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Última actualización web: 18/05/2022

Violencia de género y medios de comunicación.

Autor/autores: Safira Cantos
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Es indudable la poderosa influencia de los medios de comunicación en la percepción que generalmente tenemos de la realidad. De hecho, los propios medios contribuyen a "crear" realidad. Es asimismo patente el diferente tratamiento que tienen mujeres y hombres en los medios de comunicación. Este tratamiento mediático puede contribuir a avanzar en unas relaciones más justas e igualitarias entre mujeres y hombres o, por el contrario, ahondar en la desigualdad.

Y, especialmente, persistir en la presión que recae sobre las mujeres al ser juzgadas por su aspecto estético, ser representadas como responsables de los cuidados familiares, no ser visibilizadas en el ejercicio del poder, etc. Un injusto tratamiento mediático de mujeres y hombres puede adquirir variadas formas de presión psicológica. En definitiva, la invisibilización y la transmisión de injustos mandatos de género también constituyen violencia.

Palabras clave: Violencia de género, medios de comunicación

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Violencia de género y medios de comunicación.

Safira Cantos.

Resumen

Es indudable la poderosa influencia de los medios de comunicación en la percepción que generalmente tenemos de la realidad. De hecho, los propios medios contribuyen a ?crear? realidad. Es asimismo patente el diferente tratamiento que tienen mujeres y hombres en los medios de comunicación. Este tratamiento mediático puede contribuir a avanzar en unas relaciones más justas e igualitarias entre mujeres y hombres o, por el contrario, ahondar en la desigualdad. Y, especialmente, persistir en la presión que recae sobre las mujeres al ser juzgadas por su aspecto estético, ser representadas como responsables de los cuidados familiares, no ser visibilizadas en el ejercicio del poder, etc. Un injusto tratamiento mediático de mujeres y hombres puede adquirir variadas formas de presión psicológica. En definitiva, la invisibilización y la transmisión de injustos mandatos de género también constituyen violencia.

Abstract

Media has a powerful influence for the transmisión of reality, but also in the construction of reality. Currently the media conveys gender esterotypes that supuse an important invisibility of women. This treatment of women and men in media is a form of simbolic violencia against women. No discrimination by sex in media es established by law, but the reality is very different. In order to achive equality, a serious media commitment is necessary.

Introducción

Con carácter preliminar, debo advertir a los lectores de este trabajo, que éste se circunscribe a la violencia psicológica y/o simbólica que puede suponer la representación que de mujeres y hombres realizan los medios de comunicación. Por lo tanto, no se analiza el importante tema del tratamiento informativo que los medios de comunicación realizan de la violencia de género. Este tema requiere a mi juicio un tratamiento específico más amplio de lo que la extensión de este trabajo permite.

“Si un extraterreste visitara nuestro planeta para estudiar a los humanos y, como apoyo de sus observaciones, decidiera ver la televisión, las conclusiones a las que llegaría respecto de las mujeres serían las siguientes: 
- Las mujeres constituyen únicamente un tercio de la población mundial.
- Su esperanza de vida es notablemente inferior a la de los hombres, puesto que la mayor parte de las que aparecen en la pequeña pantalla no tienen más de 45 años.
- Son los hombres los que se encargan del trabajo cualificado, mientras que ellas se ocupan de las tareas domésticas o de empleos no cualificados” .

Esta desigual proyección de mujeres y hombres en los medios de comunicación no resulta en absoluto baladí. Está fuera de toda duda actualmente que los medios de comunicación no solamente reflejan la realidad, sino que contribuyen decididamente a construir nuestra creencia de qué es la realidad. En este sentido, el poder de los medios de comunicación social es crucial y, en especial, el de la televisión, o mejor dicho, el de los distintos operadores de televisión. En España durante el año 2007 la media por persona de tiempo diario viendo la televisión fue de 223 minutos, es decir, cerca de 4 horas diarias. Esta cifra ya por sí sola pone de manifiesto la privilegiada posición de influencia que ocupa el medio televisivo en la vida de la mayoría de las personas.  

