Sinónimo: transexualidad, complejo de Diana. Se caracteriza porque el sujeto se identifica de modo persistente con el sexo opuesto y desea adquirir las características físicas de este a través de un tratamiento quirúrgico u hormonal. El DSM-IV-TR, en función de la orientación sexual de estos sujetos, ha distinguido los siguientes tipos: con atracción sexual hacia los hombres; con atracción sexual hacia las mujeres; con atracción sexual hacia ambos sexos y sin ninguna atracción sexual.
La identidad de género se refiere al sentido interno y profundamente arraigado de una persona sobre su género, independientemente del sexo asignado al nacer. Es cómo las personas se perciben a sí mismas y qué se consideran en términos de género, que puede ser masculino, femenino, una combinación de ambos, o incluso algo diferente fuera de esta dicotomía. La identidad de género es una percepción interna y personal, por lo que solo el individuo puede definir su propia identidad de género.
Hasta los 2 o 3 años no se llega al convencimiento de que se es niño o niña. La formación de esta identidad se basa en la influencia genética, en los genitales externos y en las actitudes de los padres y de la sociedad.
Término del psicoanálisis. Mecanismo inconsciente, a diferencia de la imitación, mediante el cual una persona internaliza las características de otra, normalmente el progenitor del mismo sexo.
Término psicoanalítico. Mecanismo de defensa del yo. Es una forma de introyección en la cual se internalizan las características agresivas del objeto en un intento de controlar al agresor.
Término psicoanalítico. Mecanismo de defensa del yo por el cual los aspectos no deseados de la propia persona se proyectan en otra con objeto de dañarla o controlarla. El término fue acuñado por la psicoanalista Melaine Klein.
Término en desuso por su carácter peyorativo. Se utilizó para hacer referencia al retraso mental profundo.
Una de las cuatro tipos de enfermedades mentales de la clasificación de Phillippe Pinel: manía, melancolía, demencia e idiotismo.
En la ilusión se produce una deformación de un objeto real externo, ya sea por una falta de atención, por determinados sentimientos que actúan catatímicamente deformando esta realidad o porque exista un deseo expreso de deformar este material real. En esta definición está implícita las tres modalidades de ilusión que distinguió Karl Jaspers: ilusiones por inatención; ilusiones afectivas y las pareidolias. Las ilusiones no son necesariamente patológicas, pueden aparecer en sujetos normales, pero son sobre todo abundantes en los delirios oníricos donde acompañan a las alucinaciones visuales y táctiles.
Llamamos así a la discrepancia entre dos maneras de observar un objeto, una de las observaciones se realiza con instrumentos (una regla generalmente) y la otra sin ellos. Las ilusiones ópticas más conocidas son las de Müller-Lyer y la ilusión H-V (horizontal- vertical).
Sinónimo: ilusiones catatímicas. Para Karl Jaspers se producen como consecuencia de un sentimiento que altera la realidad exterior, las percepciones. Así, por la noche, el niño se despierta con miedo y puede confundir un vestido que cuelga de la percha con una persona que se acerca a él con la intención de hacerle daño.
Sinónimo: ilusiones de acabado, ilusiones del linotipista. Para K. Jaspers es la que se produce cuando el sujeto al leer un escrito pasa por alto, sin darse cuenta, las erratas de imprenta, corrigiéndolas y completándolas. Estas ilusiones demuestran una de las leyes de la psicología de la forma (Gestalt), la tendencia a percibir figuras completas o cerradas.