonga durante la mayor parte del tiempo.
Desde los primeros homínidos hasta nuestros días no solo ha cambiado la apariencia corporal para
la deambulación; principalmente ha cambiado la configuración craneal para albergar un cerebro más
desarrollado. Como resultado de esos cambios evolutivos la capacidad del sistema nervioso se ha
perfeccionado hasta alcanzar el nivel actual de actividad intelectual.
Todo el proceso evolutivo de maduración está orientado a permitir y conseguir la actividad, cualquier
actividad, en las mejores condiciones de todos sus componentes para su funcionamiento.
El cuerpo humano es una máquina casi perfecta y tan solo mejorable con la evolución como demuestra
la historia de la humanidad. La persona humana no es exactamente una máquina pero tiene, como si
lo fuera, unas reglas de funcionamiento automáticas, fuera del campo de la conciencia: las reglas de
la fisiología.
Estas reglas de funcionamiento nos relacionan con el mundo donde vivimos, con las reglas del
cosmos, desconocidas en gran parte pero de las que sí sabemos que mantienen unas repeticiones
de estructura cíclica. Cuando esos ciclos se realizan en un periodo de 24 horas, con la superposición
alternante del día y la noche, han sido llamados Circadianos (del latín circa=alrededor y die=día) y nos

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sirven de referencia para la relación del ser humano con el mundo en el que vive, para acercarnos a la
comprensión de esas reglas.
Buscando la interpretación de esas reglas con la observación, se puede llegar a comprender lo que
ya estaba siguiendo un orden preestablecido: de esta forma se podría actuar con la anticipación para
prevenir muchos trastornos derivados de las alteraciones del funcionamiento en cualquier actividad.
Para la realización de todos sus cometidos el ser humano se sirve de muchos elementos que utiliza
como necesarias fuentes de energía al romperse para la metabolización y en esa utilización se producen
continuados cambios en la estructura y en la ubicación de estos elementos que tan solo sirve para
desestabilizar el orden previo porque la energía no se destruye; tan solo cambia el substrato en el que
reposa: ese cambio sigue unas reglas conocidas por los estudios de fisiología, con una cronología fija.
Las reglas generales de la persona tienen una distribución horaria en el ciclo que se repite cada día
según el saber popular, derivado de la observación que transmite su conocimiento por la tradición,
alcanzando la categoría de leyes.
El saber popular establece una distribución diaria de los tiempos, que se rigen por la regla de los tres
ochos: ocho horas para trabajar, ocho para descansar y al final del día ocho horas para dormir.
Esta distribución ha sido clásicamente aceptada como el patrón fisiológico beneficioso y según el cual,
aceptando el inexistente tópico del individuo prototipo ideal del género humano, con el funcionamiento
solo y puro de la fisiología y sin las influencias derivadas del ambiente, este prototipo se acostaría a
las doce de la noche por haberse levantado a las ocho de la mañana. Después de esas ocho horas,
el tiempo restante de las dieciséis horas que completa el ciclo circadiano, quedaría en una distribución
arbitraría y voluntariamente reglada.
Se podría comparar la actividad del ser humano con el funcionamiento de una gran empresa de
organigrama complejo y múltiples actividades mecanizadas, con la dirección y mandos intermedios,
fábricas, máquinas, operarios, almacenes de la materia necesaria, en orden perfecto y con las oficinas
de contacto con el exterior: se programa y se emiten las órdenes desde la dirección para que sean
cumplidas por toda la cadena estructural; quizás más humildemente se deba comparar con el almacén
o la sencilla despensa al lado de la cocina, donde todo se guarda en orden hasta la necesidad de su
utilización.
Siguiendo el ejemplo de la empresa, al iniciarse la jornada, todas las órdenes se transmiten y ejecutan
con presteza y con una adecuada sincronización. Al progresar el día, la continuidad de las funciones
realizadas, con sus variadas exigencias para seguir el ritmo rápido de resultados, van creando
progresivamente un relativo desorden en los almacenes, derivado de la utilización de materiales y
seguramente relacionado en importancia con la mayor o menor actividad que se haya desarrollado:
cuanto más actividad realizada se altera más el orden necesario para funcionar bien.
Y al mismo tiempo, en relación directa con la actividad, se origina suciedad y basuras y subproductos
que necesitan ser eliminados.
e esta manera el ritmo se va lentificando y la productividad decrece, con altibajos periódicos de
D
recuperación parcial, con las oscilaciones naturales entre el rendimiento y el descanso que se dan en
cualquier actividad, y los consiguientes bajones que cada vez se hacen más profundos hasta llegar al
punto de interrupción total de la eficacia.
Supone el momento que se pueda proceder a realizar y completar la reorganización necesaria como
preparación para la nueva jornada: primero han de intervenir los equipos de limpieza para eliminar
residuos; después la clasificación ordenada, y finalmente la presentación funcional y estética como

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preparación para que puedan reanudarse todas las actividades propias de esa empresa, cumpliendo
con eficacia las órdenes de la dirección.
