Última actualización web: 02/06/2020

Temblor y sanación: Una breve historia de las terapias convulsivantes en psiquiatría. El caso de la malarioterapia. (1917-1928)

Autor/autores: Juan Carlos Luengo Peila
Fecha Publicación: 01/03/2013
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

A partir de Werner von Jauregg se inicia la era de las terapias convulsivantes que culminan con Hugo Cerletti. Este trabajo dará cuenta, en forma sintética, de lo que significó el tratamiento denominado malariopterapia, y sus efectos, tanto esperados como obtenidos. Luego, se establece la hipótesis de la empiria, sin una teoría de fondo que sustente a estas prácticas y muy relacionada con la idea del cuerpo como una máquina conformada por partes suceptibles de falla, que inciden en el origen de la locura, esto es las teorías del localizacionismo y asociacionismo.

Se concluye que, en realidad, lo que hay es una praxis de ensayo y error, que hace caer en el descrédito a tales prácticas, dado el alto precio físico y mental sufrido por los pacientes, con una correlación bastante pobre en resultados efectivos.

Palabras clave: Asociacionismo, Localizacionismo, Malarioterapia, Parálisis general, Piroterapia, Terapia convulsivante


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Temblor y sanación: una breve historia de las terapias convulsivantes en psiquiatría. El caso de la malarioterapia. (1917-1928)

Juan Carlos Luengo Peila

Universidad Autónoma de Barcelona

Universidad Bernardo O`Higgins. Santiago de Chile

Resumen

A partir de Werner von Jauregg se inicia la era de las terapias convulsivantes que culminan con Hugo Cerletti. Este trabajo dará cuenta, en forma sintética, de lo que significó el tratamiento denominado malariopterapia, y sus efectos, tanto esperados como obtenidos.
Luego, se establece la hipótesis de la empiria, sin una teoría de fondo que sustente a estas prácticas  y muy relacionada con la idea del cuerpo como una máquina conformada por partes suceptibles de falla, que inciden en el origen de la locura, esto es las teorías del localizacionismo y asociacionismo.

Se concluye que, en realidad, lo que hay es una praxis de ensayo y error,   que hace caer en el descrédito a tales prácticas, dado el alto precio físico y mental sufrido por los pacientes, con una correlación bastante pobre en resultados efectivos.

Palabras clave

Terapia convulsivante, piroterapia, malarioterapia, parálisis general, localizacionismo, asociacionismo.

A diferencia del resto de las especialidades médicas, históricamente se ha constatado un fuerte divorcio entre base teórica y conocimiento práctico en el tratamiento de aquellas enfermedades mentales que han marcado, en forma más profunda, la historia de esta especialidad, fundamentalmente la esquizofrenia clásica y la psicosis bipolar. Este divorcio ha caracterizado, en una medida importante, la epistemología psiquiátrica y el discurso médico acerca de ellas, incluso con mayor profundidad en etapas anteriores, cuando la denominación locura constituyó el gran cajón de sastre, que guardó todo aquello que parecía provenir de la cabeza, sin hacer mayores distinciones

Con el paso del tiempo, más en específico durante el siglo XIX, vino también la distinción entre tipos de enfermedades, lo que si bien pareció contribuir a un mayor entendimiento de estas afecciones, no aportó respuestas definitivas al problema. Lo que en apariencia fue un buen intento de aclaración, constituyó una verdadera trampa lógico-conceptual, que trabó durante décadas el avance hacia una certeza. Esto se reflejó meridianamente en el gran número de ensayos y estructuras de carácter nosológico, que terminó por sumar a la psiquiatría el problema de la definición lingüística de las enfermedades y sus características.

Los intentos de establecer causales en forma paralela al método de la medicina tradicional, es decir arrojando diagnósticos físico-anatómicos coherentes y, sobre todo, explicativos de la enfermedad analizada, se toparon con barreras infranqueables, al desconocerse la estructura funcional del cerebro, si bien su anatomía ya había sido cartografiada de una manera aceptable para la época. De esta manera, la lógica que respondía admirablemente cuando era utilizada en la medicina tradicional de base física, se demostraba impotente al momento de aplicarla a los problemas de carácter psiquiátrico, específicamente a aquellos de carácter funcional, como ya hemos dicho.

