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Última actualización web: 17/08/2022

Mecanismos explicativos de los sesgos cognitivos en la ansiedad.

Autor/autores: María Dolores Castillo
Fecha Publicación: 01/03/2010
Área temática: Trastornos de ansiedad .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Los sesgos cognitivos en la ansiedad consisten en dar prioridad al procesamiento de información indicadora de peligro potencial, en comparación con información no amenazante o neutra. Tres funciones básicas del sistema cognitivo pueden estar implicadas: la atención selectiva hacia estímulos de amenaza potencial, la interpretación de información ambigua como indicadora de peligro o amenaza, y la recuperación de información con significado relevante para el sujeto. Cada una de estas funciones se corresponde, respectivamente, con un sesgo particular: sesgo atencional, de interpretación y de memoria. Para explicar los sesgos cognitivos se han propuesto una serie de modelos que se pueden agrupar en dos bloques. El primero contiene dos teorías clásicas: la teoría de Esquemas propuesta por Beck y cols. (1976; Beck y Clark, 1988; Beck y Emery, 1985) y la teoría de la Red Asociativa de Bower (1981). El segundo abarca varias propuestas más recientes, entre las que destacamos: a) la teoría de Williams et al. (1988, 1997); b) el modelo del enfoque biológico-evolutivo en la detección de amenaza, elaborado por Öhman (1993b); c) la propuesta sobre la confluencia de procesos automáticos y estratégicos de Beck y Clark (1997); d) una reciente propuesta teórica sobre el procesamiento selectivo de información de amenaza en la ansiedad de A. Mathews y Mackintosh (1998); y e) la hipótesis cognitiva-motivacional de la ansiedad de Mogg y Bradley (1998). Este segundo bloque de modelos es el presentamos en este trabajo. En cada modelo analizamos la conceptualización teórica en la que se fundamenta, las evidencias experimentales que lo apoyan o refutan y, finalmente, siempre que ha sido posible, hacemos un breve comentario o consideración crítica.

Palabras clave: ansiedad


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MECANISMOS EXPLICATIVOS DE LOS SESGOS COGNITIVOS EN LA ANSIEDAD

Mª Dolores Castillo
Universidad de La laguna. Facultad de psicología Campus de Guajara. La laguna, Tenerife (España)
dcvillar@ull. es

RESUMEN:
Los sesgos cognitivos en la ansiedad consisten en dar prioridad al procesamiento de información
indicadora de peligro potencial, en comparación con información no amenazante o neutra. Tres
funciones básicas del sistema cognitivo pueden estar implicadas: la atención selectiva hacia
estímulos de amenaza potencial, la interpretación de información ambigua como indicadora de
peligro o amenaza, y la recuperación de información con significado relevante para el sujeto. Cada
una de estas funciones se corresponde, respectivamente, con un sesgo particular: sesgo atencional,
de interpretación y de memoria. Para explicar los sesgos cognitivos se han propuesto una serie de
modelos que se pueden agrupar en dos bloques. El primero contiene dos teorías clásicas: la teoría
de Esquemas propuesta por Beck y cols. (1976; Beck y Clark, 1988; Beck y Emery, 1985) y la teoría
de la Red Asociativa de Bower (1981). El segundo abarca varias propuestas más recientes, entre las
que destacamos: a) la teoría de Williams et al. (1988, 1997); b) el modelo del enfoque biológicoevolutivo en la detección de amenaza, elaborado por Öhman (1993b); c) la propuesta sobre la
confluencia de procesos automáticos y estratégicos de Beck y Clark (1997); d) una reciente
propuesta teórica sobre el procesamiento selectivo de información de amenaza en la ansiedad de A.
Mathews y Mackintosh (1998); y e) la hipótesis cognitiva-motivacional de la ansiedad de Mogg y
Bradley (1998). Este segundo bloque de modelos es el presentamos en este trabajo. En cada
modelo analizamos la conceptualización teórica en la que se fundamenta, las evidencias
experimentales que lo apoyan o refutan y, finalmente, siempre que ha sido posible, hacemos un
breve comentario o consideración crítica.

1. INTRODUCCIÓN

En este trabajo presentamos varios de los modelos propuestos para explicar los sesgos
cognitivos en el procesamiento de información, en función del estrés y la ansiedad. Los sesgos
cognitivos en la ansiedad consisten en dar prioridad al procesamiento de información indicadora de
peligro potencial, en comparación con información no amenazante o neutra. Tres funciones básicas
del sistema cognitivo pueden estar implicadas: la atención selectiva hacia estímulos de amenaza
potencial, la interpretación de información ambigua como indicadora de peligro o amenaza, y la
recuperación de información con significado relevante para el sujeto. Cada una de estas funciones se
corresponde, respectivamente, con un sesgo particular: sesgo atencional, de interpretación y de
memoria. Para una revisión del sesgo atencional, véase Castillo (1, 2), del sesgo

interpretativo

Castillo (3) y del sesgo de memoria Castillo (4).

Para investigar los sesgos cognitivos se han utilizado varios enfoques metodológicos. El
primero ha consistido en manipular el contenido del material experimental, haciendo que éste
contuviera una amenaza potencial o ausencia de ella (estímulos neutros). El segundo se ha centrado
en manipular las condiciones externas de estrés y comprobar su efecto en la ocurrencia del sesgo. El
tercero, en comparar personas con nivel diferenciado en rasgo de ansiedad y en pacientes con
trastorno de ansiedad generalizada. Y el cuarto, en inducir un determinado estado emocional.

