Según Sartre el mundo puede presentarse de dos maneras distintas. En primer lugar el mundo puede aparecerse como un complejo organizado de utensilios o instrumentos. En esta configuración del mundo cada utensilio remite a otros utensilios de tal suerte que, si se quiere producir un efecto, habrá que actuar sobre un cierto instrumento por medio de otro utensilio. Ahora bien, para Sartre el mundo también puede aparecerse como una totalidad no-utensilio, es decir, modificable directamente y sin necesidad de que el sujeto actúe sobre unos instrumentos que, a su vez, remitan a otros. Se trata del mundo de la magia y, también, del mundo de la emoción.Frente a otras concepciones de la emoción, la visión sartriana la sitúa, pues, como una conducta intencional que pretende modificar la realidad como un todo, al igual que ocurre con la magia. La presente comunicación explora este mundo de la emoción como una operación mágica que, a la postre, atrapa al sujeto en su propia lógica. Se sugiere que este mismo fenómeno, en que el sujeto queda atrapado en una lógica sin salida, se da también en una variedad de fenómenos psicopatológicos. Por último se critica la concepción sartriana de la emoción al aparecer como un fenómeno desvinculado de sus raíces socio-históricas en que la persona se encuentra y se apunta hacia un entendimiento cultural de la emoción y la patología.