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El significado atribuido a la jubilación en una muestra de personas jubiladas españolas.

Autor/autores: Feliciano Villar
Fecha Publicación: 01/01/2003
Área temática: Neurocognitivos, Trastornos neurocognitivos .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

La jubilación es sin duda uno de los acontecimientos más importantes y normativos que marca nuestra segunda mitad de la vida. A pesar de ello, las investigaciones realizadas hasta el momento no son claras respecto a cuál es el impacto de este evento: mientras algunas hablan del los efectos negativos de la jubilación sobre la estima de la persona mayor, otras resaltan el carácter de oportunidad y nuevo comienzo que representa.

Los objetivos del trabajo que presentamos son fundamentalmente dos: en primer lugar, examinar cuáles son los significados más frecuentemente asociados a la jubilación, en segundo explorar algunas variables que pudieran influir en la presencia de unos u otros significados, como por ejemplo el compromiso de la persona con el trabajo, el tiempo transcurrido desde la jubilación o el número y variedad de actividades de ocio desempeñadas por la persona mayor un vez jubilada. Las variables tenidas en cuenta se operacionalizaron en forma de cuestionario. Una muestra de 180 personas ya jubiladas participaron en nuestra investigación completando los cuestionarios. Los primeros resultados implican que la jubilación se asocia a más significados positivos que negativos y que la relación de la persona con el mundo del trabajo y la actividad puede tener algún efecto en la manera en la que la persona mayor vive su nuevo estatus de jubilado.

Palabras clave: Actividades de ocio, Jubilación, Trabajo


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El significado atribuido a la jubilación en una muestra de personas jubiladas españolas.

Estanislao Pastor; Feliciano Villar; Joan Boada; Mercè Chiapella; Sergi Macip.

Departamento de Psicología Universitat Rovira i Virgili
Tarragona, España

PALABRAS CLAVE: Jubilación, Trabajo, Actividades de ocio.

 

Resumen

La jubilación es sin duda uno de los acontecimientos más importantes y normativos que marca nuestra segunda mitad de la vida. A pesar de ello, las investigaciones realizadas hasta el momento no son claras respecto a cuál es el impacto de este evento: mientras algunas hablan del los efectos negativos de la jubilación sobre la estima de la persona mayor, otras resaltan el carácter de oportunidad y nuevo comienzo que representa.

Los objetivos del trabajo que presentamos son fundamentalmente dos: en primer lugar, examinar cuáles son los significados más frecuentemente asociados a la jubilación, en segundo explorar algunas variables que pudieran influir en la presencia de unos u otros significados, como por ejemplo el compromiso de la persona con el trabajo, el tiempo transcurrido desde la jubilación o el número y variedad de actividades de ocio desempeñadas por la persona mayor un vez jubilada.

Las variables tenidas en cuenta se operacionalizaron en forma de cuestionario. Una muestra de 180 personas ya jubiladas participaron en nuestra investigación completando los cuestionarios. Los primeros resultados implican que la jubilación se asocia a más significados positivos que negativos y que la relación de la persona con el mundo del trabajo y la actividad puede tener algún efecto en la manera en la que la persona mayor vive su nuevo estatus de jubilado.



Introducción

La jubilación es sin duda una de las transiciones evolutivas más importantes que la persona experimenta en la segunda mitad de la vida, pese a que este proceso ciertamente esté cambiando y la tendencia, al menos en los países europeos y en Estados Unidos, es a que sea cada vez más flexible y esté menos ligado a una edad concreta.
Sin embargo, y aunque su importancia en la vida de la persona es reconocida unánimemente, los resultados obtenidos hasta el momento por la investigación psicosocial y evolutiva centrada en la jubilación nos ofrecen un panorama complejo, cuando no contradictorio.

Así, tradicionalmente se ha asociado la jubilación a impactos negativos en la satisfacción vital y otras medidas de bienestar personal (por ejemplo, Elwell y Multbie-Cranell, 1981; Bossé, Aldwin, Levenson y Eckerdt, 1987). En cambio otros hablan de efectos contrarios, mostrando como los jubilados muestran un descenso en las preocupaciones vitales, nivel de ansiedad y un aumento en la satisfacción personal y salud subjetiva (por ejemplo, Thériault, 1994). También encontramos algunos estudios que encuentran efectos positivos en unas dimensiones y negativos en otras (por ejemplo Reitzes, Mutran y Fernández, 1996) y aun otros parecen mostrar que la continuidad y la ausencia de cambios es lo más destacable (por ejemplo, Palmore, Fillenbaum y George, 1984; Gall, Evans y Howard, 1997).

