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Última actualización web: 06/02/2023

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Censura

Definición: Término psicoanalítico. La censura mantiene el material reprimido en el inconsciente. Cuando el sujeto duerme hay un relajamiento de la censura y lo hasta entonces reprimido consigue abrirse paso a la conciencia. Pero como la censura no cesa totalmente, sino lo que sufre es una disminución, tiene lo reprimido que tolerar transformaciones para mitigar la repulsa de este material. Represión-relajamiento de la censura-transacción, es también el esquema fundamental de la génesis de otros muchos trastornos además del sueño. Cuando el sujeto despierta la censura cobra de nuevo toda su intensidad y, para S. Freud, este es el mecanismo por el cual se olvidan los sueños.


Términos relacionados:

Asociación libre

Técnica terapéutica propia del psicoanálisis que Sigmund Freud comenzó a utilizar cuando abandonó la hipnosis y como medio de acceder al inconsciente. En ella se pide al paciente que ignore cualquier censura y que exprese cualquier idea que se le ocurra por insignificante que sea. Esta asociación libre juega un papel muy importante en el psicoanálisis.


Inconsciente

En el llamado modelo topográfico de la mente del psicoanálisis se considera que una parte de este aparato psíquico es consciente y otra inconsciente. El inconsciente contiene impulsos y deseos que luchan por salir pero cuya salida podría constituir una fuente de angustia para el individuo. Las fuerzas del inconsciente podrían descargarse de forma distorsionada o censurada, por ejemplo a través de los sueños o chistes. Aunque todo el ello es inconsciente, no todo inconsciente es ello.


Proyección

Término psicoanalítico. Mecanismo de defensa del yo propio de las psicosis paranoides. El impulso censurable, en vez de ser percibido como propio del yo, es rechazado y atribuido a otra persona.


Superyo

Sinónimo: super ego. Dentro de la teoría estructural de la vida psíquica de Sigmund Freud el superyo surge del yo. Este se forma a través de la internalización de los valores y normas de los padres. Nace con la resolución del complejo de Edipo. Se dice que es el heredero del complejo de Edipo. Ejerce una función de censura y de crítica. Se considera parte del superyo la censura que se manifiesta en los sueños y la resistencia.


Secretos familiares

Los secretos familiares integran parte de la cotidianidad de las personas y, por tanto, se han convertido también en un elemento constitutivo de las dinámicas familiares.

Además forman parte de la intimidad de los miembros de la familia (Alarcón de Soler, 2013).

La temática de los secretos familiares son susceptibles de ir cambiando a través de épocas y tiempos, ya que suelen ser conductas prohibidas y sancionadas por los códigos legales como el asesinato o el robo o son conductas censuradas o repudiadas por la sociedad como la prostitución o adicciones.

Se han definido los secretos familiares como el ocultamiento consciente de alguna información o algún acontecimiento por uno o más miembros de una familia, que pueden verse afectados por ésta (Rober, Walravens y Versteynen, 2012).

Así mismo, se ha precisado que son una forma de controlar la información, porque se acuerda implícita o explícitamente el ocultamiento a través de un trabajo colectivo que crea una realidad para unos frente a otros (Vangelisti y Caughlin, 1997)

De manera que los secretos familiares consisten en silenciar una información o en ocultar un hecho o acontecimiento que ha ocurrido.

Unas personas conocen el hecho y poseen la información, mientras que otros lo ignoran. Por lo tanto, se es portador de un secreto o se está excluido o se es víctima.

El secreto familiar se entiende como un producto de la intimidad que se desarrolla en los vínculos del sistema familiar, pero además funciona como un mecanismo defensivo que permite protegerse a sí mismo u a otros del exterior (Salazar Alvarado, 2017).

Todas las familias tienen secretos porque ocultan algún suceso de algún antepasado que resulta doloroso y del que abominan o se arrepienten. Estos secretos, llamados “secretos turbios” están cargados de intensos sentimientos de temor, vergüenza y culpa, y limitan la entereza y la libertad de los miembros de la familia (Bradshaw, 2000).

Comité editorial

Ref. Bibliográficas

APROXIMACIÓN A LOS SECRETOS FAMILIARES Fernando Mansilla Izquierdo


Emilio Mira y López ( 1890-9164)

 

 

Es considerado a nivel internacional como una de las figuras más destacada en el ámbito de la psiquiatría, la psicología y la psicotecnia  hispanoamericana del siglo XX. Baste decir que en el año 1968 los historiadores Annin, Boring y Watson publicaron los resultados de un estudio (*) diseñado para tratar de conocer quienes habían sido los autores más influyentes  en la historia mundial de la Psicología durante el período  1600-1967. Obtuvieron una lista de 538 nombres, y en ella sólo figuraban dos científicos españoles: Santiago Ramón y Cajal y Emilio Mira y López.

(*) Publicado en "Journal of the history of behavorial sciences",  año 1968, número 4, título del articulo "Important psycologists, 1600-1967" Autores: Edith L. Annin y Edwin G. Boring  (Harvard University) y Robert I. Watson (University of New Hampshire)

Biografía.-

Hijo de padre granadino y de madre madrileña, nació accidentalmente en Santiago de Cuba el 24 de octubre de 1896 pues su padre, Dr. Rafael Mira Merino, Médico Mayor de Sanidad Militar, había sido destinado a la isla; pero en 1898, es decir, sin haber cumplido los dos años de edad, con motivo de la derrota española en la guerra  regresaron a la península.  Después de una estada en la Coruña , en 1903 la familia se instaló definitivamente en Barcelona. Allí creció y estudió Emilio Mira, razón por la que siempre se consideró y fue considerado catalán. Se licenció en medicina en la Universidad de Barcelona con Premio Extraordinario en 1917, a los 20 años de edad, doctorándose también con Premio Extraordinario en la Universidad de Madrid en 1923.

Su papel fue decisivo en la introducción y el desarrollo en España de la moderna orientación profesional, llegando a ser el instituto psicotécnico bajo su dirección  famoso en toda Europa;  fue también el introductor en los círculos médicos catalanes del pensamiento psiquiátrico alemán y de las teorías psicoanalíticas, siendo su libro "El psicoanálisis", publicado en "Monografies mèdiques" de Barcelona en julio de 1926 y reeditado en 1935, una de las primeras obras sobre el tema aparecidas en España. En 1933 fue elegido por unanimidad del claustro para ocupar la primera cátedra de psiquiatría creada en la Universidad Autónoma de Barcelona, que fue, al mismo tiempo, la primera de esa especialidad en la historia universitaria española. Fue presidente de diversos congresos internacionales de psicología y psicotecnia y entre su amplia producción científica se destacan especialmente su Manual de Psicología Jurídica,  el Manual de Psiquiatría y su test denominado Psicodiagnóstico Miokinético,  presentado ante la  Royal Academy of Medicine de Londres en 1939, que por ser el único  existente que garantiza la sinceridad de las respuestas y permite  detectar, entre   otros rasgos  de la personalidad, la agresividad potencial de los individuos, ha sido objeto de más de 300 estudios y tesis doctorales y continúa siendo aplicado con éxito en varios países.

Durante la guerra civil  española fue director del Instituto de Adaptación Profesional de la Mujer, dependiente de la Generalitat de Catalunya y en 1938 fue nombrado por el Ministerio de Defensa Nacional  Jefe de los Servicios Psiquiátricos del Ejército de la República Española.

En 1939 después de la derrota y de unos meses de exilio en Francia se trasladó con su familia a Londres becado por el Maudsley Hospital, donde siguió perfeccionando y presentó el test de su autoría ya mencionado. Después de una extensa gira de conferencias por las principales universidades de América, en 1940 se instala en la Argentina, contratado como psiquiatra consultor en un sanatorio privado y dictando cursos en diversas facultades de la Universidad de Buenos Aires. En 1942 es invitado como "Salmon Lecturer" por la Academia de Medicina de Nueva York, elegido como el científico del año que había efectuado las mayores contribuciones en su especialidad (psiquiatría). En 1943 es designado Director de los Servicios Psiquiátricos y de Higiene Mental de la Provincia de Santa Fe (Argentina): allí funda y dirige el Hospital Psiquiátrico que actualmente lleva su nombre y es uno de los más importantes del país.

En 1944, a causa del desagrado que le produce la intervención militar del gobierno peronista en los medios universitarios argentinos, acepta un contrato del Ministerio de Educación del Uruguay para organizar y dirigir investigaciones sobre los escolares uruguayos así como las consiguientes aplicaciones a los mismos de la orientación profesional. Con ese motivo se traslada a Montevideo, donde trabaja en el Laboratorio de Psicopedagogía “Sebastián Morey Otero”, del Consejo de Enseñanza Primaria. Mientras allí reside, viaja a Sao Paulo en 1945 para impartir cursos de formación de técnicos en orientación profesional destinados a funcionarios públicos de ese Estado brasileño, y como consecuencia de su éxito es contratado por la Fundación Getúlio Vargas para ocupar el cargo de director fundador del Instituto de Orientación Profesional de Rio de Janeiro. Asume definitivamente e ese cargo en 1946, desencantado al ver que tras la derrota de la Alemania nazi no se había producido en España la esperada caída del régimen franquista , en la que él confiaba para poder regresar.

A partir de aquí y durante dieciocho años hasta su muerte,  comparte su intensa actividad al frente del instituto (del que crea filiales en otras ciudades brasileñas) con incesantes viajes, invitado para impartir cursos en las diversas universidades latinoamericanas, sin prescindir de su presencia en los congresos europeos. Es nombrado miembro de honor de la mayor parte de Asociaciones de Psicología y Psiquiatría, en Brasil y Argentina se editan y reeditan sin cesar sus libros, y los diarios latinoamericanos publican sus artículos distribuidos por la Agencia Prensa Latina.

