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Noticia | 21/05/2020

De la ansiedad a la enfermedad: respuestas psicológicas y salud mental en pandemia



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El mundo se enfrenta a una nueva enfermedad. Con su llegada también aparecen la incertidumbre y la ansiedad, acompañadas de múltiples interrogantes. Cualquier señal a la que antes no se le prestaba atención, ahora preocupa. ¿Cada dolor de cabeza, garganta o congestión nasal será COVID-19? ¿Dónde se difumina la barrera de lo cierto?


Fernando Jiménez, médico adjunto de psiquiatría de enlace del hospital Universitario de Caracas (HUC), explica que es normal sentirse preocupado porque existe una situación de amenaza real: hay un virus que va directamente contra las personas. Sin embargo, dice la preocupación por estar enfermo debe tener un basamento.


“No es mentira que te puedes enfermar, pero tiene que haber unas condiciones mínimas”, expresa. “Si estás encerrado y tienes algo de tos, la última opción es que estés contagiado del coronavirus”, añade.


Pero, ¿es posible hablar de hipocondría? Jiménez destaca que la hipocondría es la preocupación y el miedo de tener, o la idea de padecer, una enfermedad grave a partir de la mala interpretación de los síntomas o funciones corporales.


“Lo importante es que una cosa es tener una idea hipocondríaca y otra es padecer el trastorno hipocondríaco.  No por tener miedo a tener la enfermedad vas a tener hipocondría.  Una respuesta lógica ante una enfermedad como esta es que te preocupes”, dice.


Otro tipo de trastorno


Zulema Cendón, psiquiatra y docente del postgrado de psiquiatría de la Universidad Central de Venezuela (UCV), explica que generalmente las personas sin trastornos apelan al razonamiento. Según Cendón, al encontrar el porqué, la personas son capaces de analizar y no “catastrofizar” la situación.


“Eventualmente todos hemos tenido cualquier manifestación física, pero otra cosa es que le demos una interpretación grave, recurrente”, señala.


La especialista del hospital Centro de Salud Mental del Este El Peñón, en Caracas, explica que si una persona cree que tiene COVID-19, sin evidencia física o médica, puede tener un trastorno somatomorfo.



Los trastornos somatomorfos, o trastornos de síntomas somáticos, son aquellos que expresan fenómenos mentales en forma de síntomas físicos. Se pueden presentar como somatización, trastornos de dolor persistente o hipocondría.


La experta afirma que es muy poco probable que estos trastornos aparezcan en personas de más de 30 años que nunca han padecido estas preocupaciones de manera sostenida.


En el caso de COVID-19, Cendón explica que por lo general las personas que pueden llegar a pensar que tienen la enfermedad,  sin evidencias, son aquellas que ya tienen antecedentes con alguno de estos trastornos, y su situación ya “no cae dentro de lo normal”.


Tanto Cendón como Jiménez coinciden en que estas personas tienen unas características específicas, como una estructura de personalidad más proclive, o un trastorno previo en sí. El contexto familiar, la edad, y el significado que pueda tener la enfermedad son los factores que influyen.


“Una persona que piense que tiene COVID-19 sin evidencias de haber estado expuesto o médicas que le confirmen el diagnóstico, aunque las tenga va a seguir pensado que padece la enfermedad. Esa es una situación que es un trastorno mental y requiere tratamiento por parte de un psiquiatra”, dice Cendón.



Diferenciar


Ambos psiquiatras destacan que es fundamental diferenciar entre la somatización y la hipocondría.  “La somatización se refiere a las quejas de molestias que el paciente tiene en su cuerpo, físicas, pero que no se pueden atribuir a cualquier enfermedad somática. En cambio la hipocondría estamos hablando de que generalmente el paciente cree tener más de una o dos enfermedades”, expone Cendón.


Fernando Jiménez, psiquiatra del HUC, expresa que también deben diferenciarse del trastorno facticio, caracterizado por la aparición de síntomas producidos “deliberadamente” por el paciente para recibir atención médica. Igualmente deben distinguirse de la simulación: cuando la persona dice que tiene unos síntomas por la existencia de un incentivo externo.


Cendón añade que los trastornos deben tener un mínimo de tiempo, unos seis meses en el caso de la hipocondría. En época de COVID-19, dice que aún no se puede decir que la enfermedad ha desencadenado alguno de esos trastornos. No obstante, los expertos sí pueden inferir que personas con antecedentes pueden hacer somatizaciones y que para los hipocondríacos puede convertirse en una enfermedad más de su lista.


“Personas que tengan ya este sustrato, esas características previas que desde antes tienen múltiples quejas, o vienen diciendo que tienen una enfermedad y van al médico y nunca les han dado diagnóstico, están en un escenario de mayor probabilidad de manifestar este tipo de quejas o inclusive llegar a decir que tienen la enfermedad”, expone la psiquiatra.


Indica que en estos casos es muy poco probable que el propio paciente lo pueda reconocer. Serán las personas de su entorno,  familias o parejas, quienes identifiquen que la persona está manifestando o somatizando. Esas situaciones pueden requerir terapia para disminuir la frecuencia, intensidad y magnitud de cada molestia.


Respuestas psicológicas


Fernando Jiménez, quien fue jefe de emergencias en el psiquiátrico El Peñón, señala que la pandemia se refleja en el ámbito de la psicología a través de pensamientos,  comportamientos y respuestas emocionales.


Según Jiménez y Cendón, en época de pandemia es común sentir ansiedad,  insomnio, apatía o irritación, retraimiento, tristeza, taquicardia, sudoración, tensión muscular, sensaciones de ahogo y dolores en cualquier parte del cuerpo. Otras manifestaciones pueden ser angustia, inquietud, enojo, cansancio,  desorganización, aburrimiento, ambivalencia y sentimiento de soledad.


Jiménez destaca que ante situaciones de amenaza, el cuerpo humano se activa y adapta para mantenerse alerta. Añade que mientras la amenaza disminuya, el cuerpo bajará poco a poco el nivel de activación.


Cendón, por su parte, explica que la ansiedad en sí no tiene que ser mala, pues es una respuesta normal y adaptativa de la cual todos los seres humanos están provistos.

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