Una de las claves que puede ayudar a entender estos resultados contradictorios es que la jubilación, además de ser un acontecimiento puntual, es también un proceso. Es bien sabido que, debido a que en la mayoría de casos es algo esperable, las personas se forman expectativas sobre como va a cambiar su vida una vez jubilados (Berjano y Llopis, 1996; Gee y Baillie, 1999). Cuando esto sucede, el posible impacto puede cambiar con el tiempo a medida que la persona pone en marcha mecanismos de adaptación a la nueva situación. Una de las propuestas más influyentes y conocida que inciden sobre esta idea de la jubilación como un proceso es la de Atchley (1976), quien diferencia una serie de fases, ya clásicas, por las que pasaría la persona que se jubila. En la primera de ellas, antes de jubilarse, la persona se formaría una serie de expectativas sobre cómo va a cambiar su vida y lo que va a poder hacer una vez jubilado. Tras la jubilación, Atchey piensa que sigue una fase de ‘luna de miel’, en la que la persona intenta poner en marcha todos esos proyectos imaginados.

Si las expectativas eran demasiado elevadas o los recursos para llevar a cabo con éxito esos proyectos no existen, el jubilado podría experimentar una fase de desencanto y un descenso de la satisfacción personal. En cualquier caso, con el tiempo la gran mayoría de jubilados serían capaces de reorientar sus actividades y prioridades vitales para alcanzar una serie de rutinas cotidianas satisfactorias. Cuando se han intentado comprobar empíricamente la existencia de estas fases, sin embargo, los resultados todavía no son claros. Por ejemplo, un estudio longitudinal llevado a cabo por Gall, Evans y Howard (1997) que comprendía desde un año antes de la jubilación hasta seis después de jubilarse, muestra como, si bien existe una tendencia a que la satisfacción personal aumente tras la jubilación para luego, pocos años más tarde decaer, esta tendencia es tan ligera que los autores destacan la estabilidad global de la satisfacción con las actividades realizadas y con la vida en general. Esta misma tendencia aparece de forma algo más acusada, sin embargo, en un reciente estudio de Kim y Moen (2002).

Fundamentadas en parte en estas fases propuestas por Atchley, algunos otros investigadores (Hornstein y Wapner, 1985; Hanson y Wapner, 1994; Gee y Baillie) han propuesto cuatro formas diferentes de experimentar la transición a la jubilación. La primera es vivirla como un descanso y alivio tras años de duro trabajo. La segunda, contemplarla como un nuevo comienzo lleno de oportunidades y más libre. En tercer lugar, había jubilados que viven esta transición como una pérdida de actividades y roles muy valorados. Por último, estarían también aquellos que ven la jubilación como un periodo de continuidad , sin atribuirle ningún valor especial ni negativo ni positivo. En este caso, y a diferencia de lo que sucedía con el trabajo de Atchley, estas dimensiones se proponen no como fases de un proceso de ajuste, sino más bien como formas alternativas de vivir la jubilación que diferencian a unos individuos de otros.

Así, el primer objetivo de nuestro estudio se centra en el estudio de los significados atribuidos a la jubilación en una muestra de personas ya retiradas de nuestro país, contexto del que, lamentablemente, carecemos de suficientes investigaciones. Nuestra intención es comprobar si estos significados diferentes de la jubilación podrían ser atribuidos más bien a diferencias individuales o existen indicios de que se organizan en forma de fases. En este último caso, esperaríamos que, incluso en un estudio transversal, existiese cierta relación entre la manera de vivir la jubilación y el tiempo que ha pasado desde que la persona dejó el trabajo.

