Un alto porcentaje de individuos que refieren y/o padecen acoso psicológico en el trabajo (APT) presentan sintomatología de carácter hostil-paranoide (González de Rivera, 2006; González de Rivera y Rodríguez Abuín, 2005, 2006). La conducta manifiesta es hostil y demandante, en algunos casos activa-agresiva, en otros pasiva-dependiente. Es frecuente que se acompañe de un estado de alerta y temor ante su entorno circundante laboral e incluso social-familiar. Para la valoración legal de estos casos la pericial diagnóstica es fundamental. Habitualmente entre los múltiples diagnósticos que etiquetan a los afectados se distinguen dos líneas básicas: a. - Pacientes diagnosticados con trastornos paranoides estructurales.El diagnóstico puede ser desde lo más estable y generalizado como en el trastorno Paranoide de la personalidad hasta lo más específico como en el trastorno Delirante de tipo paranoide. b. - Pacientes diagnosticados en un principio como patología reactiva (trastornos adaptativos), y si la situación persiste, finalmente como síndromes ansioso-depresivos o síndromes de estrés secundarios a situaciones de acoso. Incluso algunos casos puntuales son diagnosticados de trastorno de estrés postraumático. El problema que se plantea ante un demandante por APT con manifestaciones paranoides es el siguiente: ¿ha habido una experiencia con microtraumas continuos por agresión persistente, que produce una sintomatología paranoide secundaria, o por el contrario realmente nos encontramos con un trastorno paranoide estructural que nada tiene que ver con la situación vivida? (ver Rodríguez-Abuín y González de Rivera, 2005) La impresión clínica fundamental en la práctica muestra discrepancias muy significativas entre los profesionales, por lo que es importante llegar a criterios de diagnóstico diferencial sobre el paranoidismo en el APT que complementen la mera impresión clínica y que ayuden en la guía diagnóstica.