En 1955 es nombrado Vicepresidente para la Región  Atlántica de la Sociedad Interamericana de Psicología; en 1958  invitado para reorganizar el Departamento de Psicología de la Universidad Central de  Venezuela; en 1960, nombrado "expert" en Psicología Experimental de la UNESCO para impartir cursos en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina); en 1962 invitado  por la UNESCO a un seminario internacional  sobre  Psicología  científica  realizado en Caen (Normandía) y prosigue su  actividad hasta que a los pocos días de concluir un curso intensivo sobre Psicología Médica convidado por la Facultad de  Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina), ya de regreso al Brasil sufre su segundo infarto, a causa del cual  moriría mes y medio más tarde, el 16 de febrero de 1964.

Tras su muerte Emilio Mira dejó generaciones de maestros, psicopedagogos, psicólogos, psiquiatras y psicotécnicos formados bajo sus enseñanzas y sus teorías, que habían sido expuestas no solo a  través de sus  innumerables cursos y conferencias sino en sus más de treinta libros, algunos de los cuales todavía siguen siendo reeditados en Brasil, Argentina y México.

En España su nombre permaneció silenciado -cuando no difamado - durante casi todo el período franquista. Fue solo a partir de la valiente actitud del entonces catedrático de psiquiatría de la Universidad de Barcelona, Dr. Juan Obiols - quien en 1972  le organizó un homenaje, convocando para hablar sobre su figura a los  psiquiatras más destacados de España,  y  le dedicó el primer número de la revista de su departamento - que se fueron sucediendo múltiples actos de reconocimiento de su obra, entre los que se destacan especialmente: la inauguración de una plaza con su nombre en Barcelona en 1993, simultánea con la publicación por parte de la Universidad de un libro escrito sobre su vida y su obra; los actos conmemorativos del centenario de su nacimiento, celebrados en 1996 tanto en Barcelona como en Madrid, con la participación de los colegios de psicólogos, facultades de Psicología y de Medicina, y en el caso de Barcelona, Ayuntamiento y Generalitat de Catalunya, actos que incluyeron la publicación en los diarios de una carta de adhesión con 200 firmas de altas autoridades oficiales y de instituciones representativas de la psiquiatría, medicina y mundo cultural; la publicación de sus últimas conferencias en forma conjunta por la Universidad de Barcelona y la UNED de Madrid, la dedicatoria a su nombre del I Congrés Català de Salut Mental - memorial Emili Mira i López - en febrero de 1999 y la colocación por éste, conjuntamente con el Colegio de Médicos de Barcelona, en diciembre del mismo año, de una placa  conmemorativa en la casa donde vivió los últimos años antes de partir hacia el exilio (Rambla de Catalunya, 35). Finalmente cabe consignar la adjudicación en junio del 2003 del nombre "Dr.Emilio Mira y López" a los Centros Asistenciales (Área de Salud Mental y Área de . Asistencia Sanitaria ) que la Diputación de Barcelona posee en el espacio denominado "Recinte Torribera", en la ciudad de Santa Coloma de Gramenet, adyacente a la ciudad de Barcelona.

Principales aportaciones.-

1) Incorporó la psicología española a la psicología occidental, al introducir a través de sus publicaciones y trabajos la psicología experimental, la psicología jurídica, el pensamiento de los grandes psiquiatras  alemanes y las teorías psicoanalíticas.

Nota:Su tesis doctoral -que le valió el Premio Extraordinario de  Doctorado de la Universidad de Madrid en 1922- se tituló "Las correlaciones somáticas del trabajo mental" y fué el primer trabajo de psicología experimental realizado en España; su "Manual de  Psicología Jurídica" publicado en 1935 no solo fue uno de los primeros de Europa, sino el primero y único en España hasta 1980; su librito "El Psico-anàlisi" publicado en 1926 por Monografies Mèdiques de Barcelona, en  catalán, fue el primero de este tema en Catalunya y uno de los primeros de España. Favoreció la instalación en Barcelona, en los años 30, de los refugiados políticos psicoanalistas  de Europa central que huían del  nazismo y la difusión de su pensamiento, e  introdujo los métodos psicoanalíticos en los establecimientos psiquiátricos a su cuidado, llegando a practicar terapia de grupo en su sanatorio privado de Sant Just Desvern  en 1930.

2) Introdujo y desarrolló en España la Orientación Profesional, haciendo el Instituto de Barcelona bajo su dirección famoso en toda Europa.

Nota: En él inventó  tests, cuestionarios y  aparatos que todavía siguen usándose como el perceptotakímetro para la selección de conductores de vehículos y el axistereómetro, precursor del test Psicodiagnóstico Miokinético.

3) Fue el primer catedrático de Psiquiatría de España, al serle ofrecida la cátedra recién creada en 1933 por la Universidad  Autónoma de Barcelona.

Nota: En calidad de tal formó  parte del Tribunal examinador en el concurso para ocupar la primera cátedra sobre esta materia, creada posteriormente en Madrid,

4) Fue el más convencido defensor de la unidad psicosomática y propugnó, en una visión aún más amplia, la concepción psico-bio-social de la persona. En ese sentido, resaltó la importancia del entorno familiar en el mantenimiento de las neurosis mostrándose como pionero de la terapia de familia en España y, en una etapa más avanzada, la importancia del ambiente social, declarando que "no puede haber individuo sano en una sociedad enferma". Por ello  decía que la clase médica debía implicarse más en la resolución de los problemas sociales influyendo corporativamente en  los órganos gubernamentales y legislativos.
Nota: (después de referirse a los 100.000 niños brasileños que mueren anualmente de hambre): "La medicina social se propone no solamente el hacer, el luchar, el difundir conocimientos para que se  eviten  enfermedades con una higiene preventiva, sino que también se propone influir en los organismos directivos y legislativos para que destaquen este problema que es esencial, que es asegurar la vitalidad de las nuevas  generaciones para no tener después que lamentar ese número enorme de individuos débiles, de individuos improductivos (unos que van a parar al hospital, otros que van a parar a la cárcel y otros que van a parar al cementerio) tomado entonces esa dirección nueva que lleva al médico a salir de su consultorio, a salir de su hospital, a incrustarse en los centros  vivos del país" (Psicología y Medicina, pág.130)

5) Introdujo una nueva visión de la Medicina, definiendo al enfermo como "todo aquel que sufre o hace sufrir" y a la Medicina como la ciencia cuyo objetivo es la supresión del sufrimiento humano.  Partiendo de esa premisa, considera que la somatoterapia (terapia del cuerpo) debe actuar fusionada con la psicoterapia (terapia de la mente) en una sola unidad para lograr el restablecimiento de la salud o normalidad biológica "concebida como el más perfecto equilibrio dinámico obtenible entre las propiedades del Ser y la mayor eficacia conseguible en sus reacciones". Ninguna de las dos actitudes, aisladamente, es eficaz, el individuo humano requiere siempre un tratamiento integral e integrante; la Medicina requiere una constante y adecuada imbricación de ambos recursos, es decir, de las armas psicológicas y de las bioquímicas y fisicoquímicas".
Nota: "La medicina integral requiere, pues, la adecuada y constante combinación de todas las formas y recursos terapéuticos debidamente manejados y combinados frente al caso individual . Si el médico general ha  desdeñado hasta ahora el uso de la Psicoterapia científica, no caigamos en su propio error y queramos proclamar a ésta como disciplina independiente, con lo que perpetuaríamos la actitud cartesiana, dualista, que tanto daño ha hecho durante los últimos siglos al progreso de nuestra Ciencia." (Manual de Psicoterapia, pag.33).

6) Dicho lo anterior en forma genérica,  unificó a la Medicina con la Psicología, considerando a su vez  a la Psiquiatría  como una rama de éstas: la que se ocupa de  los casos anormales o, según su precisa definición, "de las perturbaciones morbosas de la actividad psíquica (implícitas o explícitas) con el fin de corregirlas". Los médicos psiquiatras deben comenzar, pues, por aprender Psicología, ser previamente psicólogos clínicos; lo anormal debe comprenderse partiendo de lo normal.

Nota: Para comprender lo importante de esta concepción, baste recordar que la XXI edición del Diccionario de la Real Academia Española (1992)  aún define a la Psicología según su acepción etimológica como "parte de la filosofía que trata del alma, sus facultades y operaciones”.

7) Efectuó un estudio detallado y exposición crítica del psicoanálisis, distinguiendo en él tres dimensiones fundamentales: como método de exploración, como doctrina y como terapia.

En la  primera  consideró  como la más  valiosa la técnica de las asociaciones determinadas de Jung, sobre la cual ideó un perfeccionamiento, valorando también su teoría del inconsciente colectivo. Como doctrina discrepó de la teoría de la líbido y del escaso papel asignado al Yo, así como de la visión pesimista del hombre y la sociedad; y en relación a la eficacia del método terapéutico, si bien reconoció la trascendencia y utilidad de haber derribado la censura consciente, y lo recomendaba en muchos casos, su crítica en otros aspectos es bastante demoledora. Pero todo ello "no impide reconocer el enorme saldo positivo del psicoanálisis dentro del más amplio marco de la psicología científica"  que consistió en que Freud en vez de seguir la vía tradicionalmente aconsejada por la clínica tradicional, que se dirigía del síntoma a la lesión, había descubierto y proclamado la necesidad de remontarse del síntoma al conflicto y a quien lo vive, por lo que sin la influencia freudiana no habría sido posible la actual medicina psicosomática.

