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Última actualización web: 26/06/2022

Rasgos psicopatológicos de Adolf Hitler.

Autor/autores: Mikel Haranburu Oiharbide , Jesús Guerra Plaza, Nekane Balluerka Lasa, Arantxa Gorostiaga Manterola
Fecha Publicación: 30/03/2014
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

El personaje y la personalidad de Adolf Hitler han ejercido una gran fascinación tanto entre sus adictos como entre sus enemigos. A pesar de que ha habido una serie de factores socio-históricos que
han contribuido a la emergencia y el florecimiento de sentimientos y actitudes fascistas o antisemitas, no se puede negar la influencia que ha ejercido la personalidad de figuras relevantes como la de Hitler en la organización y el devenir del nacional-socialismo.

El objetivo de nuestra comunicación es analizar los rasgos psicológicos y psicopatológicos (paranoides, narcisistas, antisociales, masoquistas, obsesivo-compulsivos) que explican el comportamiento del Führer.

Analizaremos asimismo los rasgos psicológicos derivados de la enfermedad de Parkinson que padeció Hitler en sus últimos años:
deterioro cognitivo, trastornos del humor y sueño, rigidez. Finalizaremos nuestra ponencia tratando
de relacionar los rasgos de Hitler con sus actitudes y conductas históricas

Palabras clave: psicopatología

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RASGOS PSICOPATOLÓGICOS DE ADOLF HITLER
PSYCHOPATHOLOGICAL FEATURES OF ADOLF HITLER
Mikel Haranburu Oiharbide; Jesús Guerra Plaza; Nekane Balluerka Lasa; Arantxa Gorostiaga Manterola;
Universidad del Pais Vasco.
mikel. haranburu@ehu. es
Hitler, paranoide, Parkinson, nazismo.
Hitler, paranoid, Parkinson, Nazism.

RESUMEN
El personaje y la personalidad de Adolf Hitler han ejercido una gran fascinación tanto entre sus adictos como entre sus enemigos. A pesar de que ha habido una serie de factores socio-históricos que
han contribuido a la emergencia y el florecimiento de sentimientos y actitudes fascistas o antisemitas, no se puede negar la influencia que ha ejercido la personalidad de figuras relevantes como la de
Hitler en la organización y el devenir del nacional-socialismo. El objetivo de nuestra comunicación es
analizar los rasgos psicológicos y psicopatológicos (paranoides, narcisistas, antisociales, masoquistas, obsesivo-compulsivos) que explican el comportamiento del Führer. Analizaremos asimismo los
rasgos psicológicos derivados de la enfermedad de Parkinson que padeció Hitler en sus últimos años:
deterioro cognitivo, trastornos del humor y sueño, rigidez. Finalizaremos nuestra ponencia tratando
de relacionar los rasgos de Hitler con sus actitudes y conductas históricas.

ABSTRACT
The character and personality of Adolf Hitler have exerted a great fascination among both his supporters and among his enemies. Although there has been a series of socio-historical factors that
have contributed to the emergence and flourishing of fascist or anti-Semitic feelings and attitudes,
you cannot deny the influence it has had the personality of leading figures like Hitler in the organization and evolution of National Socialism. The aim of our paper is to analyze the psychological and
psychopathological traits (paranoid, narcissistic, antisocial, masochistic and obsessive-compulsive)
that explain the behavior of the Führer. We will also examine the psychological characteristics derived
from Parkinson's disease suffered by Hitler in his last years: cognitive impairment, mood and sleep
disorders, rigidity. We will end our paper trying to relate the features of Hitler with his historical attitudes and behaviors.


INTRODUCCIÓN
Coolidge, Davis y Segal plantean la cuestión de si se hubiera producido el Holocausto si
Hitler no hubiera existido. Tratan de responder a esta pregunta adoptando una doble perspectiva.
Por un lado, adoptan el enfoque que relaciona el Holocausto directamente con la existencia de una
persona como Hitler, con unos rasgos psicopatológicos que le convertían en una persona especialmente
maligna. Por otro lado, adoptan el enfoque que minusvalora la influencia de las personas individuales
en fenómenos como el Holocausto y lo relaciona con las condiciones socio-económicas que se dieron
en la primera mitad del s. XX, así como con la construcción intelectual del anti-judaísmo a lo largo
de los siglos, a partir del Renacimiento y de Lutero.
Siguiendo el primer enfoque, han sido múltiples los autores que se han dedicado a estudiar los
rasgos psicopatológicos de Hitler:
· Langer describía a Hitler como un neurótico de tendencias masoquistas, homosexuales,
perversiones sexuales, complejo de Mesías, rasgos histéricos y varios síntomas esquizofrénicos
(alucinaciones o delirios).

· Murray por su parte, describía la personalidad de Hitler como un intento de superación
de las incapacidades o debilidades de su niñez. Como una especie de compensación por las
humillaciones o malos tratos sufridos en la infancia. Describía los siguientes rasgos como
característicos de la personalidad de Hitler: ideación paranoide, megalomanía, grandiosidad,
delirios de persecución, disociación histérica y deterioro de facultades mentales a partir de
1942. Hitler mostraba varias formas de disociación histérica, tal como se pudo observar en
los síntomas que tuvo en la neurosis de guerra de 1918: ceguera y mutismo histéricos. Hitler
mostró también síntomas de esquizofrenia paranoide. A pesar de todo, Hitler controló en cierta
medida sus tendencias histéricas y paranoides utilizándolas para el logro de sus objetivos:
Hitler logró imponer a la nación alemana sus visiones y sus delirios.

· Para Fromm Hitler desarrolló un carácter necrófilo, asexual, con rasgos de narcisismo y
destructividad maligna. Tenía un carácter anal disfuncional y falta de habilidades sociales.
Atrapado en la dinámica del complejo de Edipo, transfirió los sentimientos edípicos originalmente
dirigidos hacia su madre a la gran nación alemana, y transfirió los sentimientos destructivos
originalmente dirigidos hacia su padre a los judíos (el hecho de que su padre fuera medio judío
facilitó esta transferencia).

