Última actualización web: 23/06/2021

¿Cómo se deben tratar por teléfono las amenazas de suicidio?

Autor/autores: J Guerra , Haranburu M, Álvarez F
Fecha Publicación: 01/03/2013
Área temática: Psiquiatría general , Psicología general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

El número de suicidios en nuestro entorno es cada vez mayor. Se está señalando al empeoramiento de las condiciones económicas, entre otras, como una de las causas, pero sobre todo a que no se interviene sobre esta conducta, dejando que su tasa fluctúe de ?forma natural?. No obstante, debido a la gran carga emocional y al sufrimiento que genera, la sociedad comienza a sensibilizarse ante este tema y demanda a las instituciones sanitarias y sociales que acometan medidas para su prevención, tratamiento e intervención. El Sistema Nacional de Salud (SNS) en España está desarrollando protocolos y pautas para abordarlo en atención Primaria, en los Servicios de Urgencias y en los Servicios Especializados de psiquiatría. También existen algunos programas preventivos en marcos escolares y laborales, e incluso ya se están difundiendo algunos protocolos de actuación para los distintos servicios de emergencias (sanitarios, policías, bomberos) para intervenir en el mismo momento de la amenaza.

Entendemos que es en este último ámbito donde escasean las pautas de actuación y, sin embargo, son muy necesarias ya que muchas veces es donde se detecta por primera vez la conducta suicida, y la situación estresante puede llevar al bloqueo y a la desorganización del comportamiento tanto de los rescatadores como de las víctimas. Por ello, es necesario dotarse de protocolos de actuación para afrontarlo en todas las situaciones de emergencias, incluidos los teléfonos de socorro y de ayuda, que recogen muchas veces llamadas desesperadas de víctimas y/o testigos. Se anexa un caso real de llamada telefónica de un suicida.

Palabras clave: Amenazas suicidio, Emergencia, Intervención psicológica, SOS-teléfono de ayuda

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¿CÓMO SE DEBEN TRATAR POR TELÉFONO LAS AMENAZAS DE SUICIDIO?

 

Guerra, J.; Haranburu, M.; Álvarez, F. 

Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico

Facultad de Psicología

Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

Avda. Tolosa, 70

20018 San Sebastián (España)

jesus.guerra@ehu.es

Resumen

El número de suicidios en nuestro entorno es cada vez mayor. Se está señalando al empeoramiento de las condiciones económicas, entre otras, como una de las causas, pero sobre todo a que no se interviene sobre esta conducta, dejando que su tasa fluctúe de “forma natural”. No obstante, debido a la gran carga emocional y al sufrimiento que genera, la sociedad comienza a sensibilizarse ante este tema y demanda a las instituciones sanitarias y sociales que acometan medidas para su prevención, tratamiento e intervención.

El Sistema Nacional de Salud (SNS) en España está desarrollando protocolos y pautas para abordarlo en Atención Primaria, en los Servicios de Urgencias y en los Servicios Especializados de Psiquiatría. También existen algunos programas preventivos en marcos escolares y laborales, e incluso ya se están difundiendo algunos protocolos de actuación para los distintos servicios de emergencias (sanitarios, policías, bomberos) para intervenir en el mismo momento de la amenaza. Entendemos que es en este último ámbito donde escasean las pautas de actuación y, sin embargo, son muy necesarias ya que muchas veces es donde se detecta por primera vez la conducta suicida, y la situación estresante puede llevar al bloqueo y a la desorganización del comportamiento tanto de los rescatadores como de las víctimas. Por ello, es necesario dotarse de protocolos de actuación para afrontarlo en todas las situaciones de emergencias, incluidos los teléfonos de socorro y de ayuda, que recogen muchas veces llamadas desesperadas de víctimas y/o testigos. Se anexa un caso real de llamada telefónica de un suicida.

Palabras clave: emergencia, amenazas suicidio, intervención psicológica, SOS-teléfono de ayuda.

