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Última actualización web: 26/11/2022

El tiempo humano en busca de sentido.

Autor/autores: Roberto Almada Carreño
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Nuestro trabajo se presenta en el marco del estudio y la investigación de las cuestiones filosóficas que emergen del actual desarrollo de las ciencias naturales y humanas, teniendo como base el patrimonio filosófico y psicopatológico todavía válido y trascendente, de la logoterapia. El tema que focalizamos es el de la temporalidad humana y su sicopatología en la cultura post-moderna y sus implicancias en la labor psicoterapéutica.

El fundador de la logoterapia, Víktor Frankl, define su posición con respecto a este tema, entre el pesimismo de un cierto existencialismo y el quietismo fatalista estático. Su tesis sobre el "optimismo del pasado" funda un método psicoterapéutico de búsqueda de sentido aplicado con fruto en personas que sufrieron pérdidas afectivas, ancianos y enfermos terminales. La pregunta que nos haremos en este trabajo es si la búsqueda de sentido en la propia historia personal es todavía posible en una sociedad que posee una vivencia del tiempo fragmentada y por este hecho se le hace difícil compilar historias de vida. Nos encontramos, entonces, con un fuerte desafío para la investigación logoterapéutica.

Palabras clave: tiempo humano, sentido


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El tiempo humano en busca de sentido.

Roberto Almada Carreño.

“. . . el presente, aunque sea un presente fatigoso,
se puede vivir y aceptar si lleva hacia una meta,
si podemos estar seguros de esta meta
y si esta meta es tan grande que justifique el esfuerzo del camino”1

Resumen

Nuestro trabajo se presenta en el marco del estudio y la investigación de las cuestiones filosóficas que emergen del actual desarrollo de las ciencias naturales y humanas, teniendo como base el patrimonio filosófico y psicopatológico todavía válido y trascendente, de la logoterapia. El tema que focalizamos es el de la temporalidad humana y su sicopatología en la cultura post-moderna y sus implicancias en la labor psicoterapéutica. El fundador de la logoterapia, Víktor Frankl, define su posición con respecto a este tema, entre el pesimismo de un cierto existencialismo y el quietismo fatalista estático. Su tesis sobre el “optimismo del pasado” funda un método psicoterapéutico de búsqueda de sentido aplicado con fruto en personas que sufrieron pérdidas afectivas, ancianos y enfermos terminales. La pregunta que nos haremos en este trabajo es si la búsqueda de sentido en la propia historia personal es todavía posible en una sociedad que posee una vivencia del tiempo fragmentada y por este hecho se le hace difícil compilar historias de vida. Nos encontramos, entonces, con un fuerte desafío para la investigación logoterapéutica.



Introducción

Víktor Frankl, el fundador de la logoterapia, como todo psiquiatra fenomenólogo que se pueda tomar como referencia seria, afrontó en más de una oportunidad la fenomenología del tiempo humano y su psicopatología. Encontramos una buena síntesis de su pensamiento a este respecto en una conferencia que ofreció en Innsbruck en 1947 2. En ella toma una posición intermedia entre un quietismo estático, que lleva al fatalismo y un cierto existencialismo que propone un pesimismo del presente. Frankl propone fundar la certeza del sentido de la vida en el pasado, que presenta como eterno, imborrable, y por lo tanto no transitorio. En este pasado quedan registradas nuestras elecciones de sentido, en la acción, la contemplación o en el sufrimiento vivido con una actitud digna. Para explicarse usa una imagen muy elocuente: el reloj de arena, donde la arena que cayó en la parte inferior quedará para siempre allí, diversa a la arena de la parte superior que podrá caer o no. Esta solidez del pasado con respecto al futuro refleja aquello que el llama “el optimismo del pasado”. El maestro solía decir “el haber sido es una forma de ser, la más segura” y en base a esta afirmación aseguraba que la precariedad de la existencia, y hasta la misma muerte, no le quitan el sentido a la vida.
En esta conferencia ya citada, el fundador de la logoterapia presenta además el registro de dos entrevistas con sus pacientes (uno de ellos con una enfermedad terminal). Son verdaderos diálogos mayeúticos, donde el profesor Frankl con preguntas simples, guía el parto de la verdad del sentido siempre presente en la vida. A pesar de la transitoriedad y precariedad, representados por la muerte cercana, la evocación de los momentos cargados de sentido, vividos en el pasado dan a estos pacientes seguridad y serenidad.
Contextualizando el discurso de Frankl en nuestros días, nos hacemos algunas preguntas: ¿cómo vivencia el hombre de la postmodernidad el tiempo vivido?, ¿cómo la logoterapia podrá seguir situándose entre el pesimismo del existencialismo y el fatalismo del quietismo? Y por último, una pregunta que se nos presenta como un desafío, la tesis del “optimismo del pasado” ¿sigue siendo suficiente para evocar en la actualidad el sentido de la vida?


