En la práctica clínica actual, la utilización off-label de antipsicóticos de tercera generación ha mostrado potencial terapéutico en el manejo del síndrome de querencia asociado al consumo de cocaína, especialmente en el contexto del crash & blues que ocurren tras el cese abrupto del consumo. Este fenómeno se vincula a una respuesta neurobiológica compleja que implica anhedonia y afecto negativo a largo plazo. Ante este panorama, es fundamental realizar un diagnóstico diferencial entre un trastorno depresivo primario y uno secundario, dado que los síntomas y signos pueden solaparse.Los antipsicóticos de tercera generación, que actúan como moduladores de los receptores D3R, también pueden ser efectivos en el tratamiento de trastornos depresivos comórbidos asociados al consumo de sustancias. Este enfoque resulta particularmente relevante, considerando la alta prevalencia de patología dual en pacientes consumidores de cocaína, donde trastornos como la depresión resistente son frecuentes. La identificación temprana de estas comorbilidades es esencial para un tratamiento integral y personalizado, que pueda mejorar los resultados clínicos a largo plazo.