8) Propugnó, practicó y consiguió numerosas mejoras  en la asistencia psiquiátrica para el bienestar de los internos y fue uno de los primeros psiquiatras en observar y describir el funcionamiento del autogobierno entre ellos, al encontrarse con un caso provocado por las circunstancias: durante la guerra civil, ante la huída del personal cuidador en un hospital, los pacientes abandonados  se habían organizado  eficazmente y se cuidaban entre sí.

9) Creó el único test de personalidad conocido que puede garantizar  que el examinado  no controle el rendimiento o la respuesta, es decir, que sea  ciento por ciento fiable, pues  ésta es obtenida en condiciones técnicas que excluyen el control voluntario y permiten que sea expresiva de las tendencias naturales ancladas en una de las zonas más profundas del psiquismo: la miopsique (de  "mios", músculo) En él se establece el diagnóstico psíquico a través de las peculiaridades  de ciertos movimientos realizados por el sujeto, de ahí el nombre del test: Psicodiagnóstico  Miokinético (PMK), o sea: diagnóstico psicológico por medio de los movimientos musculares. Siempre consideró, hasta el momento de su muerte, que este test había sido su máxima aportación a la ciencia.

10) Se preocupó en subrayar la necesidad de que los jueces tuvieran conocimientos de psicología, y sostuvo la importancia de prevenir el delito, antes que castigarlo.

11) Su aportación a la Psicopedagogía abarcó desde sus innumerables cursos hasta la mayor parte de sus libros. Creía en la necesidad de inculcar una conciencia moral en el niño y la importancia  profunda de la educación para la formación de una sociedad mejor.

12) En todos los campos afines en que incursionó, estudió en profundidad todas las escuelas y autores, y extrajo de cada uno su mejor  aportación  para  sintetizar  en un todo coherente el mejor saber posible sobre  cada aspecto, siendo, en este sentido, partidario de un método ecléctico, no dogmático. Divulgó la síntesis de ese conocimiento obtenido  a través de manuales  que aúnan el rigor científico con la claridad de exposición, ejerciendo una auténtica obra de pedagogía social. Lamentablemente murió con 67 años cuando, habiendo alcanzado las condiciones de tranquilidad necesarias, se disponía a compendiar en un volumen la esencia de su pensamiento, actualmente disperso en  las obras citadas, y  sobre el cual el más completo estudio existente es el libro de L. M. Iruela publicado por la Universidad de Barcelona

Amplitud de obra.-

Catalogar y explicar la obra de Mira es una tarea muy difícil, pues todos sus estudiosos coinciden en señalar la multiplicidad de intereses y consecuentes actividades que éste fue capaz de  cultivar a lo largo de su vida. Dice, a este respecto, el Prof. Lafuente,  que en su carácter de historiador de la Psicología la ha estudiado en profundidad:
"cuando se pasa revista a lo largo de esta accidentada ruta vital no  se puede menos de reconocer la cantidad y calidad de los logros. Porque, haciendo balance, resulta que Mira fue médico, psicólogo y psiquiatra y profesor de materias diversas. Dió incontables cursos y conferencias. Escribió numerosos trabajos científicos y excelentes manuales y libros de divulgación. Ideó nuevos instrumentos psicotécnicos al servicio de la orientación y selección profesionales. Promovió el desarrollo de este campo desde la dirección de dos instituciones decisivas: el Instituto de Orientación Profesional de Barcelona y el ISOP de Rio de Janeiro. Concibió numerosas pruebas para evaluar distintos aspectos de la personalidad y la conducta (entre ellas el famoso PMK). Fundó instituciones de gran importancia en sus respectivos campos, como el Centro de "La Sageta" y la Asociación Brasileira de Psicotécnica. Organizó congresos internacionales. Creó y editó revistas científicas... y alcanzó por todo ello un merecidísimo reconocimiento internacional. ¿Habrá que considerar entonces - como se ha hecho a veces - la trayectoria de Mira como una multiplicación superficial de quehaceres?....bajo su aparente dispersión, sin embargo, debe reconocerse también la existencia de una unidad fundamental....creemos que puede afirmarse que Mira fue antes que nada un psicólogo, esto es, que fue la psicología el núcleo fuerte de su vocación, y que es por tanto su actividad en este campo la que da sentido a las restantes, que `pueden así entenderse desde o por referencia a ella...".

Y afirma, en otro texto:
"de un modo u otro, toda la obra de Mira gira en torno al ser humano, que él concebía como una realidad de enorme complejidad estructural e indiscutible unidad funcional"

Efectivamente, su amplitud de obra no es dispersión, pues se mantiene fiel a sus principios y está siempre coherentemente dirigida hacia un único objetivo: la búsqueda del bienestar y la  armonía del  individuo (su salud integral, psicofísica), engarzada en su medio social.

Dice su biógrafo, Luis M. Iruela: "Para Mira, lo psicológico emerge de lo fisiológico y alcanza su plenitud en lo social, en la adaptación del hombre al mundo que le rodea, siguiendo un curso de  complejidad creciente"

Las dos opiniones no se contradicen, sino que se complementan. Para comprender mejor lo antedicho es necesario tener en cuenta las influencias recibidas en su juventud:

Su frecuentación, en la época de estudiante (1914-1917), del Laboratorio de  la Escuela de Fisiología de Barcelona , bajo la dirección de Augusto Pi Sunyer que,  junto con Ramón Turró,  representaba  el pensamiento positivista, le inculcó el uso de una metodología positiva, una  visión genética y evolutiva de los organismos y una concepción unitaria y funcional de los mismos.  Ambos científicos  fundamentaron, así, las firmes ideas de Mira  sobre la unidad psicofísica del individuo y le dieron la base formal a partir de la cual llegó a fusionar fisiología y psicología y  a englobarlas dentro de la medicina con una finalidad única: la salud  de  la persona..

A su vez, las traducciones por él realizadas, siendo ya médico, de los grandes psiquiatras y psicólogos alemanes de la época, despertaron su interés por el estudio del psiquismo humano. Ambas influencias  pudieron determinar el tema de su tesis doctoral, presentada ante la Universidad de Madrid en 1922, sobre "Las correlaciones  somáticas del trabajo mental" que le valió el Premio Extraordinario de  Doctorado otorgado por la Universidad al año siguiente y puede ser considerada  como el primer trabajo de psicología experimental realizado en España.

No permanece, sin embargo, encerrado en ese ámbito. El estudio de la obra de Freud,  realizado  por él directamente del original alemán, lo convence de la importancia de  las teorías psicoanalíticas,(a pesar de discrepar en muchos de sus aspectos) y no solamente incorpora  en ciertos casos su práctica terapéutica sino que considera que sin  la influencia freudiana no  habría sido posible la actual medicina psicosomática.

Finalmente, cabe consignar sus intereses humanitarios en el plano social, despertados durante sus visitas como joven médico a los barrios obreros y marginales de Barcelona, que  lo llevaron a ser uno de los fundadores, en 1923, de la Unión Socialista de Cataluña,  y a impartir cursos gratuitos para trabajadores en el Ateneo Enciclopédico Popular de Barcelona, interés que no solo persistió, sino que aumentó a lo largo de su vida, llegando a afirmar que "no puede  lograrse una mente sana en una sociedad enferma", y que al viejo aforismo "mens sana in corpore sano" habría que cambiarlo por "mens sana in societas sana"

Resumiendo:
Mira ha dejado huella firme de su nombre en todos los campos que cultivó, incluyendo a la Psiquiatría y la Psicología  en todos sus aspectos,  ramas, aplicaciones y conexiones. Para él  todo era una sola cosa: el estudio del hombre, con la finalidad de conseguir su máxima salud y bienestar. Por eso al final de su vida, cuando siempre había dado por hecho que cualquier medicina debía ser   psicosomática, propugnó un concepto  aún más amplio, el de la medicina integral o eubiátrica ( del griego eu, bienestar, y bios, vida) la medicina  que enseña a vivir bien. Llegó a la conclusión de que si  la salud se deriva de una armonía en el funcionamiento de todos los órganos (incluidos, evidentemente, los aspectos psíquicos) entonces  entran dentro del campo de la medicina en un sentido amplio, como auxiliares, todas las  ciencias que se pueden relacionar con el bienestar humano. Por eso la Medicina Integral requerirá la colaboración de médicos, higienistas, abogados, pedagogos, economistas, sociólogos y políticos ( "políticos que habrán seguido la carrera de Ciencias Políticas, no los actuales" - observa) para crear las condiciones sociales en las que los hombres puedan desarrollarse saludablemente, es decir, felizmente.

 "Pragmático hombre de ciencia y al mismo tiempo idealista",  como lo define  E. Lafuente,  soñaba con un futuro en que las condiciones de vida de la Humanidad  permitan reducir al mínimo los casos de sufrimiento y desadaptación mental. Como afirma en el prólogo de su Manual de Psicoterapia:  "No basta consolar; hay que luchar bravamente para conseguir que la personalidad humana enfrente el dolor y el sufrimiento con algo más que una pasiva resignación. Hay que declarar una sola guerra en el mundo: la guerra contra la infelicidad y contra la muerte."