De forma parecida podemos establecer la comparación con el funcionamiento del ser humano, de
complejidad infinitamente mayor que cualquier empresa: al comenzar la jornada, todos los elementos
necesarios están disponibles para realizar cualquier actividad con la rapidez y precisión necesaria,
con la eficiencia habitual de cada persona; se responde inmediatamente ante cualquier requerimiento.
Con la actividad, utilizamos todos los utensilios de los que estamos dotados, que progresivamente
van perdiendo la estructura jerarquizada de su orden previo. Al progresar el día, la continuidad de las
funciones realizadas con sus variadas exigencias va provocando un desorden interno importante por los
cambios de todos los elementos fisiológicos requeridos, dificultando su disponibilidad. Esta progresiva
falta de disponibilidad por el desorden mayor al final de cada día, se traduce en el cansancio.
La reorganización se realiza automáticamente, como si la persona fuera una máquina regida
por unas reglas de funcionamiento, fuera del campo de la conciencia; las reglas de la fisiología y
se realizan con orden jerarquizado, en el tiempo específico del dormir. Se podría hablar de función
específica jerarquizada de los operarios del sueño que sigue un programa perfilado en relación con la
especialización de la función a desarrollar.
El cansancio conduce a la necesidad de dormir, como el acto fisiológico que realiza su función
en el sueño usado para recuperar la relación íntima entre los elementos fisiológicos utilizados. La
recuperación no es creación sino adecuación organizativa porque esta ordenación es necesaria para
mantener preparado al organismo como respuesta ante cualquier estímulo.
El sueño es una función fisiológica que está correlacionada con todas las otras funciones fisiológicas
del organismo. En fisiología la actividad es el componente mecánico y la función es su efecto, su
repercusión útil. Se puede comparar como ejemplo a la respiración que es el acto fisiológico y su
función es la oxigenación tisular. De forma similar se concretan las diferencias entre los conceptos
básicos: Dormir es una actividad; su función es el Sueño.

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CAPÍTULO 2
TEORÍA CLÁSICA.
La consideración de las variaciones fisiológicas que se producen en el organismo mientras se duerme,
supuso el punto de partida para el estudio científico del sueño: hay cambios de temperatura, respiración,
tensión arterial, etc.
Los conceptos básicos alcanzados en los estudios sobre el sueño desde su origen persisten
prácticamente inmutables, porque las variaciones relativas de apreciación que se pueden aportar
desde otra perspectiva, no modifican substancialmente la descripción que clásicamente se viene
aceptando como la teoría del sueño. El fondo de sus conclusiones permanece con absoluta vigencia,
plenamente aceptada en la actualidad tras la comprobación clínica, comparando la observación con
los comentarios de personas sanas como por pacientes con trastornos del sueño, y los conocimientos
conseguidos por los estudios de los laboratorios especializados,
El sueño no se realiza de una forma lineal directa (generalmente) sino que durante su desarrollo diario
y periódico se van sucediendo distintos cambios, fijos, que se repiten cíclicamente, reflejados en todo
el cuerpo.
La necesidad de dormir, provocada por el cansancio que exige la función del sueño acude y llega de
forma progresiva: primero se presenta una modificación del estado de conciencia que va disminuyendo
de forma gradual y más o menos rápida hasta la completa desconexión.
Quizás por esta razón el sueño ha sido motivo de estudio y preocupación desde hace mucho tiempo,
desde la antigüedad en la búsqueda de su significado porque esa pérdida temporal del contacto con la
realidad ha sido temerosamente interpretado en algunas culturas como una muestra de anticipación,
demasiado parecida y cercana a la muerte. Esta interpretación angustiosa perdura en el pensamiento
infantil, que a veces se prolonga hasta otros estadios evolutivos más avanzados.
La etapa de los conocimientos científicos del sueño se puede decir que tuvo su origen después del
descubrimiento de las corrientes eléctricas cerebrales con la descripción de los ritmos normales
durante la vigilia con los predominios más significativos: ritmos Alfa occipital y Beta frontal. Además
hay otros tipos ritmos que son mas lentos, Theta y Delta, y se acercan más a la patología si aparecen en
el trazado electroenecefalográfico de un registro realizado durante el tiempo en el que se está despierto
y en condiciones de reposo.
La aplicación de la electroencefalografía a los estudios del sueño fue casi inmediata tras su
descubrimiento, en el primer tercio del Siglo XX y es en ese momento, entonces, cuando se puede
decir que empieza la historia del conocimiento científico del sueño que pronto fructificó en la elaboración
de las teorías clásicas sobre el sueño.