Para explicar los sesgos cognitivos se han propuesto una serie de modelos que se pueden
agrupar en dos bloques. El primero contiene dos teorías clásicas: la teoría de Esquemas propuesta
por Beck y cols. (5, 6, 7), y la teoría de la Red Asociativa de Bower (8). El segundo abarca varias
propuestas más recientes entre las que destacamos: a) la teoría de Williams et al. (9, 10); b) el
modelo del enfoque biológico-evolutivo en la detección de amenaza, elaborado por Öhman (11); c)
la propuesta sobre la confluencia de procesos automáticos y estratégicos de Beck y Clark (12); d)
una reciente propuesta teórica sobre el procesamiento selectivo de información de amenaza en la
ansiedad de A. Mathews y Mackintosh (13); y e) la hipótesis cognitiva-motivacional de la ansiedad
de Mogg y Bradley (14). El primer grupo de modelos es sobradamente conocido y cuenta con
numerosos trabajos que lo han puesto a prueba experimentalmente. El segundo grupo es más
novedoso y es el que vamos a exponer en este trabajo. En cada modelo analizamos la
conceptualización teórica en la que se fundamenta, las evidencias experimentales que lo apoyan o
refutan y, finalmente, siempre que ha sido posible, hacemos un breve comentario o consideración
crítica.

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2. TEORÍA DE WILLIAMS, WATTS, MACLEOD Y MATHEWS (1988, 1997).

Conceptualmente, esta teoría se basa en la distinción entre dos tipos de procesos que operan
de modo diferente sobre las representaciones mentales: facilitación (priming) y elaboración1. La
facilitación es un proceso automático, por medio del cual la exposición a un estímulo (v. gr. , una
palabra) implica la activación automática y en paralelo de los componentes de que consta su
representación mental (v. gr. , grafemas, fonemas, etc. ). Dicha activación refuerza la representación
mental del estímulo y lo hace más accesible a la memoria, incluso ante mínimos elementos (v. gr. ,
sólo la letra inicial de la palabra). La elaboración, en cambio, es un proceso estratégico y serial, en
el que la representación de un estímulo se relaciona con otras representaciones asociadas,
generando nuevas relaciones entre sí. Como resultado de ello, el estímulo se recuperará más
fácilmente de la memoria por la doble activación que recibe: la correspondiente a las relaciones
existentes y la que le proporcionan las nuevas establecidas.

Considerando esta distinción entre procesos de facilitación y elaboración, Williams et al.
proponen: a) que existen diferencias en el funcionamiento cognitivo entre la ansiedad y la
depresión, y b) que distintas emociones pueden producir sesgos distintos en los procesos de
facilitación y elaboración. Es decir, unas emociones estarían afectadas por un sesgo en la facilitación
y no en la elaboración y, otras, de forma inversa, se caracterizarían por un sesgo elaborativo,
conservando intactos los mecanismos pre-atencionales. Esto implica una disociación en los sesgos
cognitivos que no es predecible a partir de las teorías de Esquemas y la de la Red Asociativa. Para
estas teorías las emociones y los trastornos emocionales, independientemente de su naturaleza
(v. gr. , ansiedad o depresión), tienen importantes similitudes respecto a su funcionamiento cognitivo
y producen sesgos cognitivos que operan en todos los niveles del procesamiento y con efectos
similares en ambas emociones. Como se ve, los planteamientos de estas teorías y la de Williams et
al. van en sentido contrario.

2. 1. Procesamiento de la información de amenaza

La teoría propone que en el procesamiento de información de amenaza están implicados dos
estadios: pre-atencional y post-atencional. En el estadio pre-atencional, la presencia de un estímulo
activa un componente ­denominado, Mecanismo de Decisión Afectiva- capaz de evaluar la valencia
emocional del estímulo. Dicha evaluación es grosso modo y consiste en determinar si el estímulo es
"bueno" o "malo", o si implica o no amenaza. Se realiza de forma rápida e intervienen procesos de
carácter automático. En este estadio pre-atencional, las personas con rasgo de ansiedad bajo dirigen
sus recursos fuera de los estímulos de amenaza, como una forma de protección que limita el
incremento de ansiedad. Sin embargo, las personas con rasgo de ansiedad elevado los dirigen hacia
1

La distinción original de estos dos procesos proviene de los estudios sobre memoria perceptual o implícita de Jacoby y
-3Witherspoon (15) y Graf y Mandler (16).
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los estímulos de amenaza, focalizando su atención en ellos y desambiguando los estímulos neutros
en dirección a la amenaza. Si la evaluación del estadio pre-atencional implica alguna amenaza,
entonces se pasa al estadio post-atencional, en el que un nuevo mecanismo -el Mecanismo de
Asignación de Recursos- analiza el estímulo en mayor profundidad y determina los recursos de
procesamiento a asignar. El análisis es lento e intervienen operaciones de naturaleza estratégica. En
la ansiedad existe una tendencia a no elaborar el material amenazante, de modo que se impide la
asociación de las representaciones mentales de las palabras de amenaza con otras representaciones
relacionadas. Y los recursos del procesamiento elaborativo se dirigen fuera del material amenazante,
lo que hace que los estímulos de amenaza sean difíciles de recuperar de la memoria.

