Este artículo breve explora las dificultades para propiciar una cultura de la paz sin afirmar un supuesto religioso, lo que resulta una contradicción por su carácter de imposición. La violencia, argumenta el autor, es un componente muy complejo de la psicología humana, todavía poco conocido.La paz por otra parte se entiende tan sólo como antínomo de la violencia, por lo que cualquier sentido social que se le quiere dar resulta todavíameramente especulativo.