 

Psicología.-

Como hemos dicho al referirnos a su obra, el interés de Mira por la Psicología se manifestó ya muy tempranamente, como una consecuencia directa  de su concepción de la Medicina. La  influencia recibida de su maestro Augusto Pi Sunyer, en  cuyo laboratorio de Fisiología colaboró como estudiante de la carrera, le aportó, además de una metodología y una visión positivista, un concepto de la unidad funcional de los organismos que le acompañó toda su vida e hizo que considerara siempre al ser humano como una unidad psicofísica.. Es por ello que sus conceptos de medicina y psicología se  unen, ya que la misión del médico es curar al ser humano, no a un cuerpo o a una psique, y para Mira no hay alteración psicológica que no tenga su reflejo orgánico, ni alteración orgánica que no tenga su reflejo psíquico; ambas cosas se dan siempre simultánea y unitariamente, por más que en unos casos predomine un  aspecto sobre el otro.  Por otro lado,  los factores que influyen en la persona no son solo endógenos, sino exógenos, por lo que el entorno social está indisolublemente unido a ella. Es así que, en 1955, llega a definir a la Psicología de la siguiente manera:

"Hoy la psicología se interesa por el estudio del comportamiento de los seres vivos, tanto interna como externamente. Se preocupa tanto de las actividades personales como del aspecto  subjetivo de la  persona, o Yo. Pero el individuo no vive aislado: pertenece a un grupo. Sufre las acciones, y reacciona influyendo en el medio. Conflicto de fuerzas que tienen un sentido, una dirección  (vector); por lo tanto la  psicología puede ser definida  también como el estudio del dinamismo vectorial biológico."

Recordemos aquí la acertada afirmación de Iruela: "Para Mira, lo psicológico emerge de lo fisiológico y alcanza su plenitud en lo social, en la adaptación del hombre al mundo que le rodea, siguiendo un  curso de complejidad creciente"

Respecto a la personalidad humana, tiene una concepción dinámica, integral y evolutiva, coincidente con la de Stern, considerando que la totalidad individual psicofisiológica que caracteriza a todo organismo "adopta  en el caso humano la forma de una totalidad individual que actúa intencionalmente, es auto y hetero-referente, vive y vivencia".

Dicho de otra manera:  todos los seres vivos tienen actividad psíquica, pues su manifestación energética es autorregulada y dotada de ritmo e intencionalidad; en cuanto a "noción de  existencia"  no sabemos si todos los seres vivos sienten que lo están. Pero solamente los  seres humanos son capaces de tener una nítida frontera delimitadora de sus contenidos personales capaz de dar lugar a una oposición entre éstos y el mundo exterior, entre el yo y el no-yo, de vivir frente al mundo y no en él o con él.

Mira decía que tanto la personalogía de Stern como la psiquiatría moderna convergían en señalar la importancia del estudio evolutivo de la integración personal. Solamente siguiendo paso a paso (merced a una cuidadosa biografía obtenida por información social científica) la vida psíquica del sujeto, será posible llegar a trazar el esquema de su personalidad. Esta concepción de la personalidad tiene en cuenta tanto los factores endógenos (constitución, temperamento e inteligencia) como los exógenos (experiencia de las situaciones aprendidas) en una síntesis dinámica y evolutiva cuyo resultado último es la formación del carácter.

Así, Mira concibe  la personalidad como el conjunto armonioso de tres instancias fundamentales: inteligencia, temperamento y carácter; todas ellas arbitradas por una cuarta, el Yo. La  inteligencia sería la resultante integral de la actividad de las funciones cognoscitivas; el temperamento lo sería de las afectivas; y el carácter el resultado de las funciones conativas, nombre dado por Mac Dougall a los procesos tensionales que preceden a la acción. Todas estas funciones se relacionan entre sí constituyendo las sucesivas fases de un ciclo psíquico, el cual, iniciándose en la sensopercepción y finalizando con la acción o conducta, representa el elemento básico del funcionalismo mental del hombre. En el ser humano existen superpuestos, en cada instante, varios de estos ciclos, lo que contribuye a dar una idea de realidad, de continuidad y de unidad a cada individuo.

Resumiendo: la psicología debe ser abordada desde un punto de vista integral, funcional, dinámico-evolutivo y pragmático (...) No solo es imposible separar persona y organismo, conciencia y conducta, sino que  tampoco es posible separar al individuo de los grupos sociales con quienes convivió y convive (...) dicho de otro modo, no es posible comprender un yo sin los tú con quienes mantiene relación (...) Solamente  una psicología integral -dinámica, existencial, social  - será útil, viva y realmente adecuada al estado actual de nuestros conocimientos científicos"

Psicología y Medicina.-

Admite diversas clasificaciones de la Psicología según el punto de vista que se utilice. Tomando el criterio de aplicación práctica, distingue psicología médica, educacional o pedagógica,  industrial, jurídica,  social, etc. Si en todos estos campos la presencia de la Psicología es indispensable, en el caso de la Psicología médica o clínica se trataría casi de una redundancia, puesto que la  Medicina, tal como Mira la concibe,  al preocuparse por curar a la persona, integra en sí no solamente  a la fisiología sino a la psicología. Y afirma "puede decirse que la Psicología Médica es a la psicoterapia lo que la Fisiología humana es a la somatoterapia: el antecedente obligado."

Finalmente, es importante destacar que, coherentemente con lo antedicho, no admite la separación entre psicología y psiquiatría, ya que considera a esta última como una psicología (médica) ocupada de los casos anormales.

Mira conoció y estudió en profundidad todas las escuelas y autores de su tiempo, seleccionando de cada uno de ellos lo a su juicio más valioso para fundamentar su visión de la ciencia unitaria -  medicina-psicología-psiquiatría - que concibió y practicó. Dice su biógrafo L. M. Iruela que es evidente que Mira está abierto a todas las influencias posibles; pero lo importante no es reconocer  este eclectismo  sino señalar que la utilización que hace de todas estas influencias es en cierto modo personal y original, una actitud científica libre de prejuicios y un deseo sincero de encuentro  de las diversas producciones intelectuales  psicológicas entre sí.

Valoración del psicoanálisis dentro de la Psicología.-

Mira distingue dentro del psicoanálisis tres dimensiones fundamentales, bien diferenciadas entre sí: un método de exploración, una doctrina y una terapia.

Como método de exploración: valoró el hecho de que permitiera llegar a los sentimientos más íntimos del paciente al derribar el muro de la censura consciente. Sin embargo no acepta en su totalidad la técnica de las interpretaciones libres o la interpretación de los sueños, pues pueden estar muy  condicionadas por el  propio terapeuta, es decir, dependen de quien los analice. Le interesó más la prueba de las asociaciones determinadas de Jung, hasta el extremo de que además de emplearla  habitualmente ideó  algunos métodos para perfeccionarla. Dice Iruela "en cierto modo las técnicas psicoanalíticas son para Mira un punto de apoyo para el desarrollo de sus propias vías de acceso al subconsciente. En este sentido, recuérdese que el Test Miokinético -su última creación en esta línea- ofrece un camino alternativo al psicoanálisis, al superar la principal objeción que el psicólogo catalán le hacía a éste y que era el empleo de material verbal en la exploración."

Como doctrina: Aborda el psicoanálisis desde afuera, desde su propia formación positivista;  discrepa de la teoría de la líbido, así como de la pobre valoración del  Yo que hace   Freud al presentarlo como un débil juguete  preso entre las poderosas fuerzas del  Ello, del Superyó y de la realidad exterior. Afirma Mira: "corresponde al Yo una responsabilidad y un poder mucho mayores que los concedidos por la doctrina freudiana". Tampoco acepta el importante papel que Freud otorga al Superyo en la formación de la conciencia moral del niño. En cuanto a la visión en general del hombre y de la vida  que ofrece la obra freudiana, negativa y pesimista, provoca su rechazo, como era de esperar considerando  que la visión positivista de Mira era totalmente opuesta, al  tener fe en la razón y en la marcha de la Humanidad  hacia el progreso material y espiritual

Como método terapéutico: El primer inconveniente que observa en el mismo es su larga duración y su elevado coste,  observando que se requeriría un verdadero ejército de psicoterapeutas freudianos para  atender a una población de mediana importancia. Además, "el porcentaje de curaciones y mejorías con el psicoanálisis es aproximadamente el mismo que se obtiene en los centros hospitalarios psiquiátricos con el uso de métodos psicoterápicos más rápidos y expeditivos". Hace una crítica bien fundamentada a la clave de la psicoterapia freudiana: la transferencia, concluyendo que resulta un cómodo medio de que el analista goce de sus éxitos y se exculpe de sus fracasos, y añade "el psicoanálisis es nítidamente inmoral pues hace todo lo necesario para favorecer esa transferencia y luego afirma que ésta puede ser liquidada, cuando ya resulta inútil terapéuticamente hablando".

Méritos del psicoanálisis.-

Según Mira,  ninguno de estos puntos negativos contradice el hecho de la importancia fundamental de sus aportes positivos: ha contribuido eficazmente a destronar el racionalismo que dominaba el campo  de la filosofía y psicología europeas a fines del siglo XIX, así como las doctrinas voluntaristas de origen kantiano, propiciando por  tanto una crítica a la glorificación de la razón y la voluntad como facultades superiores del alma humana. Desde el punto de vista terapéutico, ha puesto el acento más en el estudio del paciente globalmente considerado que en el diagnóstico y tratamiento de los síntomas que le aquejan, es decir:

"en vez de seguir la vía que el método llamado anatomo-clínico aconsejaba, y que se dirigía del síntoma a la lesión, Freud proclamó la necesidad de remontarse del síntoma al conflicto y a  quien lo vive" (...) "sin la influencia freudiana no habría sido posible la actual medicina psicosomática".

Nota: quien esté interesado en profundizar sobre este tema, puede consultar los enlaces existentes en la bibliografía de la obra del Dr. Campos.

Psicología jurídica.-

En 1932 publicó su "Manual de Psicología Jurídica", con material basado en experiencias realizadas en el Instituto de  Orientación Profesional que él dirigía y notas de un curso de Medicina Legal que había impartido en la Facultad de Derecho de la Universidad de Barcelona.