La diferencia fundamental entre la ansiedad y la depresión consiste en que la ansiedad
implica sesgos de procesamiento en la fase más automática de la codificación y el recuerdo,
produciendo una atención selectiva hacia la amenaza. Sin embargo, no afecta a la fase de
procesamiento controlado y, por esta razón, se inhibirá el recuerdo más elaborado de la información
ansiógena. La depresión, en cambio, produce sesgos de procesamiento en la fase estratégica de la
codificación y el recuerdo, haciendo que este material se recuerde mejor; sin embargo, como la
elaboración no afecta al procesamiento automático, no se producirá sesgo atencional.

Considerando estas características de la ansiedad y la depresión se predice:
a) sesgo de atención selectiva de información de amenaza en la ansiedad y ausencia de
sesgo en la depresión. No se predicen sesgos de memoria generalizados en ninguna de las dos
emociones. Más bien, la ansiedad producirá sesgo de memoria implícita, pero no de memoria
explícita. Lo contrario ocurrirá en la depresión: una mayor asociación con el sesgo de memoria
explícita que con el de memoria implícita.

b) Un efecto de interacción entre rasgo y estado de ansiedad y efectos diferenciados de cada
factor. El estado de ansiedad afectará al primer estadio, al Mecanismo de Decisión Afectiva; el
rasgo, al segundo, haciendo que el Mecanismo de Asignación de Recursos dirija recursos en
dirección al estímulo o fuera de él. En la interacción entre ambos factores se predice que, en
ausencia de estrés, habrá poca diferencia en el sesgo atencional en función de la ansiedad. En
cambio, cuando el estado de ansiedad o el nivel de estrés sean elevados, las personas con mayor
ansiedad mostrarán mayor vigilancia para los estímulos de amenaza que los positivos o neutros
emocionalmente, dando lugar a un sesgo de vigilancia atencional. Por el contrario, las personas con
menor ansiedad, en las mismas condiciones, tenderán a evitar procesar esos estímulos, lo que se
reflejará en un sesgo de evitación atencional.

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2. 2. Datos experimentales

Las revisiones de Eysenck (18) y Williams et al. , (10) han confirmado la existencia de sesgos
diferenciados para la ansiedad y la depresión: la ansiedad está asociada a un sesgo atencional y
ausencia de sesgo de memoria, y la depresión está asociada a un sesgo de memoria y ausencia de
sesgo atencional. El sesgo atencional en la ansiedad se ha mostrado consistente con distintos
materiales (v. gr. , estímulos verbales, caras emocionales, imágenes fóbicas) y paradigmas
metodológicos (v. gr. , escucha dicótica, tarea de Stroop emocional, detección de puntos). Los
estudios más representativos se describen en Castillo (1, 2). Para las evidencias relativas a la
ausencia de un sesgo atencional en la depresión pueden consultarse las revisiones de Mathews y
MacLeod (18); Wells y Matthews (19) y Williams et al. (10).

La hipótesis de que en el sesgo atencional en la ansiedad están implicados procesos
automáticos ha sido confirmada. Los estudios con presentación subliminal de estímulos verbales
(20, 21, 22, 23) y pictóricos (14) proporcionan resultados acordes con esta idea. En cambio, las
pruebas relativas a un sesgo de interpretación (24, 25, 26; Castillo [3] para revisión), aunque
confirman que el sesgo se produce, éste no ocurre de forma inmediata, sino con cierta demora y
están involucrados procesos estratégicos y elaborativos.

En cuanto a los sesgos de memoria en la ansiedad, las evidencias son contrarias a un sesgo
de memoria explícita y mixtas respecto a un sesgo de memoria implícita. Las primeras se ajustan a
las predicciones teóricas y se oponen a ellas las últimas. No obstante, las conclusiones respecto a los
sesgos de memoria en la ansiedad son objeto de polémica entre los autores. En las exhaustivas
revisiones de los estudios de este tipo, realizadas por Blaney (27) y Williams et al. (10), se concluye
que en la ansiedad se producen sesgos de memoria implícita, pero no de memoria explícita,
mientras que en la depresión ocurre lo contrario (sesgos de memoria explícita y ausencia de sesgos
de memoria implícita). En cambio, revisiones más recientes ofrecen datos contrarios. Por ejemplo,
Coles y Heimberg (28) han analizado el sesgo de memoria en los distintos desórdenes de ansiedad.
Informan que varios desórdenes muestran diferentes patrones, pero cuando se consideran los
desórdenes como grupo, existe poco apoyo a un sesgo de memoria explícita y un apoyo modesto a
un sesgo de memoria implícita. Más aún en la revisión de Mitte (29) con pacientes clínicos y sujetos
normales con rasgo de ansiedad elevado, la autora no encuentra evidencias de sesgo de memoria
implícita y los datos correspondientes a la memoria explícita varían en función del tipo de tarea:
ausencia de sesgo con pruebas de reconocimiento y evidencia del sesgo con tareas de recuerdo,
aunque no en todos los estudios. Por consiguiente, los datos de estas dos últimas revisiones se
oponen a las predicciones teóricas del modelo de Williams et. al.
El sesgo de memoria en la depresión es más consistente que en la ansiedad. Prácticamente
todos los estudios coinciden en señalar un sesgo de memoria explícita (30, 31; véase revisión de
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Williams et al. , [10]) y ausencia de sesgo de memoria implícita (33, 34).