 

HOW TO TREAT BY TELEPHONE THREATS OF SUICIDE?

Summary

The number of suicides in our environment is increasing. It suggests, among other causes, the worsening of the economic conditions, but points above all that it does not intervene on this behaviour, allowing the rate of suicides to fluctuate in a “natural way”. However, due to the heavy emotional load and suffering that generates the suicide, the society begins to be sensitive to this issue and demands to health and social institutions that undertake measures for the prevention, treatment and intervention in cases of suicidal behaviour. The National System of Health (SNS) in Spain is developing protocols and guidelines to deal with it in primary care, hospital urgency services and specialized services of Psychiatry. There are also some preventive programs for school and work contexts, and even some protocols are being disseminated to the various emergency services (health, police, fire-fighters) so they can act at the time of the threat. We think that in this last area the action guidelines are very scarce, and yet very necessary, since many times it is there where suicidal behaviour is detected for the first time, and the stressful situation can lead to the blockage and disruption of behaviour of both rescuers and victims. For this reason, it is necessary to provide actuation protocols to deal with in all emergency situations, including help and aid phones that can often receive calls from desperate victims and witnesses. A real phone call from a suicide case is appended.

Key words: emergency, threats suicide, psychological intervention, SOS-help phone.

 

Introducción

En los últimos años cuantitativamente han aumentado en nuestro entorno las tentativas y suicidios consumados y, desde un punto de vista cualitativo, es considerable el impacto sobre conocidos y allegados, estigmatizando el entorno personal y físico. Esto se manifiesta cada vez más en un mayor interés por la conducta suicida en nuestra sociedad y en los medios de comunicación.

En estos momentos el número de suicidios detectados en España supera ya, por ejemplo, el número de fallecimientos por accidente de coche. Esta mayor preocupación sobre la conducta suicida ha conducido ha desarrollar protocolos y pautas de actuación en el SNS en el ámbito de Atención Primaria, en Urgencias Hospitalarias y en los Servicios Especializados de Psiquiatría. También en el ámbito de Emergencias ha surgido esta necesidad, ya que muchas veces es el primero en enfrentarse con una tentativa o con una amenaza. Es por ello necesario que también se desarrollen protocolos y pautas de actuación que conviertan los suicidios solo en intentos.

Por otro lado, aunque el suicidio parece enmarcarse en el ámbito privado, no es así, y es necesario que la sociedad y sus instituciones sean garantes de la vida en general de las personas y, por ello, ante el conocimiento de que se va a producir una autolisis actúen para evitarla.

Las personas que tienen un sufrimiento importante pueden pensar en la muerte como una solución, ésta es, sin embargo, solo una de las posibles salidas pero no la única. Evitar un suicidio es muy importante ya que se sabe que la probabilidad de que lo vuelva a intentar baja de forma exponencial. No es cierto el mito de que si una persona lo ha intentado lo seguirá intentando hasta que lo consiga. Se sabe que solo entre el 1% y 2% de los que sobreviven a un intento de suicidio mueren por autolisis durante el siguiente año, y entre el 10% y 20% de éstos acabarán suicidándose en algún momento de su vida (1,2,3).

Otro aspecto determinante para valorar la importancia del tema son las víctimas colaterales que genera el suicidio de una persona. Detrás de cada suicidio hay una familia, grupos de compañeros y allegados que se pueden sentir marcados por el suicidio de una persona, incluso algunos se sentirán culpables o directamente relacionados con lo ocurrido. Según el conocido índice Dunbar, se estima que cada persona tiene un círculo cercano de relaciones sociales de aproximadamente 150 personas, hipotéticamente al menos una décima parte podrían considerarse afectados de forma intensa. Cada suicidio provoca, además, daños económicos, más o menos difíciles de evaluar, y, sobre todo, estigmatiza el entorno donde se produce y a los familiares más cercanos.