Los tratamientos para las afecciones mentales se basaron en el principio teórico, pero no comprobado, de que si el problema se localizaba en la cabeza, entonces el cerebro, -como órgano- era la estructura enferma, -localizacionismo- por lo tanto todos los esfuerzos debían ir encaminados a restablecer las funciones normales de tal órgano, cosa que se reflejaría en la normalización conductual del enfermo –asociacionismo-1 y su posterior reincorporación social. Una de las teorías más aceptadas durante el siglo XIX y buena parte del XX, era que el cerebro, al igual que un cuerpo enfermo, reaccionaría si era sometido a experiencias chocantes, tanto en lo emocional como en lo físico. Estas experiencias alcanzaron su culminación con el auge del alienismo y las primeras formas de institucionalidad psiquiátrica, tanto de origen particular como estatal; la psiquiatría se vuelve de esta manera un verdadero laboratorio de experimentación, en el cual se privilegia la incidencia sobre el cuerpo, como la mejor forma de rehabilitar la mente. Sin embargo, al interior de este esquema de choque, debe hacerse una distinción importante: las técnicas tradicionales de intervención corporal tuvieron durante mucho tiempo un carácter externo, es decir la brusquedad –por no hablar violencia- era realizada con medios que no incidían directamente sobre el sistema orgánico, a pesar de que se buscaba tal resultado. Más sencillamente, no se procedía con ninguna forma de inoculación directa de sustancias a los órganos internos del enfermo, por ende los tratamientos denominados biológicos, aún estaban por aparecer.

La malarioterapia

La era de tales tratamientos comienza con el médico austríaco Julius Wagner von Jauregg (1857-1940), quien tras cuidadosas observaciones realizadas durante décadas, concluyó que los accesos febriles contribuían a la mejoría de aquellos pacientes aquejados por la sífilis, por ende, creó un mecanismo ad hoc para la provocación artificial de fiebre, una forma moderna de la antiguamente llamada piroterapia. 2 En 1917, puso en práctica la inoculación del plasmodium, parásito sanguíneo, transportado por el mosquito anofeles, provocador de la malaria. El éxito obtenido lo hizo merecedor del Nobel de Medicina en 1927. Esta terapia sólo vino a ser reemplazada con el descubrimiento de la penicilina3. Debe enfatizarse que la malarioterapia comenzó a aplicarse específicamente a aquellos pacientes aquejados de parálisis General Progresiva (PGP, en adelante) un estado avanzado de la sífilis, enfermedad que alcanzó altos niveles de difusión, antes de la llegada de los primeros antibióticos, al estilo de lo que había sido la tuberculosis durante el siglo XIX y las primeras décadas del XX. Debido al éxito alcanzado, resultó lógica la proyección del tratamiento a las psicosis funcionales, específicamente a la demencia precoz4.

Historiográficamente, al menos en nuestro medio, es poco lo que se ha escrito acerca de la aplicación concreta de la malarioterapia, esto es, los informes médicos evacuados en las instancias correspondientes. Nuestra búsqueda nos llevó a la ubicación de algunos documentos, en tal sentido es rescatable el informe emanado por la Oficina Sanitaria Panamericana5 el que muestra una visión global de la aplicación piroterápica vía plasmodiun , no sólo para la PGP, sino que también para otras afecciones. Los resultados aparecen por países, principalmente europeos, y corresponden todos al año 1928.

En otro documento emanado de la misma entidad y fechado en abril de 19346, se muestran los estudios y conclusiones de la aplicación práctica de este sistema, para algunos países latinoamericanos y Estados Unidos Lo interesante de estos documentos es el detalle estadístico de los resultados los cuales, en algunos casos, parecen desmentir rotundamente los bullados éxitos de la malarioterapia.

Como sea, desde el punto de vista historiográfico es útil para comprender la realidad terapéutica, -en cuanto al citado tratamiento- del período final de los 20’ e inicios de los 30’.

Pero dejemos que sea el mismo Von Jauregg, el que nos hable acerca de este tratamiento:

“Circunstancia primordial en el éxito de la malarioterapia de la parálisis general, es la aplicación temprana y precoz del procedimiento. Importa mucho, pues, que no sólo el neurólogo, el sifilógrafo, sino también el médico general y aún el grueso público, conozcan los síntomas cardinales y que este último tenga el temor siquiera de que una infección sifilítica pueda significar una parálisis general progresiva”. 7

Vemos que al igual que con un gran número de afecciones nerviosas, el tratamiento precoz incluso en el estado de PGP de la sífilis era un factor de importancia, si se deseaba el éxito.