En él Mira relaciona la psicología jurídica con la psicología y la psiquiatría, señalando como su objetivo básico la prevención de la delincuencia y la readaptación social de los delincuentes, buscando más la ayuda correctiva que la sanción punitiva. Está dirigido a  los juristas, diciendo que su propósito es  darles a conocer los datos y conocimientos que la psicología les puede ofrecer, para hacer más efectiva su tarea.  Fue uno de los poquísimos libros editados sobre la materia en Europa, y el más completo como manual.  Se reeditó en Buenos Aires en 1945, en edición ampliada,  y siguió reeditándose hasta 1975. También fue traducido al francés, al portugués y al italiano.

Según el catedrático de Psicología Social y Doctor en Derecho Federico Munné, el enfoque de esta obra hace que no haya sido aún superada, y extraña su falta de resonancia en España,  quizás explicable porque al acabar la guerra civil fue prohibido por el régimen franquista, y en realidad el interés por el tema solo comenzó a renacer en el país al finalizar éste, después de 1975.

El libro contiene en su capítulos VII y VIII ("La obtención de la evidencia delictiva" y "Psicología del testimonio", respectivamente,) una descripción de los métodos en boga  en la época  usados para esos fines, entre ellos la prueba psicoanalítica de Abraham, Rossanoff y Jung, el "detector de mentiras" de Larson, el "método de la expresión motriz" de Luria, así como un perfeccionamiento  de este último  creado por el propio Mira consistente en un dispositivo registrador gráfico de las reacciones emocionales y del control motriz del sujeto, que  bautizó con el nombre de monotonómetro. Ninguno de  ellos  implica, evidentemente, el menor daño, ni físico y psíquico, pero ese texto, reproducido como informe ante un requerimiento del Gobierno de la República, sirvió de base para la acusación formulada posteriormente a Mira por el Gobierno de Franco de haber suministrado a la policía técnicas de tortura a los presos políticos.

Psicotecnia y Orientación Profesional.-

Mientras que los estudios de psicología en Madrid estaban más vinculados a las investigaciones neurofisiológicas  de Ramón y Cajal, Simarro o Lafora, la psicología asumió en Catalunya una dimensión  práctica, al aplicarse al estudio del trabajo humano, en busca de una planificación para el mejor rendimiento del mundo laboral, siguiendo las modernas orientaciones de la sociología y la economía.. Fue este uno de los aspectos en los que más  renombre alcanzó Mira, cuando, después de haber ganado por oposición la plaza de Director del Laboratorio de Psicología en 1919, pasó a ser designado en 1926 Director General del Instituto de Orientación Profesional de Barcelona, dependiente en ese momento de la Escuela del Trabajo mantenida por la Diputación.

Ya en 1921, cuando apenas contaba 24 años de edad había sido designado secretario organizador del II Congreso Internacional de Psicotecnia celebrado en Barcelona, después de haber sido ponente  en el realizado  el año anterior en Ginebra y haber visitado,  comisionado por el Instituto, los laboratorios de Psicología Experimental de Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania e Italia. La progresiva fama de ese centro, considerado modélico  en toda Europa, fue tal que, en 1930 se decidió volver a realizar en Barcelona la VI  Conferencia Internacional, y  designar a Mira  Presidente de la misma.

En 1931, el Instituto, que había sido puesto bajo la dependencia del Gobierno central en 1928, junto con el recién creado de Madrid,  pasó, gracias al advenimiento de la República, a ser dependencia del gobierno catalán bajo el nombre de "Institut  Psicotècnic de la Generalitat", ampliando aún más su campo de acción. Las profundas y originales investigaciones que en él se realizaron continuaron aún durante la guerra, pero todo finalizó en enero de 1939, con la entrada de las tropas franquistas en la ciudad.

La fama de Emilio Mira en ese campo le siguió después del exilio de España; en 1944 fue contratado por el  Ministerio de Educación uruguayo para fundar un Instituto de Orientación  Profesional en Montevideo, y en 1946 para fundar institución similar en Rio de Janeiro, que dirigió durante 18 años hasta su muerte y que bajo el nombre de sus siglas - ISOP- (Instituto de Selección y Orientación Profesional) revivió la tarea investigadora  interrumpida en España, extendiendo su fama en Brasil hasta el punto que en 1950 fue electo Secretario General de la Asociación Brasileña de Psicotecnia, y en 1955 Vicepresidente para la Región Atlántica de la Sociedad Interamericana de Psicología. El gobierno brasileño le confió no solo la  selección de conductores de vehículos públicos sino incluso la selección de los aspirantes a ingresar en la carrera  diplomática de la  Nación.

Define Mira la orientación profesional como "Una actuación científica compleja y persistente, destinada a conseguir que cada sujeto practique un tipo de trabajo en el que pueda, con menor  esfuerzo, obtener  el máximo provecho y satisfacción para sí y para la sociedad." O, más concisamente "El ajuste científico del quehacer al ser" .Destaca también el hecho de que lo que se trata de determinar no es una profesión concreta, sino "un tipo de trabajo" que puede encontrarse igualmente en oficios muy distintos entre sí. De forma inversa, es posible también hallar profesiones que contienen a varios tipos de ocupaciones diferentes, En esta definición se evidencia una vez más su preocupación por el ser humano, al incluir en la misma  la frase "provecho y satisfacción para sí", muy lejos del frío espíritu utilitario tayloriano. En el prólogo de su libro "Factores psicológicos de la productividad", nos dice:  "no bastan los progresos del maquinismo industrial; tórnanse necesarios también los avances del humanismo industrial".

Pone de relieve la distinción entre orientación y selección profesional de la siguiente manera:  "podría definirse brevemente diciendo que la primera busca el mejor trabajo para cada hombre,  mientras que la segunda busca el mejor hombre para cada trabajo" Así, la primera trata de favorecer al individuo y la segunda al rendimiento económico." Como nada hay más desolador para un profesional que  verse despedido de un cargo o no admitido a una plaza por  un dictamen de "falta de aptitud", es necesario prevenir esas situaciones y a ello tiende la obra, previa, de la orientación profesional: evitar el descubrimiento a posteriori de la falta de aptitudes individuales.  Pero esto  no impide que los profesionales poseedores de un mínimo de aptitudes sean jerarquizados y seleccionados de acuerdo con las diferencias de su exceso de promedio. Así la selección profesional se torna positiva en vez de negativa, pues en vez de descubrir quien no sirve para ocupar una plaza señala quien sirve más para ella pero, al mismo tiempo, señala quienes sirven más para otras.

Además del PMK (concebido inicialmente para uso en la orientación profesional, y perfeccionado más tarde hasta convertirlo en un test de personalidad) Mira aportó a la psicología en este campo  una  clasificación  nueva de los tipos de inteligencia ya. que consideraba que la mayor parte de las escalas métricas de la inteligencia calculaban apenas el valor promedio de  la inteligencia conceptual o percepcional y de la inteligencia efectiva, o capacidad de autodominio, estableciendo un promedio  que sería llamado el factor G, o "Inteligencia General". Y este dato no es suficiente para el orientador profesional. Adoptó entonces una posición más empírica, tratando de hallar los valores medios de tres grupos de correlaciones intelectuales a los que denomina: inteligencia mecánica o espacial, inteligencia verbal e inteligencia abstracta. La cifra promedio de estas tres cantidades constituiría el factor G. Es importante observar que a partir de 1965 las descripciones de análisis de trabajo promovidas por la OIT  se centraron en esta triple diferenciación. Es esta una decisiva aportación de Mira a la ciencia psicológica con la que se habría superado el enfrentamiento que parecía irresoluble entre las posturas multifactorial de Thurstone y multimodal de Thorndike.

Su obra fundamental en este tema es el “Manual de Orientación Profesional” editado por la Editorial Kapelusz en 1947 en Buenos Aires.

Psicopedagogía.-

En 1931, cuando el Instituto de Orientación Profesional que dirigía Mira pasó a ser el Instituto Psicotécnico de la Generalitat de Catalunya, sus funciones se ampliaron, aumentó su número de colaboradores, y fue creada  dentro del mismo una sección de Psicopedagogía. . Una de sus finalidades era la de conectarse con los movimientos de renovación pedagógica  que se estaban produciendo en Catalunya, (Escola Nova) para dotarlos de la necesaria fundamentación psicológica. Asi, Mira estableció una fructífera relación con el Seminario de Pedagogía de la Facultad de Filosofía y Letras y Pedagogía, que había fundado y dirigía el filosofo Joaquim Xirau desde 1930 para dotar a los maestros de los conocimientos de carácter superior necesarios para llevar a término su labor educativa. Xirau , que ya era gran amigo de Mira, pasó a ser subdirector del Instituto.

De esa relación nació la Revista de Psicología y Pedagogía, (codirigida por ambos) cuyo primer  número apareció en febrero de 1933. En un artículo publicado en el nº4 de la misma, Mira empleó por primera vez el término Psicopedagogía, en substitución de Psicología Pedagógica, o Psicología de la Educación, un neologismo apenas usado hasta entonces. La revista, que contó con colaboradores de un elevado nivel, adquirió un gran prestigio y subsistió hasta 1937, desapareciendo en plena guerra civil.

La reciente autonomía universitaria comportaba la posibilidad de que la Universidad designara sus profesores por elección directa. Así, ese mismo año de 1933 en que Mira había sido elegido para  ocupar la  recién creada cátedra de Psiquiatría en la Facultad de Medicina,  fue también designado profesor de la Facultad de Filosofía y Letras y Pedagogía, donde pasó a impartir tres materias: Psicología Infantil, Psicopatología Infantil y Psicotecnia Educativa. En años anteriores , como profesor de la Escuela de Verano (1931 y 32) había ya dictado clases y conferencias sobre temas afines.