Con respecto a la interacción predicha entre rasgo y estado de ansiedad, varios estudios han
examinado los efectos que las condiciones de estrés y el rasgo de ansiedad tienen sobre los sesgos
de procesamiento. Las investigaciones corresponden mayormente al sesgo atencional y, en menor
medida, al sesgo de interpretación. Los estudios sobre el sesgo atencional de Broadbent y Broadbent
(35); MacLeod (36); MacLeod y Mathews (37); MacLeod y Rutherford (21) y Mogg, Bradley y
Hallowell (22) aportan evidencias favorables a dicha interacción. En condiciones de estrés
(proximidad de un examen) suscitadoras de estado de ansiedad, las personas con ansiedad elevada
manifiestan un incremento atencional hacia estímulos de amenaza (sesgo de vigilancia), respecto a
las condiciones sin estrés (varios meses antes del examen). En cambio, las personas con menor
ansiedad tienden a evitar dichas informaciones (sesgo de evitación), aunque las interpretaciones en
algunos casos han sido cuestionadas (v. gr. , 37, 21, 13, 38).

Calvo y Castillo (24) proporcionan evidencias relativas al sesgo de interpretación. En estos
estudios utilizaron material sobre inferencias predictivas y condiciones experimentales de estrés de
evaluación. Las personas con ansiedad elevada, sometidas a estrés de evaluación, generaron más
inferencias predictivas relacionadas con situaciones de amenaza que con situaciones positivas o
neutras. En contraste,

las personas con ansiedad baja manifestaron una inhibición de dichas

inferencias.

2. 3. Consideraciones

Se valora positivamente que haya sido ésta la primera teoría en explicar los distintos
procesos y sesgos cognitivos que diferencian la ansiedad de la depresión 17, 39). Sin embargo, no
está exenta de críticas (véase 39, 19), entre las que destacamos las siguientes:

1ª. Aunque la distinción entre procesos de facilitación y elaboración ha proporcionado frutos
teóricos importantes, su aplicación es limitada. Supone que

en el procesamiento de un estímulo

interviene uno u otro proceso, de forma dicotómica. Sin embargo, muchas tareas implican
conjuntamente los dos procesos y, a menudo, no es posible delimitar la contribución de cada uno en
la ejecución. Además, la propuesta de que cada emoción afecta especialmente a un proceso -la
ansiedad al proceso de facilitación y la depresión al de elaboración-, también parece muy estricta.
Existen evidencias de que la ansiedad también actúa sobre los procesos de elaboración (v. gr. , 25).

2ª. Las evidencias a favor del sesgo atencional en la ansiedad y ausencia de sesgo en la
depresión se ajustan a las predicciones. En cambio, son contrarias las evidencias a favor de los
sesgos de interpretación y memoria. Los sesgos de interpretación en la ansiedad sugieren que éstos
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no dependen de procesos automáticos, que son los que propiamente caracterizan a la ansiedad, sino
más bien de procesos estratégicos y elaborativos. Una prueba de ello es que para su ocurrencia se
requiere más tiempo que si estuvieran implicados procesos automáticos. Así mismo, los datos
recientes sobre ausencia de sesgo de memoria implícita en muchos estudios, y las evidencias
favorables a los sesgos de memoria explícita, con pruebas de memoria explícita, de otros, en contra
de lo predicho, plantea algunos problemas explicativos.

Williams et al. tratan de explicar estas inconsistencias empíricas del sesgo de memoria, para
lo cual comparan la robustez del sesgo atencional en la ansiedad frente a lo débil que aparece el
sesgo de memoria. Con respecto a la ausencia del sesgo de memoria implícita, apuntan como
posible causa la diferencia que existe entre las técnicas experimentales para probar cada uno de
estos sesgos. En particular, se compara la tarea de Stroop emocional de atención y la tarea de
completar

palabras

de

memoria

implícita.

La

tarea

Stroop

requiere

emitir

la

respuesta

inmediatamente después de presentado el estímulo, mientras que en las pruebas de memoria
implícita transcurre un determinado tiempo entre la presentación del material y la fase de recuerdo.
Este intervalo temporal puede afectar negativamente a la ocurrencia del sesgo. Por tanto, es
probable que estas pruebas no sean suficientemente sensibles para captar la ocurrencia del sesgo.

Con respecto a las evidencias a favor del sesgo de memoria explícita, se apunta como un
factor probable del sesgo el efecto de comorbilidad. Esta idea también es compartida por otros
autores (v. gr. , 30, 40, 41, 42, 28, 43, 29).

Nugent y Mineka (44) aducen una razón más general que engloba las inconsistencias de
ambos tipos de memoria. Se refiere a la falta de control del tipo de proceso implicado en las fases
de estudio y memoria. La tarea a realizar en cada una de estas fases pudo haber involucrado
procesos diferentes e impedir la denominada "transferencia del procesamiento apropiado" (45). Por
consiguiente, el beneficio que para el recuerdo supone el emparejamiento del

procesamiento en

ambas fases se vio truncado en estos estudios.

En definitiva, estas inconsistencias empíricas en el sesgo de memoria han llevado a los
autores a revisar sus planteamientos conceptuales y a elaborar una versión nueva de la teoría. Los
aspectos distintivos respecto a la original se presentan a continuación.