Luego Jauregg continúa, explicando la técnica de inoculación y los componentes de ésta:

“. . . la técnica del autor se reduce a inyectar por vía subcutánea o intravenosa unos cuantos centímetros cúbicos de sangre infectada con Plasmodium vivax, que es el más fácil de conseguir y el menos peligroso. No es preciso inyectar grandes cantidades de sangre palúdica ni tampoco obtenerla durante el acceso febril. La pirexia aparece después de una incubación de una o dos semanas, observándose en los paralíticoa una curva atípica de terciana, pues a veces es cotidiana. En los sifilíticos tardíos, no paralíticos, en cambio, la pirexia es típicamente de forma tercia. Durante la fiebre y en sus intervalos es necesaria la tonificación del corazón y del enfermo en general. (Digital, estrofanto, cardiazol, alcanfor, cafeína). La malaria experimental cesa fácilmente a la ingestión de 4 o 5 gramos de quinina por vía oral, con raras y excepcionales recidivas. Esta dosis de quinina debe repartirse en 5 o 7 días. Los buenos efectos de la malariolización empiezan a observarse cuando se termina la cura de quinina. Asistimos entonces a un florecimiento orgánico general, físico y moral”. 8

Los beneficios de la malariolización, como también se dio en llamar a esta terapia, fueron ampliamente difundidos a nivel científico, mediante los canales académicos representados por revistas de la época. El excelente trabajo de Gonzalo González Murillo Piretoterapia en neurosífilis, 9 publicado en la Revista Médica de Costa Rica, (paginas 200 a 208) en 1947, y leído en el Congreso Médico Nacional de octubre de ese año, es una fuente riquísima que detalla –exhaustivamente- todos lo medios utilizados en piroterapia, incluyendo la discusión académica correspondiente.

En 1928, en la Revista Médica de Chile10, Jacob también hace público el fervor despertado por la malarioterapia:

“El tratamiento de la parálisis general por medio de una infección artificial con el hematozoario del paludismo constituye uno de los mayores y más benéficos progresos que se han realizado en el terreno de la terapéutica aplicada a las enfermedades nerviosas y mentales. Hoy día no estamos desarmados completamente contra esa frecuente y gravísima enfermedad nerviosa. Tenemos ahora a lo menos en una gran proporción un medio de influir favorablemente y hacer estacionaria o aún curar esa enfermedad que llevaba siempre a la muerte tras largo tiempo de marasmo físico y psíquico. Esa dádiva preciosa se la debe la medicina al genial neurologista Wagner Von Jauregg. . . Con Charcot, Meynert, Dejerine, Jackson y Erb, Dornicke y Kraepelin, Cajal, Nisse y Alzheimer, él es uno de los nombres más notables de la ciencia neurológica”11.

Sin embargo, reconoce que:

“Es muy corto el espacio de tiempo que hasta ahora ha recorrido desde la introducción de este proceso terapéutico en la medicina, por eso apenas es posible hablar de completas remisiones. . . ” 12

Otro artículo del mismo tipo fue escrito por Ruge en 1929, 13 denominando a la terapia aquí tratada como paludismo artificial, y también defendiendo las bondades de éste. Los procedimientos generales consistían, básicamente, en la búsqueda de aquella cepa malárica más adecuada para el paciente, pues existían diferentes tipos de agentes contaminantes y la casuística indicaba, como en otras afecciones nerviosas, que cada enfermo reaccionaba de manera diferente; el descuido de este detalle podía tener consecuencias fatales, pues los períodos febriles debían ser sostenidos si se quería llegar a un resultado exitoso; el fallecimiento y las recidivas no fueron excepcionales en la aplicación de esta terapia, por el contrario, como indican los documentos, la estadística en ambos casos era bastante elevada, contradiciendo el entusiasta discurso médico, al parecer más basado en la esperanza, que en la probabilidad, como ha sido el caso general en la historia de la psiquiatría. Como haya sido, la malarioterapia significó un avance en el tratamiento de la PGP y el hecho de que su remplazo ocurre recién con el descubrimiento de la penicilina, nos habla de que, entre 1917 y 1928, la confianza médica descansó positivamente en ella, proyectándose incluso como terapia hacia otras afecciones, propiamente psíquicas, pero tampoco debe olvidarse que los espectaculares resultados, obtenidos por los primeros antibióticos, contribuyeron en mucho a restarle la importancia que había alcanzado.