Pues bien, así como el trato que recibimos de otras personas es susceptible de causarnos daño –o de contribuir a nuestro bienestar- también el trato que recibimos por los medios de comunicación puede tener positivos o negativos efectos. Más adelante mencionaré algunos ejemplos ilustrativos. Esta mención al trato recibido de parte de los medios de comunicación -en el contexto de este trabajo- alude al tratamiento de la imagen de mujeres y hombres en los medios de comunicación, ya sea en sus contenidos informativos, en los contenidos de ficción (programas de entretenimiento, series y películas, etc. ) o través de la publicidad. Y con el término imagen, me refiero a un concepto amplio que abarca más allá del tratamiento gráfico, a toda forma de comunicación, por supuesto a los contenidos escritos y a los auditivos.


La invisibilización y la visibilización deformada

En el distinto tratamiento de mujeres y hombres en los medios de comunicación, interesa ahora destacar, la invisibilización de las mujeres y la visibilización deformada de mujeres y hombres.  

Incluso los contenidos de carácter informativo, que por su naturaleza podrían ser los menos desprovistos de sesgo de género, esto es, los que con mayor imparcialidad reflejaran la realidad, podemos constatar que realizan un tratamiento desigual de mujeres y hombres, con la consiguiente incidencia en construir entre los destinatarios de la información creencias que sitúan a mujeres y hombres en relación de desigualdad. La información que transmite un medio de comunicación, la noticia en sí, es un acontecimiento desprovisto de sexo, sin embargo el tratamiento que se le da a la misma supone un enfoque, una selección, una síntesis, y ese tratamiento sí tiene género. Está condicionado, consciente o inconscientemente por la visión de género de quien selecciona y comunica la noticia, esto es, por su pensamiento sobre lo que son –y lo que no son- las mujeres y los hombres.

Cualquiera podemos comprender fácilmente la importancia de ser nombrada o de ser nombrado, de que quien nos dirige la palabra no nos ignore, de ser tomados en cuenta. Y de la interpretación que se realiza de quien no se ve, no se nombra, no se alude, de quien es tratado como si no existiera, pues muy posiblemente nos llevará a concluir que no importa, o negativamente a dar por supuesta una realidad en la que esa persona no existe.  

Así las cosas, es capital que los medios de comunicación nombren la realidad de manera adecuada, tanto a través del uso de la palabra como de la imagen, desterrando la histórica discriminación hacia las mujeres. Lo contrario no solamente es una actuación discriminatoria, sino que demuestra ineficacia profesional en la representación de la realidad, sea esta deliberada o no.  

Algunos ejemplos de lo expuesto: la escasa presencia de imágenes de mujeres en relación con las de hombres en la prensa escrita (aunque ha habido un incremento significativo), la forma de designar los pies de foto cuando aparece una familia y solamente se nombra al varón “Ramón Pérez y su familia”, cuando se trata a la mujer sin identidad propia, subsumida en la del hombre/esposo “Sr. Marínez y Sra” o “Señores Martínez”, el abuso en la utilización del nombre de pila de las mujeres frente al nombre y apellido/s con los varones, la escasa presencia de mujeres expertas habiéndolas, la normalidad con la que se realizan programas de información y debate prescindiendo totalmente de las mujeres entre el grupo de intervinientes, la falta o escasa representación de mujeres cuando se habla de determinados éxitos por sectores, por ejemplo “los éxitos del deporte español”; la asimilación de las actividades protagonizadas exclusivamente por hombres a la generalidad de la población y sin embargo la “sectorización” cuando son las mujeres, por ejemplo, ante una manifestación exclusivamente de hombres es frecuente leer/escuchar frases como “la población iraquí se manifiesta”; en cambio sin son solamente las mujeres aparece “las mujeres iraquíes se manifiestan”. En el primero de estos dos ejemplos ¿qué debemos pensar? ¿qué es toda la población? Cuando la realidad no es esa, si no nombramos bien generamos la ambigüedad o la transmisión de un mensaje erróneo. Y, desde luego, mujeres y hombres tenemos derecho a no ser discriminados/as, y por ende a que no se invisibilice a unas ni otros. Hemos de ser diligentes y evitar una generalización a través del uso del lenguaje que tergiverse la realidad e invisibilice la vida de millones de personas. Pongamos otro ejemplo de práctica desafortunadamente habitual: la asignación a las mujeres de conductas que solamente se han detectado entre varones, pero que se generalizan, cuando en sentido contrario no se hace. Sería el caso de una encuesta sobre el incremento de la violencia juvenil, consecuencia del estudio algunos medios titulan “aumenta un 12% la violencia entre los jóvenes” o “aumenta la violencia juvenil”. La realidad del estudio era: el porcentaje del aumento correspondía una 97% a jóvenes varones y un 3% a jóvenes mujeres. Cabe preguntarnos, si hubiera sido al revés, si el estudio hubiera evidenciado que el aumento de la violencia se distribuía entre un 97% de mujeres y un 3% de hombres, ¿el titular habría sido el mismo?: “aumenta la violencia juvenil” o habría sido algo como “aumenta la violencia entre las jóvenes”. Este ejemplo nos permite ver cómo a través de la generalización de una característica que se había constatado en la conducta de jóvenes varones (además negativa: la violencia) le atribuimos esa realidad también a las mujeres invisibilizando la verdadera realidad de las mismas: que prácticamente no había incrementado la violencia entre las jóvenes (mujeres).  