· Mayer (5) trata de establecer el perfil del líder peligroso y le atribuye estos rasgos: intolerancia,
indiferencia hacia la suerte de los rivales y grandiosidad.
Siguiendo el segundo enfoque, Goldhagen defiende que la responsabilidad del Holocausto recae más en las condiciones sociales de Alemania en ese momento que en las características
psicopatológicas de Hitler. En este sentido, Goldhagen está en contra de los que defienden que sin
Hitler no se hubiera dado el Holocausto.
Después de hacer esta revisión, Coolidge, Davis y Segal (1) hacen un estudio de la personalidad
de Hitler, basándose en informadores expertos en Hitler y en la Alemania Nazi. A raíz de ese estudio,
llegan a las siguientes conclusiones: Hitler tenía rasgos psicóticos, trastorno de personalidad narcisista,
esquizofrenia tipo paranoide, delirios de grandeza y persecución, rasgos sádicos y antisociales, cólera,
inestabilidad emocional, ansiedad, irritación e indecisión.

1. DATOS BIOGRÁFICOS DE HITLER
Adolfo Hitler nació en Braunau am Inn (Imperio austro-húngaro), cerca de la frontera de
Austria con Alemania, en la primavera de 1889, del matrimonio formado por Alois y Clara Pölzl. Alois
Schicklgruber tenía 52 años cuando se casó; era hijo de María Ana Schicklgruber y de un judío, y
había adoptado el apellido de Hitler, porque cuando Alois tenía 5 años, su madre María Ana se casó
con Johann Georg Hiedler (Hitler), molinero de profesión. Alois llevó el apellido de su madre hasta
que tuvo 40 años, y entonces tomó el apellido de Hitler, por cuestiones de herencia. María Ana murió
cuando Allois tenía 5 años de edad.
Alois se casó 3 veces. En el primer matrimonio se casó con una mujer 14 años mayor que él y
cuidaban de la hija de su primo Klara Pölzl. En el segundo matrimonio se casó con la mujer que era
amante durante el primer matrimonio y tuvieron dos hijos: Ángela y Alois. En el tercer matrimonio
se casó con Klara Pölzl. Hitler era hijo del tercer matrimonio de Alois. Era el primer hijo de Klara y el
tercero de Alois. Sus hermanos mayores eran Ángela y Alois. Sus hermanos menores eran Edmundo
y Paula. De entre todos los hermanos solo Adolfo y su hermana Paula (psíquicamente limitada)
llegaron hasta la edad adulta.
Alois, padre de Hitler, trabajaba como funcionario de aduanas para el gobierno de Austria, por
lo que tuvo que trasladarse a Passau y a Linz. De hecho, Hitler se sentía más alemán que austríaco
y hablaba alemán con acento de Passau. Hasta que Alois decidió jubilarse, el año 1895, Hitler recibió
una educación permisiva por parte de su madre. Adolfo empezó a ir a la escuela a los 6 años, y tuvo
buenas notas hasta los 11 años. Su hermano Edmundo murió de sarampión en 1899 y a partir de esa
fecha Adolfo sacó malas notas en la escuela. Tenía más afición por los libros de acción y de aventuras
y por el dibujo que por el lenguaje, las matemáticas o las ciencias.
Adolfo fue buen estudiante en primaria pero en secundaria se rebeló contra su padre y dejó
de estudiar; abandonó la educación secundaria a los 16 años, sin titulación. No llegó a satisfacer
las expectativas de su padre en los estudios; suspendía en Matemáticas, Francés, Alemán. Solo
estudiaba aquello que le gustaba; las materias que no le gustaban las ignoraba.
Alois murió en 1903 de un ataque de apoplejía. Adolfo llegó a creer que su padre murió de
sífilis, ya que era medio judío y creía que la sífilis se transmitía generacionalmente entre los judíos.
Después de la muerte de su padre Adolfo llevó una vida apacible, mientras vivió su madre. Pero en
1907 murió su madre Klara, de un tumor canceroso en el pecho. Adolfo tenía un gran apego a su
madre, por lo que guardó un fuerte rencor hacia el médico judío que no había diagnosticado a tiempo
la enfermedad de su madre. Adolfo tuvo una relación estrecha con su madre, pero más distante con
su padre, ya que éste pasaba poco tiempo en casa.

Dos meses antes de que muriera su madre, Hitler fue a Viena a hacer el examen de admisión
en la Academia de Bellas Artes. Fue entonces cuando supo que la muerte de su madre estaba cerca.
Hitler volvió a su casa y estuvo cerca de la madre hasta que murió. Después de morir su madre,
Hitler se trasladó a Viena. No fue aceptado en la Academia de Bellas Artes. Pidió explicaciones al
rector de la Academia y éste le dijo que no había dudas sobre su inconveniencia para la escuela
de pintura, pero que tenía plenas facultades para la arquitectura, y que pidiera su admisión en la
escuela de arquitectura. Después de unos días de reflexión, pensó que el rector estaba en lo cierto
y deseaba convertirse en arquitecto. Intentó de nuevo entrar en la Academia de Bellas Artes al año
siguiente, pero no fue aceptado. Tampoco fue admitido en la escuela de Arquitectura. El rechazo que
sintió Hitler fue muy duro, más si cabe cuando vio que su amigo Kubizek había sido aceptado en la
Academia Vienesa de Música.
Hitler guardó de Viena los recuerdos más tristes de su vida. Recibía una pequeña pensión
de orfandad, trabajaba en trabajos de construcción, vendía algunos de sus cuadros, se alojaba en
una residencia para gente sin hogar, pasaba hambre y frío, y gastaba su dinero en cafés, museos
y ópera. Trabajando en la construcción conoció a militantes marxistas que intentaban convencerle,
pero simpatizaba más con las ideas nacionalistas que le había imbuido su maestro favorito de Linz,
Ludwig Poetsch. Ante la imposibilidad de estudiar arte, comenzó a asistir a reuniones políticas, para
encontrar argumentos que sostuvieran sus convicciones. Estaba en desacuerdo con lo que le decían
sus compañeros, pero no sabía argumentar, por lo que empezó a instruirse leyendo toda clase de
panfletos y asistiendo a mítines políticos. Estudiaba para justificar sus creencias y para encontrar
argumentos que sostuvieran sus convicciones, más que para aprender. En una ocasión, durante el
año 1909 sus compañeros de trabajo le amenazaron con tirarle del andamio si aparecía de nuevo a
la obra. Quedó sin trabajo, le echaron de su habitación por no pagar y pasó hambre. Hizo pequeños
trabajos, e incluso anduvo mendigando.
Una de las personas que conoció en esta época y que vendía algunos de sus cuadros fue
Reinhold Hanish, turbio personaje al que Hitler localizó y asesinó en 1938. Hanish decía de Hitler que
no era un ardiente trabajador, que era incapaz de levantarse por las mañanas y que tenía una especie
de parálisis de la voluntad. La relación entre Hitler y Hanish acabó mal: Hitler le acuso de apropiarse
de un dinero que le correspondía por un cuadro. Arrestaron a Hanisch y Hitler testificó contra él.
En esa época vienesa forjó Hitler su imagen del mundo y asentó las bases de sus futuras
construcciones. Fue entonces cuando abrió los ojos ante las dos amenazas que acechaban a Alemania:
los judíos y los marxistas. Se sentía muy frustrado por no haber alcanzado sus sueños de ser un
gran artista, y proyectó la responsabilidad de su frustración personal a la raza judía. Aunque hasta
ese momento Hitler no había sido especialmente antisemita, el hecho de vivir en la ciudad más
antisemita de la Europa Central coadyuvó a que tomara esta postura.