Pero su interés por la Psicología de la Educación  era muy anterior: en 1924 había traducido del alemán la obra de Otto Lipmann , Director del Instituto de Psicología Aplicada de Berlín, “Psicología  para maestros”.   Y sus ideas sobre el tema  coincidían  con una línea experimental afin a los trabajos de Claparède y Decroly y, lo que es más importante, coincidían ampliamente con los ideales de la  "Escola Nova". No es de extrañar, pues, que estableciera vínculos entre su Instituto y las nuevas corrientes  de psicopedagogía en el extranjero, especialmente con el Instituto J.J. Rousseau, de Ciencias de la Educación de la Universidad de Ginebra, dirigido por  Claparède. Desde siempre, como director del Instituto, había  impedido que este se convirtiera en una simple oficina burocrática, transformando la orientación profesional en una verdadera ciencia al servicio de la persona, coherente con su óptica de progreso social y humano de raíces positivistas y expresión socialista.

También a partir de 1933 Mira acogió en su instituto a médicos, psicólogos y psicoanalistas europeos que comenzaban a huir de la persecución nazi, algunos por su origen judío. Ese mismo año -  tan pleno de  acontecimientos para él - fundó junto con uno de ellos, el médico Alfred Strauss, y el colega catalán Jeroni de Moragues, la primera clínica  de observación  y tratamiento para trastornos de conducta infantil  de España y América Latina, dotada de  los más modernos medios técnicos de la época, entre ellos cámaras de observación En ella  llegaron  a dictarse excelentes cursos sobre el tema, antes de ser totalmente destruida en 1936, durante los primeros meses de la guerra civil, por una de las tantas bandas  desorganizadas que  circularon por Barcelona.

Posteriormente, ya residiendo en América, publicó  diversas obras  sobre esta materia (Psicología evolutiva del niño y del adolescente, Como estudiar y como aprender y El niño que no aprende).

Psiquiatría.-

Dice Iruela "La gran singularidad del enfoque miriano de la psiquiatría dentro del panorama científico español, a la sazón, consistía en partir del estudio psicológico del hombre normal  para llegar así a  comprender los fenómenos patológicos de la mente. Exactamente igual a como se procede en fisiología con respecto a la fisiopatología.

Las dos claves de la concepción psiquiátrica de Emilio Mira son: a) que la psiquiatría es una psicología patológica y b) que la psiquiatría debe menos a la neurología de lo que se había supuesto hasta entonces." Y lo ilustra con una frase del  propio autor estudiado:
"Hoy sabemos que cualquier enfermedad de cualquier órgano puede producir una anomalía en el funcionalismo mental, y sabemos también que ésta puede existir y persistir sin que sea posible denotar una  lesión visible en  el sistema nervioso. Consiguientemente, la psiquiatría es algo más que la neurología central, como antes se creía; es una disciplina bien definida, que debe ser considerada como una rama de la Psicología: la Psicología anormal."

Pero -aclara Iruela- el hecho de que Mira parta de la psicología para comprender los fenómenos que estudia la Psiquiatría, no significa en absoluto que discuta el carácter médico y biológico de esa especialidad. Más bien sería lo contrario, pues para él la Psicología era una rama más de la Biología. Y transcribe la definición que da Mira de la Psiquiatría:

"La parte de la medicina que estudia las alteraciones de los estados de conciencia y de conducta humana, con el fin de corregirlas. O también, es la especialidad médica que lucha para obtener la normalidad del funcionalismo (conducta) personal y evitar el sufrimiento o el desajuste que derivan de su alteración"

En relación a la psicopatología, concibe los transtornos psicopatológicos como alteraciones de las diferentes funciones psíquicas. Con respecto a la etiología considera Mira que "un mismo cuadro mental es capaz de ser originado por distintas causas y, viceversa, un mismo agente etiológico puede dar origen a distintos tipos de alteraciones mentales".

Ya en la década del 20, Mira había avanzado la hipótesis del origen  temperamental. (afectivo) de gran parte de los transtornos mentales, llegando a afirmar en 1946: "El aspecto  afectivo de la actividad psíquica es sin duda el que más constantemente se encuentra alterado en los casos de psicosis. Hasta tal punto es esto cierto, que bien puede decirse que toda alteración es, cuanto menos al principio, una alteración afectiva"

Mira elaboró una clasificación de las enfermedades mentales llena de claridad y practicidad. Las divide en tres grandes apartados:

- transtornos deficitarios (oligofrenias y demencias).
- transtornos en la integración constitucional de la personalidad (psicopatías).
- transtornos morbosos propiamente dichos (neurosis y psicosis).
aclarando que estos transtornos no son esencialmente incompatibles y pueden coincidir o sucederse en un mismo sujeto.

Pero decía: "son los complejos de síntomas y no las clasificaciones preestablecidas, en ocasiones muy forzadas, las que suelen guiarnos en el diagnóstico y la terapéutica"

Mira centró su especial interés en el tratamiento  de las neurosis, a las que dividía en dos grandes grupos, las psiconeurosis y las organoneurosis, considerando entre las primeras aquellas que aparecen determinadas por una motivación psicológicamente comprensible, mientras que en las segundas predomina la sintomatología corporal, casi siempre localizada en un determinado órgano o aparato.

Resalta Iruela la aportación de Mira al enfatizar el uso de la psicoterapia en el tratamiento de las neurosis y su aguda intuición de la importancia de la patología familiar en el mantenimiento de los síntomas  neuróticos, por lo cual preconizaba la necesidad de someter a todo el núcleo familiar a un mismo plan de tratamiento, mostrándose así como un pionero de la terapia de familia en España.

Se preocupó de establecer las normas de asistencia psiquiátrica con criterios sumamente modernos, preconizando una serie de medidas tendientes a mejorar la atención y el bienestar de los enfermos mentales,  tomando en cuenta la asistencia en servicios psiquiátricos abiertos, además de los cerrados, y preconizando el derecho de los pacientes internados a proseguir con su vida sexual

Fue pionero de la asistencia psiquiátrica infantil en España, al


Juan José López Ibor

López Ibor, Juan José. Sollana (Valencia), 22.IV.1906 – Madrid, 22.IV.1991. Psiquiatra.

Hijo de Miguel López Marco, un maestro de escuela que a principios del siglo xx se trasladó desde su Teruel natal a Sollana. Su actividad en la escuela le permitió enriquecer culturalmente al pueblo del que llegó a ser alcalde. Allí se casó y tuvo tres hijos, Miguel, fallecido durante sus estudios de Medicina, Vicente, médico, y Juan José.

López Ibor fue becario por oposición del colegio mayor Beato Juan de Ribera de Burjasot (Valencia), en el que ingresó a la excepcionalmente temprana edad de catorce años, cuando su padre le dijo que en la escuela ya no podía aprender más. Fueron contemporáneos suyos, entre otros, el pintor Francisco Lozano, Pedro Laín Entralgo y Rafael Calvo Serer, con los que mantuvo una larga y fructífera amistad. Allí permaneció hasta finalizar la carrera de Medicina, que estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia. En tercer curso cayó en sus manos una obra de Freud que marcó para siempre su vocación por la psiquiatría. Se doctoró en Madrid en 1930 con una tesis sobre la neurosis de renta, a caballo entre lo psiquiátrico y lo forense. Obtuvo la beca “Alfonso XII” de la Diputación de Valencia para formarse en el extranjero. En el curso de los años siguientes estuvo en las Universidades de Múnich (donde hizo Psiquiatría con Oswald Bumke), París (donde estudió Neurología con Théophile Alajouanine y Georges Charles Guillain), Zúrich, Berlín y Tubinga, entre los años 1934 y 1938.

Inició en seguida una carrera docente como catedrático de Medicina Legal (1932) de la Facultad de Santiago de Compostela, de donde pasó en 1934 a ocupar la misma cátedra en la de Valencia. En aquella época la Psiquiatría era una parte del programa ordinario de la Medicina Legal. En Valencia trabajó con su maestro Juan Peset Aleixandre, gran maestro de la Medicina Legal y de la Psiquiatría, y contribuyó a esta disciplina con investigaciones originales, como la detección del grupo sanguíneo en los restos de saliva en las colillas, algo innovador en su época.

En 1940 fue nombrado profesor de Psiquiatría en el Instituto de Medicina Ramón y Cajal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, y en 1943, jefe del servicio de Neuropsiquiatría del Hospital General de Madrid. En 1967 asumió el cargo de decano de la Beneficencia Provincial. Durante su mandato, la Diputación Provincial de Madrid comenzó la construcción del hospital hoy conocido como Gregorio Marañón y el Hospital Psiquiátrico que hoy se llama Rodríguez Lafora, acometiendo una profunda transformación del panorama asistencial de Madrid.

Desempeñó la primera cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Salamanca. En 1950 ingresó en la Real Academia de Medicina. Su discurso de ingreso, La responsabilidad penal del enfermo mental, sigue siendo un texto básico de la Psiquiatría forense. Ese mismo año asumió el encargo de la cátedra de Psicología Médica de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. En 1966 obtuvo por traslado la cátedra de Psiquiatría de la misma Universidad y asumió la dirección de su Departamento de Psiquiatría y Psicología Médica y de la Escuela Profesional de Psiquiatría hasta su jubilación en 1976. Fue el último director del Hospital San Carlos de la calle de Atocha, que se trasladó a su actual ubicación en la Ciudad Universitaria.