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2. 4. Nueva formulación de la teoría (Williams, Watts, Macleod y Mathews,
1997)

En esta versión de la teoría se hace una distinción entre dos tipos de procesamiento:
perceptual y conceptual. El procesamiento perceptual ­o según la clasificación del paradigma
cognitivo "procesamiento de abajo-arriba" o "guiado por los datos"- se refiere a las características
físicas de los estímulos y la valencia afectiva genérica de éstos. Está asociado a procesos de
activación automática. El procesamiento conceptual ­o "de arriba-abajo"- se refiere al análisis
semántico del estímulo, y en él están involucrados procesos de elaboración estratégica. Según esto,
en el procesamiento perceptual, la codificación del estímulo permite su emparejamiento con la
representación mental; sin embargo, la activación automática que se desencadena no es suficiente
para facilitar el recuerdo. Ésta puede ser la razón por la que no se revelan sesgos de memoria
explícita, ya que requieren más elaboración y búsqueda estratégica en la memoria. En cambio, sí
son posibles los sesgos de memoria implícita, en cuanto implican una recuperación automática de la
representación mental almacenada. No obstante, Williams et al. señalan que para que el sesgo sea
posible ha de utilizarse el mismo tipo de procesamiento (ya sea perceptual o conceptual) en ambas
fases -estudio y recuerdo- (1997, p. 294 [10]).

Esta versión de la teoría permite explicar un rango mayor de estudios que la versión anterior.
Además, presenta una exhaustiva revisión de las investigaciones en el ámbito de la ansiedad y la
depresión. Sin embargo, sigue prestándole poca atención a la diferencia que existe en el
funcionamiento cognitivo entre las personas con rasgo elevado de ansiedad y la ansiedad clínica, así
como a la relación existente entre los tres sistemas de respuesta (39). Gutiérrez-Calvo (46) señala
que "a pesar de los ajustes conceptuales, el modelo sigue pecando de rigidez al asignar procesos
diferentes a emociones diferenciadas. Además, los procesos implicados no son dicotómicos, sino que
probablemente se dan con una cierta continuidad y entrelazados como proponen otros modelos
(Beck y Clark, 1997)" (p. 139 [12]).

3. ENFOQUE BIOLÓGICO-EVOLUTIVO EN LA DETECCIÓN DE
AMENAZA

Öhman y colaboradores (47, 48, 49, 11, 50) han desarrollado una propuesta teórica en la
que el miedo y la ansiedad forman parte de un mecanismo de defensa biológico, cuya función es
mantener al organismo alejado de las situaciones de amenaza. Las reacciones defensivas de miedo
y ansiedad tienen gran importancia adaptativa. Por tanto, es probable que tales reacciones hayan
estado asociadas a seres, objetos o situaciones que implicaran amenazas a la supervivencia en la
historia evolutiva de la especie y hayan quedado inscritas en su dotación genética (51, 52).

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El tiempo de respuesta es un elemento básico y con especial trascendencia en este
mecanismo de defensa biológico, puesto que, en ocasiones, la vida del organismo puede depender
de él. Por tanto, para que las respuestas de miedo y ansiedad sean efectivas es necesario que
actúen de forma rápida. Esto implica la existencia de un sistema perceptivo capaz de escudriñar el
entorno y detectar estímulos de peligro, especialmente cuando existen indicios de que la amenaza
puede estar presente o puede estarlo próximamente. Se asume que dicho sistema perceptivo puede
haber sido formado por la evolución para detectar y analizar potenciales amenazas con rapidez e
información mínima, ya que es más importante detectar el estímulo de peligro rápidamente que
contar con información precisa sobre él. Este modo rápido de operar tiene una utilidad adaptativa
obvia:

en

situaciones

que

impliquen

verdadero

riesgo

para

el

organismo

es

más

útil

adaptativamente detectar el peligro pronto, a fin de desencadenar las respuestas adecuadas, que
tener conocimiento detallado del mismo.

Las respuestas de omisión y las falsas alarmas del sistema perceptivo parecen responder a
este planteamiento y pueden implicar un coste evolutivo diferente (Öhman, 1996). Así, mientras la
ausencia de respuesta ante un posible riesgo puede tener consecuencias catastróficas, la respuesta
de defensa ante un estímulo no-amenazante -falsa alarma- simplemente puede suponer un gasto
inútil de energía. Esto sugiere que el sistema perceptivo puede estar sesgado en dirección a
mantener un umbral bajo ante la detección de amenaza y, como consecuencia, emitir más falsas
alarmas que respuestas de omisión. La razón es que implica menos riesgo para el organismo abortar
respuestas de defensa erróneas que fracasar en aquéllas donde esté en peligro su supervivencia.
Así, para asegurar la respuesta defensiva en situaciones de riesgo real, en ocasiones, el sistema
perceptivo también elicita dicha respuesta en contextos carentes de peligrosidad. Cuando esto
ocurre, la respuesta de ansiedad puede parecer inapropiada, innecesaria e irrazonable, y puede ser
experimentada como de "ansiedad irracional", tanto por observadores como por el propio individuo.

El mecanismo neurofisiológico del miedo ha sido descrito en el ámbito animal 53, 54, 55) y
humano (56). En concreto, la vía subcortical tálamo-amígdala es relevante a la noción de detección
rápida de peligros potenciales por el sistema defensivo. En esta vía, el tálamo transmite a la
amígdala información del estímulo captada por los órganos sensoriales. Tal información es genérica,
"en bruto" y, aunque pueda parecer escasa, es suficiente para que la amígdala inicie la activación
inmediata de las respuestas de defensa correspondientes. Cuando el procesamiento del estímulo se
ha completado, gracias a la vía cortical -tálamo-córtex-, la información resultante llega a la
amígdala. Entonces, es posible confirmar o desconfirmar la activación previa iniciada por la vía
subcortical.

