Las benzodiacepinas (BZD) son fármacos ampliamente utilizados para el insomnio y la ansiedad, pero su uso prolongado altera la arquitectura del sueño y podría favorecer el deterioro cognitivo.Principales hallazgos: Aumentan el sueño ligero (N2), reducen el sueño profundo (N3), interfiriendo en la reparación neuronal y la eliminación de toxinas, y disminuyen la fase REM, afectando la consolidación de la memoria.Riesgo de demencia: Se han identificado mecanismos potenciales como la acumulación de β-amiloide y proteína tau (Iliff et al., 2012), el deterioro de la plasticidad neuronal (Walker, 2009), la disminución de la actividad colinérgica (Braak & Del Tredici, 2011) y la reducción del metabolismo cerebral (Weise et al., 2018).Evidencia epidemiológica: Estudios como el de Billioti de Gage et al. (2014) encontraron un aumento del 51% en el riesgo de demencia en usuarios crónicos de BZD, mientras que Gray et al. (2016) y Zhong. et al. (2012) también vincularon el uso prolongado con deterioro cognitivo.Alternativas terapéuticas: Los antagonistas del receptor de orexina (DORAs), como suvorexant y daridorexant, inducen un sueño más fisiológico sin afectar la fase REM. Entre las opciones no farmacológicas, la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) ha demostrado ser igual o más efectiva que las BZD (Edinger et al., 2021), mientras que el mindfulness y la meditación mejoran la latencia del sueño y reducen la inflamación cerebral (Black et al., 2015). Además, el ejercicio y la dieta mediterránea son factores clave en la salud del sueño y la prevención del deterioro cognitivo.Conclusión: El uso crónico de BZD altera la estructura del sueño y podría estar relacionado con la demencia, por lo que se recomienda priorizar estrategias más seguras, como los antagonistas de orexina y las intervenciones no farmacológicas.