En el Hospital Provincial de Madrid surgió a su alrededor un equipo de colaboradores y de médicos en formación de España y de Iberoamérica en lo que fue una escuela muy fructífera. Allí solía invitar a los psiquiatras más relevantes del mundo para desarrollar sus enseñanzas, en una época en la que los congresos eran poco frecuentes y en la que los españoles no tenían muchas oportunidades de viajar. Con este mismo espíritu creó y dirigió en la editorial Gredos la Biblioteca de Psicología y Psicoterapia que entre 1965 y 1970 publicó traducciones de las obras más significativas de la psicopatología internacional. Fundó en 1940 y dirigió durante muchos años la revista Actas Españolas de Psiquiatría. La publicación pronto añadió a su nombre la palabra Neurología y en 1947 pasó a llamarse Actas Luso-Españolas de Neurología y Psiquiatría, porque a López Ibor no se le permitió seguir dirigiéndola, por lo que se le ocurrió convertirla en una publicación internacional. Desde entonces colaboraron con él en la dirección Barahona Fernández, de Lisboa, y más tarde Leme Lopes, de Río de Janeiro. La revista sigue publicándose hoy en día (con su nombre original desde 1998) y está entre las de mayor índice de impacto de la especialidad publicada en lengua no inglesa.

En 1950 fundó la Sociedad de Medicina Psicosomática y Psicoterapia y, con Antonio Vallejo Nájera, la Sociedad Española de Psiquiatría. Fue uno de los fundadores de la Asociación. Católica Internacional de Psicología Médica y Psicoterapia y presidió el primer congreso de esta organización. Fue ponente en el Congreso de Neurología de París (1949) y en el Primer Congreso Mundial de Psiquiatría (París, 1950) y en todos los sucesivos hasta 1972. De este primer congreso nació la Asociación Mundial de Psiquiatría, de la que fue secretario (1961-1966) y más tarde presidente (1966-1972). Organizó y presidió el IV Congreso Mundial de Psiquiatría (Madrid, 1966), que fue un hito en la asociación y en la propia disciplina por el amplio abanico de nuevas perspectivas que entonces comenzaban a abrirse. Pronunció algunas de las conferencias más emblemáticas de la Psiquiatría, entre ellas la Maudsley Lecture en Royal College of Psychiatrists y la Kraepeling Vorlessung en Múnich.

Fue doctor honoris causa de la Universidad de San Marcos de Lima; miembro de la Academia de las Ciencias de Lisboa, de las Academias Médicas de Argentina, Venezuela, Colombia y México, de la Sociedad Médica de Suecia, de la Sociedad Francesa de Neurología, de la Sociedad Suiza de Psiquiatría, de la Asociación Americana de Psiquiatría y de la Asociación Internacional de Neurología y Psicología.

El comienzo de la Guerra Civil le sorprendió en Valencia. Decidió trasladarse a Pamplona, donde colaboró regularmente en un periódico, en el que escribía con seudónimo (Pablo Marco), para proteger a sus familiares de Sollana (de hecho, varios murieron simplemente por “oler a incienso”). De esta época nació su interés por el destino de España, por el papel de la universidad y por temas antropológicos. En 1935 había fundado, con Pedro Laín Entralgo y Francisco Marco Merenciano, la revista Norma, cuyo primer número comenzaba con un artículo de López Ibor titulado “Raíz vital de la Universidad”. Por aquellos años fue llamado a Roma, a dar clases al infante don Juan de Borbón sobre la universidad. Estas lecciones dieron lugar a su libro Discurso a los universitarios españoles, que le dio gran fama en medios académicos. Poco después de terminar la contienda, le fue ofrecida la cartera de Educación, cosa que no aceptó, porque nunca se vio a sí mismo con un cargo político y, además, porque su maestro y amigo Peset acababa de ser encarcelado, procesado y condenado a muerte (a pesar de las intervenciones en favor suyo de muchas personas, fue ejecutado poco después, en mayo de 1941).

Mantuvo una postura política cercana a Acción Española, siendo decididamente monárquico. Fue miembro del Consejo Privado de Don Juan. En 1943 fue desterrado a Barbastro por el proyecto de un escrito que debía dirigir al general Franco un grupo numeroso de profesores de universidad, para pedirle su renuncia a la jefatura del Estado y la restauración de la Monarquía en la figura de don Juan de Borbón. En el intento participaron, entre otros, Jesús Pabón, Alfonso García Valdecasas, Julio Palacios, todos ellos también desterrados. A veces ha sido considerado, sin razón, como el psiquiatra del franquismo, pero esto mismo le ha sucedido a todos los que tuvieron un papel relevante en la cultura o vida social de la época. De hecho, fue confinado, estuvo años sin pasaporte y sin poder dirigir revistas científicas ni tesis doctorales (por ejemplo, la de su discípulo Castilla del Pino).

Fue un conferenciante prolífico y, como solía llevar sus intervenciones escritas, pudo publicar muchas de sus inquietudes humanísticas y culturales, tales como “El español y su complejo de inferioridad”, “El descubrimiento de la intimidad”, “Rasgos neuróticos del mundo contemporáneo”, “El español y la técnica”, “La aventura humana”, “De la noche oscura a la angustia” y “Rebeldes”.

Cuando López Ibor inició su actividad universitaria y profesional las enfermedades mentales constituían en España y en otros muchos países un mundo aparte. En la medicina dominaba el método científico- natural y las perspectivas anatomoclínica, fisiopatológica y etiológica eran la base de una investigación, ciertamente exitosa, del enfermar. Todo ello era a costa de arrinconar un humanismo médico incipiente de Ludwig Krehl, Gustav von Bergmann y Richard Siebeck, y de ignorar, cuando no denostar, las aportaciones de Sigmund Freud y sus discípulos. López Ibor encontró en Kart Jaspers y en las aportaciones de la escuela de Heidelberg una base psicopatológica para comprender las enfermedades mentales. Sin embargo, sus planteamientos dualistas le resultaron inaceptables. Éstos habían llevado a Kurt Schneider a hacer una separación tajante entre las psicosis (orgánicas y endógenas), auténticas enfermedades, de base cerebral, y las variaciones del modo de ser psíquico (las neurosis y psicopatías), simples variaciones del modo de ser psíquico con un cuantum añadido de sufrimiento. Para López Ibor la clínica no permitía percibir un corte tan tajante, en especial cuando se trataba de patologías que estas corrientes citadas habían dejado un poco de lado, como las neurosis y las enfermedades psicosomáticas. Por eso recurrió a la llamada psiquiatría antropológica (Víktor von Gebsattel, Erwin Strauss, Ludwig Binswanger, Jürg Zutt, Medar Boss y el propio Kart Jaspers) y a filósofos como Wilhelm Dilthey, Edmund Husserl, Max Scheler, Søren Kierkegaard y Martin Heidegger, para ahondar en las raíces de una antropología de la salud y del enfermar humano en torno a un sentido trascendente de la condición humana. De ahí derivan sus estudios sobre la vivencia corporal o corporalidad. En el fondo se trataba de adoptar una postura frente al antiguo debate filosófico sobre el dualismo que satisficiera sus creencias religiosas y fuera compatible con la investigación clínica y psicopatológica. Si se admite que los fenómenos físicos y psíquicos emanan de sustancias distintas, éstas se pueden relacionar de dos maneras: 1) de acuerdo con un paralelismo psicofísico, es decir, que serían correlativas, que es la perspectiva de Kurt Schneider, y 2) que exista entre ellas una acción recíproca en la que ambas sustancias se influyen mutuamente, como en la armonía preestablecida por Dios de Leibniz (que conlleva la desaparición de la libertad humana) o aceptando que se trataría de una sola sustancia que aparecería de acuerdo con la perspectiva que se adoptara. Éste es el monismo neutro de Espinosa, adoptado por el neurólogo Kurt Goldstein, el cual tuvo una gran influencia en López Ibor, que lo enriqueció con las aportaciones fenomenológicas citadas.

En Neurosis de guerra describe algo hasta entonces poco conocido, la plasticidad de las manifestaciones post-traumáticas, señalando las diferencias entre los cuadros vistos en la Primera Guerra Mundial y los de la Guerra Civil española. Estas observaciones fueron confirmadas al estudiar los cuadros que se presentaron en la Segunda Guerra Mundial.

En Los problemas de las enfermedades mentales expone una visión amplísima y llena de originalidad sobre este aspecto del enfermar humano, amplia porque es un tratado de psicopatología, original porque es capaz de aunar perspectivas que hasta entonces aparecían como contrapuestas o que se ignoraban mutuamente, desde las más puramente psicoanalíticas hasta las más biológicas.