Con independencia de que tienda a organizarse en forma de proceso evolutivo o no, un importante núcleo de investigación respecto al impacto de jubilación se ha centrado en los factores que parecen determinar la naturaleza de esa experiencia o ser consecuencia de ella.
Así, se ha hablado del efecto positivo que tiene disponer de unos recursos suficientes (por ejemplo, Richardson y Kilty, 1991), una buena salud (por ejemplo, Mutran, Reitzes y Fernández, 1997) o unos vínculos familiares y sociales (por ejemplo, Vinick y Eckerd, 1989, 1991) en la experiencia positiva de la jubilación. Muy relacionado con todo ello se encuentra también el tema de las actividades.

Parece que participación del jubilado en asociaciones y grupos formales o informales, así como el desarrollo de aficiones y actividades recreativas (ya presentes antes de la jubilación o que el jubilado descubre a posteriori) que puedan compensar hasta cierto punto algunos de los beneficios que la persona extraía de su implicación en el mundo laboral favorecen una adaptación sin problemas a este nuevo estado. Aquellas personas en las que los roles familiares no han sido centrales o que han carecido de actividades de tiempo libre ajenas a lo laboral son probablemente quieres tendrán más dificultades para ajustarse a la nueva situación vital que implica la jubilación (Leturia, Yanguas y Leturia, 1994; Sáez, Meléndez y Aleixandre, 1995).


En este sentido, algunos autores hablan de una ‘ética del trabajo’ dominante en las sociedades occidentales por la que el valor que atribuimos a la persona (y el que la persona se atribuye a sí mismo) depende en gran medida de su capacidad de implicarse y ser productivo a partir de la actividad laboral y de mostrar características personales relacionadas, como son la iniciativa, la competitividad, la confianza en uno mismo, la laboriosidad, etc. De acuerdo con autores como Eckerd (1986), la persona podría amortiguar el impacto de la jubilación sustituyendo la ética del trabajo por un sucedáneo social y personalmente aceptable, como puede ser la ética del ‘estar ocupado’.

Así, la implicación en múltiples actividades podría sustituir el valor personal del trabajo remunerado y contribuir a adaptarse a una etapa de la vida para la que no se especifican tareas productivas normativas.
Sin embargo, quizá más que plantearse que la actividad se relaciona con cierta vivencia de la jubilación y no con otra, nos podríamos preguntar si estas vivencias se relacionan con la realización de cierto tipo de actividades y no de otras. En este sentido, Lawton (1993) propone una clasificación de las actividades de ocio fundamentándose no tanto en sus propiedades ‘objetivas’, externas o abstractas, sino centrándose en las connotaciones que la actividad puede tener para quién la lleva a cabo, en las intenciones con las que es probable que la realice y la aportación que busca en ellas. Desde este punto de vista, lo importante son tanto las motivaciones para realizar la actividad como las funciones que esta cumple para la persona.

Partiendo de estos supuestos, Lawton (1993) establece una tipología que clasifica las actividades en tres grandes grupos:

· Actividades experienciales: Son aquellas que se realizan sin tener una finalidad más allá de ellas mismas, en las que la motivación se encuentra en la propia realización de la actividad, realización que aporta disfrute a la persona sin buscar una recompensa extrínseca. En la mayoría de ocasiones son actividades que no implican un gran esfuerzo físico ni intelectual para llevarse a cabo.

· Actividades sociales: En este caso, la actividad se realiza por el valor que tiene para reforzar, establecer o mantener vínculos sociales y contactos positivos con terceras personas. También incluiría actividades centradas en la consecución de estatus social, donde la meta es de carácter más competitivo que colaborativo, así como aquellas que implican aspectos de voluntariado y servicio a terceras personas.

· Actividades de desarrollo: Por último, las actividades de desarrollo se llevan a cabo para conseguir una meta extrínseca que es valorada por la persona y que en algún sentido va a hacer que la persona cambie o llegue a ser diferente de lo que es. Incluye actividades de carácter intelectual, de carácter creativo o que tienen un componente de trabajo voluntariamente aceptado por la persona. En general, implican esfuerzo o la movilización de conocimientos o habilidades de los que dispone la persona.

Así, si realmente la jubilación se experimenta principalmente a partir de significados fundamentados en un nuevo comienzo, podríamos pensar que las actividades de desarrollo (y las sociales, especialmente aquellas que implican ayuda o cuidado de otros) podrían ser especialmente frecuente. En cambio, otros significados más vinculados a la jubilación como etapa de descanso o como incluso pérdida podrían estar vinculados a la realización de otras actividades de tipo más experiencial, especialmente aquellas que no implican gran esfuerzo o son en cierta medida pasivas.

