El término covada proviene del francés couvade, que significa incubar o empollar de las aves, otros estudiosos lo derivan de la expresión latina puerperio cubare o encamarse durante el puerperio o postparto. En la covada o zorrocloco, al nacer un niño el padre se acuesta en la cama y gime, llora y grita simulando los dolores del parto o simplemente se acuesta con el recién nacido. Así recibe los cuidados que realmente necesita la madre. La aproximación a esta conducta es compleja y multifactorial: la antropología, la sociología, la biología darwinista o la psiquiatría. Se interpreta como un intento de compartir con abnegación los dolores y sufrimiento de la mujer de tal suerte que los hombres hacen suyas empáticamente las ansias de la maternidad; el marido ocuparía el puesto de la mujer para atraer sobre sí los peligros que los espíritus pueden arrojar sobre la puérpera en forma de infecciones mortales, supone también el reconocimiento de la jerarquía del padre en la generación de los hijos. Hay que tener en cuenta que el principio de maternidad queda establecido en el momento del parto mientras que el de paternidad es una pura presunción.A la postre, la covada podría representar un principio evolutivo para la destrucción de la sociedad matriarcal. Hace unos meses escuché por vez primera el término zorrocloco de la boca de un amigo canario culto, que me lo refirió como una costumbre ancestral en Gran Canaria, y en general en este archipiélago español, según la cual y ya desde antiguo, el marido guardaba cama durante y después del parto de su mujer, convirtiéndose en el receptor de presentes y agasajos. Zorrocloco, voz con valor sustantivo que aquí se pronuncia y se escribe sorrocloco, hace alusión pues a esa actitud que adopta el marido de las parturientas durante los primeros días después del alumbramiento, cuando se aprovechaba de las ventajas que se le daban a la mujer (caldo de gallina, vino dulce. . . ), y por extensión, sirve para adjetivar al individuo listillo y aprovechado, al hombre astuto y observador, cachazudo, zorro, taimado. Desde un punto de vista filológico y lingüístico podríamos concluir pues que se trata de un subtipo antropológico que representa al que finge que es bobo sin serlo; el zorrocloco aparece así como el hombre tardo en sus acciones y que parece lelo o pánfilo, pero que por el contrario no se descuida en su utilidad y provecho, frente al mamarón, ? calificativo que denota a aquél que simulándose tonto, procura participar de fiestas y agasajos en que no tiene parte.