Tiempo vivido en el actual contexto cultural

Sin pretender ser exhaustivos, veamos algunos elementos característicos de la vivencia del tiempo en nuestra cultura3:

1- El interés de los hombres de cultura post-moderna se ha focalizado sobre lo inmediato. La virtud consiste en la capacidad de cambio y adaptación a un tiempo precario y no ya en la fortaleza estoica de quedar impávidos frente a los cambios.  

2- Hemos pasado de un cuerpo esclavo a un cuerpo liberado. No podemos evitar la muerte pero si alejarla siguiendo los consejos de los médicos que nos proponen vivir 14 años más de vida (!) siempre que no fumemos, tengamos actividad física y comamos fibras. Sabemos que tenemos un cierto control sobre nuestro estado “juvenil” gracias a la medicina “anti-edad”. Las consecuencias desde el punto de vista ético y de las elecciones de vida son importantes. Las elecciones fuertes e irrevocables (vocación, estilo de vida, etc. , ) que se evaporan dentro de la posibilidad de un eterno recomenzar.

3- En las relaciones interpersonales los sentimientos estables dejan paso a las emociones, que se presentan como más radicalizadas por su inmediata conexión con lo biológico; pero al mismo tiempo son más efímeras desde el punto de vista de la duración temporal.

4- Ya no nos sentimos esclavos del tiempo, cuyo poder estaba representado por la sirena de la fábrica o la campana de la iglesia. Hoy vivenciamos un dominio sobre el tiempo al que se le hace violencia para aprovecharlo al máximo. La consecuencia es una nueva esclavitud, esta vez sostenida por un sentimiento obsesivo de culpabilidad, cuando el tiempo no viene aprovechado en toda su posibilidad.

5- El hombre post-moderno ha olvidad la virtud clásica de la prudencia y de la justa medida en lo temporal, sintiéndose a gusto con el exceso, como por ejemplo, cayendo en las drogodependencias, deportes de alto riesgo, bulimia y anorexia nerviosa, activismo y dependencia del trabajo o “burn out”, que son algunos de los síntomas clínicos de esta tendencia.

6- Y por último, encontramos cambios en la vivencia del tiempo religioso. Hemos pasamos de la relación con una eternidad divina, situada fuera del tiempo humano, a una religiosidad del instante presente en el interior de la consciencia individual. Este dios a servicio del individuo perdió toda su trascendencia, característica esencial del divino.

7- Se puede agregar que la fragmentación de la identidad camina en paralelo a la fragmentación de la vivencia temporal.

En síntesis, estas situaciones del moderno contexto cultural parecen poco propicias para comprender y actuar el sentido de la propia vida, porque impiden una narración completa y lineal del propio pasado. Junto a la vivencia de precariedad del presente de los tiempos del postguerra, los hombres y las mujeres de hoy se encuentran también con la todavía más dramática precarización de la propia historia.  
Esta nueva y esencial precariedad nos obliga a hacernos nuevamente la clásica pregunta frankleana: ¿tiene sentido la vida a pesar de todo? Sin caer en tonos apocalípticos y sin intenciones apologéticas pretendemos encontrar las palabras adecuadas y las preguntas justas para el diálogo mayéutico con el hombre contemporáneo acerca de su vida y su sentido. Una ayuda en esta comprensión nos viene de otros estudios de la psicopatología fenomenológica del tiempo vivido.