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3. 1. Procesos automáticos y no-conscientes

La distinción entre procesamiento automático y estratégico (57, 58, 59)

es un aspecto

central en el enfoque biológico-evolutivo del miedo y la ansiedad. Asume que la detección de
estímulos potencialmente amenazantes se lleva a cabo por un mecanismo perceptivo que, de forma
automática y en paralelo, activa varios canales perceptivos para el control de aquellos eventos que
pudieran poner en riesgo la vida del organismo. En cambio, los procesos estratégicos se encargan
de un análisis más complejo de dicho estímulo.

Como se sabe, el procesamiento automático (58) requiere escaso consumo atencional, lo que
implica poca o ninguna interferencia en situaciones de doble tarea. Es involuntario, en cuanto a
ausencia de intencionalidad del sujeto. No precisa de control consciente para la realización de los
procesos, y una vez adquiridos son difíciles de modificar conscientemente. Por el contrario, el
procesamiento estratégico o controlado (58) supone consumo atencional. Por tanto, es sensible a
las limitaciones de los recursos disponibles y produce interferencia en situaciones de doble tarea. Se
realiza de forma consciente y va acompañado de la impresión subjetiva de esfuerzo.

Esta concepción del procesamiento automático y estratégico sugiere que la capacidad para
los procesos automáticos es mayor que para los estratégicos. Según esto, Öhman (60) propone que
los procesos perceptivos automáticos pueden controlar varios canales a la vez, de los cuales sólo
uno es seleccionado para un procesamiento más elaborado. Ahora bien, dadas las contingencias de
supervivencia implicadas por las amenazas potenciales en el medio externo e interno, es razonable
suponer que sean los estímulos de amenaza los seleccionados prioritariamente y sean ellos también
sobre los que se realice un procesamiento estratégico posterior. Por consiguiente, la ansiedad y el
miedo pueden ser activados inicialmente

por mecanismos preatencionales

automáticos, que

analizan superficialmente los estímulos, y ser procesados después mediante operaciones que
impliquen procesos estratégicos.

Con respecto a si el sistema del miedo se activa a nivel consciente o no-consciente, Öhman
indica lo siguiente: "el hecho de que los humanos también hayan desarrollado sistemas cerebrales
que permiten acceder conscientemente a la información perceptual y emocional, esto no ha
modificado las características básicas del sistema del miedo" (1999, p. 338). La razón es que la
actividad mental consciente es lenta y, por tanto, la deliberación consciente previa a cualquier
acción defensiva no es útil adaptativamente. De esta manera, aunque es posible acceder al sistema
del miedo a nivel consciente, éste opera independientemente de la consciencia y, en este sentido, es
un sistema emocional no-consciente prototípico. Esta independencia del sistema del miedo de la
consciencia explicaría por qué el pensamiento racional tiene tan poca influencia en los miedos
intensos, como, por ejemplo, las fobias. Las personas con manifestaciones fóbicas muestran miedos
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irracionales e incontrolables, incluso a sabiendas de que el estímulo que elicita su reacción
emocional ­v. gr. , una pequeña araña inocua- difícilmente puede representar una amenaza real.
(Öhman, p. 338 [61])

3. 2. Características y componentes del modelo

Ohman (11) ha elaborado un modelo sobre los mecanismos que subyacen a la génesis y
mantenimiento del miedo y la ansiedad. Lo integran cinco componentes: dos mecanismos noconscientes: el detector de características y el evaluador de significado, uno consciente: el sistema
de percepción consciente, un mecanismo denominado mediador de expectativas y un sistema de
activación. Se propone que la información es analizada en dos estadios de procesamiento: en el
primero interviene el detector de características; en el segundo, el evaluador de significado.

1. Detector de características. Básicamente, tiene la función de detectar

indicios

perceptivos que pudieran denotar una posible amenaza en los estímulos. Éstos son analizados
superficialmente (a nivel de características físicas), de forma automática e involuntaria, dando
prioridad al procesamiento de los estímulos en los que se detecta algún tipo de amenaza (49).
Simultáneamente, se activan dos mecanismos: el sistema de activación, para las correspondientes
reacciones autonómicas de defensa, y el sistema evaluador de significado, para completar el
significado del estímulo. Existe evidencia de este detector en las fobias (62) y en las respuestas
condicionadas a estímulos enmascarados, relacionados con el miedo (63, 64, 50).

2. Evaluador de significado. Valora la relevancia de los estímulos filtrados por el detector
previo y completa su significado. En esta valoración intervienen procesos perceptivos y también
conceptuales. Los procesos conceptuales proceden del sistema de expectativas (componente nº 4) y
sus efectos se observan en la tendencia a favorecer y asignar significados

congruentes

con la

información almacenada en el sistema de expectativas, induciendo sesgos. Cuando se confirma la
existencia de amenaza en el estímulo se activa el sistema de percepción consciente (componente nº
5), el cual puede competir e interferir con otras tareas en curso. Tal competición implica que el
evaluador de significado requiere recursos cognitivos y que "es, al menos parcialmente, un sistema
de procesamiento controlado, aunque opera pre-atencionalmente (65, 49, 66).