Según la última estadística hecha pública en el 2011 por el INE (Instituto Nacional de Estadística), en el 2009 se suicidaron en España 3429 personas (más de nueve personas al día). De los cuales 2666 (77,74%) fueron varones y 763 (22,25%) mujeres (4).

Para situar la importancia de este dato lo podemos comparar con otros indicadores de problemáticas que preocupan a la sociedad, concretamente con el número de víctimas en accidentes de tráfico que en España durante dicho año fueron de 2588, 2010 hombres y 578 mujeres (lo que supone unas 7 personas al día), (en nuestro país la tendencia de esta casuística está a la baja en los últimos años, por la mayor sensibilización, por la mejora de carreteras y automóviles, por el endurecimiento penal de las infracciones, por el carnet por puntos, incluso por la crisis económica(5)), o con el número de víctimas mortales por violencia de género que ese año fue de 55 en nuestro país. Objetivamente, el número de víctimas de suicidio es mayor, teniendo, además, en cuenta que los datos que manejamos son los suicidios que se detectan claramente, pero se sabe que muchos casos se quedan enmascarados, y por diversas razones son considerados como accidentes o, incluso, muertes naturales.

La edad donde aparecen más casos de suicidios en ambos sexos es en el rango de los 35 a 49 años, con un repunte de los 75 a 79, únicamente en los hombres.

La tasa de suicidio por 100.000 habitantes fue 11,760 para los varones y 3,281 para las mujeres.

Según el INE los métodos de suicidio más frecuentes fueron:

1. Ahorcamiento 50%

2. Precipitarse al vacío 20%

3. Intoxicación con fármacos o sustancias 8%

4. Disparo de armas 6%

5. Ahogamiento 4%

6. Arrojarse a un coche o tren en movimiento 3%

7. Objeto punzante 2%

 

En todos los métodos hay más varones que mujeres, aunque en intoxicación hay menos diferencia entre los grupos. El perfil de la persona que consuma un suicidio es un varón, mayor de 65 años, y el principal método utilizado es el ahorcamiento. Sin embargo, en los intentos de suicidio no consumados prevalecen las mujeres, de edad joven y utilizando algún método de intoxicación.

Un predictor importante de nuevos intentos es el grado de letalidad de las tentativas anteriores de suicidio y por lo general se relaciona con lo cruento de la acción. La utilización de métodos diferentes a la intoxicación por medicamentos, concretamente el ahorcamiento, está fuertemente relacionado con un posterior suicidio consumado.

Entre los factores de riesgo más importantes se han citado sobre todo la depresión, la OMS asume un grado de asociación entre el 65-90%, el trastorno bipolar y la esquizofrenia, con una asociación entre el 25-50%, otros trastornos asociados, aunque con menor intensidad, son la anorexia, trastornos de ansiedad, trastornos de personalidad (límite y antisocial) y como precipitador el abuso de alcohol, drogas ilegales y otras sustancias. Entre los aspectos psicológicos se han asociado las siguientes variables: la impulsividad, el pensamiento dicotómico, la rigidez cognitiva, la desesperanza, la dificultad de resolución de problemas, la sobregeneralización en el recuerdo autobiográfico y el perfeccionismo. Estos factores varían en función de la edad, aunque hay dos de especial importancia, la desesperanza como factor básico y la rigidez cognitiva, como principal distorsión cognitiva. Otros factores que pueden influir son el haber sido víctima de abusos y/o maltratos, acosos y la orientación homosexual (6).

Aparte de los determinantes biológicos y/o heredados también son importantes el padecer de dolor crónico, discapacidades, pérdidas de movilidad, o padecer enfermedades graves como cáncer, sida, etc. (7,8). Los factores estresantes y las pérdidas pueden ser considerados como precipitadores, no como causas directas, así como la falta de apoyo social suficiente o la pérdida de empleo.

