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Terapias de Pareja y de Família. Xavier Conesa. Psicologo MOLLET

Autor/autores: Terapia De Pareja Conesa-Serrat
Fecha Publicación: 06/12/2020
Área temática: Psicología general , Salud mental , Tratamientos , Trastornos de ansiedad , Trastornos de la Personalidad , Trastornos sexuales , Trastorno Control de impulsos .

Instituto Superior de Estudios Sexologicos. Estudios Universidad de Barcelona www.scielo.org

Resumen


Objetivos: describir los conflictos de pareja y familia expresados en los rasgos de las discrepancias entre las versiones de los hechos por parte de los pacientes.
Resultados: existen 1) tipos de discrepancia (respecto de los hechos, respecto del tema, respecto de aspectos cuantitativos y/o cualitativos, respecto de las relaciones "causales" entre los hechos), 2) discordancias entre relatos íntegros, entre un relato íntegro de uno de los sujetos y solo una escena del otro, entre una única escena en cada uno, que en uno corresponde al comienzo y en otro al desenlace de un relato, etc., 3) contradicciones entre los hablantes advertidas y no advertidas por ellos.
Estos rasgos permiten categorizar con mayor precisión y detalle los conflictos y los cambios positivos o negativos en la clínica de pareja y familia.


 


Introducción


La investigación de la complejidad y multiplicidad de los hechos que sobrevienen en una terapia de pareja y familia requiere que dispongamos de recursos y perspectivas algo más sofisticados de los implementados para el estudio de las situaciones clínicas en terapia individual. En este sentido, requiere, en primer lugar, que contemos con conceptos intermedios que combinen dichos hechos clínicos con los conceptos más generales y en segundo lugar que desarrollemos instrumentos para el enfoque de tales hechos clínicos desde la perspectiva de dichos conceptos intermedios.
Para dar un contexto al presente trabajo es preferible comenzar con una descripción del conjunto de nociones intermediarias que hemos desarrollado hasta el presente para poder enlazar las manifestaciones clínicas en las sesiones de pareja y familia con los conceptos y consiguientemente poder crear instrumentos sensibles para la captación de la multiplicidad y complejidad de los hechos. Un primer paso en nuestro intento de crear nociones intermediarias consistió en escoger ciertos conceptos útiles para categorizar los vínculos de pareja y familia, como los de contrato narcisista (entendido como acuerdo entre los integrantes tendiente a crear y mantener un equilibrio entre las identificaciones que preservan o incrementan el sentimiento de sí de cada uno) y de pacto denegativo (entendido como acuerdo entre los integrantes tendiente a rechazar aquello que amenaza el sentimiento de sí y a protegerlo del retorno de lo rechazado). Nos pareció que estos dos conceptos, desarrollados por P. Aulagnier (1975) y por R. Kaës (1976, 1991), articulados, podían crear un ordenamiento global de las manifestaciones. Entonces pasamos a sistematizar y operacionalizar estos conceptos (Maldavsky et al., 2010; Neves, N.; Álvarez, L. y Maldavsky, D., 2014), para lo cual los conectamos con el concepto de defensa en sus dos aspectos: rechazo de un aspecto de la vida psíquica displacentero que perturba el sentimiento de sí (como también es inherente al concepto vincular de pacto denegativo) y sustitución por otro placentero, que mantiene o refuerza el sentimiento de sí (como también es inherente al concepto vincular de contrato narcisista). Como la defensa tiene al menos tres estados (exitoso, fracasado y mixto), se nos abrió la posibilidad de pensar con estos conceptos los contratos narcisistas y los pactos denegativos en una pareja o familia: contrato narcisista exitoso, fracasado o mixto, etc. Estas articulaciones nos permitieron además proponer una categorización de los vínculos para aquellas situaciones en que ambos integrantes de una pareja tienen la misma o diferente defensa y el mismo o diferente estado de ella.
Como contamos con instrumentos que nos permiten estudiar los deseos y las defensas (y su estado) en el discurso de los pacientes (Maldavsky et al. 2007, 2013), se nos volvió accesible un análisis sistemático de los intercambios en las sesiones en su heterogeneidad y complejidad. Una vez que empezamos a implementar los instrumentos para estudiar los deseos y las defensas en manifestaciones concretas, nos encontramos con una nueva complicación, consistente en que resultaba difícil mantener el enfoque de que para cada vínculo existe un único tipo de contrato narcisista y de pacto denegativo, y que es más acorde con los hechos enfocar la situación en términos de una diversidad de contratos y pactos, en diferentes estados: exitoso, fracasado, mixto. Entre ellos algunos son más estables y otros menos, algunos parecen tener un carácter más nuclear en un vínculo mientras que otros pueden resultar complementarios.