Tiempo post-moderno y psicopatología fenomenológica

Veamos como la ancha y variada corriente de la psiquiatría fenomenológica, en donde corre a pleno derecho la logoterapia, responde a estas cuestiones.  
Nuestra reflexión se sustenta en el pensamiento rico y profundo de un filósofo francés, Henri Bergson y de un psiquiatra polaco francés, Eugene Minkowski. El tiempo vivido, para estos autores, es como un fluir que construye el sentido del hombre entrelazando consciencia y duración. El sentido de la vida y la identidad personal se construye en el tiempo.  
La psiquiatría fenomenológica entiende también comprender los fenómenos sociales a partir del modo de ser de la existencia enferma. Minkowski, del cual pensamos es quien más contribuyó al estudio de la vivencia temporal humana, nos muestra las dos caras de una cultura que va del “todo ya y enseguida” maníaco al “nunca más” del nihilismo depresivo.
En la psicopatología de la manía encontramos una hipertrofia del tejido conectivo del tiempo vivido, entre datos inmediatos y fragmentarios. Umberto Galimberti describe este estado mental como el mismo deseo que ignorando la distancia que lo separa de la realidad, pierde su perspectiva y como una fantasía que no conoce su ficción, da como resultado un activismo efímero, inconsistente, fugitivo, como fugitivo es el progreso mundano en el que intenciona4. La fast life de nuestras ciudades occidentales caracterizadas por el activismo frenético y vacío, representa socialmente el estado maníaco, con su correspondiente dificultad para narrar una historia.  
La vivencia histérica, por otro lado, ofrece también una clave de lectura para entender el fenómeno del tiempo vivido contemporáneo. Esta forma de “ser en el mundo” se caracteriza por un tiempo cerrado al encuentro con un “tu”. Cargnello5 en su estudio sobre la alteridad y la alienación, describe la consciencia histérica como concentrada y completamente presente en una representación ostentosa, en la cual el otro solo puede estar presente en forma instrumental funcionando como público. El otro se vuelve instrumental y pierde así la posibilidad de ser un tu que identifica. En nuestra cultura occidental se percibe también una semejanza con la vivencia histérica. El individualismo que la caracteriza, consignado a la propia ostentación especular, necesita el control de la gestión del propio tiempo y la flexibilidad laboral disminuye el tiempo del estar juntos. Es otro elemento que diluye la narración de la propia historia porque se pierde el sujeto que la recibe y por ende también su consolidación.  
Si bien siempre tenemos que distinguir la “locura de la humanidad” de la locura de nuestros enfermos, los estudios fenomenológicos de la psicopatología del tiempo vivido ofrecen una llave de lectura importante para comprender los procesos sociales.  
Volvamos a nuestras preguntas iniciales. ¿Qué desafíos se le abren a la logoterapia y a su “optimismo del pasado” en esta nueva realidad que acabamos de describir? Pienso que podemos recorrer dos caminos: primero, reivindicar el tiempo futuro como tiempo de esperanza y de sentido, y por otro lado, el tiempo del encuentro con los otros, caracterizado por lo que Frankl llamó con uno de sus clásicas genialidades: la autotrascendencia recíproca.


El futuro de esperanza y de sentido

Minkowski en su clásico El tiempo vivido afirma que “en la vida todo lo que tiene una dirección en el tiempo tiene ímpetu, avanza, progresa hacia el futuro. Del mismo modo, en cuanto pienso en una orientación dentro del tiempo, me siento irresistiblemente impulsado hacia adelante y veo que el futuro se abre delante de mí. Y este hecho de ‘ser impulsado’ no tiene en sí nada de pasivo; de ningún modo quiere decir que fuerzas externas me constriñen a mirar delante de mí y a avanzar en esa dirección; no, el significado es totalmente diverso. Quiere decir que tiendo espontáneamente con todas mis fuerzas, con todo mi ser, hacia el futuro, realizando, así, toda la plenitud de vida de que en general soy capaz desde este punto de vista6.  
Presento un caso que expresa muy bien esto que podríamos llamar el “optimismo del futuro”. Se trata de un adulto joven de 45 años, próximo a la muerte, por un melanocarcinoma, que participa en una psicoterapia de ensueño dirigido, durante la que, estimulado por la imagen de despedir a su familia, relata:
Paciente (P): (en dialogo con la madre) “Me pregunta si volveré y le digo que no. Ella acepta. Sufre pero acepta”.
Terapeuta (T): “¿Cómo te sientes?”
P: “Bien. . . siento que es difícil dejar la familia. Algo se rompe, pero la relación sigue. . . quisieras hacer algo más, estar más tiempo con ellos, pero estoy tranquilo. Y si. . . decir adiós es difícil” 
T: “¿Y a dónde vas?”
P. : “Tengo que ir a la ciudad a tomar un avión. Dejo el auto a mis amigos. Me gustaba ese auto, era un buen auto. La cosa que me sorprende es que no tengo valijas. Solo un pequeño bolso de mano. Tomo el avión y hago un largo viaje, de esos transoceánicos. El viaje es tranquilo, tengo que hacer dos escalas. Paseo un poco en estos aeropuertos, nada especial. . . en el aeropuerto de llegada, veo bajar por la cinta porta maletas, a sorpresa, una valija para mí. Es casi nueva, linda. La abro y encuentro poca ropa y muchos regalos que no se de donde vienen. Los regalos están envueltos en papel regalo de muchos colores. Linda fuera pero mejor por dentro. Esta el chocolate que me gusta y los regalos son para mí y para mis amigos. Me conmuevo pensando en los regalos. En el hecho de que alguien me haya hecho regalos (se conmueve)”.