Otros aspectos a tener en cuenta son la religión, como factor protector, y el factor imitación o contagio que se puede producir dentro de grupos (sub)culturales o en relación con los medios de comunicación. Capítulo aparte merece el fenómeno del suicidio colectivo. Más frecuente en Japón y en culturas orientales donde el suicidio tiene otras connotaciones de salida honorable para afrontar algunos problemas. De forma preocupante se ha detectado el uso de Internet y de las nuevas tecnologías para promover métodos y conductas de suicidio colegiadas (9).

 

Objetivo general

Nuestro equipo está formado por varios psicólogos, médicos y emergencistas. Nuestro trabajo se centra en desarrollar técnicas psicológicas de intervención para abordar la fase aguda de una amenaza de suicidio en el mismo momento en que se está produciendo la tentativa.

Hasta el momento los mayores esfuerzos del SNS en España se han centrado en desarrollar actuaciones principalmente en tres marcos: Atención Primaria, Urgencias y Servicio especializado (Psiquiatría). Tal y como viene recogido en la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. I. Evaluación y Tratamiento (2010) de las Guías de Práctica Clínica en el SNS del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad de España (6). También en población general se ha trabajado en aspectos de prevención y detección de la conducta suicida (10), pero muy poco en el abordaje agudo de la situación de amenaza cuando se produce. Quizás, en parte, esto es debido al apoyo casi exclusivo que hacen los sistemas sanitarios en el tratamiento biológico y farmacológico, olvidando los aspectos psicológicos y del comportamiento, que les desorientan y la tendencia es a derivarlos lo antes posible cuando se presenta un caso con estas características.

Es importante señalar que la prevención y la detectación del suicidio, especialmente en los niños y en los jóvenes, no solo es una tarea de las instituciones sino de toda la sociedad: de la familia, de los profesores y maestros, incluso de los amigos y compañeros en el ámbito más cercano, junto con los profesionales sanitarios, sociales y los medios de comunicación se puede hacer una labor preventiva muy importante.

Por lo general, son los servicios sanitarios de emergencias y los servicios de seguridad los primeros en encarar la situación de amenaza de suicidio cuando se manifiesta públicamente. Al ser la situación altamente estresante, desconcertante, incluso peligrosa para el contexto, parece aconsejable establecer, a forma de protocolo de actuación, una serie de pautas, claves, para intentar afrontar la situación con éxito.

Siendo conscientes de la importancia de la palabra como método de intervención para producir cambios en la conducta hemos desarrollado un Protocolo psicológico de actuación en caso de intentos de suicidio (11,12). No se trata de aplicarlo en su integridad, sino, ya que la situación va a ser muy tensa, tener una serie de pautas sobre lo que se puede o no se puede decir, y lo que se puede o no dejar hacer, para focalizar el intento de rescate. Se trata de hablar y actuar de forma segura y contundente apoyando a la persona para que desista de su actitud suicida. Remitimos al lector interesado a la bibliografía citada (11,12).

Objetivo específico

En el presente trabajo nos planteamos aportar una serie de herramientas para detectar e intervenir en los casos de emergencias al recibir llamadas telefónicas de auxilio o de ayuda o de emergencias en general (número telefónico de emergencias: 112). No se trata de usar todas o de que sea un guión, sino, siendo conscientes de la premura de tiempo, del sobresalto emocional del rescatador, de la situación estresante se trata de poder utilizar sin dilación, casi automáticamente, algún tipo de interacción verbal que pueda canalizar la amenaza hacia su resolución positiva.

Este tipo de intervención a distancia es muy difícil, mucho más, si cabe, que la actuación “cara a cara”. Pero la incorporación por este medio de estrategias psicoterapéuticas en distintos ámbitos clínicos nos anima a profundizar en ellas (13). Somos conscientes de la dificultad de resolver satisfactoriamente la situación y de la facilidad de fracasar. Debemos tomárnoslo como un reto, aunque también necesitaremos de mucha suerte. Como en la otra situación el único medio que podemos utilizar para postergar el intento suicida es la palabra, nuestra actitud y nuestra forma de comunicarnos. Aunque estamos todavía más limitados, ya que no tenemos contacto visual y perdemos toda la información y capacidad de intervención que tendríamos de encontrarnos en el lugar de los hechos. Se trata de utilizar la palabra con el mayor éxito posible, saber qué se puede y qué no se puede decir, cómo decirlo y qué transmitirle, para controlar la impulsividad e intentar retrasar el intento suicida.

