La ética enfermera ha de ser una construcción moral que oriente las actitudes y los comportamientos de los profesionales hacia la provisión de cuidados que promueven la salud, prevengan sus alteraciones, contribuyan a la recuperación y rehabilitación de las personas enfermas, y ayuden a vivir o morir con dignidad cuando la mejoría o la recuperación no sean posibles, y todo ello, desde el reconocimiento del ser humano en su totalidad y el respeto de los valores culturales y sociales.