La salud mental de la mujer en la ultima etapa de su ciclo vital (a partir de los 60 años) forma parte de un proceso acumulativo que depende, fundamentalmente del estilo de vida y comportamiento. La combinación género-edad se relaciona habitualmente con discapacidad o demencia, de forma que las mujeres ancianas, si bien poseen una mayor esperanza de vida, padecen también una mayor morbilidad, encontrándose , además, excluídas de la toma de decisiones sobre formulación de políticas de salud mental, aún cuando deberían estar presentes a fin de garantizar una mejora en su calidad de vida y no sólo la prolongación de ésta. Las enfermedades mentales (depresión, demencia) se sitúan en el 6º lugar de las principales causas de morbilidad y mortalidad de mujeres ancianas en América.La adaptación a un rol productivo, aunque no remunerado, constituye un indicador de salud mental que servirá de factor equilibrador de los elementos productores de inseguridad en esta etapa de la vida(pérdida de poder adquisitivo debida a jubilación, discriminación social, deterioro físico y cognitivo, falta de comunicación debida a la soledad, pérdidas personales)y evita el aislamiento. Mantener expectativas, focalizando el interés en nuevas metas, desarrollando actividades lúdicas que posean interés social, no negándonos la capacidad de aprender y enseñar en nuestra ultima etapa del ciclo vital redundará en una mayor calidad de vida.