Es una situación límite en la que es muy difícil razonar lógicamente. Nuestro objetivo es distraer, tranquilizar, buscar compromisos en una negociación en la que tenemos que buscar algo que realmente desee o necesite la persona, y que estemos en condiciones de facilitar y por lo que sea capaz de no seguir con su conducta suicida. Por ejemplo, garantizarle que le vamos a ayudar más concretamente a resolver el problema que plantea, que le vamos a buscar la persona de contacto o el profesional más adecuado. La palabra, bien utilizada, es un arma que puede ser muy efectiva, pero hay que saber utilizarla. También está muy limitada, ya que tenemos poco tiempo y se necesitan muchos conocimientos previos en general, y sobre el caso concreto en particular, además de mucha habilidad, ya que la dificultad principal es que no podemos ver directamente a la persona. Sabemos que no podemos razonar ni convencer, sólo apoyar, crear disonancias cognitivas, paradojas, ambivalencias, para aminorar el impulso y para postergar el intento.

Sabemos que si alguien se quiere realmente suicidar es muy difícil intervenir y evitarlo. La persona busca un lugar aislado, inaccesible, y desde allí consuma su conducta. Tiene para ello una gran cantidad de medios, muchos de ellos cruentos y letales. Cuando alguien amenaza públicamente con un suicidio o lo está comunicando, junto con el riesgo de una autolisis, aparece algún tipo de mensaje para alguien concreto o para la sociedad en general. Hay que saber canalizar y reorientar esta necesidad de comunicación (14,15).

La situación es en sí misma estresante. La tensión, el estrés produce ansiedad y ésta desorganiza el comportamiento y el pensamiento. Por esto, es muy importante haber desarrollado y haberse entrenado en un protocolo de actuación ante situaciones críticas, no sólo suicidios, también secuestros, catástrofes, sucesos imprevistos, accidentes múltiples, etc.

La clave es entender que la persona está sufriendo, por un lado quiere morir como una alternativa para dejar de sufrir, pero también quiere comunicarse, dejar un mensaje a alguien en concreto o a la sociedad en general (aquí es donde nos tenemos que apoyar), el suicidio es una posibilidad, no la única, para acabar con el sufrimiento.

Aunque no todos los puntos tienen que darse en el mismo orden que se describen, la siguiente cadencia puede ayudar al receptor de la llamada para poder empezar a controlar la situación:

Procedimiento

1. Recibir llamada de emergencia (112).

2. Detectar si es una emergencia psicológica, para derivar la llamada al psicólogo/a de guardia, si lo hubiera, o al experto en negociación.

3. Tutear o trato cercano y familiar, voz cálida, transmitirle que estamos de su parte.

4. Transmitir tranquilidad haciendo grave nuestro tono de voz (aspectos de comunicación paraverbal).

5. Debemos respirar diafragmáticamente (cogiendo el aire con el vientre y llevarlo a los pulmones), lenta y acompasadamente, para tranquilizarnos y transmitir tranquilidad al interlocutor.

6. Irle preguntando y dejarle hablar, si no se le entiende, pedirle que se tranquilice, que hable más despacio. Mientras hable el tiempo está a nuestro favor. Focalizar la conversación con preguntas breves sobre lo que acaba de decirnos y que queremos potenciar, ignorando lo que queremos desactivar. Por ejemplo, si dice: No me quiere nadie, a nadie le intereso, podemos decirle: ¿tienes familia, tienes novio/a?

7. Si nos desborda pedir ayuda a un compañero o a alguien más experto.

8. Preguntarle por su nombre, y si lo consideramos, y podemos, presentarnos (nombre familiar y ocupación en ese momento).