Conflicto vincular


En este marco se nos hizo evidente que necesitábamos de otros recursos para detectar e investigar con más fineza otros aspectos concretos, como el de conflicto. En efecto, estamos habituados a pensar que las defensas, normales o patológicas, son tentativas de encontrar transacciones en los conflictos intrapsíquicos. Además, son frecuentes las referencias a los conflictos en los vínculos de pareja y de familia. Sin embargo, este concepto de conflicto, que en los procesos psíquicos individuales tiene un carácter preciso, en el terreno de los estudios sobre los vínculos de pareja y de familia resulta ambiguo, poco definido, y requiere de una operacionalización como camino hacia su estudio. Guiados por dicho interrogante, dimos nuevos pasos. Nos interesamos en las propuestas de los autores americanos que estudiaron el doble vínculo, consistente en contradicciones entre órdenes, reforzadas por otras dos, una que impide cuestionar dichas órdenes contrapuestas y otra que impide la fuga (Bateson et al., 1956), y que, en el contexto del psicoanálisis, fueron aprovechadas también por Anzieu (1975). Por nuestra parte, describimos cuatro tipo de contradicciones: pragmáticas (entre órdenes), semánticas (entre expresiones afectivas), lógicas (entre las palabras y los hechos), orgánicas (entre acciones que generan efectos contrarios en el propio cuerpo o el ajeno). Como enlazamos estas propuestas con un conjunto de conceptos referidos a los deseos y las defensas, estas propuestas nos permitieron disponer de una malla conceptual más fina para analizar los conflictos en una pareja o familia. Puede ocurrir que uno de los integrantes atrape a otro en la pareja en estas contradicciones, que cada uno atrape al otro en una contradicción, que puede ser la misma o diferente, y también puede ocurrir que dos integrantes de una familia atrapen de este modo a un tercero, o sean atrapados por este tercero.
A medida que avanzábamos en nuestras investigaciones clínicas se nos hizo más evidente que las contradicciones entre órdenes, descritas por Bateson et al, y las semánticas, entre expresiones afectivas, son más fáciles de detectar, resultan más evidentes, pero tienen menos peso que otras, ligadas con lo que hemos denominado contradicciones lógicas y orgánicas, no tan evidentes y más difíciles de asir. En varios de nuestros trabajos destacamos el efecto negativo (sobre su propio organismo o el ajeno) que implica para un integrante de una pareja o familia el hecho de estar dependiendo de otro cuya palabra no resulta creíble, es absurda o queda envuelto en su propia necedad. Esa palabra suele construir una realidad contrapuesta con otra, generada a partir de las propias vivencias, las representaciones y los pensamientos derivados de tales vivencias. Esta coexistencia entre dos tipos de realidad (la creada por la palabra ajena y la derivada del propio vivenciar y pensar) deja al sujeto carente de orientación, con un precario equilibrio que se desmorona al padecer sin recursos algunos golpes brutales (como podría ser una enfermedad, una ruina económica, una mudanza, un abandono). Además, suele ocurrir que una contradicción semántica (entre manifestaciones afectivas) o pragmática (entre órdenes) sea una expresión manifiesta de una contradicción lógica, más poderosa y eficaz que las precedentes en la patología vincular. Precisamente, nos interesa ahora encontrar las vías para detectar en la clínica de pareja y familia estas contradicciones lógicas. En una investigación previa (Maldavsky, 2012) investigamos en una sesión de familia (padre, madre, hijo adulto, internado en una institución psiquiátrica) las escaladas (en los actos de habla) en las discusiones entre madre e hijo y padre e hijo (no las había entre padre y madre). Las escaladas en la discusión madre-hijo se daban en torno de escenas (en los relatos) en las que la temática estaba ligada con la injusticia (para el hijo la madre era intrusiva y para la madre el hijo era arrogante), y estas escaladas solían diluirse. En cambio, las escaladas en las discusiones entre padre e hijo se daban en torno de lo que cada uno entendía como realidad (para el padre, al hijo no lo admitieron en el servicio militar por miopía y para el hijo, por la entrevista psicológica, para el padre el hijo era muy valorado en los trabajos, para el hijo, los trabajos le duraban poco tiempo), y se mantenían hasta que un tercero (terapeuta, esposa-madre) intervenía. Si el padre era rectificado, no exacerbaba su posición, mientras que el hijo se enzarzaba en cuestionar las versiones distorsionadas del padre respecto de la realidad. La situación terminaba en que el hijo decía que ambos no se entendían y tenía un estallido de violencia.
Pues bien, para poder aprehender con mayor fineza este tipo de estos atrapamientos, que corresponden a las contradicciones lógicas en el intercambio, apelamos a otra noción, más bien descriptiva, cercana a las manifestaciones, a saber la noción de discordancias entre los integrantes de una pareja o familia. Estas discordancias pueden ser detectadas en los relatos efectuados por los pacientes, y corresponden a versiones contradictorias de los hechos. Para precisar el tipo de discordancia, propusimos entonces un entramado de categorías. Todas ellas corresponden a la supuesta realidad que los pacientes describen, es decir al terreno de los relatos. La discrepancia puede corresponder a los hechos, a los temas, a las cantidades o las cualidades, a las relaciones entre hechos. Las discrepancias respecto de los hechos pueden consistir en que un integrante de un vínculo afirme que ocurrieron determinados sucesos y otro afirme que ocurrieron otros. Por ejemplo, al relatar los encuentros de la época del noviazgo, la mujer diga que pedía que la tratasen