Sus aportaciones más originales giran en torno a las neurosis y a la angustia. Eric Engstrom, el historiador de la psiquiatría de Oxford, ha dicho que son éstas las únicas aportaciones originales de la psiquiatría española de siglo xx. En el mismo sentido se han pronunciado Demetrio Barcia (“el psiquiatra español más importante y con mayor repercusión internacional”), Ronaldo Ucha Udabe (“uno de los psiquiatras de mayor notoriedad del siglo xx”), e incluso Carlos Castilla del Pino, que, tras ser discípulo suyo, se alejó de él en todos los aspectos (“el más creador de los psiquiatras del franquismo”). Comenzó por estudiar las contribuciones del psicoanálisis al problema del origen de las neurosis y de la angustia en general. Un ciclo de conferencias pronunciado en Valencia se publicó con el título Lo vivo y lo muerto del psicoanálisis y, más tarde, con pequeñas variaciones, como La agonía del psicoanálisis. Su último libro, Freud y sus ocultos dioses, retoma el tema, pero volcado en la figura de Freud y su perspectiva antropológica, que consideraba reduccionista y de corte gnóstico. Fue ésta, en palabras de Ledesma Jimeno, una lucha intelectual de titanes, que duró cuarenta años. En La angustia vital. Patología general psicosomática describe un subtipo de neurosis, la timopatía ansiosa, caracterizado por la presencia de una forma endógena (más tarde endotímica) de la ansiedad (angustia vital, un sentimiento de la misma naturaleza que la tristeza vital descrita por Kurt Schneider como el fenómeno central de la depresión endógena). En Las neurosis como enfermedades del ánimo amplía el concepto a todas las neurosis. Hasta entonces las neurosis venían siendo consideradas como reacciones vivenciales anormales (Kurt Schneider), es decir, como variaciones del modo de ser psíquico, más que como enfermedades con una causa orgánica detectable. Coincide con Freud en que todas ellas son la expresión de la angustia, pero difiere de él en lo que se refiere al tipo y origen de ésta. Para Freud había que buscarlo en conflictos intrapsíquicos y en vicisitudes precoces del desarrollo de la personalidad, mientras que para López Ibor había que integrarlo en una perspectiva más amplia y al mismo tiempo más cercana a la clínica. Para ello sigue muy de cerca conceptos del filósofo Max Scheler, que había definido los sentimientos como estados del yo, descrito la intencionalidad esencial de la vida emocional y establecido una estratificación de los mismos, distinguiendo cuatro categorías: sensoriales (referidos a partes del cuerpo), vitales (referidos a la vivencia corporal en su conjunto), anímicos o del yo (referidos a los acontecimientos del mundo) y espirituales o de la personalidad (referidos al mundo de los significados). Para López Ibor la angustia neurótica no era una angustia ante los acontecimientos de la vida (sentimiento anímico), sino que pertenecía al estrato de los sentimientos vitales, estaba, pues, más desvinculada de las circunstancias y más corporalizada. Por eso estudió sus manifestaciones psicosomáticas, investigó sus posibles orígenes neurobiológicos y recurrió en su tratamiento a métodos biológicos. En esto se adelantó a lo que cuarenta años más tarde comenzó a ser reconocido por la psiquiatría primero norteamericana y enseguida del resto del mundo. Más tarde amplió estos conceptos a la patología psicosomática y a las depresiones, siendo un pionero en la descripción de las depresiones enmascaradas y los equivalentes depresivos, es decir, de las formas sintomáticas de la depresión más somatizadas. El simposio internacional sobre “Dinámica y tratamiento de las neurosis” (junio de 1969) sancionó de manera positiva y unánime su decisiva aportación.

López Ibor describió el sentimiento básico que subyace a la actividad delirante y alucinatoria de la esquizofrenia, la esquizoforia, más tarde descrita como trema (Klaus Conrad) o disforia (Peter Berner), que expuso por primera vez en 1955 en Madrid, con ocasión del “Symposium sobre la esquizofrenia” que organizó en torno a Kurt Schneider y que contó con una amplia representación de la psiquiatría mundial de la época. En los últimos años de su vida se interesó por el estilo de vida de la persona con esquizofrenia.

Ejerció una gran actividad divulgativa, en entrevistas y artículos de prensa. Dirigió el Libro de la vida sexual, en cuyo prólogo expone una antropología de la sexualidad innovadora en su época. La obra abrió el tema de la sexualidad al público general cuando aún la censura conservaba un gran poder.

López Ibor asesoró a la Santa Sede en temas importantes. Con motivo de la solicitud de anulación matrimonial de un gran psiquiatra y psicoanalista latinoamericano, que entonces se tramitaba en el Tribunal de la Rota en Roma, hizo un informe pericial que llevó a reconocer por primera vez las “causas internas” para la anulación, es decir, aquellas que sólo pueden demostrarse por el testimonio del demandante, como es la inmadurez emocional. Esto hizo que se multiplicaran las peticiones de anulación y que hubiera que descentralizar los procesos en los tribunales de cada diócesis. Fue miembro de la Comisión Pontificia que dictaminó sobre la anticoncepción, llamada “de la píldora”. Allí defendió que la decisión sobre la licitud o ilicitud de los diferentes métodos anticonceptivos no era posible tomarla desde la ciencia sino desde las enseñanzas de la Iglesia.

Ejerció con éxito la medicina, dirigió el Sanatorio Esquerdo de Madrid, fue asesor da la famosa clínica suiza Les Rives de Prangins y fundó una clínica privada, el Instituto de Investigaciones Neuropsiquiátricas Dr. López Ibor.

Se casó con Socorro Aliño Testor, por cuyas manos pasó, literalmente, toda su obra, ya que, desde que se conocieron, ella pasó a máquina todo lo que él escribió. Tuvieron doce hijos, de ellos seis médicos (cuatro psiquiatras, un neurorradiólogo y un oncólogo pediatra) y el resto dedicados a otras actividades intelectuales que habían visto cultivar en el hogar familiar (psicología, historia, biología, música, leyes, etc.). Entre sus nietos también continuó la vocación por la psiquiatría y la psicología.

Hombre de carácter afable, conversador profundo, católico practicante, amigo de sus amigos, organizaba tertulias en su casa, a las que asistían los intelectuales de su época. Dedicó largas horas de su día a la atención de sus enfermos y a la docencia en la universidad. Amante del Mediterráneo del que procedía, pasó sus últimos treinta veranos en Mallorca, donde escribió muchas de sus obras desde su despacho sobre el mar. Murió tras una larga enfermedad en Madrid el 22 de abril de 1991, el día que cumplía ochenta y cinco años.

 

Obras de ~: Lo vivo y lo muerto del psicoanálisis. Hacia una nueva psicoterapia, Barcelona, Luis Miracle Editor, 1933; Epilepsia genuina, Barcelona, BYP, 1943; La agonía del psicoanálisis, Madrid, Espasa Calpe, 1945; La angustia vital, Madrid, Paz Montalvo, 1950; La responsabilidad penal del enfermo mental, Madrid, Real Academia Nacional de Medicina, Cosano, 1951; El español y su complejo de inferioridad, Madrid, Rialp, 1953; Symposium sobre la esquizofrenia, Madrid, CSIC, 1957; Current problems in psychosomatic medicine, Basilea, Geigy, 1959 (trad. al esp., fr., al., jap., it.); “On pathological anxiety”, en Fortschritte der Neurologie-Psychiatrie, XXVII (1960), págs. 556- 571; “The target symptoms in the treatment of depressions”, en Comprehensive Psychiatry, III (1962), págs. 15-19; “Psychosomatische Forschung”, en Psychiatrie der Gegenwart (Grundlagen und Methoden der Klinischen Psychiatrie), Berlin, Springer, 1963; Anatomía del intracuerpo, Madrid, Atlántida, 1963, págs. 5-12; Lecciones de psicología médica, Madrid, Paz Montalvo, 1963-1969; “Basic anxiety as the core of neurosis”, en Acta Psychiatrica Scandinavica, XLI (1965), págs. 329- 332; Las neurosis como enfermedades del ánimo, Madrid, Gredos, 1966; “Mi última conversación con Kurt Schneider”, en Actas Luso Españolas de Neurología y Psiquiatría, I (1968), págs. 1-4; El libro de la vida sexual, Barcelona, Danae, 1968; “Aspects of comprehensive medicine”, en Psychosomatics, X (1969), págs. 1-6; “Masked depressions”, en British Journal of Psychiatry, CXX (1972), págs. 245-258; De la noche oscura a la angustia, Madrid, Rialp, 1973; con J. J. López-Ibor Aliño, El cuerpo y la corporalidad, Madrid, Gredos, 1974; con A. Burton y W. M. Mendel, Schizophrenia as a life style, New York, Springer, 1974; Cómo se fabrica una bruja, Barcelona, DOPESA, 1976; Freud y sus ocultos dioses, Barcelona, Planeta, 1976.

 

Bibl.: A. Fontán, “La antropología de Juan José López Ibor”, en Nuestro Tiempo, CXXXI (mayo de 1965) [también en Actas luso-españolas de Neurología y Psiquiatría, XXIV (1996), págs. 188-192]; J. A. Pérez Mateos, Los confinados: desde la dictadura de Primo de Rivera hasta Franco, Barcelona, Plaza y Janés, 1976; G. Llorca Ramón, Estudio de la obra científica del profesor Juan José López Ibor, tesis doctoral, Salamanca, Universidad, y en Actas Luso Españolas de Neurología, Psiquiatría y Ciencias Afines, XIII (1985), págs. 225-232; A. Ledesma Jimeno, “Sesión necrológica en la Real Academia Nacional de Medicina”, en Anales de la Real Academia Nacional de Medicina, CVIII (1991), págs. 591-610; D. Barcia Salorio, Historia de la psiquiatría española, Madrid, You & Us, 1996; R. Ucha Udabe, “El pensamiento psiquiátrico de Juan José López Ibor, el psiquiatra de habla hispana de más notoriedad en el siglo xx”, en Alcmeon, vol. 6, XXI (1997); P. Ruiz, “Images in Psychiatry: Juan J. Lopez Ibor, M. D., 1906-1991”, en American Journal of Psychiatry, CLVI (1999), pág. 308; J. Lázaro, “La evolución de la psicopatología española en el siglo xx”, en Congreso Virtual de Psiquiatría Febrero-Marzo 2000 (Conferencia 34-CI-B. Disponible en http://www.psiquiatria.com/congreso/mesas/mesa34/conferencias/34_ci_b.htm.); A. Ledesma Jimeno, “Aportaciones a la obra científica del Profesor Juan José López Ibor con motivo de la celebración de su centenario”, en Actas españolas de psiquiatría, XXXV (2007), págs. 1-7.

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