Otra modalidad de invisibilización es apelar a un receptor masculino, como si las personas destinatarias de la comunicación fueran solamente varones, sin que exista un motivo razonable para ello. Por ejemplo, cuando se presentan incentivos que sólo son atractivos para hombres heterosexuales, o se emplean expresiones como “para ti y para tu novia”, que apela a un varón (heterosexual), u otras del tipo “debéis colaborar con las mujeres”, se están dirigiendo a los hombres… en fin, son otras tantas formas de invisibilizar a las mujeres al otro lado de la comunicación.


En cuanto a la invisibilización y la deformada visibilización de los varones a través de los medios de comunicación social, deseo destacar la escasa representación que se hace de los hombres en el ejercicio de actividades de cuidado doméstico y familiar, en actividades comunes (que no supongan un ejemplo de éxito profesional, económico…). Si bien, se podría alegar que la asunción de actividades de cuidado familiar en la realidad es mucho mayor por parte de las mujeres, lo cierto es que aun teniendo este aspecto en consideración, la proyección realizada por los medios está muy por debajo de esa realidad. Al menos, en Epaña.

Uno de los aspectos más significativos de los roles asignados a las mujeres en los medios de comunicación es la escasa diversidad de los mismos, incluso cuando se trata de informativos de interés general . Según la investigación citada las mujeres aparecen infrarrepresentadas en relación con las profesiones que se mencionan. Es decir, en todas las profesiones a que se hace referencia en los informativos las mujeres aparecen en menos proporción a la que ocupan en esa profesión en la vida real, con excepción de las amas de casa y las estudiantes. Lo que invalida por completo los planteamientos que sostienen que las mujeres profesionales aparecen poco en los medios porque son pocas en la realidad. El mismo estudio señala que cuando se representa al ciudadano/a medio el porcentaje se aproxima (oscilando en márgenes de 45-55%). Sin embargo, en nuestra experiencia cotidiana podemos constatar con facilidad que cuando se encuentra una pareja constituida por hombre y mujer, y solamente se refleja la opinión de uno de los dos, los periodistas le suelen preferir a él, relegando a la mujer al papel de esposa de, acompañante de.  