Porque el trazado de sueño presenta unas características con peculiaridades significativas por las
variaciones en la amplitud, en la velocidad y en la cantidad de las ondas detectadas que posibilitan el
seguimiento de la progresión del sueño: se encontraron diferencias entre las agrupaciones de ondas
que se iban produciendo durante la progresión del tiempo que se permanece dormido, con unas
repeticiones cíclicas progresivas y con características similares.
Estas agrupaciones homogéneas, mantienen en la estructura cada una de ellas la la presencia residual
de los elementos que la preceden y la presencia incipiente de los elementos que la siguen: son grupos
de ondas de iguales características, pero que tienen mezclados los vestigios del grupo anterior y que
al final de su tiempo también ofrecen las primicias del grupo siguiente, sin tener una nítida delimitación

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específica, determinando, por el predominio estadístico de algún elemento, la categoría a la que se da
una denominación propia numérica.
Es decir, cada grupo de ondas presenta un exponente destacado y al mismo tiempo se acompaña de
los anteriores en menor cantidad y también empieza a presentar los elementos que predominarán en el
grupo siguiente. El grupo se define por el predominio del elemento destacado.
Las observaciones electroencefalográficas se relacionaron con el estudio de las variaciones
sincronizadas con otros componentes fisiológicos para determinar la correspondencia con cambios en
la temperatura, el tono muscular, la respiración, etc.
La correlación de aquellos fenómenos con las variaciones en el trazado electroencefalográfico permitió
una mayor sistematización de las teorías que hasta entonces se habían formulado y un acercamiento
más adecuado a la comprensión de su valor y significado. Así quedaron descritos, hasta la actualidad,
los distintos pasos que se van sucediendo durante el tiempo de dormir.
Y se diferenciaron cinco estadios diferentes, que en principio se distribuyeron en dos grandes grupos
según las características de las ondas registradas: un primer gran grupo con ondas progresivamente
lentas, en el que diferenciaron los cuatro primeros estadios numerados ordenadamente del I al IV. Y
un segundo gran grupo, el estadio de las ondas rápidas, que coincide con unos movimientos rápidos
de los ojos, y en el que se dan los ensueños.
Este modelo descriptivo sigue aún vigente como fruto de consenso, corroborado por los estudios de
todos los laboratorios y de los especialistas dedicados al tema.
La asociación de los movimientos oculares con los párpados cerrados y las ondas rápidas en el trazado
similar al de vigilia forzaron a la generalización de la evidencia, dando el nombre a esta parte, a esta
etapa del sueño. Constituyen el segundo gran grupo, de las ondas rápidas, y que por la similitud con el
trazado de la vigilia motivan la denominación de Sueño Paradójico, porque prevaleció la consideración
de los movimientos rápidos de los ojos para darle el nombre generalizado: sueño REM o sueño MOR.
Esta denominación esta relacionada con las siglas de esta peculiaridad ocular, que con la base en el
idioma inglés se llama REM, por las siglas que provienen de las iniciales de las palabras que lo definen
(Rapid Eyes Movement). Del mismo modo tambiése le dice sueño MOR, por las siglas derivadas de los
movimientos oculares rápidos. En contraposición, todo el primer gran grupo de ondas lentas se conoce
como NO-REM ó NO-.MOR.
Sospecho que la apariencia se interpreta como la evidencia que fue determinante para organizar
la agrupación diferenciada de las etapas en el estudio del sueño; y considero que la relación
asociada del descubrimiento de los movimientos rápidos de los ojos con los ensueños, origina una
amplia generalización desde lo particular, al interpretarse que, no solo cuando se sueña existen los
movimientos sino que siempre que aparecen esos movimientos se está soñando.
La presencia por repetición relativamente irregular de los movimientos oculares ha contribuido a la
consideración errónea, basada en la mala interpretación de la evidencia, al interpretar determinante
esta repetición aleatoria de los movimientos oculares como final de cada agrupación completa de las
etapas del sueño: siempre que se sueña existen los movimientos rápidos de los ojos pero no siempre
estos movimientos reflejan estar soñando.
De esta forma queda, Clásicamente, configurada la distribución de los Estadios del sueño en dos
grandes grupos bien diferenciados: el grupo de Ondas Lentas, que a su vez se subdivide en el grupo
del Sueño Superficial con los estadios I y II; y en el grupo del Sueño Profundo que abarca los estadios

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III y IV. A continuación queda el grupo de las Ondas Rápidas que se acompaña de los movimientos
rápidos de los ojos, REM o MOR. Según esta teoría clásica, todo el proceso durante el tiempo de dormir
se repite cada noche según rasgos personales, entre cuatro y siete veces.
Cada etapa o estadio cíclico, numerado del I al IV, dejando aparte el Rem, presenta además otras
peculiaridades específicas, tanto fisiológicas como del trazado. Antes del inicio pasa un tiempo variable,
útil a considerar, que se llama Latencia del sueño.