9. Focalizar el problema, algunas de las preguntas que podemos hacer serían las siguientes: ¿Qué quieres, te puedo ayudar, te encuentras bien, cuéntame qué te pasa, quieres algo, quieres que llame a alguien, quieres hablar con alguien, etc.? Con ello lo que pretendemos es definir el problema, si es o no una tentativa de suicidio. Evaluar la letalidad y peligrosidad de los hechos. Buscar posibles salidas o soluciones.

10. Otras preguntas pueden ir orientadas para recabar datos:

a. Sexo, edad, nivel cultural, nivel ocupacional, etc.

b. Intentar localizarle: pueblo, zona, calle, etc., para transmitirlo a las patrullas de policía para que intenten el rescate directo.

11. Otras preguntas van en la dirección de conseguir su distracción o desconexión momentánea con lo que le hace sufrir. Si es posible sería interesante identificar aspectos positivos: gustos, distracciones, ocio, redes sociales. Esta información nos puede resultar útil para negociar un compromiso o una salida. En un caso real un rescatador incorporó el tema de la música a la conversación con una mujer que había quedado aturdida después de caer a un balcón (16).

12. Que hable de lo que le preocupa (sin juzgar, con empatía y calidez). Para poder sopesar los problemas en su justa medida y desactivar la emocionalidad asociada. Todo esto nos ayudará a evaluar su autoestima, sus expectativas, su nivel de comprensión, también si está bajo los efectos del alcohol o de alguna droga.

13. Desahogo emocional: permitir llorar (decirle: llora tranquilo, te encontrarás mejor; no decirle: ¿por qué lloras?, no llores), no permitir descontrol emocional (autolesiones, gritos, etc,) (decirle: tranquilo, calma, respira profunda y lentamente; nunca debemos gritarle, ni contestarle en espejo).

14. Hablar en positivo, contra argumentar los aspectos negativos de su decisión: es peor lo que vas a hacer, tú eres capaz de solucionar ese problema, podrías quedarte tetrapléjico o inválido.

15. Aunque es difícil y se necesita mucho entrenamiento, si es posible, sería interesante que pudiéramos detectar disonancias cognitivas que pueden estar incidiendo en la tentativa (17). Esta parte de la intervención se basa en la técnica cognitiva-conductual conocida como reestructuración cognitiva, que consiste, a partir de la presentación de pautas de pensamiento y las correspondientes emociones asociadas, establecer una exposición contrastada de pensamientos alternativos, más ajustados, para que decaiga la conducta suicida. El objetivo es crearle ambivalencia, para hacerle entender que no es tan extremo lo que piensa, ni que se va a resolver con desaparecer, y con todo ello potenciar el efecto paradójico que encontramos cuando se da nombre a una emoción negativa, que se desactiva.

16. Llegar a un compromiso de retrasar la autolisis: te pondremos en contacto con esa persona pero tienes que decir donde estás, ya estamos en camino, te vamos a ayudar, tranquilo.

Ganar tiempo es muy importante ¿Cuánto tiempo tenemos para negociar? Mientras se le involucre en hablar se está ganando tiempo y posponiendo la decisión de suicidarse.

Hay que tener en cuenta que en algunas situaciones el “hablar” está muy limitado o tiene pocas posibilidades de éxito, por ejemplo en casos de intoxicación, drogas, alcoholismo, de enfermedad mental o bajo los efectos de medicación potente, de estar emocionalmente muy alterado, etc.

Hay que ser conscientes de que los intentos de suicidio se resuelven finalmente con el control físico de la persona, por lo que una parte importante de nuestra interacción se tiene que centrar en localizarle para conseguir su contención física por parte de los rescatadores en el lugar.

