Lo que a algunos profesionales de la salud mental les parece una tarea sencilla y rápida, pensamos que en realidad implica varias cuestiones complejas quisiéramos pensar en este trabajo. Creemos que el poder hacer un diagnóstico no solo implica el buen uso del DSM IV o de alguna otra herramienta similar, sino que implica una alta responsabilidad tanto social como subjetiva. Y aquí es donde si no se toma conciencia de los efectos que causan los rápidos e imprecisos diagnósticos, caemos fácilmente en los peligros de esteriotipar y rotular a los sujetos.Esto se ve a diario en el consultorio donde los pacientes llegan diciendo lo que traen de otros profesionales, con la angustia de ser portadores de. Esto se intensifica aún más en los tratamientos con niños, donde se hace visible los errores que cuestan todo un sufrimiento familiar, por el solo hecho de tener que diagnosticar y dar respuestas antes de tiempo. Creemos necesario poder pensar en las implicaciones que trae dar un diagnóstico, y poder problematizar la función del diagnosticar en nuestra práctica cotidiana como agentes de la salud mental.