 

Conclusiones:

1. - Al parecer, existe consenso entre los historiadores de la psiquiatría, que los tratamientos biológicos de ciertos estados psíquicos, se inician con las terapias de carácter convulsivo. Si bien es cierto que la malarioterapia se aplicó primero a una enfermedad de origen físico, -pero con claras consecuencias de destrucción psíquica en su estadio terminal- su éxito le permitió ser utilizada en otras enfermedades mentales. Lo importante aquí es que el concepto de tratamiento biológico, marca, en nuestra opinión, una frontera muy clara que determina un hito en la historiografía de las terapias psiquiátricas, pues se interviene, por primera vez, el interior de la anatomía humana, para obtener resultados no sólo físicos, sino también mentales.

2. - El mencionado éxito se logró a través de treinta años de observaciones, previas a la divulgación del tratamiento citado, por lo que el procedimiento, de alguna manera respondió al esquema de ensayo y error. Esto queda más claro aún, cuando se comienza a experimentar con la inoculación de diversos tipos de contaminantes maláricos, también derivados del plasmodium, en combinación con otros medicamentos, por lo que a las dos teorías antedichas, debe sumarse el empirismo, en su aspecto más puro. Resulta evidente que el precio de esta empiria fue pagado por los propios enfermos, como, desgraciadamente, ha ocurrido a todo lo largo de la historia de la psiquiatría.  

1 Un ejemplo emblemático, que reúne a ambas teorías en un esquema único, lo conforma el corpus de la frenología, es decir el intento de ubicación específica de centros o núcleos de comportamiento, que determinaban la conducta de la persona. Otro ejemplo lo constituye la psiquiatría organicista del siglo XIX, al adjudicar una determinada enfermedad mental a una falla de una o más áreas específicas del cerebro.
2 La piroterapia se remomta a la época clásica. Ya Hipócrates sostenía que el mejor método de curación para cualquier enfermedad era la provocación de fiebres altas. Esto se mantuvo hasta la época contemporánea, llegándose a utilizar técnicas eléctricas para desencadenarlas. En rigor como tratamiento, la malarioterapia es sólo una de las formas de terapia febril, lo que sucede es que históricamente, ha sido la más conocida, al atacar el flagelo de la sífilis, con cierto éxito, por lo que tuvo resonancia internacional.
3 28 de septiembre de 1928, por el investigador británico Alexander Fleming.
4 Hasta el surgimiento de las aplicaciones con cardiazol e insulina, desde la década de 1930 en adelante.
5 malarioterapia Oficina Sanitaria Panamericana. Circa 1930 (970-976) www. history. library. paho. org
6Piretoterapia de la neurosífilis Oficina Sanitaria Panamericana abril, 1934 (345-355) www. history. library. paho. org

7 Revista médica germano-iberoamericana. Año 1, Nº 2, noviembre de 1928 Wagner Von Jauregg. Indicaciones de la malarioterapia en la neurosífilis desde el punto de vista sifilográfico. En: Revista Médica de Chile Volumen LVII , 1929, Sección Revista de revistas (58

8 Idem. Pág. 59
9 www. binass, sa. cr
10 La malarioterapia de la parálisis general progresiva particularmente desde el punto de vista histopatológico. Profesor Jacob Universidad de Hamburgo Conferencia leída en la Univ. De Chile. En: Revista Médica de Chile. . Volumen LVI 1928 (819-827)

11 Idem. Págs. 819-820
12 Idem. Págs. 820-821
13 Revista médica germano-iberoamericana. Año II, Nº 5, mayo de 1929. Dr. Heinrich Ruge. El paludismo artificial en el tratamiento de la sífilis reciente y de la latente temprana y tardía. En; Revista Médica de Chile , Volumen LVII, 1929, (477)

 

 

 

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