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Última actualización web: 15/08/2022

El concepto de serialidad en los grupos. Sartre y Bleger.

Autor/autores: Hilda Beatriz Salmerón García
Fecha Publicación: 01/01/2004
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Comunicación

RESUMEN

En este artículo se pretende analizar el concepto de serialidad en Sartre, ubicándolo en el proceso grupal. Para tal fin, se utilizaron los artículos: Los colectivos y el grupo como institución y El grupo en las instituciones escritos por Sartre y Bleger respectivamente. El interés por desarrollar este trabajo surge de la crítica hecha por Bleger a Sartre para quien los hombres no pueden estar en serialidad en el sentido de que los individuos puedan ser intercambiables, dado que por medio de la sociabilidad sin crítica, los individuos logran una sociabilidad de interrelación. Esta díada permitirá así, la "sociabilidad global". Es el adentro y afuera, el Yo y los otros.

Ello permitirá a Bleger relacionar el concepto de grupo con el de individuo porque para éste el hombre es siempre una organización. En otras palabras: "El ser humano antes que ser persona es siempre un grupo, pero no en el sentido de que pertenezca a un grupo, sino en que su personalidad es el grupo"1. La crítica de Bleger a Sartre es, además de falaz, mal interpretada y alterada. La falsedad resulta de la mala interpretación ya que así como Bleger da una explicación que abarque -si se puede decir- al grupo y al individuo, o los móviles que permiten esta intrincada relación y que, finalmente nos muestren que no hay una separación efectiva entre la unidad y la pluralidad, el yo y los otros.

Del mismo modo, Sartre pretende señalar esta relación en una dialéctica más completa y profunda que Bleger; y que el sudamericano toma sólo de manera parcial, lo que constituye un craso error si se pretende citar a un existencialista dialéctico en donde la negación y la contradicción dan origen a un nuevo estadio, los opuestos crean; no son entidades estáticas, sino que esta aparente inmovilidad, permitirá el movimiento y aparición de nuevos contrarios.

Palabras clave: sartre, bleger


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El concepto de serialidad en los grupos. Sartre y Bleger.

Hilda Beatriz Salmerón García.

Psic. Dir. Gral. orientación y Servicios Educativos. Circuito Interior Cd. Universitaria, México, C. P. 04510

[24/2/2004]


Resumen

En este artículo se pretende analizar el concepto de serialidad en Sartre, ubicándolo en el proceso grupal. Para tal fin, se utilizaron los artículos: Los colectivos y el grupo como institución y El grupo en las instituciones escritos por Sartre y Bleger respectivamente. El interés por desarrollar este trabajo surge de la crítica hecha por Bleger a Sartre para quien los hombres no pueden estar en serialidad en el sentido de que los individuos puedan ser intercambiables, dado que por medio de la sociabilidad sin crítica, los individuos logran una sociabilidad de interrelación. Esta díada permitirá así, la "sociabilidad global". Es el adentro y afuera, el Yo y los otros. ello permitirá a Bleger relacionar el concepto de grupo con el de individuo porque para éste el hombre es siempre una organización. En otras palabras: "El ser humano antes que ser persona es siempre un grupo, pero no en el sentido de que pertenezca a un grupo, sino en que su personalidad es el grupo"1.

 


La crítica de Bleger a Sartre es, además de falaz, mal interpretada y alterada.
La falsedad resulta de la mala interpretación ya que así como Bleger da una explicación que abarque -si se puede decir- al grupo y al individuo, o los móviles que permiten esta intrincada relación y que, finalmente nos muestren que no hay una separación efectiva entre la unidad y la pluralidad, el yo y los otros. Del mismo modo, Sartre pretende señalar esta relación en una dialéctica más completa y profunda que Bleger; y que el sudamericano toma sólo de manera parcial, lo que constituye un craso error si se pretende citar a un existencialista dialéctico en donde la negación y la contradicción dan origen a un nuevo estadio, los opuestos crean; no son entidades estáticas, sino que esta aparente inmovilidad, permitirá el movimiento y aparición de nuevos contrarios.