De este modo, se

asume que existe procesamiento controlado, no disponible conscientemente" (Öhman, p. 528 [11]).

3. Sistema de activación. Sirve para dotar de energía al evaluador de significado,
produciendo incrementos en los sesgos generados por él. Esto explica los efectos del estado de
ansiedad sobre los sesgos atencionales (v. gr. , 37, 21, 67). También actúa sobre el sistema de
percepción consciente, permitiendo experimentar las correspondientes reacciones fisiológicas (68).

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4. Sistema de expectativas. Contiene las representaciones de memoria de experiencias
pasadas, relacionadas con la información en curso y con otros estímulos (v. gr. , de carácter
amenazante). Actúa ajustando la información en proceso a las estructuras de la memoria asociativa
-memoria emocional-, de modo que a mejor ajuste, más activación de las estructuras congruentes
(redes emocionales congruentes). Además, aporta el contexto general para la interpretación de las
entradas sensoriales que alcanzan el sistema de percepción consciente. En la ansiedad cumple una
función doble: Por una parte, favorece el procesamiento selectivo de información congruente
induciendo sesgo; y, por otra, aporta la información contextual necesaria para que el sistema de
percepción consciente efectúe la interpretación de los inputs. Existe una interacción continua entre
los sistemas de evaluación, activación y percepción consciente de amenaza con el sistema de
expectativas.

5.

Sistema

de

percepción

consciente.

Cumple

dos

funciones:

(1)

Integrar

conscientemente la información procedente de los sistemas anteriores de significación, activación y
expectativas, y (2) seleccionar las acciones correspondientes para afrontar la amenaza percibida.

3. 3. Datos experimentales

Tres grupos de estudios son favorables a la idea de que en el procesamiento de información
emocional aversiva, y con relevancia biológica, están implicados mecanismos pre-atencionales,
automáticos y que operan al margen de la consciencia: a) los estudios sobre respuestas fóbicas noconscientes, b) el condicionamiento de respuestas de ansiedad ante estímulos aversivos, y c) el
sesgo atencional en personas con rasgo elevado de ansiedad.

a) Respuestas fóbicas no-conscientes

Öhman y Soares (62) han comprobado que se pueden suscitar respuestas fóbicas ante
estímulos fóbicos enmascarados, no percibidos conscientemente. Para ello seleccionaron dos grupos
de sujetos con fobia a animales -fobia a serpientes y a arañas, respectivamente- y un tercer grupo
con sujetos normales (no-fóbicos) como grupo control. Les presentaron una serie de diapositivas
con estímulos fóbicos (arañas y serpientes) y no-fóbicos (flores y setas) dos veces. En la primera
presentación, las imágenes permanecían expuestas en la pantalla de un ordenador durante 30 ms, e
inmediatamente eran cubiertas por una máscara. Este breve intervalo temporal -30ms- impedía
identificar las imágenes conscientemente. En la segunda presentación, los estímulos no fueron
enmascarados y permanecieron expuestos durante 130 ms, tiempo suficiente para su identificación
consciente.
Las variables registradas fueron: a) la respuesta fisiológica de conductancia eléctrica de la piel,
como un índice objetivo de reacción emocional, b) la evaluación de los sujetos de una muestra de
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los estímulos presentados previamente y de otros nuevos con similares características, en términos
de valencia, activación y dominio ante las imágenes, y c) la proporción de aciertos en una tarea de
verificación sobre si las imágenes habían sido enmascaradas o no-enmascaradas y si habían
formado parte del material original o, por el contrario, eran imágenes nuevas. En ambas condiciones
-presentación enmascarada y no-enmascarada- los participantes fóbicos, comparados con los nofóbicos, tuvieron una respuesta de conductancia mayor ante los estímulos fóbicos que los nofóbicos. Este efecto fue más potente cuando la coincidía el tipo de fobia que manifestaba el sujeto
(v. gr. , fobia a las serpientes) y la categoría del estímulo fóbico (v. gr. , serpiente). En contraste, los
participantes no-fóbicos no mostraron alteraciones en dicha respuesta en los distintos tipos de
estímulos. Los demás índices de emocionalidad se manifestaron de forma similar al de conductancia.
Los sujetos con fobia sintieron más desagrado, mayor activación y menor control ante los estímulos
que para ellos eran fóbicos que ante los no-fóbicos, incluso en la condición enmascarada. Como se
esperaba, la identificación de los estímulos la condición enmascarada fue prácticamente nula en
todos los grupos y casi perfecta en la no-enmascarada. En base a estos resultados, los autores
concluyeron que las respuestas fóbicas pueden ser activadas a niveles de análisis pre-atencional,
automático y en condiciones en las que no es posible percibir conscientemente el estímulo fóbico.