Para ilustrar estas ideas vamos a exponer un pequeño estudio empírico que tendrá como objetivo aportar algunos datos preliminares sobre las siguientes dos cuestiones:

· Comprobar qué significados atribuyen las personas ya retiradas a la jubilación, cuáles son los significados dominantes y hasta qué punto los años transcurridos desde la fecha de jubilación pueden influir en estos significados.

· Comprobar las relaciones entre la frecuencia con la que se realizan ciertas actividades una vez retirado y la presencia de unos significados u otros asociados a la jubilación.


Método

El estudio se llevó a cabo con una muestra de 170 personas jubiladas con edades comprendidas entre los 58 y los 88 años (media 71,9 años, des. típica 8,01 años). De ellos 82 fueron hombres y 88 mujeres. Como promedio, las personas de la muestra habían comenzado a trabajar a los 17,01 años (des. típica 6,4 años) y llevaban ya jubiladas 9,3 años (desv. típica 5,6). De los 170 participantes, la gran mayoría estaba casado (64% de la muestra), siendo los viudos un 22% y los solteros un 14%.

Las personas fueron extraídas de las conferencias y cursos para personas mayores que organiza la Universitat Rovira i Virgili. Este programa de conferencias tiene una duración anual y se lleva a cabo en diferentes poblaciones de la provincia de Tarragona (esta provincia está situada aproximadamente a 100 kilómetros al sur de Barcelona). Al final de una de estas conferencias los investigadores presentaron los objetivos de la investigación y repartieron los cuestionarios. El único criterio de exclusión fue que la persona no hubiese tenido un trabajo remunerado antes (por ejemplo, las amas de casa). A la semana siguiente y en el mismo contexto los investigadores volvieron a recoger los cuestionarios ya completados.

Obviamente, trabajar con una muestra extraída de este colectivo hace que la generalización de los resultados a otro tipo de personas mayores sea muy limitada. Entre otras características, nuestra muestra presentaba un nivel estudios ligeramente superior al que como promedio habitualmente las personas de su edad. Así, 17 de ellos habían cursado una carrera universitaria, 73 estudios secundarios, 78 tan sólo disponían de estudios primarios y únicamente dos personas mencionaron no tener ningún tipo de estudio.

En referencia a los datos que presentamos, los sujetos tuvieron que contestar dos cuestionarios:

· Un cuestionario de significados acerca de la jubilación, traducido y adaptado del utilizado por Richardson y Kilty (1991). Nuestra versión constaba de 19 ítems que se agrupaban en cuatro dimensiones diferentes (pérdida, nuevo comienzo, continuidad y descanso). Cada uno de los enunciados disponía de una escala de 1 a 6 (de ‘total acuerdo’ a ‘total desacuerdo’) en la que el participante debía pronunciarse.

· Un cuestionario de actividades que comprendía 23 diferentes. Para cada una de ellas el participante debía especificar la frecuencia con la que esa actividad era llevada a cabo en una escala de 1 a 4 (de ‘nunca’ a ‘muy frecuentemente’).

De estas actividades, para el estudio que presentamos se escogieron sólo aquellas que consideramos prototípicas de un tipo de actividad experiencial, social o de desarrollo. Así, las actividades analizadas en función de la dimensión en la que se incluyeron fueron las siguientes:

· Experienciales: Ver la televisión, escuchar la radio, pasear, ir de compras, viajar.

· Sociales: Asistir a fiestas o bailes, Ir de visita a casa de familiares o amigos, conversar

· De Desarrollo: Practicar deporte, trabajar, promover o dirigir asociaciones, participar en actividades de formación, asistir a actividades culturales, realizar manualidades o actividades creativas.

El resto de actividades ha sido excluido de los análisis expuestos en este artículo, al considerar que representaban de forma más imprecisa esas tres tipologías.


Resultados y conclusiones

Significados asociados a la jubilación

De acuerdo con el primero de los objetivos expuestos en la introducción, examinamos el grado de acuerdo que presentaba cada uno de los enunciados del cuestionario sobre la jubilación. Los resultados de acuerdo medio los podemos observar en la siguiente tabla, junto con la dimensión a la que se adscribía cada enunciado.