con cariño y el hombre diga que ella solo reclamaba dinero (es decir, se trata de una discrepancia acerca de qué pedía la mujer al marido), o, al describir las rutinas anteriores a irse a dormir en un matrimonio, una esposa diga que el hombre se pasa el tiempo ante la computadora mirando informativos meteorológicos y el marido diga que él se dedica a denunciar injusticias y abusos contra niñas sin recursos (es decir, se trata de una discrepancia acerca de qué hace el marido con la computadora antes de irse a dormir). La discrepancia respecto del tema se presenta cuando, por ejemplo, el hombre relata las preocupaciones por la salud de su madre, y la mujer se refiere a los conflictos con la directora del colegio donde va su hijo, quien ha sido criticado por su agresividad contra los compañeros del aula. Las discordancias además pueden centrarse en las cantidades, de una manera radical, en alguno de estos dos sentidos: aparece determinado acción o estado vs aparece su contrario (rico vs pobre, por ejemplo) o su contradictorio (está cansado vs no está cansado), pero también puede darse en torno de proporciones, de manera menos radical: estuvo gravísimo vs estuvo algo enfermo, o en torno de la frecuencia: siempre está gritando vs a veces grita. Como lo han comentado tanto Sebastián Plut como Ariel Wainer en las reuniones en que expusimos estas ideas, estas últimas discordancias pueden tener un carácter más bien cuantitativo, en términos sea de intensidad (muy enojado vs un poco enojado), sea de duración (toma alcohol todas las noches vs toma alcohol solo alguna noche). Un ejemplo de discrepancia de carácter cuantitativo puede consistir en que uno de los integrantes de una pareja dice que fuera de la sesión cada uno se refugia siempre en su interpretación de los hechos y desconsidera la perspectiva del otro y el otro integrante de la pareja dice que esto no ocurre siempre así, sino que esto es algo que solo hace el otro. En tal caso la oposición se da entre uno que dice que ambos hacen lo mismo y otro que dice que solo el otro lo hace, pero no él. La discrepancia puede además no abarcar a los hechos sino a su cualidad o valoración, como cuando una mujer dice que su padre, que enfrentó a unos ladrones que ingresaron en su casa, es un valiente, y el hombre a su vez opina que el padre de su esposa es un estúpido por arriesgar su propia vida y la de su familia. Otro tipo de discrepancia se centra en las relaciones "causales" entre los hechos.
Puede ser que sobrevenga una discusión en que alguno de los integrantes de un vínculo tome determinado acto del otro como causa de su malestar y que otro lo tome como efecto de actos previos generados por el primero o por un tercer integrante de la relación. Así ocurre, por ejemplo, cuando un hombre se queja de que cuando él llega a la casa la mujer está malhumorada, y esta replica que está así porque como otras veces, luego de haberse ido a trabajar él la había llamado por teléfono para hacerle numerosos pedidos sin tomar en cuenta que ella ya había organizado otras actividades. En tal caso la discusión consiste no tanto en lo considerado como realidad sino en si esta realidad debe ser entendida como causa o como consecuencia.
Así, pues, las discrepancias pueden corresponder a los hechos, a los temas, a las cantidades o las cualidades, a las relaciones "causales" entre los hechos. En todos los casos se trata de una referencia a la realidad, su valoración y los nexos entre los hechos. Además, las discordancias pueden abarcar el terreno del cuerpo o del dinero (está muy grave vs está totalmente sano o tenemos mucho dinero vs estamos en la ruina), al terreno de la coincidencia entre las palabras y lo mentado por ellas (este hecho ocurrió recibe determinado nombre vs tal hecho no recibe determinado nombre, sino otro), al terreno de los afectos (está triste vs está rabioso), al terreno de las acciones (abusa de su poder vs es víctima de una injusticia), al terreno de lo socialmente correcto (es virtuoso vs es vicioso), al terreno de la dignidad (es pusilánime vs es ambicioso), al terreno de la estética (es fascinante vs es nauseabundo). En consecuencia, también es posible estudiar en torno de qué escenas se dan las discrepancias respecto de la realidad. Estas nuevas categorías podrían permitir una más clara descripción de los conflictos en una pareja y familia y ofrecerían una apertura a la diversidad de las manifestaciones con un enfoque más preciso y refinado, sobre todo para definir en cada caso en qué consiste un conflicto en un vínculo tal como resulta expuesto en determinado segmento de un intercambio en las sesiones. En consecuencia, un conflicto puede consistir en que dos o más integrantes de un vínculo 1) disientan en cuanto a la realidad narrada, 2) disientan en cuanto al tema, 3) disientan en cuanto al carácter cuantitativo o cualitativo de determinada realidad, 4) disientan en cuanto a las relaciones entre los hechos.
Claro está, con esta descripción de las diferentes alternativas solo pretendemos abarcar un sector de los conflictos que se presentan en una terapia de pareja o familia. Otros conflictos, en cambio, pueden expresarse en el terreno de las escenas desplegadas en las sesiones (sea en los actos de habla, en los componentes paraverbales, o en la motricidad, sea en una combinación entre varios de estos aspectos de las manifestaciones). Suele ocurrir que las mismas discrepancias expresadas en los relatos se desplieguen también en los intercambios durante las sesiones. También pueden darse contradicciones entre las anécdotas relatadas y las desplegadas en el momento de relatar, como por ejemplo una mujer habla aceleradamente, grita o sacude las piernas, etc., al mismo tiempo que se narra un intercambio aparentemente calmo con su hija.