El estadio I, de la iniciación del sueño, etapa de la Somnolencia se distingue en el trazado
electroencefalográfico al principio por la alteración del ritmo alfa occipital, que disminuye su amplitud.
Se acompaña de progresiva disminución del tono muscular a medida que va profundizando el sueño y
un incipiente descenso de la temperatura.
El estadio II que ya es la confirmación plena del sueño, continuando la profundización desde el
sueño superficial, presenta una progresiva y mayor lentificación del trazado y la aparición de con
unos grafoelementos característicos en forma de Husos que se repiten y principalmente aparecen en
regiones anteriorea y centrales del cortex cerebral, y que se acompañan de oros elementos propios
(complejos K) formados por una onda bifásica de comienzo negativo seguido por una onda lenta
positiva de voltaje alto.
Estos elementos parecen ser la respuesta automática a los estímulos externos, ya que se ha producido
a este nivel de sueño una reducción de la reactividad sensorial en el cuerpo: los estímulos al recién
dormido pueden encontrar la respuesta en el trazado.
El estadio III supone la entrada en el sueño mas profundo con ondas lentas, amplias. Se acompaña
de un descenso del tono vascular periférico con una reducción de la Tensión Arterial Sistólica que
baja entre un 10 y un 20% mientras la Tensión Diastólica o de mínima queda mantenida; al mismo
tiempo descienden el ritmo cardiaco, la frecuencia respiratoria y el metabolismo basal, intensificando
la disminución del tono postural; el consumo cerebral de O2 decrece como reflejo de la reducción de
su actividad.
Cuando las características del sueño profundo aumentan hasta subir el porcentaje de ondas lentas
Delta a un valor superior al 50%, supone el paso al estadio IV, en el que se acentúan todos las rasgos
del estadio anterior. El conocimiento de la transición entre los estadios III y IV se establece de una
forma de predominio estadístico y poco diferenciada.
El estadio siguiente, que desarrolla la prolongación del sueño, no suele ser conocido como la
V etapa, ya que constituye una variación tan notable en los fenómenos que lo definen que parece
establecer una discontinuación. Es llamado Sueño Paradójico, tanto por las características del trazado
electroencefalográfico de estructura formada por ritmos rápidos alfa, similares al ritmo de vigilia, como
por las restantes características fisiológicas que lo acompañan, incluyendo los peculiares movimientos
rápidos de los ojos que se aprecian mientras permanecen los párpados cerrados, clásicamente
determinantes para la apreciación de esta etapa.
En esta V etapa, de Sueño Paradójico o REM o MOR el tono muscular se reduce al mínimo al mismo
que tiempo pueden aparecer contracciones mioclónicas esporádicas: la temperatura aumenta y el
consumo cerebral de Oxígeno se normaliza. Hay una disminución del automatismo vegetativo con
respiración irregular y tendencia a la erección genital.
Todo este conjunto de pasos, se ha venido aceptando que se repiten entre cuatro y seis veces cada
noche hasta completar el tiempo de sueño, siguiendo el ciclo circadiano y con una duración aproximada
de ocho horas que se corresponde con un tercio de la distribución horaria del día.

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CAPÍTULO 3
TEORIA DE LOS CICLOS FIJOS.
CONSIDERACIONES DE ORIGEN.
El sueño comienza a ser un problema cuando se pierde. Hasta ese momento todo el mundo duerme
siguiendo las reglas de la naturaleza, las leyes fisiológicas.
La naturaleza se repite, se copia a sí misma. Todos los acontecimientos, con la apariencia de
libertad entre unos márgenes, se van a desarrollar dentro de unas órbitas preestablecidas, amplias,
superpuestas, de las que es imposible salirse o apartarse.
El ser humano también se desenvuelve en un conjunto de órbitas o ciclos que resumen las características
individuales y quedan reflejadas en unas huellas o signos.
Descifrados a veces intuitivamente, el conjunto personalizado de estos signos constituye la base
de la vituperadas Ciencias Ocultas (astrología, adivinación, quirología, metoposcopia, percepción
extrasensorial, telepatía, radiestesia, etc.) porque no han sido sometidas al contraste del rigor científico,
pero que superviven a través de la historia a pesar de las duras críticas recibidas en las que se niega
la seriedad de sus contenidos, posiblemente porque siguen guardando su pureza originaria cuando
permanecen en la desinteresada línea de partida porque, bien es cierto que en la práctica de estos
conocimientos interfieren muchas supercherías que motivan la descalificación global.
Podrían ser llamadas con más propiedad Ciencias Desconocidas porque establecen la diferencia entre
la relativa y parcial aceptación crítica conformada desde la negación del prejuicio, restringiendo los
contenidos a la credibilidad de quien las practica y su confrontación aséptica, contra la deformada
credulidad indiscriminada que contribuye a su descrédito.
Todos los seres vivos en su actividad están sometidos a unos ritmos a modo de movimientos pendulares
en ciclos que repiten el paso por los mismos parámetros regidos por las leyes fijas que los regulan.