b) condicionamiento de respuestas de ansiedad ante estímulos aversivos

Esteves, Parra, Dimberg y Öhman (63) han comprobado que se pueden adquirir respuestas de
ansiedad ante estímulos aversivos, no percibidos conscientemente, mediante condicionamiento
clásico. A sujetos normales (no-fóbicos) les presentaron diapositivas con caras emocionales de
enfado o alegría. Para producir un condicionamiento aversivo de estas imágenes, las caras fueron
emparejadas con una descarga eléctrica, como estímulo incondicionado. Después de 30 ms de
exposición, las imágenes eran enmascaradas por una cara neutra que impedía su identificación.
Después de varios ensayos, el condicionamiento se midió por la respuesta de conductancia eléctrica
de la piel, ante la presencia de las caras solas, sin

máscara y con tiempo suficiente para ser

percibidas conscientemente. La evidencia de que las caras de enfado se habían convertido en
estímulos condicionados aversivos se reveló al comprobar que la respuesta de conductancia era
mayor ante las caras de enfado que ante una condición de control (presentación aleatoria y no
emparejada de ECEI). Sin embargo, el condicionamiento no se logró en las caras alegres. Öhman y
Soares (69) encontraron los mismos resultados utilizando arañas o serpientes (como estímulos
fóbicos) y flores o setas (como no-fóbicos), en lugar de caras emocionales. Estos estudios sugieren
que las reacciones de miedo o ansiedad pueden adquirirse, aun sin percepción consciente del
estímulo condicionado, pero siempre que se trate de estímulos potencialmente fóbicos (caras de
enfado, arañas y serpientes), con relevancia biológica y que pudieron estar asociados a aspectos
aversivos en etapas evolutivas anteriores.

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Una vez comprobado que se adquieren respuestas condicionadas de ansiedad ante estímulos
aversivos o fóbicos, quedaba por examinar el grado de resistencia a la extinción de tales respuestas.
Con esta finalidad, Öhman y Soares (64) sometieron a sujetos con fobia a serpientes y arañas, y
sujetos normales (no-fóbicos) a un condicionamiento aversivo diferencial de estímulos fóbicos
(diapositivas de serpientes y arañas) y no-fóbicos (diapositivas de flores y setas). El procedimiento
consistió en emparejar un estímulo condicionado (EC; v. gr. , la diapositiva de una araña) con una
descarga eléctrica (EI), mientras que otro EC (v. gr. , la diapositiva de una serpiente) no era seguido
de descarga. Se compararon las respuestas diferenciales a los estímulos fóbicos (diferencia entre
las respuestas a EC con descarga y sin descarga) con las correspondientes a los estímulos nofóbicos. En la fase de extinción, obviamente todos los EC se presentaron sin descarga eléctrica. La
particularidad estuvo en que en la mitad de los sujetos dichos estímulos aparecían enmascarados y
en la otra mitad, sin máscara.

En las presentaciones no-enmascaradas, la respuesta de

conductancia de todos los sujetos fue mayor ante los estímulos emparejados con descarga que ante
los no emparejados, independientemente del tipo de estímulo (fóbico vs. no-fóbico). Sin embargo,
cuando las imágenes aparecían enmascaradas, dicha respuesta fue mayor en los estímulos fóbicos
asociados con descargas que en los no-fóbicos, sólo en los sujetos con manifestaciones fóbicas. No
hubo diferencia entre las respuestas a ambos estímulos en los sujetos sin fobia. Esto indica que la
respuesta de conductancia, condicionada a estímulos fóbicos,
extinción que la

correspondiente a

presenta mayor resistencia a la

estímulos no-fóbicos, aun

en

condiciones en

que el

enmascaramiento impide la percepción consciente de los estímulos. Estos resultados se han
confirmado en varios estudios y con material experimental de diferentes tipos (v. gr. , 70, 71, 72). En
el caso de Esteves et al. (70) se emplearon caras de enfado y alegres como EC, en lugar de arañas
y serpientes. Estas pruebas demuestran que la respuesta de conductancia, condicionada a estímulos
relevantes al miedo (fóbicos), persiste de forma significativa al enmascarado de los estímulos. Por el
contrario, dicha respuesta, condicionada a estímulos sin relevancia biológica evolutiva, se elimina
con el procedimiento de enmascarado.

c) sesgo atencional en la ansiedad

Existen numerosas evidencias que apoyan la hipótesis de que en el sesgo atencional asociado
a la ansiedad están involucrados procesos cognitivos automáticos y no conscientes. Estas evidencias
se han obtenido con información verbal y pictórica, y distintos paradigmas metodológicos (v. gr. , la
tarea de Stroop emocional y escucha dicótica, en el caso de información verbal; la técnica de realce
o popout y movimientos oculares, con información pictórica; y la tarea de detección de puntos con
ambos materiales. Las investigaciones más representativas con estos paradigmas se describen en
Castillo (1, 2). Así mismo, los estudios con presentaciones subliminales proporcionan resultados
consistentes con esta idea. Para Öhman (60), estos resultados son congruentes con la propuesta de
Mathews (73), según la cual la "ansiedad y la preocupación están asociados con un sesgo de
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procesamiento automático, que se inicia antes de tener conocimiento del estímulo, sirve para atraer
la atención hacia indicios estresantes del entorno y facilitar la adquisición de información de
amenaza" (Öhman,

p. 462 [60]). Además, este sesgo de procesamiento "es muy similar al

mecanismo preatencional identificado con los estímulos relevantes al miedo. Es más, como
consecuencia del sesgo preatencional hacia los estímulos de amenaza, la ansiedad se mantiene. Por
lo tanto, podría formarse un círculo en el que la ansiedad hace que la atención se focalice sobre los
estímulos de amenaza, generando, a su vez, más ansiedad, y así sucesivamente" (Öhman, p. 279
[60]). Desde una perspectiva evolutiva, este círculo no tiene por qué ser disfuncional. Las amenazas
del entorno hacen que la persona experimente miedo y ansiedad; sin embargo, es importante un
análisis correcto que permita discriminar entre los indicios de amenaza verdadera y los que
muestran sólo algún signo de amen

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