La conducta suicida ha experimentado un aumento considerable en las últimas décadas, como así lo muestran las estadísticas a nivel mundial, hecho que provoca un gran interés en los profesionales de la salud. Cualquier conducta de este tipo se debe considerar como de alto riesgo. Este fenómeno va en aumento en todos los países y según los datos de la OMS sobre todo en los países de gran desarrollo tecnológico, observándose en Europa Occidental este dramático aumento como una prioridad de la Salud Pública, donde las causas más importantes de muerte son las ya conocidas enfermedades del desarrollo: cardiovasculares, cerebro-vasculares, accidentes, etc. y donde el incremento de los valores en un 15% del fenómeno del suicidio lo convierten en la segunda causa de muerte entre los individuos adultos, en estos países. La mayoría de las personas que piensan en el suicidio son ambivalentes, y uno de los factores que pueden llevar a un individuo vulnerable al suicidio puede ser la publicidad sobre los suicidios en los medios. El para-suicidio es semejante a la tentativa de suicidio, marcando la diferencia sólo porque el objetivo principal de la persona no es la muerte en si misma, sino llamar la atención de alguien y a través de eso cambiar el ambiente social que lo rodea o su posición subjetiva. En el final de la obra El Suicidio de E. Durkheim avanza una de las soluciones haciendo una llamada de atención a los grupos socio-profesionales. Estos grupos sociales y profesionales particularmente relevantes en la prevención del comportamiento suicidario abarca una amplia gama de personas, las cuales poseen un papel importante en la sociedad contemporánea. Serían estos grupos los únicos que reunirían las condiciones propicias para el desarrollo de ideas y sentimientos sociales, esto es, la única via que podrá traer más inmunidad frente a las Corrientes Suicidogéneas, y es la de la socialización.