 




Como observamos en la tabla, los significados asociados a la jubilación más frecuentemente son los de descanso y nuevo comienzo, mientras que los menos frecuentes en nuestra muestra eran sin duda los de pérdida. Los significados asociados a la idea de continuidad ocupan, como podemos observar, los lugares intermedios. En conjunto, en nuestra muestra sin duda predominaban los significados positivos respecto a la jubilación.

 

Las diferentes dimensiones, sin embargo, no pueden considerarse independientes entre ellas. En la siguiente tabla mostramos las interrelaciones existentes:

 




Como vemos, las relaciones entre las diferentes dimensiones, aunque no demasiado elevadas, van en la dirección esperada en la mayoría de casos. Así, ‘pérdida’ y ‘nuevo comienzo’ se relacionan negativamente y no comparten ningún correlato más. Por el contrario, ‘descanso’ parece asociarse positivamente tanto a ‘nuevo comienzo’ como a ‘continuidad’, pero no a ‘pérdida’. Por último, ‘continuidad’ se relaciona significativamente con ‘pérdida’.

Así, dentro de un continuo de mayor a menor favorabilidad, los resultados confirman la idea de que, con independencia de que se dirijan a significados cualitativamente diferentes, pérdida y nuevo comienzo formarían los extremos de ese hipotético continuo, con descanso y continuidad situados en la zona intermedia.


Variables demográficas: relación con significado de la jubilación y actividades

Una segunda cuestión interesante es analizar las posibles relaciones entre las puntuaciones de los sujetos en el cuestionario sobre la jubilación y algunas variables demográficas recogidas.

En este sentido, el nivel de ingresos mostró correlaciones significativas con alguna de las dimensiones. En concreto, los ingresos correlacionaban negativamente con la dimensión ‘continuidad’ (r=-0,211; p<0,01) y con ‘descanso’ (r=-0,225; p<0,01). La correlación también era negativa con la dimensión ‘pérdida’, pero positiva con la dimensión ‘nuevo comienzo’, aunque en ninguno de estos dos casos alcanzó significación estadística.

Ni la edad ni los años transcurridos tras la jubilación correlacionaron con ninguna de las dimensiones de la experiencia de la jubilación. Esta relación no se alcanzaba ni categorizando la edad o los años transcurridos en grupos extremos, descartando los valores centrales.
En cuanto al sexo, la dimensión ‘continuidad’ fue la única que mostró diferencias entre hombres y mujeres. Las mujeres mostraron más acuerdo promedio con los enunciados de esta dimensión que los hombres (t=-2,644; p<0,01). Esta diferencia resulta comprensible si tenemos en cuenta que, aun trabajando fuera de casa, el trabajo del hogar todavía hoy (y especialmente en las generaciones más mayores) es asumido de forma mayoritaria por mujeres. Como este trabajo sigue tras la jubilación, puede contribuir a dar continuidad al proceso.

Estas variables demográficas también mostraron un patrón de relación similar con las diferentes dimensiones de la actividad. Así, la variable ingresos se relacionó de manera positiva con las actividades de desarrollo (r=-0,191; p<0,05) y negativamente con las actividades experienciales (r=0,209; p<0,01). El sexo se relacionaba también con este último tipo de actividades, mostrando las mujeres una mayor frecuencia promedio de actividades experienciales que los hombres (t=-6,066; p<0,01).


Significados asociados a la jubilación y actividad

El segundo objetivo del estudio que presentamos es ofrecer algunos datos preliminares respecto a la relación entre realizar más o menos frecuentemente ciertas actividades y vivir la jubilación de una manera u otra.
En este sentido, el patrón de correlaciones que presentaban las dimensiones de ambos factores fue el siguiente:

 




Como vemos, aunque ninguna correlación era demasiado elevada en ningún caso, el patrón resultante parece ser coherente con lo esperado. Así, la dimensión pérdida, aunque sin alcanzar la significación estadística, se relaciona negativamente con el ocio asociado al desarrollo y positivamente con el experiencial. Las actividades de desarrollo, sin embargo, se relacionan positivamente con la dimensión ‘nuevo comienzo’. Por lo que respecta a las dimensiones ‘continuidad’ y ‘descanso’, muestran correlaciones significativas con la frecuencia de realización de actividades sociales y, sobre todo, experienciales.