A continuación, me referiré someramente a algunos de los roles más comúnmente asignados a las mujeres a través de los medios de comunicación:
- La mujer cuidadora: madre-esposa. A pesar de la infrarrepresentación general de las mujeres, resulta llamativo cómo aparecen frecuentemente en su calidad de mujer-esposa o mujer-madre, haciendo hincapié en cómo complementan a sus maridos o cómo cuidan a sus hijos. Cuando la noticia es negativa, por ejemplo abandono de un menor, se alude a la conducta de la mujer-madre y en cambio se la del hombre-padre ausente. Otro ejemplo ilustrativo lo podemos encontrar cuando se difunde información de un negocio familia. En muchos casos, aun siendo éste fruto del trabajo conjunto de una mujer y un hombre (casados) se alude a él directa y nominalmente y a ella indirectamente y con la mera mención esposa, sin identidad profesional propia.
- La dama de hierro (mujer firme y con mando): si tiene responsabilidades políticas de destacada relevancia y las ejerce con autoridad, se tiende a simplificar su papel calificándola de dama de hierro. Como si no hubiera equilibrio, o las mujeres no ejercen poder o se exceden en el modo de ejercerlo.
- La mujer profesional: cada vez aparece más, sin embargo bajo el rol de superwoman; o lo que es lo mismo, creando una figura en la que se acumula al rol profesional el de cuidadora (madre-esposa). Un recurso frecuente es preguntarles cómo concilian vida profesional y familiar, por el contrario no suele plantearse con los hombres. Y asiduamente se subrayan caracteres de su aspecto físico y sus cuidados estéticos, reduciendo de este modo la relevancia de su impronta profesional.
- La mujer simplemente guapa: ser guapa según los cánones imperantes se considera factor suficiente para hacer de ello objeto de noticia o de principal argumento de la comunicación. La apariencia sexy se enfoca como un mérito y el poder de atracción de las mujeres se señala casi permanentemente.
- La femme-fatal: mujer hipersexual con un revestimiento de peligrosidad. Nuevamente, una manifestación del poder reducido al cuerpo.
- La mujer víctima-sufridora: es uno de los roles más abundantes en los medios de comunicación. Basta un vistazo para corroborarlo y las investigaciones a fondo lo atestiguan. Se les asigna el papel de víctimas, lo que ofrece una imagen de debilidad victimizadora (víctimas de violencia de género, de las ausencias de un marido, de la pérdida de un hijo, de la guerra, de la discriminación, etc). Es posible sufrir un daño y es oportuno reconocerlo, pero eso no convierte a las mujeres en sufridoras vocacionales. No justifica asignarles ese papel. Es más, lo certero en muchos casos sería lo contrario, mujeres combativas que hacen frente a la adversidad, valerosas, como tantas mujeres lo son. Aunque la forma de presentación de estos roles ha evolucionado y, también es cierto que conviven con una imagen de mujeres a las que se reconoce su valía política y profesional, también se superponen las características de estos viejos modelos con un revestimiento de modernidad que puede dificultar detectar cómo se siguen asignando los tradicionales roles sociales a las mujeres. Aparecen como “nueva mujer” los mismos estereotipos pero con revestimiento moderno.


En particular, el medio televisivo

Informativos

En España, en el ámbito de los informativos de televisión, de acuerdo con los datos del mismo trabajo citado, las mujeres constituyen el 21% de las personas que aparecen mencionadas, con nombre propio, como protagonistas de las noticias o de quienes hablan las noticias. Los hombres, el 79%. Existen diferencias, estadísticamente significativas121, entre los canales de televisión, en su conjunto, desde el punto de vista de las personas mencionadas por género (La2: 25, 6% y Tele5: 26, 2%, por un lado frente a TVE1: 19, 1% y Antena 3: 17, 9% por otro).  
Las personas más mencionadas en las noticias de televisión son los deportistas (27, 9%) de todas las personas mencionadas. El grupo siguiente en orden de importancia cuantitativa está formado por los políticos, con un 19, 2% de participación sobre el total de personas mencionadas en los informativos de televisión. Casi la mitad, 47%, de todas las personas mencionadas en las noticias de los telediarios está formada por dos grupos de hombres: deportistas y políticos. Las mujeres más mencionadas fueron aquellas de las que se desconoce su profesión, 3, 8%; les siguen las políticas, con el 3, 6% del total de personas mencionadas; y en tercer lugar, las policías (3, 4%).

El porcentaje de mujeres entrevistadas, considerando la media de todos los telediarios, es el 26, 4% del total de personas de quienes se tomó una declaración o se entrevistó; los hombres, el 73, 6%. Las mujeres más entrevistadas pertenecen al grupo de aquéllas de cuya profesión no se informa (12, 5%), a quienes les siguen las políticas, 3, 2%, y en tercer lugar, las estudiantes, con el 2, 6%. Dado que asciende al 26% el total de mujeres entrevistadas, se puede decir que de casi una de cada dos mujeres que hablaron en los telediarios, no se conoce su profesión (ni, en muchos casos, su nombre y apellidos). Práctica que no sucede con los hombres.

