El Espectro Obsesivo-Compulsivo, concepto surgido en la década de los noventa1, agrupa una serie amplia de trastornos, hipotéticamente relacionados con el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC) a nivel clínico, demográfico, de historia familiar, curso evolutivo y respuesta terapeútica. Dependiendo de los autores considerados2, el espectro incluye trastornos relacionados con experiencias corporales ?como el trastorno dismórfico corporal o la hipocondría-, trastornos del control de los impulsos ?como tricotilomanía, cleptomanía, compra compulsiva o juego patológico-, trastornos de la conducta alimentaria, trastorno por tics e incluso algunas conductas adictivas, las parafilias o los trastornos de personalidad impulsivos como el trastorno Límite o Antisocial. Se ha postulado que este grupo de patologías comparte unas manifestaciones clínicas comunes, como la presencia de pensamientos reiterativos y la dificultad para inhibir o retrasar comportamientos repetitivos.Estos síntomas se enmarcarían en una dimensión compulsividad-impulsividad, con sobreestimación del daño y evitación del mismo en el polo compulsivo, e infravaloración del daño y búsqueda de sensaciones en el extremo impulsivo3. Otros aspectos que apoyarían la agrupación de estos trastornos serían la elevada comorbilidad e historia familiar de TOC en algunos de ellos ?especialmente el trastorno por tics múltiples-, la cronicidad de los mismos y especialmente la pretendida respuesta terapeútica específica a un grupo común de fármacos: los inhibidores de la recaptación de serotonina4. Este ponencia aborda este último aspecto, analizando la respuesta al abordaje farmacológico de estas patologías.