Adolfo apenas tuvo amigos en su infancia. Tuvo un amigo, Augusto Kubizak, con el que intimó
bastante y compartió su gusto por la música. Según Kubizek, él y Hitler se hicieron muy amigos y
coincidían en su pasión por el arte, la música de Richard Wagner, la filosofía de Nietzsche y la mitología
germana. Fue Adolfo quien convenció al padre de Kubizek para que enviara a su hijo a estudiar en
el Conservatorio de Viena. Kubizek completó sus estudios de música y trabajó como director de
una orquesta en Marburgo, mientras que Hitler no fue admitido en la Academia de Artes Plásticas.
Kubizak era sumiso y pasivo. Hitler por su parte se mantenía en un mundo infantil, sin interesarse
más allá de sí mismo y de sus fantasías. Kubizak le definía a Hitler como inflexible, obstinado y rígido.
Cuando terminó su estancia en Viena Hitler era una persona holgazana que utilizaba el anti-judaísmo
para ocultar su fracaso personal; no era capaz de mantener relaciones sociales, sobre todo con las
mujeres y se refugiaba en fantasías personales.
Las ideas nacionalistas de Hitler nacieron en Linz y se consolidaron en Viena. De Viena se
trasladó a Munich, en vísperas de la declaración de la I Guerra Mundial, para evitar servir al ejército
austríaco. La declaración de la I Guerra mundial fue un momento sagrado y apoteósico para Hitler, ya
que le proporcionaría un oportunidad para llenar el vacío de su juventud y para redimir las vejaciones
sufridas en su juventud. Pidió permiso al Rey De Baviera para servir al ejército y esperó la respuesta
con gran ansiedad. Se alistó en el ejército en Infantería, y sirvió como mensajero; era muy obediente
y dedicaba mucho tiempo a limpiar su rifle o a pulir su bayoneta. A pesar de que era un soldado
valiente y había recibido dos cruces de hierro (aunque hay investigadores que ponen en duda este
extremo), no ascendió más allá del grado de cabo, debido a su carácter solitario y malhumorado; no
se le reconocían dotes de liderazgo, aunque esas medallas supuestamente le dieron credibilidad y
legitimidad.

Un mes antes del final de la I Guerra Mundial recibió heridas de metralla en el muslo izquierdo
y sufrió un ataque de gas mostaza por parte del ejército británico, lo cual le produjo quemazón en
los ojos. Hitler describe su estancia en el hospital de Pasewalk después del ataque de gas mostaza.
Tuvo también una especie de visión divina cuando se estaba recuperando de las consecuencias del
gas mostaza, visión por la que resolvió entrar en política para combatir a los judíos que eran los
enemigos de Alemania. El olor de gas mostaza le recordó el yodoformo administrado a su madre
moribunda, lo cual le ayudó a revivir la experiencia de la muerte de su madre; de esta forma
transfirió la experiencia que tuvo con su madre moribunda a la experiencia de la caída de Alemania y
responsabilizó del fracaso a los judíos. Sufrió una gran frustración con la derrota de Alemania, lo que
le llevó al mismo estado de depresión al que le condujo la muerte de su madre. Quedó en un estado
similar en el que quedó cuando murió su madre: solo ante el futuro, sin la protección del ejército.
Después de la guerra se alistó en Partido Nacional Socialista Alemán de los Trabajadores y
gracias a sus dotes de orador y a su poder comunicativo se convirtió en el máximo dirigente del
partido. En 1920 tomó algunas lecciones de psicología de masas y de oratoria, pero despreciaba a
los insolentes intelectuales que conocían todo mejor que cualquier otra persona. Confiaba más en los
instintos que en el intelecto; las habilidades mentales eran secundarias para él.
Se sentía elegido por la providencia para redimir al pueblo alemán y darle una nueva forma a
Alemania. Varios fueron los incidentes que llevaron a Hitler a la convicción de que era elegido por la
divinidad: durante la guerra estaba cenando en la trinchera con varios compañeros, cuando una voz
le dijo que se levantará y se desplazara a otro lugar; la voz era clara e insistente por lo que obedeció
automáticamente, se levantó, caminó veinte yardas en la trinchera llevándose su cena y se sentó
para seguir comiendo; justo en ese momento un proyectil extraviado explotó en el lugar en el que
estaba unos momentos antes, y todos los compañeros murieron. Según avanzaba su carrera política
Hitler se veía a sí mismo como el Führer, como Jesucristo, como el mesías germano, el elegido.
Hitler se enamoró de la imagen de sí mismo y se rodeó de sus propios retratos. Creía que
estaba destinado a convertirse en inmortal, en el nuevo libertador de Alemania y en fundador del
nuevo orden social.

