La gran capacidad evocadora de las imágenes, junto a su facilidad para hacer resonar el inconsciente, ha sido utilizada en muchas ocasiones como peculiaridad favorecedora de la introspección y catalizadora de la comunicación, tanto individual como grupalmente. Para ello se emplean una diversidad de ilustraciones como estímulos visuales (manchas, dibujos, fotografías?). Uno de los test proyectivos más conocidos es el TAT (Thematic Apperception Test) de Murray, en el que en su versión actual aproximadamente la mitad de sus imágenes provienen de fotografías previas. En este trabajo nos ocuparemos del curioso e inesperado origen de esas fotografías, no realizadas en absoluto con fines diagnósticos de ningún tipo. Se presentan las imágenes originales tal y como fueron antes publicadas en diversos medios.