En 1996 James J. Hudziak publicó un artículo en el American Journal of Psychiatry con un título algo abigarrado: Estudio clínico de la relación entre el trastorno Límite de la personalidad, el síndrome de Briquet (histeria), trastorno de somatización, trastorno antisocial de la personalidad y trastorno por abuso de sustancias. El último autor era el recientemente fallecido Samuel Guze. Las conclusiones del artículo, curiosamente, no provocaron reacción alguna desde el sector que defiende la presencia clínica y la existencia de la categoría trastorno límite de la personalidad.Los autores concluyen, por ejemplo y entre otros ataques a esta categoría diagnóstica, que no encontraron casos puros (sic) de trastorno límite de la personalidad (en breve, TLP), es decir, TLP sin comorbilidad. En breve, Guze y sus colaboradores llegan a decir que quizás TLP no es más que el fruto de un artefacto conceptual en lugar de un artefacto taxonómico. ¿Cómo se llegó a esta situación y porqué sigue el TLP provocando diatribas taxonómicas como la de Peter Tyrer, en fechas tan recientes como 1999, y nada menos que en la revista Lancet? En esta revisión, basada en la evidencia recogida por Samuel Guze y otros autores durante los últimos 70 años, se discuten algunas de las razones para que esto ocurriera.