Hizo todo lo posible para dejar su marca para generaciones posteriores, en obras
como las autopistas o el propio mausoleo, que el Führer quería que se convirtiera en la Meca de
Alemania.
Hitler tuvo relaciones con Henny, hija del fotógrafo oficial del partido Heinrich Hoffmann. Henny
estaba casada con el líder del Movimiento de la Juventud Nazi, quien tenía fama de homosexual. En
el verano de 1925 Hitler convivió en una casa de Obersalzberg, Berchtesgaden, con su hermanastra
Ángela, que era viuda, y su sobrina Ángela Raubal (Geli). Se enamoró de Geli, a la que llevaba 20
años. Convivió con Geli en Munich y en 1931 Geli se suicidó con el revólver de su tío, después de
haberse peleado con él; se le enterró en terreno sagrado, ante la duda de si se había suicidado o la
había asesinado Hitler. Hitler sintió mucho esa muerte, hasta el punto de querer suicidarse él mismo.
A Hitler se le atribuyen muchas relaciones amorosas, pero sin duda Eva Braun fue la compañera
más conocida de Hitler y la única que contrajo matrimonio con él. En 1932 se interesó por Eva Braun
quien trabajaba en la tienda de aparatos fotográficos de Heinrich Hoffman, el fotógrafo personal de
Hitler. Eva se parecía a su sobrina Geli y pronto surgió una relación amorosa entre los dos; tuvieron
una relación continuada. Eva era una chica sencilla que sentía por el Führer un amor obsesivo, que
no era correspondido; según ella, Hitler la quería únicamente para sus relaciones sexuales. Hitler, por
su parte, menospreciaba a Eva Braun. En una ocasión, estando Eva presente, Hitler le dijo a Rudolf
Hess que los hombres inteligentes deben casarse con esposas primitivas y tontas, para que éstas no
se metan en sus asuntos. Eva fue a menudo huésped de Hitler en Munich y en Berchtesgaden. Eva
Braun también protagonizó intentos de suicidio por la soledad en la que le dejaba Hitler en su casa
de Berghof, en sus largos meses de ausencia.

Mientras tenía relaciones con Eva Braun mantuvo también relaciones con actrices. Una de
ellas fue Renarte Mueller que se suicidó lanzándose por la ventana del Hotel Berlin. Otra fue Leni
Riefenstahl. Se dice que también que Helmunt, hijo de la familia Goebbels y nacido en 1935 era en
realidad hijo del Führer, ya que Hitler fue amante de Magda Goebbels durante bastante tiempo. En
1939, Hitler visitaba a menudo a Sigrid von Lappus, de 20 años, en un aposento de lujo en el que
la instaló; en febrero de 1940 Sigrid se quedó embarazada y la atendió el famoso ginecólogo Hans
Lubrecht. Ese mismo año Sigrid falleció en el parto de una niña, que también murió a las pocas horas
de nacer.
En 1933 Hitler se convirtió en Canciller de Alemania y en 1934, tras morir el presidente Von
Hindenberg, Hitler se convirtió en Comandante de las Fuerzas Armadas de Alemania.
El año 1939 Hitler ordenó que se destruyera totalmente Döllersheim, pueblo austríaco de donde
procedían los antecesores de su padre. Parece que quería destruir los rastros de sus antepasados
judíos.

En 1945 Hitler era consciente de las dificultades por las que atravesaba su ejército y Alemania.
Las tropas soviéticas y americanas estaban tomando Alemania y Hitler decidió que no debía renunciar
al poder y que no debía entregarse vivo. Decidió suicidarse juntamente con Eva Braun. Se casaron
la víspera del día del suicidio. Hitler hizo su testamento político y envió los últimos mensajes a los
comandantes de campo. Se suicidó tomando cianuro potásico y disparándose en la cabeza. Su cuerpo
fue quemado en los jardines del búnker.

2. ASPECTOS FÍSICOS Y PERFIL PSICOPATOLÓGICO DE HITLER
Hitler tenía un aspecto feminoide, con las caderas más anchas que las espaldas. Tenía una altura
que apenas llegaba a la media, musculatura blanducha y piernas cortas y delgadas. Su dentadura era
pésima y sus uñas largas y sucias. Andaba de una forma parecida a las mujeres, con pasos cortos
y delicados. Tenía tics en el borde del labio, nariz fea, frente baja, amplios pómulos, ojos pequeños
entre azules y violetas y pelo oscuro. Su imagen era insignificante, aunque estaba compensada y
embellecida por un cuidadoso diseño. Sus seguidores distribuyeron por toda Alemania las imágenes
y fotos de Hitler.
Su voz no era muy agradable: era una voz áspera con estridente falsete. Sus discursos eran
en general largos, repetitivos y mal estructurados, pero tenía la habilidad de decir lo que quería oír
la gente y tocar el aspecto emotivo de la gente.
En el ámbito de la patología general, Hitler sufría un trastorno de somatización y en el ámbito
de los trastornos de personalidad, sufría un trastorno narcisista de la personalidad. Tenía además
numerosos problemas médicos y problemas de adaptación a su entorno social.
Hitler mostraba síntomas del trastorno de la somatización. Desde muy joven tenía dolores
de todo tipo y según avanzaba en edad los síntomas se fueron agravando. Sufría de dolores
gastrointestinales, calambres en su abdomen derecho, síndrome de intestino irritable, espasmos
musculares, espasmos abdominales, espasmos vasculares, vómitos, eructos, constipación, zumbidos
en los oídos, hipertensión, arteritis, problemas cardíacos, arterosclerosis, problemas respiratorios,
problemas de locomoción, episodios de ceguera, síndrome parkinsoniano con temblores en manos en
la última parte de su vida, hipospadia congénita (apertura de la uretra debajo del pene), infecciones
frecuentes de orina, posible monorquidia (según autopsia de los soviéticos), espina bífida, sifilofobia
(miedo exacerbado a sífilis). Tenía a menudo miedo a sufrir cáncer de estómago o cáncer de garganta.
Hitler tenía varios motivos de estrés; estaba abrumado por la muerte de su hermano, de
su padre, de su madre, de Ángela, por el fracaso en la escuela, por el fracaso en cumplir con las
expectativas de su padre, y desplazaba o transfería esas tensiones al plano físico, desarrollando
diversos tipos de dolores: dolores abdominales, dolores de estómago. El trastorno de somatización
de Hitler podría explicarse pues como una respuesta a un duelo no realizado mentalmente. A falta de
realizar el trabajo de duelo en el plano mental, desplazaba el dolor psicológico al plano físico, lo que
le derivaba en diversas enfermedades físicas.