La observación y el estudio nos ponen en el camino para que estos ciclos en el ser humano puedan ser
descifrados, lo mismo que fueron interpretados los ciclos en la tierra con sus dos tipos de movimientos
básicos: traslación en su órbita y rotación sobre su eje con un ritmo fijo que establece la repetición
periódica de los cambios entre las estaciones y entre el día y la noche.
Estos ciclos condicionan en el ser humano los tipos de respuestas y las posibles variaciones de
la conducta, muchas veces incomprensibles pero que relacionados con los ciclos generales de la
naturaleza pueden resultar más asequibles para su interpretación.
Todo el mundo ha tenido vez ocasión de analizar su conducta, la respuesta en un momento determinado
y ante un estímulo específico para compararla a la respuesta diferente que se realizó en alguna ocasión
similar; en el examen interno se puede intentar atribuir la diferencia en la respuesta a la sorpresa, a la
distinta preparación en el momento, al aprendizaje o a cualquier otra justificación.
Pero en realidad somos conscientes de no estar siempre de la misma forma, con la misma energía ni
con los mismos reflejos; o bien por un estado de ánimo distinto, por una diferente confianza en uno
mismo o por un conjunto de apreciaciones íntimas que hacen cambiar las características y modos de
respuesta, su intensidad e incluso su violencia sin que estas variaciones se puedan considerar como
fruto de la experiencia, ni como reducciones expresivas atribuibles a la evolución de la edad, al peso
del paso de los años.

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Estas modificaciones en la apreciación íntima de nuestra evolución son la traducción de la toma de
conciencia de los ritmos biológicos, Biorritmos, estudiados de forma científica por la Cronobiología.
También se puede considerar que son recogidas en los conocimientos de la Astrología, menos aceptada
como ciencia, que nos supone sometidos a las influencias magnéticas de las conjunciones astrales
como organismos principalmente compuestos por minerales y sales disueltas en agua.
¿Quién no se ha dicho alguna vez?: "... si aquello me hubiera ocurrido ahora..." ó "... antes yo habría
respondido de otra forma..":
Las diferencias no están solamente en las características fisiológicas que cambian con el tiempo, ni
en la suerte, ni en el aprendizaje por dedicación continuada para tener una mayor experiencia, ni
en su falta. En este sentido habría que tener en cuenta la influencia que pueda tener la conjunción
rítmica en los ciclos de los aspectos personales con la influencia de todos los factores externos, porque
contribuyen a moldear las diferencias del ser con los demás y consigo mismo en diferentes momentos.
Es importante resaltar que existe una normativa general cosmobiológica que afecta a todo el mundo
Sobre esa normativa general ejercen u marcada influencia las características individuales de doble
base: bilógica y sociopsicológica. Es decir, se establece una base común para desarrollar las
capacidades individuales en momentos diferentes, pero el tiempo vivido como experiencia ejerce una
innegable presión sobre la actividad de la persona como aprendizaje, tanto sobre la biología como
sobre el psiquismo: no todo el mundo responde siempre de la misma forma y la experiencia del tiempo
vivido condiciona estas variaciones,
En el ser humano se pueden considerar las influencias de muchos tipos de ciclos: Estacionales,
Circadiano, Nictameral, Ultradiano, etc Los más aceptados y conocidos son los ciclos de la mujer de
cada 28 días (Catameniales) y bien sabido es que las respuestas y los estados de ánimo son diferentes
en la etapa premenstrual, cuando es frecuente oír la repetida frase "... ni yo me aguanto a mí misma en
esos días...". Estas características no se pierden ni se atenúan después de la menopausia.
Pero también se pueden encontrar síntomas parecidos en el varón, con cambios de carácter de
evolución cíclica, similares pero menos ostensibles por carecer de las manifestaciones corporales:
aparecen en ciclos cada 21 días.
La aplicación del conocimiento de estas diferencias de género permitiría establecer unas normas de
convivencia aconsejables para los miembros de la pareja clásica que sirvieran tanto para anticipar la
preparación de los momentos de mayor afinidad como para 3prevenir discrepancias y así evitar, dentro
de lo posible, las fricciones. Relacionando ambos ciclos se puede establecer, de forma general, que
después de algún momento de cercanía intensa, la repetición de esas circunstancias anímicas se
producirá a los tres meses, quedando por el contrario al mes y medio aproximadamente el momento de
mayor alejamiento. La particularización de esta fórmula se tiene que realizar con la confrontación de las
cifras de los dos componentes de la pareja.
Nuestros ciclos se realizan de una forma ordenada, relacionando nuestro funcionamiento con todo el
medio ambiente del universo. Sirven para reorganizar todos los elementos que durante el día se van
a utilizar para que el organismo recupere la preparación necesaria, física y mental y así pueda cumplir
el programa de su actividad con una regularidad en los cambios para la disposición de los recursos
desde la facilidad completa de la mañana hasta la progresiva necesidad de reposición que produce el
cansancio. Esta reposición se lleva a cabo en los Ciclos del Sueño.
