La angiopatía amiloide cerebral (CAA, por sus siglas en inglés) es una enfermedad de pequeño vaso caracterizada por el depósito de beta-amiloide en las paredes de arterias y arteriolas cerebrales. Esta acumulación patológica debilita los vasos sanguíneos y se asocia principalmente con hemorragias intracerebrales lobares recurrentes, así como con deterioro cognitivo progresivo, especialmente en edades avanzadas.
Aunque la CAA clásica es relativamente conocida en neurología, existen variantes poco frecuentes que pueden simular otros cuadros neurológicos y suponen un desafío diagnóstico en la práctica clínica. Entre ellas destacan la angiopatía amiloide cerebral relacionada con inflamación (CAA-ri) y la CAA iatrogénica (ICAA), entidades que pueden manifestarse con síntomas atípicos, evolución rápida y hallazgos superpuestos con otras demencias o procesos inflamatorios del sistema nervioso central.
Un reciente informe clínico presenta tres casos representativos de distintos síndromes asociados a CAA, incorporando el análisis de biomarcadores en líquido cefalorraquídeo (LCR) como herramienta complementaria al estudio neuroimagenológico. Estos casos aportan evidencia relevante sobre el valor diagnóstico del LCR y subrayan la importancia del reconocimiento precoz de estas variantes.
CAA: más allá de la hemorragia lobar clásica
Tradicionalmente, la CAA se ha vinculado a pacientes de edad avanzada con antecedentes de hemorragias cerebrales lobares espontáneas y progresión cognitiva lenta. Sin embargo, las variantes descritas amplían de forma significativa el espectro clínico:
- CAA-ri se caracteriza por una respuesta inflamatoria perivascular frente al depósito de amiloide, lo que puede provocar síntomas subagudos o rápidamente progresivos.
- ICAA, mucho más infrecuente, se ha relacionado con procedimientos médicos previos, como injertos durales, que podrían facilitar la transmisión de proteínas amiloides patológicas.
Ambas entidades pueden confundirse con encefalitis autoinmunes, demencias rápidamente progresivas o incluso tumores cerebrales, retrasando el diagnóstico y el inicio de tratamientos potencialmente eficaces.
Presentación de los casos: tres formas de un mismo espectro
Los tres pacientes descritos ilustran la heterogeneidad clínica de la CAA y el valor añadido de los biomarcadores en LCR.
- Caso 1: hemorragias recurrentes y sospecha de transmisión iatrogénicaEl primer paciente presentó ictus hemorrágicos recurrentes, con un antecedente relevante de injerto dural años atrás. Este dato clínico levantó la sospecha de una posible CAA iatrogénica, una entidad rara pero cada vez más reconocida en la literatura. La recurrencia de las hemorragias, junto con la distribución lobar y la historia quirúrgica, planteó la hipótesis de transmisión de amiloide asociada a material biológico implantado.
- Casos 2 y 3: demencia rápidamente progresiva y criterios de CAA-riLos otros dos pacientes consultaron por un deterioro cognitivo de rápida evolución, acompañado de cambios conductuales y déficits neurológicos focales. Ambos cumplían criterios diagnósticos de CAA-ri, una variante inflamatoria que puede debutar con síntomas que recuerdan a una encefalopatía subaguda.
En estos casos, el diagnóstico diferencial incluía enfermedad de Alzheimer de inicio rápido, encefalitis autoinmune y otras demencias atípicas, lo que pone de relieve la complejidad clínica de estas presentaciones.
Biomarcadores en líquido cefalorraquídeo: una herramienta complementaria clave
Un hallazgo común en los tres casos fue la disminución de los niveles de Aβ40 y Aβ42 en el LCR, un patrón compatible con el secuestro de beta-amiloide en los vasos cerebrales. Este perfil biomarcador refuerza la hipótesis fisiopatológica de la CAA y sugiere que el análisis de LCR puede aportar información valiosa más allá de la neuroimagen.
En uno de los pacientes se observó además un aumento de la proteína tau fosforilada (p-tau), lo que sugiere la coexistencia de patología tipo Alzheimer. Este hallazgo es clínicamente relevante, ya que apunta a la posibilidad de comorbilidad entre CAA y enfermedad de Alzheimer, una asociación cada vez más reconocida y con implicaciones pronósticas.
Diagnóstico diferencial: el papel del LCR junto a la neuroimagen
La resonancia magnética cerebral sigue siendo una herramienta fundamental para el diagnóstico de la CAA, especialmente mediante la identificación de microhemorragias lobares, siderosis superficial cortical y lesiones inflamatorias. No obstante, estos hallazgos no siempre son específicos y pueden solaparse con otras patologías neurodegenerativas o inflamatorias. En este contexto, los biomarcadores en LCR emergen como un complemento diagnóstico de gran utilidad. La combinación de neuroimagen y análisis bioquímico permite:
- Diferenciar CAA de otras demencias rápidamente progresivas.
- Identificar posibles casos con patología mixta (CAA + Alzheimer).
- Aumentar la confianza diagnóstica en variantes atípicas como CAA-ri o ICAA.
Importancia del diagnóstico precoz: implicaciones terapéuticas
El reconocimiento temprano de las variantes inflamatorias de la CAA es especialmente relevante desde el punto de vista terapéutico. A diferencia de la CAA clásica, la CAA-ri puede responder a tratamientos inmunomoduladores, como los corticoides, con mejoría clínica y radiológica en un número significativo de pacientes.
Un retraso diagnóstico puede traducirse en un deterioro neurológico innecesario y en la pérdida de una ventana terapéutica potencialmente reversible. Por ello, la integración sistemática de biomarcadores de LCR en pacientes con sospecha de CAA atípica podría tener un impacto directo en los resultados clínicos.
Retos pendientes y líneas futuras de investigación
Pese a su utilidad, el uso de biomarcadores en LCR en la CAA presenta limitaciones. Actualmente no existen umbrales claramente establecidos para Aβ40, Aβ42 o p-tau específicos de esta enfermedad, lo que dificulta su interpretación estandarizada.
Los autores subrayan la necesidad de:
- Estudios prospectivos con mayor tamaño muestral.
- Definición de valores de referencia específicos para CAA y sus variantes.
- Evaluación de la utilidad de estos biomarcadores en el seguimiento y la respuesta al tratamiento.
Conclusión
Estos tres casos clínicos ponen de manifiesto la diversidad clínica de la angiopatía amiloide cerebral y la dificultad de su diagnóstico en presentaciones atípicas. El análisis de biomarcadores en líquido cefalorraquídeo se perfila como una herramienta complementaria valiosa para apoyar el diagnóstico, diferenciarla de otras demencias y detectar posibles patologías concomitantes.
En un escenario clínico donde el diagnóstico precoz puede cambiar el pronóstico, especialmente en la CAA relacionada con inflamación, integrar de forma sistemática la información del LCR junto a la neuroimagen podría marcar una diferencia significativa en la atención a estos pacientes.
Resumen y adaptación editorial:
Virginia Candelas García (Cibermedicina / Psiquiatria. com)
Fuente original:
Cerebrospinal fluid biomarkers in cerebral amyloid angiopathy: insights from a clinical case series - Neurology Practice
Texto completo disponible en:https://www.scielo.br/j/anp/a/Tz7DKDYfqqLcMX6rw5xZ6TQ/abstract/?lang=en
Este contenido es un resumen adaptado. La autoría científica corresponde a los autores originales.
Artículo distribuido bajo licencia Creative Commons según la fuente original.