Hitler sufrió de depresión e insomnios, por lo que recibía tratamiento de barbitúricos para
dormir y de anfetaminas para despertarse. Consumía también opioides para paliar el dolor. Mostraba
tolerancia creciente a las drogas, por lo que utilizaba sustancias similares para evitar el síndrome
de abstinencia; pero como las drogas de sustitución no producían el efecto deseado, Hitler exigía a
su médico las drogas habituales. A pesar de todo, no se cree que fuera un adicto a las drogas. Era
abstemio y contrario a la nicotina y tomaba vitaminas y minerales. Al final de su vida se ponía tenso
ante cualquier contratiempo; se volvió muy impulsivo; si hasta entonces era capaz de esperar a tener
los datos necesarios para decidir y mantener las opciones abiertas hasta tener todos los datos, al final
de su vida sus decisiones se volvieron irracionales e impredecibles.
Hitler sufrió episodios depresivos relacionados con la muerte de su madre y su sobrina Ángela
Raubal. Su madre murió de cáncer de pecho, pero Hitler achacaba este desenlace a la falta de
profesionalidad del médico, que no hizo el debido diagnóstico a tiempo, y además era judío. Desplazó
el enfado por la muerte de su madre hacía los judíos y empezó a desconfiar de los judíos en general.
Ángela era hija de su hermana mayor y Hitler era su tutor cuando murieron sus padres. Ángela se
suicidó después de una pelea que tuvo con Hitler. Hitler, a su vez, intentó suicidarse más de una
vez. Hitler siguió teniendo episodios depresivos, sobre todo al final de su vida: ataques de insomnio
que podían durar semanas, fatiga, pérdida de energía, aumento de peso, ideaciones suicidas. Hitler
mostró también síntomas del trastorno bipolar i, pero no está claro si los síntomas maníacos se
debían a un trastorno psicológico o a los medicamentos excitantes (anfetaminas) que recibía.
Hitler mostraba también síntomas del trastorno narcisista: tenía una imagen grandiosa de sí
mismo, un sentido exagerado de su auto-importancia, fantasías de poder y éxito ilimitados, necesidad
de admiración, falta de empatía. Tenía estos rasgos desde que era muy joven, como muestra el
hecho de que escribiera su autobiografía (Mein Kampf) en la cárcel, siendo aún muy joven, o como
se deduce de los comentarios que hacía a sus compañeros sobre su deseo de ser el más poderoso.
Sentía expectativas de que la gente se sometiera a sus deseos. Utilizando el segundo tópico
freudiano, se puede decir que el ego de Hitler era demasiado débil, y que sus fantasías narcisistas
eran reflejo de su id; tenía una ansiedad de castración agravada por su falta de testículo izquierdo y
una sobrecompensación de esa falta por medio del desarrollo de una personalidad narcisista.

Hitler trató siempre de ocultar sus defectos; era vanidoso, trataba de ocultar su miopía, su
necesidad de gafas o la enfermedad de Parkinson que le afectó durante los últimos años de su vida.
Las secretarías de Hitler utilizaban máquinas de escribir con caracteres muy grandes, para que Hitler
pudiera leer los textos. Hitler trataba de disimular su Parkinson cruzando las manos a la espalda.
Según su secretaria Christa Schroeder Hitler era despiadado, valiente, vengativo, dogmático,
intolerante, inteligente, de buena memoria, frugal, disciplinado, abstemio y vegetariano; despedía
mal aliento y tenía los dientes amarillentos.
Se ha hablado mucho de la relación que tuvo Hitler con su madre. Adolfo tenía 5 años cuando
nació su hermano menor. Durante muchos años había sido el niño mimado, ya que sus hermanos
eran considerablemente mayores en edad. Los mimos que le proporcionó su madre alimentaron el
estilo narcisista de la personalidad de Hitler. Parece ser que fue testigo de las relaciones sexuales de
sus padres, lo que interpretó como un acto de brutalidad por parte de su padre y como un acto de
sometimiento por parte de su madre.

De cualquier forma, se sintió traicionado por su madre cuando
nació su hermano menor; lo solucionó creyendo que la concepción se efectuó por la vía bucal y el
nacimiento por la vía rectal.
Hitler tuvo un padre controlador y una madre permisiva, pero se educó sobre todo con su
madre, que le mimó mucho. El padre de Adolfo era dominante y tirano en casa. Cuando llegaba
bebido a casa castigaba físicamente a su mujer, a sus hijos y al perro. Klara Poelzl, 23 años menor
que Alois, fue una mujer sumisa que consiguió que su marido ahorrara el dinero para la formación de
Adolfo, en lugar de invertirlo en su hijo Alois. Klara dirigió su afectividad hacia su hijo Adolfo en lugar
de dirigirlo hacia su marido. Estas relaciones materno-filiales fueron fundamentales en la constitución
de la personalidad de Adolf. La afectividad que Klara prodigaba en exclusiva a Adolfo hizo que éste
desarrollara el complejo de Edipo por el que odiaba y temía a su padre y dependía de su madre.
Según Hitler su padre le solía azotar a menudo; por eso un día tomó la decisión de no volver
a llorar cuando su padre le azotaba; en lugar de llorar contaba silenciosamente el número de golpes
que le daba. Hitler decía que no amaba a su padre, sino que le temía, ya que tenía arrebatos de
ira y era físicamente violento. El padre de Adolfo Hitler era hijo ilegítimo y trasladó sus complejos
a su propia familia. Klara seguía tratando a su marido como Tío Alois. El vínculo fusional que unía
a Hitler con su madre se mantuvo incluso después de que su madre muriera. Así, Hitler decía a sus
compañeros que nunca amaría a una mujer como había amado a su madre. Cuando se suicidó en
el búnker llevaba una imagen de su madre en el bolsillo derecho. Hitler desplazó las emociones que
sentía por su madre a la Gran Alemania. La decrépita Austria simbolizaba a su padre. La unión de
Alemania y Austria representaba la unión de sus padres.
Debido a las experiencias familiares que tuvo, Hitler empezó a desconfiar de hombres y
mujeres y a reprimir los sentimientos hacía ellos. Hitler apenas se acercaba a la gente. Si había
más de dos personas Hitler no intervenía en la conversación: o hablaba él y los otros escuchaban, o
hablaban los otros entre sí y él escuchaba. No era capaz de llevar una conversación normal. Olvidaba
a menudo al contertulio y hablaba como si se dirigiera a multitudes o a una audiencia imaginaria.
Contaba cosas que había oído como si fueran de su propia cosecha. Si se le aconsejaba algo, se reía
del consejo y luego actuaba de acuerdo con el consejo, pero como si hubiera actuado por iniciativa
propia. Era capaz de decir una cosa un día y la contraria otro día y enfadarse con la persona que le
hiciera constar la contradicción.
En su adolescencia Hitler tuvo conflictos continuos con su padre. Éste quería que su hijo
fuera funcionario, pero Hitler quería ser artista y mantenerse en el mundo de la imaginación y de
la fantasía. Desarrolló una personalidad impulsiva, agresiva, egocéntrica, fría y sin empatía, con un
alto nivel de psicoticismo

(7).