La observación, aunando confluencias con las teorías clásicas, permite afirmar que cada noche se
repiten tres veces después de completar todos sus pasos. Por esta razón se pueden llamar Ciclos Fijos

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del Sueño.
Cada día el reloj biológico amanece lentamente y manifiesta las oscilaciones de su curso hasta el
declinar diario del cansancio vespertino, desde que cae la tarde, con el momento culminante en el reloj
circadiano en el punto cero de origen de cada día o sea, las 12 de la noche, que es el teórico momento
idóneo para que empiece la actividad fisiológica del dormir y para que el sueño realice su misión.
Las variaciones del estado de conciencia, del estado mental proporcionan un camino preciso para
avanzar en la comprensión del sueño. En primer lugar la luz de la conciencia se va atenuando de forma
progresiva, desde una leve disminución hasta su práctica abolición durante el tiempo de dormir. 4Al
mismo tiempo se aumenta el umbral de respuesta a los estímulos que se perciben con mayor dificultad
hasta alcanzar un estado de aislamiento sensorial casi completo: la respuesta al estímulo de cualquiera
de nuestros sentidos no se produce porque la captación sensorial queda reducida y la integración es
tan baja que no adquiere categoría de sensación para ser percibida; es como si no se sintiera nada
porque no se tiene conciencia del estímulo que llega desde el exterior.
Desde ese estado de desconexión profunda, cuando transcurre un tiempo fijo se produce un cambio
de dirección en el camino de la luz de la conciencia, que asciende hasta llegar cerca del plano de su
recuperación funcional pero sin llegar a conseguir plenamente ese nivel.
Los cambios de dirección en la luz de la conciencia, desde la profundización hasta el ascenso, se
acompañan de las oscilaciones similares en el umbral sensorial de respuesta, desde su reducción
hasta la elevación a un nivel más superficial, que permite la integración de los estímulos externos
pero sin llegar a la toma de conciencia de ellos, sin alcanzar el "darse cuenta" de los mismos y sin que
tengan que provocar una respuesta corporal como reacción adecuada porque no está acompañado
con el estado de recuperación muscular.
Esta función, que fisiológicamente se realiza seguida y sin solución de continuidad durante toda
la noche en el ser humano ideal adulto, no sigue el desarrollo lineal de las etapas descritas en la
teoría clásica sino que la progresión se cumple con unas oscilaciones repetidas periódicamente y van
formando agrupaciones de características similares que se pueden apreciar tanto en la observación
clínica como en los estudios de laboratorio.
Ciclos Fijos del Sueño: Clásicamente se dice que estas agrupaciones se repiten entre cuatro y seis
veces cada noche, pero la observación clínica nos permite superponer una distribución diferente, sin
que sea contraria, en la que separamos tres bloques6 claramente identificables, fijos, delimitados en el
tiempo que constituyen los CICLOS FIJOS DEL SUEÑO.
El Primer Ciclo, BÁSICO o ELEMENTAL, tiene aproximadamente un duración de tres horas y media
( 3 y ½ ) y su carencia , ausencia o falta de cumplimiento continuada (prolongada) es absolutamente
incompatible con la salud y con la vida. Equivale al mecanismo utilizado para un primer ordenamiento
rápido, para una puesta a punto apresurada de los elementos imprescindibles que permitan la actividad,
el funcionamiento en caso de emergencia de lo más necesario. Cumplido este ciclo, al despertar ya se
puede actuar bien pero de forma precaria y no muy duradera.
Hay un Segundo Ciclo, de CONSOLIDACIÓN, en el cual las funciones necesarias establecidas ya
han perfeccionado su misión, completando un orden que ya hasta permite una actividad general
normalizada, con eficacia plena y con características específicas personales de máxima eficiencia y
autonomía porque no se enfrenta la contrafuerza que toda acción provoca. En la teoría psicoanalítica
se corresponde con la liberación de la pesada plancha (cultural) que inmoviliza nuestra actividad menta.
En el terreno psíquico corresponde a la lucidez del "consultar con la almohada".

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Su duración viene a ser de unas dos (2) horas y coincide con el momento fisiológico habitual de
interrupción del sueño por la micción, que suele aparecer a las cinco horas y media (5 y ½ ) después
de iniciado el sueño. Ya puede venir un despertar descansado y suficiente, con la sensación de haber
descansado bien. Pero en realidad tendrá que ser complementado de alguna forma en algún momento,
con la siesta que completa la fisiología.
Y en el Tercer Ciclo, de LUJO o CALIDAD DE VIDA, la precisión impera en nuestro almacén interno.