Con respecto a la alteración de Sartre cometida por Bleger, ésta se desprende de que por momentos Bleger parece sólo cambiar de nombre a los conceptos por Sartre utilizados y aplicarlos a la psicología, esto lo mostraré a lo largo del trabajo.

Sartre es un filósofo que muere antes de terminar las críticas prometidas -de manera sistemática- a la psicología y al psicoanálisis- y también se encuentra influído, y de manera importante, por la segunda guerra. Ante ello, encontramos a un pensador que si bien se preocupó por la relación entre el yo y el Otro; a partir de la guerra, se interesa fundamentalmente por insertar este par en la historia para defender una praxis política que muestre al hombre como creador de su propia historia.

Y esta práctica se da precisamente en el grupo. A continuación, analizaré el capítulo titulado Los colectivos a fin de comprender lo que Sartre entiende por serialidad y cómo menciona esta "sociabilidad sincrética" de Bleger en el concepto de soledad y alteridad, momentos imprescindibles de los grupos.

Para el filósofo, el grupo se define por su empresa que trata de suprimir la inercia; el colectivo se define por su ser; es un objeto material e inorgánico del campo práctico inerte en tanto que una multiplicidad discreta de individuos actuantes se producen en él con el signo del Otro, su inercia penetra en cada praxis individual como su determinación fundamental. Aquí se encuentran totalizaciones parciales y condicionamientos recíprocos: la reciprocidad como relación humana fundamental, separación de los organismos individuales, campo práctico y materialidad inorgánica. Fuera de la relación humana de reciprocidad y de la relación con el tercero (que en sí mismos no son sociales aunque condicionen a toda socialidad) la relación entre individuos permanece indeterminada en tanto se define el conjunto de circunstancias materiales sobre la base de las cuales se establece esta relación con la perspectiva del proceso histórico de socialización.

Así, la oposición "reciprocidad como relación de interioridad" y "soledad de los organismos como relación de exterioridad" condiciona en lo abstracto una tensión, no caracterizada en las multiplicidades que se encuentra superada en la relación "externa-interna" que por la acción del colectivo transforma a la contradicción del Otro en serialidad.

En el ejemplo de las personas que esperan el autobús, Sartre concretiza esta serialidad a través de la soledad. Partiendo del individuo, la soledad, de hecho, está vivida en el proyecto de cada uno como su estructura negativa (provisional para sus relaciones recíprocas con los otros). Esta actitud de semiignorancia tiene como condición la pertenencia a otros grupos. Pero, si se parte de la sociedad (modos de producción, costumbres, etc. ) cada soledad se define como las fuerzas desintegradoras que ejercen el conjunto social sobre el individuo.
Así, las soledades recíprocas como negación de la reciprocidad significan la integración de los individuos en la misma sociedad2.

El modo de vida suscita en cada individuo, conductas de soledad que en muchas ocasiones son momentos de transición para pasar de un grupo a otro.

La soledad es proyecto y relativa a tales individuos en el momento, ya que aislarse es utilizar a la colectividad.
Además las conductas solitarias están condicionadas históricamente en los niveles de reciprocidad que permiten distinguir cuando uno se sale de los modelos sociales más usuales.

Por otra parte, hay identidad cuando el interés común es manifiesto y cuando la pluralidad se define en relación con este interés. Aquí, los individuos son idénticos como individuos separados. Luego, al relacionarse con la materia, sitios, lugares para cada uno, el Otro sería el rival del Otro por él mismo hecho de su identidad.
La identidad se vuelve sintética: cada uno es idéntico al Otro en tanto que está hecho, por los Otros.

Otro actuando sobre los Otros; la estructura formal y universal de alteridad hará la razón de la serie. Aquí no hay símbolos que el grupo-serie emita a un observador externo. Hay conductas seriales, hay sentimientos y pensamientos seriales; dicho de otra manera, la serie es un modo de ser de los individuos, los unos en relación con los otros y en relación con el ser común, y ese modo de ser les metamorfosea en todas sus estructuras. Aquí se distingue entre la praxis serial (como praxis del individuo en tanto que es miembro de la serie) de la praxis común (acción de grupo) y de la praxis constituyente individual.