No logró el éxito que esperaba en el mundo artístico y se alineó en el ejército, con el objetivo de ser un héroe. Se identificó con el ideal de la Gran Alemania y dio rienda suelta a su deseo de someter a sus enemigos. Adolfo Hitler tenía que identificarse con una figura
contradictoria: era por una parte un funcionario respetable en ciertos momentos y era por otra parte
un borracho aborrecible en otros momentos. Estas circunstancias impedían que Adolfo tuviera un
modelo definido de identificación. El mundo se volvía impredecible y peligroso y había que evitarlo.
Hitler disociaba claramente a sus aliados y a sus enemigos.
Ante la disociación que vivió en su familia, entre un padre agresivo y una madre tierna, Hitler
decidió que había que destruir a los enemigos, a los judíos, a los gitanos y a las personas defectuosas
y que había que construir una Gran Alemania con personas fuertes y saludables de la raza aria. La
construcción de un Reich poderoso que duraría miles de años era equiparable a la construcción de su
personalidad narcisista, incapaz de empatía, amor y ternura.
Hitler era una persona autoritaria. No confiaba en sí mismo, no era independiente, no toleraba
la incertidumbre de la libertad. Necesitaba aferrarse a sus adictos. No era una persona capaz de amar
salvaguardando la independencia de la persona amada. Tenía un miedo profundo a la libertad de sí
mismo y a la libertad de las otras personas. Necesitaba sentir un vínculo o una relación simbiótica.
Necesitaba fusionarse con la otra persona, destruyendo la identidad propia y la identidad de la otra
persona. Hitler era una persona autoritaria pasiva en ciertos momentos y una persona autoritaria
activa en otros momentos. Por una parte quería ser parte de la Gran Alemania, parte de un país muy
fuerte, y en ese sentido se sentía empequeñecido. Por otra parte, se sentía fuerte y poderoso porque
sentía que atraía la atención de los otros, incorporaba a los otros a su proyecto, lograba la adhesión
inquebrantable de los demás, controlaba a los demás y manejaba su voluntad. Hitler era una persona
dependiente que dependía de la sumisión, de la aprobación y del aplauso de los otros.
Hitler exigía la adhesión total de la gente, sin críticas ni disensiones de ningún tipo. Para ello,
se valía de la inseguridad y del miedo de la gente. Desconfiaba de todos, incluso de los consejeros
más próximos; desconfiaba incluso de la Gestapo y de los generales que le visitaban. Tenía miedo
a ser asesinado, miedo a la traición, miedo a la muerte prematura. Tenía miedo de ir a dormir y se
despertaba sobresaltado, gritando, sudando. No confiaba en nadie, por miedo a la traición o por miedo
a que descubrieran su verdadera personalidad. Aunque se le presenta a Hitler como muy valiente,
temía encontrarse con los líderes de la zona. Antes de reunirse con ellos trataba de saber hacia qué
lado se posicionaba la mayoría para defender la línea de la mayoría. Tomaba impresionantes medidas
de seguridad, antes de acudir a algún acontecimiento. Cuando viajaba en tren iba acompañado de
200 agentes de las SS. Se sentía el hombre más solitario del mundo. De esta forma, a medida que el
mundo personal de Hitler se reducía, más necesidad tenía de extender los límites de sus posesiones
físicas. La imagen que tenía de sí mismo debía inflarse, para compensar sus privaciones. Debía de
construir cada vez mayores edificios, autopistas, puentes como símbolos de su poder.
Los aparatos de propaganda de los nazis se esforzaron por presentar a Hitler como una
persona sobrehumana. Le presentaban como una persona enamorada de Alemania, amante de los
niños y los perros, muy disciplinada y con una gran fuerza de voluntad. Se le atribuía una increíble
energía y resistencia y se decía de él que trabajaba hasta dieciocho horas al día. Se le atribuía una
gran determinación: una vez que se fijaba un objetivo, nunca desistía en sus esfuerzos. Nunca perdía
la esperanza, incluso en situaciones desesperadas. Se le otorgaba una extraordinaria habilidad para
simplificar problemas y resolver conflictos. Se decía que era una persona muy paciente, que no era un
cobarde, que tenía una valentía extraordinaria, tal como lo demuestran los relatos sobre los sucesos
por los que recibió la Cruz de Hierro de primera clase (aunque hay que poner en duda la veracidad
de la concesión de la cruz). Se decía de Hitler que era un hombre de nervios de acero que jamás
perdía su equilibrio y se caracterizaba por la lealtad y la justicia. Se le presentaba como un hombre
modesto que no tenía más fuentes de manutención que lo que recibía por la venta de su libro "Mein
Kampf". Hitler dependía mucho de la imagen que se creara de él. Por eso, seguía con mucha atención
las últimas noticias o fotos que salían sobre él; era capaz incluso de interrumpir las reuniones en las
que participaba para observar las fotos o leer las noticias sobre él.

