El aumento de la esperanza de vida sitúa el impacto mundial de la demencia en más de 50 millones de personas. La enfermedad genera deterioro cognitivo, pérdida de autonomía, y decremento de la calidad de vida en el paciente y en la familia. El diagnóstico tardío de la misma aumenta el gasto sanitario y social, por lo que la evaluación precoz resulta esencial. Factores como la edad y el género influyen notablemente, pero los estudios general