La serie representa el empleo de la alteridad como lazo entre los hombres bajo la acción pasiva del objeto, y como esta acción pasiva define al tipo general de alteridad que sirve de lazo, la alteridad finalmente es el objeto práctico-inerte en tanto que se produce en medio de la multiplicidad con sus exigencias particulares. En efecto, cada Otro es Otro distinto de sí mismo y de los Otros en tanto que sus relaciones lo constituyen y constituyen a los Otros según una regla objetiva, práctica e inerte de la alteridad. Así, la razón de la serie es común en todos en la medida en que se hacen diferentes. Esta razón de serie -a diferencia de la identidad que es separación- es esquema dinámico de determinación de cada uno. El Otro como razón de la serie y como factor en cada caso de alteridad particular, se vuelve, pues, más allá de su estructura de identidad y de alteridad, un ser común a todos (como intercambiabilidad negada y conservada).

El Otro soy yo en cualquier Otro y cualquier Otro en mi y cada uno como Otro en todos los Otros. Esta unidad siempre presente pero siempre en otro lugar, se vuelve interioridad vivida en el medio de la exterioridad. Hasta aquí, vemos cómo esta serialidad en el ejemplo de la formación para tomar un camión, resulta del hecho de que no existe una interacción consciente entre las personas. Así, el hecho de ocupar el primero o el séptimo lugar, depende de cuestiones personales (levantarse tarde, desayunar, comprar el periódico, etc. ) y resultan los individuos intercambiables en la medida en la que la relación de estar formado no se hace a través de sujetos, sino a través del objeto que en este caso sería el autobús.

Hay identidad en otro momento de esta misma formación cuando determinado sujeto tiene prisa por llegar y debido a este interés, sí importa el lugar que ocupe dado que el Otro es el rival y es diferente de él. Pero aún aquí, al no existir un símbolo en la formación de personas, éstas siguen en la serialidad y en la soledad que, como vimos, tienen contenidos sociales. Los otros están presentes en mi y, en este sentido, no se pueden unir y armar un escándalo para reaccionar en contra de la escasez del transporte o de su costo por ejemplo, sino que están impregnados de serialidad.

En esta serialidad, hay que distinguir el concepto de sociabilidad sincrética que menciona Bleger y que sin embargo niega como serialidad; y que define sin embargo, como esa comunicación no verbal, subclínica y difícil de detectar; esa estructura que impide en ciertos momentos el cambio en los grupos puesto que está vertida la personalidad de los individuos. Cabe aclarar que el ejemplo de Sartre no puede aplicarse en este momento al grupo definido por Bleger como "el conjunto de individuos que interaccionan entre sí, compartiendo ciertas normas en una tarea"2. Pero si va a permitir ser el punto de partida para expresar, tanto la posibilidad de relaciones y ser grupo-individuo, como comprender en toda su evolución el momento en que el grupo, se inserta en la praxis.

En el lazo de alteridad, el todo es totalización de fuga, el ser como realidad material es la serie totalizada de no-ser, es lo que cada uno hace que se vuelva el otro, como su pareja, fuera de su alcance. La alteridad como una unidad de las identidades siempre está en otra parte. Así, la alteridad como interiorización para cada uno de su ser-fuera de sí-común-en-el-otro. "La totalización como forma organizada de las relaciones sociales supone una praxis cuyo fin es la producción humana de la unidad como su objetivación en y por los hombres. Aquí las relaciones como en el caso de los judíos (de su estereotipo, del racismo contra ellos por ejemplo) están regidos por relaciones de objeto, en tanto que les llegan como estructura práctico-inerte cuya exterioridad sellada queda develada como interioridad de las elaciones reales"3.