Para concluir unas breves palabras relacionadas con el abordaje del posible desgaste psicólogico de los profesionales una vez solucionada de una u otra forma la situación suicida. Aunque este apartado merece unas consideraciones aparte, referirnos que se han descrito dos técnicas terapéuticas de aireación y recuperación post-traumática(18,19), para establecer la recuperación emocional y anímica de los rescatadores:

a. Defusing: El equipo habla de forma espontánea sobre lo sucedido, analizando e intentando dar sentido a lo acontecido.

b. Debriefing: Terapia de apoyo al equipo dirigido por psicoterapeutas.

Como personas los rescatadores también sufren y se queman, sobre todo si no se consigue evitar el suicidio, por lo que no es positivo que se lleven a casa el impacto crudo de los acontecimientos.

Conclusiones

La conducta suicida merece su consideración y estudio por parte de los profesionales sociales y sanitarios. El sufrimiento que puede ocasionar la consumación del acto suicida es mucho mayor que el falso consuelo que puede conllevar la desaparición física de una persona. Es labor de toda la sociedad detectar las ideaciones suicidas y el sufrimiento asociado para valorar la peligrosidad de la conducta futura. Una vez declarada la tentativa o amenaza son los profesionales de emergencias y de seguridad los que asumen el protagonismo de intentar evitar y postergar el intento. Posteriormente, dentro de los distintos servicios del SNS, se podrá estabilizar emocional y anímicamente a la persona para hacer irreversible su compromiso con la vida.

En situación de emergencias la intervención en adultos se centra básicamente en crear ambivalencia para potenciar el efecto paradójico, poner un nombre a las emociones las desactiva, con niños se centra básicamente en la distracción.

La conceptualización general es equivalente a la negociación que podríamos establecer en el caso de un secuestro con rehenes, donde el rehén es la propia persona que pretende suicidarse. Se trata de establecer un protocolo y unas pautas de negociación que se perciban como justas y puedan servir para postergar y evitar la tentativa suicida.

 

Bibliografía

(1) Pérez Barrero SA. El suicidio, comportamiento y prevención. Editorial Oriente, Santiago de Cuba; 1996.

(2) Pérez Barrero SA. La adolescencia y el comportamiento suicida. Ediciones Bayamo; 2002.

(3) Pérez Barrero SA. ¿Cómo evitar el suicidio en adolescentes? Revista Futuros; 2006.

(4) Defunciones según la causa de muerte 2009. [Internet]. Madrid: Instituto Nacional Estadística; 2009. Disponible en: http://www.ine.es/jaxi/tabla.do

(5) Stuckler D, et al.: Effects of the 2008 recession on health: a first look at European data. The Lancet 2011; 378: 124-125.

(6) Grupo de trabajo de la Guía de Práctica Clínica de Prevención y Tratamiento de la Conducta Suicida. I. Evaluación y Tratamiento. Plan de Calidad para el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad. Axencia de Avaliación de Tecnoloxías Sanitarias de Galicia (avalia-t); 2010.

(7) García-Resa E, Braquehais MD. El paciente suicida. En Chinchilla, A. (Coord.) Manual de urgencias psiquiátricas. Barcelona: Masson, 2003.

(8) García de Jalón E, Peralta V. Suicidio y riesgo de suicidio. Anales sis San Navarra 2002; 25 (supl. 3): 87-96.

(9) Jiménez D. Clubes de suicidio en Internet. El mundo-Crónica 2007; 70-71. (Publicado 29/07/2007).

(10) Tejedor C, et al.: Programa de prevenció de la conducta suicida del sector Dreta de L’Eixample. Departament de Salut. Generalitat de Catalunya, 2009.

(11) Guerra, J.; Lerma, A.; Haranburu, M.: Técnicas Psicológicas de rescate en intentos de suicidio, Emergencias 2010; 22: 301-306.

(12) Guerra, J.; Lerma, A.; Haranburu, M.; Escalante, M.: Psicología de emergencias: ¿Qué se puede hacer ante una amenaza de suicidio? Protocolo psicológico de actuación, INTERPSIQUIS. -1; (2010) En: psiquiatria.com.