Existe una diferencia significativa en las menciones de las personas según su relación familiar (estatus vicario). Un 12, 3% de las mujeres mencionadas lo fueron en calidad de esposa, madre, hija, y sólo un 1, 3% de los hombres fueron mencionados bajo el criterio equivalente. Las mujeres son representadas en mayor número de ocasiones como víctimas, que los hombres (41% frente al 6%). En las noticias de los telediarios existe un porcentaje mayor de hombres que de mujeres que han sido acusados de cometer algún delito o realizar alguna acción reprobable (21% vs. 12%). Sin embargo, debemos añadir que esta relación no se corresponde con la proporción en la tasa de comisión de delitos . Lo que significa que cuando se trata informar sobre actividades delictivas se suprarrepresenta a las mujeres, al contrario de lo que se hace en áreas de actividad de proyección positiva.

En las noticias de televisión la cámara trata de forma diferente a hombres y mujeres. Mientras que las mujeres son tomadas con ángulo picado un 21% de las ocasiones en que las mujeres aparecen en pantalla como entrevistadas, los hombres son tomados con este tipo de ángulo en un 8% de las ocasiones. Por el contrario, en un 8% de las tomas a mujeres se ha utilizado el plano contrapicado frente a un 19% a los hombres.  

Asimismo, debemos señalar la tendencia a mostrar primeros planos de las mujeres con connotación sexual sin que venga en modo alguno justificado por la noticia. Son desafortunadamente frecuentes los primeros planos detenidos del escote y pechos de las mujeres a las que se entrevista en televisión, enfocar con detenimiento los pechos de las mujeres que toman el sol en la playa cuando se ofrece una noticia sobre los destinos vacacionales o que la cámara se entretenga remarcando las nalgas mientras se ilustran las aglomeraciones propias de las rebajas, por poner algunos ejemplos corrientes.

Series de televisión y telefilmes

En primer lugar, es preciso subrayar que la mayoría de estos productos mediáticos están protagonizados por hombres y que las series protagonizadas por mujeres suelen tener un enfoque específicamente femenino plagado de estereotipos sobre las mujeres, siendo muy escasos los ejemplos de series protagonizadas por mujeres con pretensiones más generales . Es muy recurrente caracterizar a las mujeres como negativamente ambiciosas, egoístas, culpables de la mala conducta de sus hijas e hijos porque no se les dedica suficiente atención por la dedicación profesional, presentar rivalidad entre mujeres por pura obcecación personal, rivalizar por la atención de un varón o centrar sus intereses en la estética y la capacidad de atraer sexualmente a los hombres , insistiendo en la fragilidad femenina como si fuera un atributo natural, en la tendencia a la “histeria”, en que la felicidad de una mujer depende de que un hombre la ame o presentando a un hombre como salvador de las desgracias de la mujer . Esa gran falacia tan dañina de ser pasivas frente a la propia felicidad, de delegar en otro la felicidad propia, de ser dependientes en lo más básico, en la determinación del propio destino.
En definitiva, faltan personajes femeninos que muestren de forma natural el ejercicio de la autoridad y las variadas capacidades de las mujeres, así como relaciones de compañerismo y equipo entre mujeres y hombres. Precisamente, las guionistas de series de televisión lamentan que sólo se les llame para elaborar personajes e historias “femeninas” .


Programas de entretenimiento

En los últimos años asistimos a un alto incremento del los programas de temática del corazón donde predomina un fuerte componente de juicio por las apariencias y se hace da protagonismo a las mujeres atendiendo a su estética o a su actividad sexual con varones populares. Aunque también ocurre a la inversa (focalizado con hombres) es mucho más acentuado juzgar a las mujeres en función de sus prácticas sexuales, como si de ello tuviera que depender su valía personal o social.  
Otra presencia habitual es la de las mujeres víctimas narrando de manera interrogadas para narrar de manera victimizadora sus vivencias en los programas de testimonios personales.
Por último, es preciso mencionar las constantes alusiones a la circunstancia de que una mujer aparente menos edad de la que tiene como si fuera un hecho especialmente meritorio. Las referencias a las distintas técnicas utilizadas por las mujeres para mantener una apariencia estética más joven son constantes, incluyendo plantear la cirugía estética como un forma fácil de “mejorar” para obtener el aspecto deseado , deseo auspiciado desde los propios medios de comunicación.