De esta manera, nuestros resultados parecen ser coherentes con una interpretación que atribuya al modo de experimentar la jubilación un papel en el tipo de actividades que se realizan en la vejez. Las personas mayores que viven la jubilación como un nuevo comienzo son las más proclives a embarcarse en actividades que implican un gran nivel de energía y recursos, y que contribuyen a la mejora personal.

Sin embargo, debido a la naturaleza correlacional de los datos preliminares que presentamos, no podemos destacar hipótesis alternativas. Así, también podría ser posible una determinación contraria a la comentada: por ejemplo, las personas que tras la jubilación realizan actividades de desarrollo (quizá porque ya las llevaban a cabo antes de la jubilación) son las más tendentes a valorar la experiencia de jubilarse de una manera vinculada a nuevos comienzos, mientras que las personas que ya no las realizaban valorarían la jubilación más en términos de pérdida.

Una interpretación alternativa adicional de estos resultados sería pensar en una tercera variable que diese cuenta de la relaciones encontradas entre significados asociados a la jubilación y tipos de actividades realizadas. Esta alternativa no es en absoluto descartable, ya que contamos con un factor, los ingresos, que por una parte se relacionan con algunos de los significados asociados a la vejez y por otra con algunos de los tipos de actividad.


Conclusiones

Para interpretar correctamente estos datos es imprescindible por una parte tener en cuenta su naturaleza transversal y por otra el tipo de muestra del que han sido extraídos.

Respecto a la primera de las cuestiones, es bien sabido como de un estudio transversal difícilmente vamos a extraer datos que nos hablen de procesos evolutivos. Sin embargo, en nuestro caso, tampoco las variables que captan aspectos temporales (edad, años desde la jubilación) son relevantes respecto a la vivencia del proceso de la jubilación. De hecho, y esta es quizá la primera de las conclusiones que cabe reseñar, pensar en los diferentes significados (continuidad, nuevo comienzo, descanso, pérdida) como fases evolutivas, tal y como propone el trabajo clásico de Atchley (1976), no se justifica en absoluto a partir de nuestros datos.

Respecto a la cuestión de la muestra, resulta crítica en nuestro caso, dado que nuestra muestra procede de un contexto privilegiado en alguna medida: personas mayores implicadas en un curso impartido en aulas universitarias. Suponemos que precisamente este factor esta debajo de la preeminencia de los significados positivos asociados a la vejez que hemos encontrado. Sin duda, trabajar con muestras más variadas, contando también con personas en las que el envejecimiento pueda tener una cara menos favorable, ayudará a perfilar las relaciones y procesos que apuntamos en el artículo.

A pesar de estas limitaciones, nuestros resultados parecen sugerir una segunda conclusión: podría existir cierta relación entre llevar a cabo determinadas actividades y vivir la jubilación de una manera u otra. En concreto, las actividades más vinculadas al desarrollo personal están relacionadas con vivir la jubilación con optimismo, como un nuevo comienzo. En cambio, el ocio experiencial, más pasivo, se vincula a las vivencias de descanso o continuidad. Sin embargo, la dirección de esta relación no puede ser esclarecida a partir de estudios como el nuestro.

Una tercera conclusión importante es que aspectos como el nivel de ingresos de la persona o ser hombre o mujer parecen tener un papel relevante en estos estilos de vida tras la jubilación. En concreto, las personas con mayor nivel de ingresos y los hombres parecen contemplar la jubilación menos como una continuidad de la vida pasada y más como un periodo de nuevas oportunidades. Las mujeres, al menos en el tipo de muestra con el que hemos trabajado, se inclinan en cambio por una vivencia de continuidad y por actividades experienciales, que quizá implican menos conocimientos y habilidades previas y aportan menos al desarrollo personal. Obviamente, las mayores dificultades de las que se han dispuesto a lo largo del ciclo vital para atesorar estos conocimientos y habilidades (tanto en las mujeres como en las personas con menos recursos) pueden explicar su menor frecuencia al llegar a la jubilación.


Referencias bibliográficas

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