La velocidad a la que el
cerebro procesa la información, la
atención, las habilidades de resolución de problemas y la
inteligencia emocional son déficits sutiles pero profundos que pueden resultar más agobiantes que los síntomas más dramáticos y mejor conocidos de la
esquizofrenia.
Tienden a ser cosas que llevan a las personas con
esquizofrenia a ir hacia la
discapacidad y llegar a ser incapaces de trabajar y estar socialmente aislados afirma Keith Nuechterlein, profesor en el Instituto Semel para la Neurociencia y el Comportamiento Humano de la Universidad de California-Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos.
Las familias pasan por una etapa casi como de
luto debido a que su ser querido cambia tan drásticamente. La
esquizofrenia afecta al 1 por ciento de la población y la investigación ha demostrado que los juegos cerebrales basados en ordenadores a veces pueden revertir entre un cuarto y un tercio los déficits en las áreas de la
memoria, las habilidades de
pensamiento y la
cognición social. Pero Nuechterlein y un equipo de investigadores en una clínica de
esquizofrenia de UCLA han descubierto que esos beneficios aumentan drásticamente si están respaldados por el ejercicio aeróbico.
Parece que ejercitar el cuerpo junto con la
mente tiene el potencial de
alterar el curso de la esquizofrenia, especialmente si se aplica el
tratamiento de forma temprana en la
enfermedad, resalta Joe Ventura,
psicólogo e investigador principal en el Instituto Semel. En la edición actual de
Schizophrenia Bulletin, Nuechterlein informa de los resultados de un reciente estudio piloto llevado a cabo en el Programa de Investigación Cuidados de UCLA, que evalúa y trata a las personas que tienen
esquizofrenia y lleva a cabo investigaciones sobre la
enfermedad.
Los resultados preliminares de un segundo trabajo en curso se presentan en la reunión bienal de la Sociedad Internacional de Investigación de
esquizofrenia, que se celebra del 2 al 6 de abril, de la mano de Nuechterlein, Ventura y Sarah McEwen, psicóloga investigadora asistente que trabajó como directora del programa de ejercicio. El Instituto Nacional de Salud Mental financió ambas investigaciones. En el estudio inicial, que duró 10 semanas, Nuechterlein y sus colegas trataron a 16 adultos jóvenes que habían experimentado recientemente su primer
episodio esquizofrénico. Nueve de ellos participaron en un curso de informática de cuatro horas a la semana de entrenamiento neurocognitivo para la
percepción y las habilidades de
memoria durante cinco semanas y luego cuatro horas semanales de entrenamiento cognitivo social para la
inteligencia emocional durante cinco semanas. Los otros siete siguieron la misma formación en informática y añadieron cuatro sesiones a la semana de ejercicio aeróbico hasta un total de 150 minutos por semana. Los participantes del estudio usaron monitores para garantizar que practicaban el ejercicio en su zona aeróbica objetivo.
En el transcurso de la evaluación, el rendimiento cognitivo de los participantes del estudio que sólo realizaron la formación del
cerebro no se movió, pero quienes participaron en el ejercicio físico mejoraron significativamente. Una prueba midió la rapidez con la que el individuo podría terminar un complicado dibujo de unir puntos y el tiempo medio de realización para aquellos que hacían ejercicio mejoró de 37 a 25 segundos, frente a las personas de la misma edad sin
esquizofrenia que completaron la tarea en un promedio de 22 segundos. En otra prueba, que examinó a las personas en el manejo de sus emociones en situaciones sociales, los participantes que hacían ejercicio redujeron el nivel de este
tipo de problemas a la mitad.
UNA PROTEÍNA DEL cerebro IMPLICADA EN EL EJERCICIO, CLAVE En el segundo estudio, que duró seis meses, 32 personas que acaban de experimentar su primer
episodio de
esquizofrenia se ejercitaron durante cuatro horas a la semana con los mismos juegos cerebrales por ordenador que en el estudio piloto. La mitad se ejercitó físcicamente de manera energética además de participar en el entrenamiento mental. Los investigadores esperaban ver mejoras entre los participantes del ejercicio, pero se sorprendieron por la magnitud de los resultados. Entre los que hacían ejercicio, el rendimiento en toda una serie de pruebas cognitivas mejoró tres veces más que entre los que no realizaron actividad física. Los científicos dicen que las mejoras se deben a una proteína del
cerebro llamada factor neurotrófico derivado del
cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés), que se libera durante el ejercicio aeróbico. El BDNF estimula el
hipocampo el centro del
cerebro de
aprendizaje y
memoria a largo plazo para que surjan nuevas
neuronas y aumenta las conexiones entre las
neuronas. Esas conexiones son donde se produce el
aprendizaje y se forman los recuerdos.
En la
adolescencia, los seres humanos pierden un cierto número de conexiones entre las
neuronas, a medida que el
cerebro poda
sinapsis redundantes o menos útiles explica Nuechterlein. En la
esquizofrenia, el
proceso va
mal, eliminándose conexiones necesarias e innecesarias, por lo que se barren conexiones importantes. McEwen señala que en el segundo estudio, la cantidad de BDNF se incrementó un 35 por ciento en el
grupo que había participado tanto en la formación cognitiva como en el ejercicio y la mitad de ese aumento se produjo en las primeras dos semanas del estudio. Por el contrario, los niveles de BDNF no cambiaron entre aquellos que sólo recibieron entrenamiento cognitivo. Los investigadores creen que ayudar a las personas con
esquizofrenia tan pronto como sea posible después de su primera
crisis psicótica es más eficaz porque los que están en las primeras etapas de la
enfermedad son más capaces de hacer mejoras duraderas.
Nuestra esperanza es prevenir que la
discapacidad crónica que es tan común en la
esquizofrenia ocurra siempre, de forma que individuos con
esquizofrenia vuelvan a tener un empleo, se escolaricen de manera regular y mantengan patrones de amistad normales, además de reanudar una vida tan plena como sea posible subraya Nuechterlein. Este
tipo de formación por ordenador y el ejercicio en combinación con la medicación antipsicótica podría recorrer un largo camino para lograrlo.