Hitler trataba de hacer coincidir sus discursos con las horas en las que la gente estaba más
cansada y su capacidad crítica y resistencia había descendido por el cansancio. En los mítines los
guardias de asalto le abrían un pasillo por el que pasaba sin mirar ni a derecha ni a izquierda y se
enfadaba si alguien entorpecía su avance. Empezaba a hablar lentamente y con interrupciones, poco
a poco conectaba con la gente y se iba encendiendo. Según iba conectando con los sentimientos de
los oyentes Hitler iba pasando del estado pasivo al estado activo, del estado de timidez al estado de
agresividad. Pensaba que la psique de las grandes masas no responde a los débiles, que las masas
prefieren al fuerte que al débil, al gobernante que al suplicante. En el clímax de su discurso Hitler
se balanceaba y los oyentes se balanceaban con él, cuando él se inclinaba la gente se inclinaba con
él. Hitler entumecía las facultades críticas de sus oyentes, según avanzaba su discurso. Era capaz
de verbalizar lo que los oyentes pensaban secretamente, pero que no se atrevían a decir. Hitler no
dejaba que el público se enfriara o se distanciara en los discursos. Había que concentrar la atención
del público en un enemigo y culpar a este enemigo de todo lo que fuera mal. No hacer concesiones
en relación con la maldad del enemigo. Eran preferibles las mentiras grandes que las pequeñas y
repitiéndolas muchas veces los oyentes llegaban a creerlas.
Hitler necesitaba una audiencia y un público para sentirse vivo. Encontró gente que le escuchara
en los cuarteles y cervecerías de Munich. Sin ese aliciente era una persona perezosa y holgazana que
se levantaba tarde y llevaba una vida ociosa: leer los diarios, ver películas, hacer reuniones.
Hitler era una persona de estilo legislativo que se limitaba a establecer las pautas o directrices
básicas de funcionamiento; se rodeaba de gente ejecutiva y eran éstos los que debían llevar a cabo
lo que él decidía. Era incapaz de mantener un horario de trabajo. Sus horarios para acostarse y
levantarse oscilaban en gran medida. Era frecuente que no se acostara antes del amanecer. Dedicaba
la noche a ver películas, escuchar noticiarios, escuchar música o charlar. No le gustaba estar solo o
ir a la cama solo. Llamaba a menudo a sus ayudantes que le acompañaran.
Según sus próximos, Hitler de hecho era capaz de simplificar problemas complejos y
contemplarlos desde una visión ingenua. Tenía gran capacidad de concentración. Sus juicios eran
rápidos y decisorios. Tenía una memoria privilegiada y recordaba anécdotas divertidas. Tenía una
gran capacidad mímica y era capaz de imitar a sus próximos.

Hitler supo apreciar la importancia de las masas, así como el valor de ganarse el apoyo de la
juventud y de las mujeres para avanzar en un proyecto. Entendió que en una multitud primeramente
había que hablar a las mujeres y a los niños, y luego a los padres. Entendió que hay que identificar las
más íntimas necesidades y sentimientos del alemán medio y expresarlos en un lenguaje apasionado.
Hay que satisfacer el hambre espiritual de las masas. Era capaz de representar fuerzas humanas
conflictivas en imágenes y metáforas que movían a la acción a los hombres. Pensaba que la acción
política debe basarse en las emociones; en este sentido, era necesaria la participación de los artistas
con el objetivo de crear un ambiente de intensidad dramática en mítines y acontecimientos políticos.
Hitler daba a menudo la impresión de que estaba habitado por dos personalidades diferentes:
una personalidad blanda, sentimental e indecisa; otra personalidad cruel, dura y decidida. Mostraba
por una parte una faceta sentimental, agradable e indecisa; mostraba por otra parte una faceta cruel,
estricta y decidida. No se puede decir que Hitler mostrara las características de una personalidad
antisocial común: no mentía comúnmente, no tenía excesivas peleas, no era abiertamente impulsivo
o temerario, planificaba las acciones. Tenía rasgos psicopáticos, más que antisociales, aunque
la degradación de su personalidad durante los últimos años podría haber acentuado los rasgos
antisociales.
Solamente trabajaba en aquellos temas que le gustaban. Por mucho que los informes que
le presentaran fueran importantes, se desinteresaba de ellos, a no ser que el tema le gustara. Le
interesaban sobre todo los temas de política y los militares. Se escapaba de algunas reuniones en
las que se trataban asuntos importantes, para ir a ver cine. En general prefería tratar los temas
con cada miembro del equipo que tratarlos con todos a la vez. A menudo resolvía las cuestiones a
última hora, cuando la situación se había vuelto peligrosa e intolerable, debido a sus vacilaciones
y a su tendencia a procrastinar. En estos períodos de inactividad y espera, Hitler esperaba a la voz
interior que debía guiarle. Si no tenía la convicción de que había dado con la solución precisa, podía
mantenerse inactivo por mucho que le presionara todo el partido. Cuando la voz interna se hacía oír
sabía que era el momento de actuar.
Una vez que había dado con la solución tenía una gran necesidad de comunicarlo y expresarlo.
Llamaba a sus consejeros y les comentaba el tema. Si algún consejero decía que la solución era difícil
o costosa se enfadaba y decía que lo que quería era gente capaz de llevar a cabo lo que él decidía que
se hiciera. No estudiaba los temas de una forma racional, sino que se ocupaba de otras cosas hasta
que los procesos inconscientes le proporcionaran la solución. Cuando encontraba la solución buscaba
hechos que corroboraran esa salida. Su proceso de pensamiento iba de lo emocional a lo factual,
y no a la inversa. Esta dependencia de la visión interna impedía que pudiera cambiar su curso de
acción dependiendo de la oposición externa o de desarrollos inesperados. Era notable la incapacidad
de Hitler para afrontar situaciones inesperadas. Así por ejemplo, un día estaba agarrando un martillo
elegante para dar tres golpes tradicionales a la piedra angular en una inauguración, pero no tuvo en
cuenta la fragilidad del martillo y lo rompió al primer golpe; eso podría ser presagio de mala suerte,
por lo que, en lugar de esperar otro martillo, perdió completamente la compostura.
Hitler era muy sumiso con los príncipes y con los superiores jerárquicos. Se ponía nervioso ante
los periodistas. En las entrevistas se ponía a la defensiva y solía pedir las preguntas de antemano.
No le gustaba hablar ante los intelectuales, que posiblemente podían ser críticos. Dispuesto a matar
a niños judíos y gitanos, aplaudía que los arios, es decir, los de la raza superior, se reprodujeran
incluso fuera del matrimonio. Hitler consideraba que los hospicios eran una institución beneficiosa que
posibilitaba la reproducción de personas de una raza superior. Para Hitler las masas prefieren al que
domina antes que al que implora. Él estaba a favor de satisfacer sus ansias de poder, manipulando a
las masas. Debía lograr que las masas compartieran sus deseos y sus odios para organizar un futuro
previsible y ordenado.
No se sabía de antemano la reacción que iba a tener Hitler ante los diferentes acontecimientos:
si iba a actuar como procrastinador o como una persona activa y responsable. Esta disociación de
la personalidad no era una disociación completa, ya que Hitler podía pasar voluntariamente de un
estado al otro. Quería hacer ver a los alemanes que tenía una sola personalidad: la del Führer
que hace frente sin vacilaciones a las situaciones más problemáticas. Pero esa personalidad que
presentaba era una distorsión de su personalidad real. Era una especie de formación de reacción o de
compensación. Había una ocultación del verdadero self para presentar una imagen diametralmente
opuesta.
Hay opiniones muy dispares sobre la sexualidad de Hitler: desde los que dicen que era un
masturbador crónico, voyeurista e impotente hasta los que dicen que era homosexual y masoquista
en extremo (sentía placer cuando la mujer se sentaba en cuclillas encima de él y se meaba o
defecaba en su cara). En sus relaciones con las mujeres, se relacionó por una parte con mujeres
mayores que cumplían la función de madre; se relacionó también con mujeres que eran estrellas de
cine. Le encantaba fascinar a estas mujeres contándoles lo que tenía proyectado hacer en el futuro
o lo que hizo en el pasado.