En esta alteridad de ver a los otros como diferentes de mi y de mi grupo quedarían explicadas tanto el sentido de pertenencia como el proceso de contrastación entre los otros y los míos; es decir, excluir a los sujetos no deseables: prostitutas, ladrones, etc. , del concepto cargado de "sociedad", de "mi grupo" y de las consiguientes colectividades con las que puede tener lazos positivos o negativos siendo un no ser y una no-identidad o un yo sincrético como menciona Bleger.

Para Sartre, el gran error de los sociólogos y demás estudiosos de la sociedad y de grupos, es dejar a un lado la serialidad que constituye la base de la sociabilidad.
Para Sartre, el colectivo se forma a partir de la serie que puede llegar a la multiplicidad de manera directa (presencia la cual puede ser recíproca o no) y la indirecta (ausencia) en donde los individuos en tanto estén definidos por el objeto de su reunión no pueden hacer una praxis común. En el último caso, se trata del sentimiento de impotencia de un hombre frente a otro hombre, "es percibir mi ausencia de mi modo de acción con los otros"4

En el caso de un orador o de un locutor con el que yo me encuentro en desacuerdo, la serialidad de los Otros me impide comunicarme con ellos. Esta serialidad mide mi impotencia y, en caso de que quiera hacer propaganda en contra, debo partir de esta serialidad para ser escuchado e iniciar otra serialidad. Aquí las personas están definidas por la estructura de exterioridad que se ha interiorizado en saber.

En una situación histórica conflictiva, la persona ya no escucha la voz por su cuenta, sino, según el punto de vista de los otros que son la circunstancia y el individuo, con su experiencia y su pasado. Aquí la dialéctica del auditor indignado puede referirse a tres momentos: triunfal (en donde refuta el argumento del otro), de indignación impotente (en donde se realiza como miembro de una serie en donde los otros están reunidos por un lazo de alteridad) y finalmente, de angustia y de tentación (en tanto se deja convencer por el Otro para probar la fuerza del argumento).

Este momento corresponde al del malestar y al de la fascinación y contiene una contradicción violenta ya que soy el que sabe refutar esas tonterías y el que sin embargo, se deja convencer por ellas. Aquí la serie de los Otros se vuelve a mí para constituir de esos Otros mi destino.

Las reacciones del individuo: miedo, alteridad, cólera, etc. , son conductas alteradas cada una de las cuales es en él la acción del Otro. Cada uno es, pues, tan eficaz en su acción en el Otro como si estableciese relaciones humanas (directas o recíprocas u organizadas) con él, pero su acción pasiva o indirecta llega de su impotencia, en tanto que el Otro la vive en él como su propia impotencia en tanto que otro.

La serie se le revela a cada uno en el momento en que cada uno aprehende en él o en los Otros su impotencia común para suprimir sus diferentes materiales. Y el grupo entonces, será la superación de esta impotencia.
Una vez más, Sartre da la pauta para explicar el por qué a través de la serialidad, base de la sociabilidad, el grupo tiende a la institucionalización o burocratización de Bleger o a la paranoia ante lo desconocido. Cómo pasa el grupo a olvidar la identidad respecto al trabajo para concentrarse en la identidad sincrética, guardando así la "estereotipia de los niveles de interacción" y la impotencia ante el otro. Por otra parte, así como en la serialidad se da la alteridad, en la relación de dos o más se da la reciprocidad que define tanto la coexistencia de los hombres como el estatuto de dispersión masificada. A su vez, cada relación constituye cadenas complejas y sistemas polivalentes, cada relación singular queda condicionada por los Otros, sin embargo, el ser serial como alteridad rígida sin interior de cada relación viva tiene su fuerza por el alejamiento práctico, es decir, por el hormigueo inaprehensible de otras relaciones.