 


Bibliografía


1. Anzieu, D. (1975). Le groupe et l’inconscient, Paris: Dunod, ed. revisada, 1981.


2. Anzieu, D. (1981). Le corps de l’oeuvre. Paris: Gallimard.


3. Aulagnier, P. (1975). La violencia de la interpretación. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1977.


4. Bateson, G. et al. (1956). Hacia una teoría de la esquizofrenia. En C. Sluzki (Ed.). Interacción familiar. Buenos Aires: Tiempo Contemporáneo, 1971.


5. Kaës, R. (1991). Lo negativo, figuras y modalidades. Buenos Aires: Amorrortu Editores.


6. Maldavsky, D. (2012). Investigación de las coincidencias y discrepancias en una sesión de familia. Un estudio del discurso de sus integrantes con el algoritmo David Liberman (ADL). Revista Actualidad Psicológica, 414, 26-32.


7. Maldavsky, D. (2013). ADL Algoritmo David Liberman. Un instrumento para la evaluación de los deseos y las defensas en el discurso. Buenos Aires: Paidós.


8. Maldavsky, D. et al. (2007). La intersubjetividad en la clínica psicoanalítica. Investigación sistemática con el algoritmo David Liberman (ADL). Buenos Aires: Editorial Lugar.


9. Maldavsky, D.; Roitman, C.R.; Álvarez, L.H.; Neves, N.; Britti, A.M. y Tate de Stanley, C. (2010). Sobre la investigación de los procesos subjetivos en psicoterapia de pareja. Revista Clínica e Investigación Relacional (CEIR), 4(3), 648-670.


10. Neves, N.; Álvarez, L. y Maldavsky, D. (2014). Investigación sobre parejas, familias y grupos. Operacionalización de los conceptos de pacto negativo y contrato narcisista. Revista Subjetividad y Procesos Cognitivos, 18(1), 227-244.


Autores: Delia Scilletta y David Maldavsky

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Psicólogo - España
Fecha: 09/12/2020



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