Última actualización web: 12/05/2021

La amenaza de parto prematuro eleva el riesgo de espectro autista en los niños

Noticia | Trastornos infantiles y de la adolescencia | 21/04/2021

RESUMEN

El estrés psicofisiológico y las acciones frente a la amenaza de parto prematuro pueden influir en el desarrollo de cuadros autistas en los bebés.

Un trabajo del grupo de Investigación en Perinatología del Instituto de Investigación Sanitaria del hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia (IIS -La Fe) ha identificado un nuevo clúster en los trastornos del espectro autista (TEA). El estudio, publicado en European Child & Adolescent Psychiatry, sugiere que los bebés nacidos tras una amenaza de parto prematuro (APP) tienen un mayor riesgo de padecer TEA, siendo un grupo no descrito y con características que los diferencian de otras poblaciones de riesgo.


Estos hallazgos apoyan la necesidad de una evaluación rutinaria de los bebés nacidos tras APP y de la detección de los síntomas consecuencia del impacto psicofisiológico de tal proceso en las madres. El estudio se ha realizado con un grupo de 111 parejas madre y bebé reclutadas en el momento del diagnóstico de la amenaza de parto prematuro y un grupo de control de 47 parejas de madre y bebé sanos para completar el seguimiento.


Independientemente de que finalmente hubiera un parto prematuro, los bebés nacidos tras APP mostraron una mayor carga de síntomas autistas a los 30 meses de edad que los bebés sin APP: mientras que el 18% de estos niños estaban en riesgo de presentar un TEA, ningún caso del grupo control lo estuvo.

Alteraciones tempranas
Para Ana García Blanco, autora principal de la investigación, este resultado era esperable “porque la amenaza de parto prematuro supone un evento estresante para la gestante y es bien sabido que el estrés durante la gestación altera el neurodesarrollo fetal”. Además, la amenaza de parto prematuro conlleva un tratamiento que modifica la secreción de oxitocina y la administración de glucocorticoides, “y ambas vías fisiopatológicas han sido relacionadas con los TEA”.

García Blanco añade que “la forma de manifestarse durante los primeros meses de vida no es tanto en alteraciones del comportamiento o los intereses, sino más bien en la comunicación, en la resolución de problemas y en la sonrisa social”.


En concreto, los bebés nacidos tras APP presentaban peores habilidades de comunicación y de resolución de problemas, menor sonrisa social y mayor reactividad vocal no dirigida a los seis meses. Estas alteraciones en el desarrollo psicosocial predicen una mayor carga de síntomas autistas a los 30 meses.

Asimismo, los síntomas de ansiedad en las madres diagnosticadas con APP también predijeron una mayor carga de síntomas autistas para los bebés a la edad de 30 meses. En contraste, a diferencia de otras poblaciones de riesgo como los hermanos de niños con TEA, este clúster no está vinculado a causas genéticas, presenta la misma prevalencia en ambos sexos, la severidad de los síntomas suele ser menor y responden mejor a la intervención precoz mejorando notablemente su funcionalidad a largo plazo.

Los autores indican que el estudio de esta población puede aportar información sobre los fundamentos fisiopatológicos de los TEA gracias a la identificación de este nuevo clúster. Para García Blanco, “es importante entender el autismo desde la etapa prenatal; la detección precoz de estos signos ayudará a “establecer una intervención temprana cuando el diagnóstico no esté plenamente establecido” y, de este modo, “que mejore su pronóstico”.


En un contexto investigador, la Asociación Española de psiquiatría del Niño y del Adolescente ha reconocido al grupo de Perinatología del IIS-La Fe con el Premio de Investigación 2020 por el proyecto PERISTRESS, financiado por el Instituto de Salud Carlos III (ISCIII) y que trata de dilucidar qué papel tiene los factores de estrés perinatal, genéticos y epigenéticos en el inicio y curso de los trastornos del neurodesarrollo.

El equipo que dirige Ana García Blanco realiza un estudio de seguimiento desde que las madres sufren una amenaza de parto prematuro hasta que los niños cumplen seis años en busca de variaciones epigenómicas asociadas al inicio y curso de los trastornos del neurodesarrollo en prematuros.

A través de PERISTRESS, el grupo de Investigación en Perinatología colabora con personal de Neonatología, Obstetricia, psiquiatría y psicología Clínica del hospital valenciano La Fe para caracterizar el desarrollo psicosocial de los niños prematuros y estudiar los factores de riesgo genético, ambiental y sociofamiliar. Esto ayudará a identificar de manera temprana a los niños con mayor riesgo de desarrollar estas alteraciones, clave para diagnosticar e intervenir precozmente y mejorar el pronóstico de unas alteraciones que cada vez son más frecuentes y afectan en mayor medida a la calidad de vida de miles de familias.

En este escenario, el proyecto ha permitido subrayar el papel del estrés psicofisiológico como predictor del parto prematuro en cuanto hay una amenaza; la importancia de condiciones maternas como la edad o una historia de traumas psicológicos sobre el neurodesarrollo del niño, así como el efecto de factores preconcepcionales, como la fecundación in vitro o una APP durante la gestación.



Fuente periodística: Diario Médico
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