Aquí ya la reestructuración y el orden están alcanzando su dimensión correcta y perfilan todos los
elementos necesarios para la nueva actividad .Su duración aproximada es de otras dos horas (2) y
completa el perfil fisiológico 7del tiempo necesario para que el sueño complete su función, establecido
entre siete y media a ocho horas. Y después del tercer ciclo, el ascenso de la luz de la conciencia, ya
cumplida la función restauradora del sueño, culmina en el despertar.
Rebasado este tiempo de ocho horas, sí se quiere persistir en la conducta de la prolongación del tiempo
del dormir se comienzan a malgastar los efectos de la función del sueño; y de esta forma estamos
utilizando mal las energías renovadas en una innecesaria continuación negativa del dormir forzado que
no contribuye a mejorar la sensación de descanso como se puede llegar a creer erróneamente, aunque
pueden existir ocasiones excepcionales provocadas por agotamiento físico que sí precisen un tiempo
adicional. Esta conducta de prolongación de dormir no contribuye a reforzar la sensación de descanso;
por regla general el tiempo de sueño perdido no se recupera.
La creencia, aceptando que cuanto más se duerme es mejor porque se debe estar más descansado,
es errónea y suele ser fruto de equivocados prejuicios o de motivaciones más profundas que
equivalen a mecanismos de evasión como huida ante problemas personales y ante realidades hostiles
insuficientemente afrontadas. El resultado negativo se puede reducir a la limitación de las posibilidades
de alcanzar soluciones o de establecer relaciones de conducta activa de vida.
La sensación ­subjetiva- del dormir bien o del mal dormir con el cansancio o el bienestar que se desprende,
es la aceptación ­cenestopática- de haber restaurado de forma suficiente o insuficientemente nuestras
necesidades electroquímicas, energéticas y metabólicas: electroquímicas de neuro-transmisión y
energético metabólicas de respuesta. Se debe conseguir cuando la cantidad de sueño es la adecuada
para completar su función y al mismo tiempo también es aceptable la calidad conseguida en el sueño.
Todo el tiempo utilizado en el dormir nocturno quedaría reflejado 8en la representación gráfica, con
una duración longitudinal de siete horas y media que se puede superponer a la representación de la
descripción clásica de la arquitectura y al enlazar con la actividad diurna nos permite presentar una
visión general de ciclo circadiano de las 24 horas.



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CAPÍTULO 4
ENGARCES ENTRE CICLOS.
Los ciclos del sueño se repiten de forma fija tres veces cada noche. Así debe ocurrir en el desarrollo
completo del curso del dormir nocturno para que al final del periodo el despertar sea placentero,
agradable, plenamente saludable y con la sensación de bienestar. Esta es la configuración deseable y
normal, que permite mantener la actividad diurna en plenitud de facultades físicas y mentales.
La transición entre los ciclos del sueño se realiza en los momentos en los que el sueño se acerca
a la frontera del despertar que aparee al final de la V etapa, y ofrecen la doble opción de continuar
durmiendo, para profundizar en la función reparadora con el ciclo siguiente o ascender en el plano de
luz de la conciencia para alcanzar la claridad del despertar. Suponen el momento en el que esta opción
del despertar se encuentra con facilidad por surgir de modo espontáneo y natural, completamente
diferente al despertar traumático y violento que en ocasiones impide que se complete el adecuado
tiempo de dormir.
Estos espacios de transición, que son los Engarces (enlaces o links) entre los ciclos, usualmente han
pasado desapercibidos a pesar de constituir un elemento esencial para el desarrollo normal del sueño
porque determinan los momentos en los que se puede seguir profundizando en el sueño o salir del
mismo con facilidad. Es más corto el primer Engarce entre los ciclos primero y segundo, que son los de
sueño más profundo, y algo más prolongado el Engarce entre los ciclos segundo y tercero, para permitir
un despertar más cómodo y funcional.
Para comprender el funcionamiento del sueño, relacionando los ciclos y sus engarces, podemos
refugiarnos en el ejemplo tomado de la actividad en una fábrica, comparando los pasos que se van a
seguir para completar un trabajo que tiene que ser realizado por diferentes equipos.
Los ciclos de sueño actúan como equipos coordinados en el tiempo pero independientes entre sí y
sin solución de continuidad en sus diferentes tareas: empieza cada uno cuando el equipo anterior
ha terminado: cada equipo realiza su misión de forma programada que se completa en el tiempo
establecido y deja paso al siguiente, que ya alcanza una mayor especialización para perfeccionar y
potenciar lo conseguido.
Se completan sus cometidos como si fueran hechos por equipos de diferente cualificación: un primer
ciclo con tipo de actividad genérico; un segundo ciclo con un tipo de actividad más específico y
finalmente el tercer ciclo con su perfil de actividad más diferenciado, más fino y exquisito. Cada uno de
estos equipos interviene tan solo en su ciclo prefijado único hasta completarlo; así el primero cuando
termina se retira y a continuación deja paso al siguiente equipo y este al siguiente hasta completar la
función específica de la reparación. El engarce significa el momento de transición, el tiempo de cambio
entre los equipos dando paso a la función mas avanzada.