Aquí Sartre criticará a la psicología y a la sociología, por pretender ver estas relaciones por medio de cada individuo lo cual le resulta absurdo, porque si bien el individuo para relacionarse "con" en un primer momento "ve el campo o la totalidad" (Gestalt y Lewin), en el segundo momento descubre el colectivo como la relación de una totalidad de objetos trabajados, unidad de exterioridad inerte, (un mercado), con la casi-pluralidad que significa y que produce en ella a la unidad ausente y que son estructuras de alteridad (relaciones de producción, oferta-demanda, etc. , ajenas a mi). Así, cada elemento está unido a todos pero, a través de la serie. Aquí, la totalidad no es una presencia real sino una extrapolación real de una serie infinita de relaciones idénticas y otras en tanto que cada una condiciona al otro en su ausencia.

Para concluir, creo que Bleger cambia el concepto sartreano de serialidad por el de sociabilidad sincrética y utiliza más este modelo filosófico, sin mencionarlo, que la supuesta superación de fenomenología y naturalismo en que dice basarse.

El estado simbiótico y sincrético de la personalidad que postula Bleger, no es otra cosa que la serialidad, formada por el Otro, existe un interior y un exterior igual que en los otros, que me permite a mi ser Yo pero también Otro para ellos. Dijeramos que es una igualdad en la diferencia; una serialidad en la alteridad.

Sería el grupo interno la base de la identidad que me permite ser el grupo y a la vez, integrarme en él, ya sea de manera directa y pretender unirme al Otro por medio de mi relación con él o por medio del objeto.
Pero, para llegar a relacionarme con Otro -o pretender hacerlo- es necesario superar esta relación de objetos que paradójicamente, también es base de mi identidad en tanto no-yo y de yo-objeto visto por Otro. Bleger al referirse a los tres tipos de personas en un grupo: dependientes, neuróticos o psicópatas, encuadra esta pseudo relación-serial- en el Otro como objeto.

También, al hablar de posturas paranoides vuelve a tomar el tema de alteridad-serialidad. Para ser Yo necesito introyectar a otros, identificarme con ellos pero también, verlos diferentes a mi. La relación con el objeto puede servir a la psicología, como esquema conceptual de los procesos internos a nivel micro. Pero también, y aquí Sartre deja al individuo para insertar al grupo en la historia, en una infra y superestructura que no pueden ser determinantes, dado que parte de la premisa de que el hombre en su grupo hace y construye su historia pues es libre y no hay Dios que lo limite, pero sí existe el Otro que se empeñará en verlo como objeto y habrá un Yo que se sienta en la mirada del Otro.

Mientras que la filosofía sartreana postula una liberación por medio del saber, la conciencia y la praxis; el trabajo terapéutico promueve el insight y el cambio para no sucumbir ante el pasado, la inconsciencia y la inercia de actuarme como objeto pero esto es hablar ya de serialidad.
Evidentemente, el concepto de serialidad en Sartre, es sólo un momento de esa dialéctica histórica en donde el filósofo se cuestionará sobre la acción de los hombres en la historia a partir de la trágica experiencia de la Segunda Guerra mundial, pero creo que resultaba imprescindible replantear el término tan mal criticado por Bleger y, ubicar al mismo tiempo, en el trabajo de sus colegas, Pichón Riviere y Bauleo con su "grupo operativo", la influencia del parisino de quien no hacen mención. Prueba de lo anterior lo constituye el trabajo de Rosenfeld, también argentino, y que en su libro Sartre y los grupos equipara al grupo T con el proceso grupal de Sartre y evidencia algunas coincidencias entre éste y Pichón Riviere, retomando precisamente el concepto de serialidad.

 

Referencias bibliográficas

1. BLEGER, J. "El grupo como institución y el grupo en las instituciones" en Temas de psicología. Nueva Visión. México, 1983

2. SARTRE, J. P. "Los colectivos" en Crítica de la razón dialéctica. Tomo I Ed. Losada. Buenos Aires, 1963

 

Citas

1 Bleger, opus. cit. p. 102

2 Sartre, opus cit. p. 397

3 Bleger, opus. cit. p. 89

4 Sartre, opus. cit. p. 409

5 Ibid pp. 412 y ss

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