 

Publicidad, mujeres y salud

“La publicidad feminiza la salud, la convierte en un bien de consumo y ofrece modelos de belleza que generan malestar”, esta es la principal conclusión de un reciente estudio “La publicidad y la salud de las mujeres. análisis y recomendaciones” . En el citado trabajo se señala que el concepto de salud que construye y populariza la publicidad es interiorizado por las mujeres y reforzado mediante su asociación con otros valores considerados “deseables” como el reconocimiento social, el éxito, la delgadez, la juventud, etc. Para las mujeres, algunos de los condicionantes de género que predisponen a enfermar son: pérdidas, sobrecarga familiar, doble jornada, dependencia, aislamiento, crianza, etc. . , la mayoría procedentes de los roles sociales que les han sido asignados. Los ideales que presenta la publicidad imponen, directa o indirectamente, modelos de identidad. Amoldarse a ellos supone, para las mujeres, la renuncia a parte de sus deseos, necesidades, aspiraciones o potencialidades personales.  
Constantemente se presentan imágenes en las que el cuerpo femenino es sometido a correcciones de grafismo informático que pueden suponer una forma de violencia simbólica hacia las mujeres, dado que se presupone que su cuerpo es imperfecto y necesita constantemente ser mejorado, retocado o completado. Los signos del paso del tiempo son abordados de forma insistentemente negativa, de manera que se convierte al propio cuerpo en enemigo a reformar, se crea la necesidad de estar interviniendo sobre él, y signos que podrían verse con naturalidad son calificados como “imperfecciones”. Los modelos de referencia no se corresponden con la normalidad de los cuerpos sanos, sino con modelos de delgadez, en muchos casos más allá de lo saludable.

Prostitución y prensa

Se constata una gran incoherencia en el tratamiento de la prostitución en la prensa escrita . De un lado en las páginas dedicadas a la información las actividades relacionadas con la prostitución se tratan como algo peligroso y negativo: se da cuenta de actuaciones policiales para desmantelar redes de prostitución, de las condiciones en que han estado mujeres que han sido obligadas a prostituirse, etc. se emplean términos como prostitución, explotación sexual, trata, tráfico… Por el contrario, en las páginas comerciales , bajo el eufemismo de relax o similares se tematiza la compra de servicios sexuales como algo valioso para la sociedad, es decir, se induce al ejercicio de la prostitución como si se tratara de una actividad deseable y positiva; se instituye al lector varón como potencial cliente y se difunden ofertas de empleo dirigidas a la captación de mujeres como mera mercancía.

El marco normativo

El régimen jurídico difiere en función del tipo de medio (televisión, radio, Internet…) y de si se trata de un medio de comunicación de titularidad pública o privada. Ahora bien, con carácter general la Ley Orgánica 3/2007 de 22 de marzo, para la Igualdad efectiva entre mujeres y hombres (en lo sucesivo, Ley de Igualdad) dispone que los medios de comunicación han de respetar la igualdad entre mujeres y hombres, evitando cualquier forma de discriminación (artículo 39).
Por su parte, la Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género establece que los medios de comunicación fomentarán la protección y salvaguarda de la igualdad entre hombre y mujer, evitando toda discriminación entre ellos.
La difusión de informaciones relativas a la violencia sobre la mujer garantizará, con la correspondiente objetividad informativa, la defensa de los derechos humanos, la libertad y dignidad de las mujeres víctimas de violencia y de sus hijos. En particular, se tendrá especial cuidado en el tratamiento gráfico de las informaciones (artículo 14).
En relación con los medios de de comunicación social de titularidad pública velarán por la transmisión de una imagen igualitaria, plural y no estereotipada de mujeres y hombres en la sociedad, y promoverán el conocimiento y la difusión del principio de igualdad entre mujeres y hombres.  
A continuación, la misma Ley relaciona una serie de medidas más específicas atribuidas a RTVE y a la Agencia EFE, entre las que se encuentran: a. Reflejar adecuadamente la presencia de las mujeres en los diversos ámbitos de la vida social. b. Utilizar el lenguaje en forma no sexista. c. Adoptar, mediante la autorregulación, códigos de conducta tendentes a transmitir el contenido del principio de igualdad. d. Colaborar con las campañas institucionales dirigidas a fomentar la igualdad entre mujeres y hombres y a erradicar la violencia de género.
Estas disposiciones han de completarse con la Ley 17/2006, de 5 de junio, de la radio y la televisión de titularidad estatal, que establece objetivos en el mismo sentido.