René Mueller se suicidó después de haber mantenido con Hitler una relación en la que Hitler le
pidió que le azotara; los golpes le excitaron a Hitler y éste pidió continuar con ellos. Hitler tenía una
especie de necesidad de ser denigrado cuando entraba en relaciones sexuales; adoptaba una postura
pasiva en esas relaciones. Se identificaba con su madre. Hitler tenía muchas características femeninas:
sus manos, su forma de andar, sus gestos, su grafía, su tendencia a sumir roles supuestamente
femeninos (por ejemplo: encargarse de los vestidos de los oficiales en el ejército). Durante muchos
años se pensó que era homosexual, por la apariencia que tenía y por el número de homosexuales que
había en el partido; tuvo muchos compañeros homosexuales en los primeros tiempos de su partido,
pero Hitler no parece que desarrolló la faceta homosexual en sus relaciones normales. Era aficionado
a la pornografía y a las películas obscenas. Lo cierto es que ante la dificultad de aceptar la sexualidad
genital por el miedo a la represalia del padre (en la dinámica edípica) y el castigo a través de la sífilis,
la sexualidad de Hitler se refugió en gran medida en componentes visuales y voyeuristas. Las zonas
anal y oral también recibieron en Hitler una inversión particular.


A Hitler le gustaba presentarse a sí mismo como un gran aficionado y un entendido de la
música. La música de Wagner era su religión. Pero parece ser que no era especialmente amante de la
buena música. Raramente iba a la ópera. Hitler creía ser un gran arquitecto y pasaba mucho tiempo
esbozando nuevos edificios y planificando ciudades. Aunque nombró un comité de especialistas en
arte para decidir sobre cuestiones de arte, si el veredicto de los expertos no coincidía con sus gustos,
les hacía dimitir y era él quien decidía. Esa intromisión en la labor de los expertos no solo ocurría en
el campo del arte, sino también en muchos otros campos: economía, asuntos exteriores, estrategia
militar o educación.
En cuanto a su funcionamiento global, Hitler no tuvo a lo largo de su vida mayores problemas
para adaptarse a la realidad y para comunicarse. Según avanzaba en edad y según se iba deteriorando
la situación de Alemania tuvo más dificultades para tomar decisiones y más problemas derivados de
los cambios drásticos del humor. Los últimos años de su vida Hitler mostró algunos signos premórbidos
del Parkinson: introversión, desconfianza, indecisión, rigidez mental, inflexibilidad, pedantería,
agitación, anhedonia, dificultad en relacionarse con las mujeres.

3. CONCLUSIONES
Se ha contado muy poco de la vida de Hitler en sus primeros años de vida, en los años en los
que se formaron las premisas y los patrones de su forma de ver las cosas y sus formas de actuar. La
fuente de información para conocer los primeros años es el mismo Hitler.
Únicamente en un pasaje de su extensa autobiografía (Mein Kampf) insinúa Hitler que había
otros niños de los que se tenía que ocupar su madre, aparte del propio Adolfo. No menciona a los
otros hermanos y hermanas.
En Mein Kampf Hitler proporciona también una descripción de la vida que llevan los niños en
una familia de clase baja en Alemania. Esa descripción parece corresponderse con lo que Hitler vivió
en su familia: ausencia del padre, palizas proporcionadas por el padre en estado ebrio.
El padre de Hitler mostraba una conducta ambivalente en su familia. La conducta de su padre
variaba notablemente dependiendo de si estaba en estado ebrio o en estado lúcido. En los momentos
de sobriedad se enorgullecía de su dignidad y de su calidad de funcionario, llevando vestido su
uniforme; hablaba a los vecinos de forma condescendiente y exigía a los demás que se dirigieran a él
con el protocolo exigido. Cuando estaba ebrio, propinaba palizas a su mujer y a los hijos.
En la educación de un niño es muy importante la figura del padre y la representación que se ha
construido el niño respecto a su padre. En el caso de Hitler era difícil construir una imagen consistente
y respetable de su padre, ya que era una figura muy contradictoria. Por una parte aparecía como una
persona justa, digna y respetable. Por otra parte, aparecía como una persona injusta y brutal. Ante
estas contradicciones Adolfo no tenía un modelo consistente con el que identificarse ni un patrón
claro de comportamiento que imitar. El mundo le parecía peligroso, imprevisible e injusto, por lo que
trataba de evitarlo. La persona que debería proporcionarle seguridad le llenaba de ansiedad y de
incertidumbre.

A lo largo de su vida Hitler intentó buscar sustitutos de la figura paterna. También intentó
buscarlos en personajes históricos como Napoleón o César. En el ejército estuvo buscando guías que
le protegieran. Quiso encontrar en el ejército lo que la familia no le había proporcionado: seguridad o
consistencia. Después de la guerra permaneció en el ejército, haciendo todo lo que le pedían. Durante
los primeros años en el ejército fue muy sumiso y pensaba que su papel era hacer de heraldo del
gran líder.
Posteriormente Hitler pasó de admirar a los superiores a menospreciarlos, porque

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