Tras el primer ciclo del sueño profundo, de 3 horas y 1/2 de duración, hay un tiempo de engarce
corto y casi inexistente antes de continuar en la profundización del siguiente ciclo, el segundo. Este
engarce puede ser utilizado y aprovechado en caso de necesidad para salir del sueño en un despertar
no gratificante pero eficaz. Permite retomar el hilo de la actividad diaria al contar con una reposición
elemental pero suficiente y completa de todos los elementos precisos.
Fuera de este momento de engarce, antes o después de las tres horas y media, interrumpir el sueño con
el despertar interfiere la actividad del ciclo y acarrea inexorablemente un malestar físico (sensación de
mal cuerpo, escalofríos o distermia y lo que se llama "cuerpo cortado").

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El despertar, fuera de los engarces entre ciclos va acompañado de unos primeros movimientos mal
coordinados, vacilantes, de inestabilidad; y al mismo tiempo se acompaña de una restricción psíquica
de conciencia que impele al refugio en seguir durmiendo por encima de todo.
Propicia el fracaso de las buenas intenciones anteriores formuladas al acostarse con las promesas más
firmes, pero la única idea fija como visión restringida de la realidad es seguir durmiendo de cualquier
forma vg:. Se apaga el despertador, o los despertadores más lejanos... para seguir durmiendo; se
contesta el teléfono, cortésmente...para seguir durmiendo; o se finge cualquier trampa.... para seguir
durmiendo.
Puede suceder también en ocasiones que un erróneo y desmedido proteccionismo cariñoso de quien
tiene la misión de despertar, induzca a permitir "unos minutos más...por lástima", pensando que ayuda
al prolongar el descanso. Es una equivocación porque al rebasar el engarce, salir del sueño resulta más
difícil en medio de un ciclo.
Otras veces, sin que medie ninguna circunstancia externa, se puede caer en el engaño de la
autocomplacencia permitiéndose "tan solo unos minutos más" que se suelen traducir, fatalmente ... en
el llegar tarde. Pero si a pesar de todo se ha consumado el despertar, el esfuerzo que sigue carece de
eficacia y no armoniza ni se compagina con los resultados obtenidos, por estar estos condicionados
por la somnolencia. No se rinde.
Son datos a tener muy en cuenta para las actividades que precisan esporádicamente una limitación del
tiempo de sueño (estudiantes en el tiempo de preparación de los exámenes, conductores, etc.) porque
la lucha contra esta situación natural provoca el cansancio físico y la reducción del rendimiento y de la
claridad psíquica. La interrupción del sueño dentro del primer ciclo y fuera del engarce no obtiene un
rendimiento aceptable.
Tras el segundo ciclo, de Consolidación que tiene dos horas de duración y completa las cinco horas y
media del dormir, hay un tiempo de engarce más prolongado antes de continuar durmiendo en el tercer
ciclo. Suele coincidir con la necesidad fisiológica de la micción, que en muchos casos condiciona el
despertar.
El despertar en ese momento es de una sorprendente claridad mental porque no tiene ninguna oposición
como fuerza contraria, hasta el punto de permitirnos ver con facilidad la solución de los problemas que
nos preocupan; si no se anotan las soluciones captadas en ese momento se pierden porque no tienen
asidero y no quedan recogidas en la memoria. No se recuperan y se pierde la respuesta vislumbrada
con claridad en el despertar de la noche. Esta cualidad específica del segundo engarce es lo que se ha
llamado "... consultar con la almohada...".
Después de esbozada la solución de problema interno se establece una disyuntiva de conducta entre
el deseo de continuar durmiendo que se debe hacer dejando un corto tiempo de relajación, sin caer
en la estéril y negativa lucha con la almohada, porque el sueño debe retornar en pocos minutos para
continuar verificando su función como si se tratara de una sucesión ininterrumpida, para pasar después
al tercer ciclo que se va prolongando durante otras dos horas y que completa con su categoría de
Calidad de Vida y Lujo todo el conjunto de la función del sueño en un estadio más ligero y superficial de
Conciencia, hasta salir al plano superior del lúcido pleno despertar. La otra opción es la de aprovechar
el estado de conciencia lúcido para comenzar la actividad del nuevo día.
El despertar oportuno es satisfactorio y se acompaña de manifestaciones corporales que significan el
bienestar después de haber dormido bien y traducen, en la sonrisa ampliada a todo el cuerpo de los
movimientos de estiramiento (desperezamiento), la búsqueda de la tensión muscular del tono activo
necesario para afrontar la nueva jornada.

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Pero otras veces la urgencia fisiológica aparece inoportuna en cualquier otro momento del ciclo fuera
de los engarces, forzan

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