(13) Mohr, DC.; Ho, J.; Duffecy, J. et al. Effect of Telephone-Administered vs Face-to-face Cognitive Behavioral Therapy on Adherence to Therapy and Depression Outcomes Among Primary Care Patients. The Journal of the American Medical Association 2012; 307 (21):2278-2285.

(14) Stengel E. Selbstmord und Selbstmordversuche. Psychiatrie der Genwart, III, 51. Berlin: Springer, 1961.

(15) Hendin H, et al.: Recognizing and Responding to a Suicide Crisis. Journal of Suicide and Life Threatening Behavior 2001; 31: 115-128.

(16) Osorio, S. La mujer cayó a un balcón. Elcorreo.com 2012; (Publicado 09/06/2012).

(17) Freemann A, Reinecke MA. Terapia cognitiva aplicada a la conducta suicida. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, 1995.

(18) Parada E. (Coord.). Psicología y Emergencia. Bilbao: Editorial Desclée de Brouwer, 2008.

(19) Fernández JM. Apoyo psicológico en situaciones de emergencia. Madrid: Editorial Pirámide, 2006.

 

ANEXO

Caso real de llamada de ayuda de un suicida

Nos referiremos a continuación al relato de un caso real dramático e impactante (con nombres y localizaciones cambiadas) que, a pesar de los esfuerzos encomiables del operador de emergencias, no se pudo resolver satisfactoriamente.

Se trata de una llamada efectuada al teléfono de Emergencias 112 SOS DEIAK en una tarde de noviembre de 2008, por parte de un varón de unos 45 años, Víctor, desde su teléfono móvil.

Con voz fatigada y adormilada, posiblemente bajo los efectos de alguna sustancia, indicó, en primer lugar, que estaba intentando contactar con una mujer de nombre Arantza con la que al parecer había convivido 3 meses y con la que había roto la relación hacía unos días.

Su intención era hablar con la mujer, siendo imposible hacerlo porque ella no abría la puerta, en su voz se manifestaba su pérdida de esperanza. Con actitud desesperada informó que tenía un cuchillo en la mano y que tenía intenciones de clavárselo.

Asimismo, informó que el día anterior le habían conseguido rescatar de un intento previo, llevándole al psiquiátrico, por el mismo motivo, por querer hablar con Arantza, y haber ingerido dos cajas de Tranxilium, dándole al día siguiente el alta hospitalaria.

Aparentemente colaborativo aporta toda la información que se le solicita. Durante la conversación deja patente en varias ocasiones que quiere acabar con su vida arrojándose al tren y que esta vez nadie le va a librar. Solicita que el propio interlocutor se comunique con su ex-pareja, que le diga que la quiere de verdad y que ha sido muy feliz a su lado.

Víctor va caminando, hablando por el móvil, hacia una estación de tren. El operador es capaz de recoger numerosos datos personales: identidad, antecedentes, identidad de la ex-pareja, de los padres y de un hermano, así como la descripción de su recorrido hasta el encuentro con el tren, estos últimos datos son enviados a una patrulla de la Ertzaintza (Policía Vasca) que se aproximó al lugar de los hechos y que va a presenciar de lejos el fatal desenlace.

El operador intenta conseguir la distracción, la postergación del objetivo suicida, intenta empatizar, que se tranquilice, con escucha activa, intentando que hable de sus preocupaciones y sufrimiento. Pese al gran esfuerzo y profesionalidad del operador, el desenlace no fue el deseado.

Víctor, después de estar esperando al tren, escondido junto a la estación, se arrojó a las vías y murió arrollado. Su última palabra fue un “nooooooooooo”. El sonido del traqueteo del tren se mezclaba con las llamadas del operador diciendo: Víctor, Víctor, en la grabación protocolaria de SOS DEIAK.

Momentos más tarde fue confirmado por la patrulla de la Ertzaintza el arrollamiento y la muerte.

 

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