La publicidad

En relación con la publicidad el artículo 41 de la Ley de Igualdad establece: la publicidad que comporte una conducta discriminatoria de acuerdo con esta Ley se considerará publicidad ilícita, de conformidad con lo previsto en la legislación general de publicidad y de publicidad y comunicación institucional.  
A su vez, la principal norma de referencia en la materia, a saber, la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad, dispone en su artículo 3 a) que es ilícita la publicidad que atente contra la dignidad de la persona o vulnere los valores y derechos reconocidos en la constitución, especialmente a los que se refieren los artículos 18 y 20, apartado 4. Se entenderán incluidos en la previsión anterior los anuncios que presenten a las mujeres de forma vejatoria, bien utilizando particular y directamente su cuerpo o partes del mismo como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar, bien su imagen asociada a comportamientos estereotipados que vulneran los fundamentos de nuestro ordenamiento jurídico coadyuvando a generar la violencia a que se refiere la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género.  
En lo que se refiere a la publicidad dirigida a menores de edad en televisión, que es en definitiva el medio de mayor influencia para los menores, las exigencias legales son mayores. Así, la conocida como Ley de Televisión sin Fronteras , dice en su artículo 16. 1 letra e) lo siguiente: la publicidad o la tele venta dirigidas a menores deberá transmitir una imagen igualitaria, plural y no estereotipada de mujeres y hombres.

En definitiva, existen previsiones normativas en relación con la no discriminación por razón de sexo y los contenidos transmitidos a través de los medios de comunicación, sin embargo la realidad dista mucho de este tratamiento en igualdad. Se plantea permanentemente el conflicto entre el posible control gubernativo y la libertad de expresión y de comunicación, y se aprecia una falta de mecanismos eficaces para velar por el cumplimiento de las normas. De hecho, España todavía hoy carece de una autoridad con competencias generales en esta materia, hasta tanto no se cree el esperado Consejo de lo Audiovisual. Por el momento algunas Comunidades Autónomas cuentas con órganos equivalentes (Navarra, Cataluña y Andalucía). Lo más deseable en cualquier caso es que los propios medios de comunicación sean conscientes del daño que produce la proyección de una imagen que relegue a las mujeres a posiciones secundarias.  

En el ámbito de la publicidad, la propia industria se ha dotado de un sistema de vigilancia que trabaja por una publicidad responsable y que en España se articula en Autocontrol de la Publicidad (Asociación para la Autorregulación de la comunicación Comercial), dotada de un Código de conducta Publicitaria y de un Jurado de la Publicidad que controla el cumplimiento a posteriori del mismo. Asimismo, un mecanismo de asesoramiento previo (copy advine) hace una función de control a priori . Las compañías que se han adherido al Código de conducta Publicitaria y que, en consecuencia, se someten a las resoluciones del Jurado de la Publicidad, merecen el reconocimiento de este esfuerzo y sería deseable que la mayoría de anunciantes dieran pasos en este sentido.  

Por el contrario, en lo que atañe a los contenidos de la programación televisiva, los compromisos son mucho más escasos. Merecen reseñarse el Código de Autorregulación de Contenidos Televisivos e infancia, y los compromisos alcanzados recientemente con la Vicepresidenta del Gobierno español en relación con el tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación.

A modo de conclusión, considero capital insistir en la importancia de que los medios de comunicación asuman un firme compromiso para erradicar el tratamiento sexista de mujeres y hombres, y hagan una firme apuesta por construir una sociedad con mayor igualdad entre o, al menos, por no contribuir a la persistencia de estereotipos sexistas discriminatorios. Los medios de comunicación no pueden eximirse de la responsabilidad que supone influir en la concepción del mundo que tenemos.

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