En la entrevista siguiente en la que juntos buscábamos de buscar el significado del ensueño, mi paciente veía la vida que se escapaba velozmente (transporte aéreo), que este era un momento de llegada y de partida (el aeropuerto), la valija era para él un don de Dios gratuito (los paquetes, los regalos), que contenían la vida (representada por los colores). Los amigos presentes en el aeropuerto de salida y en el de llegada, significaban los afectos que había podido vivir. Me decía que se había conmovido, simplemente porque los regalos conmueven. Concluía diciendo: “todo es un regalo de Dios: la vida, la enfermedad, la curación, y la no curación”. Su muerte serena se produce unos 2/3 meses después de esta sesión.
Con este relato quiero demostrar, en la brevedad de esta intervención, cuanto el futuro juega aun en personas en las que su vida se está concluyendo. La muerte puso a mi paciente de frente al verdadero sentido de su vida, encontrado en su pasado: familia, amigos, afectos y hasta en un buen auto; y al mismo tiempo en un futuro que le jugaba “por sorpresa” con valijas no esperadas, no construidas en el pasado, no fruto del esfuerzo sino que más bien “regaladas” por la vida.


Autotrascendencia recíproca

El segundo camino de búsqueda de sentido en la temporalidad humana nos lleva al tiempo compartido. Pero como Frankl subraya, el verdadero encuentro se basa en la autotrascendencia y no en la autoexpresión. Para el vienés el verdadero encuentro se trasciende hacia el logos superando la plataforma de la autoexpresión7. Podríamos agregar aún más, que la sola autoexpresión emotiva llevándola a la narración histórica de la propia vida, permite el logos del sé.


Conclusiones

La ontología del tiempo frankleana, basada sobre el optimismo del pasado, acepta el desafío psicopatológico de la época: la insuficiencia del conector histórico y ofrece dos elementos terapéuticos presentes ya en la reflexión del Frankl: el sentido del futuro en la esperanza y el tiempo compartido en el logos de la narración histórica. La visión de los procesos sociales y culturales y del característico “ser en el mundo” de nuestros pacientes abren estos caminos de desarrollo indagativo. El en el fondo, la vida, el alma y el tiempo son conceptos que se refieren recíprocamente. Son eternas y provocan la misma situación de sorpresa del autor cuando las escribe, las reflexiones de San Agustín del tiempo, como distensión del alma: “Y esto me ha llevado a la conclusión de que el tiempo no es más que una distensión. Pero ¿distensión de qué? Lo ignoro. Sería sorprendente que no fuera una distensión del mismo espíritu”8.


Referencias

1 BENEDETTO XVI, Spe Salvi, n. 1.

2 Cfr. FRANKL, V. , Temporalidad y mortalidad: un ensayo ontológico, en psicoterapia y humanismo, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1992, pp. 113-125.

3 Cfr. MOLENAT, X. , L’individu hypermoderne: vers une mutation anthropologique? Rivista Sciences Humaines, (n° 154), novembre 2004, p. 38.

4 Cfr. GALIMBERTI, U. , Psichiatria e fenomenologia, Feltrinelli, Milano, 2006, p. 321.

5 Cfr. CARGNELLO, D. , Alterità e alienità, Feltrinelli, Milano, 1977, p. 269.

6 MINKOWSKI, E. , El tiempo vivido, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1973, pp. 39-40.

7 Cfr. FRANKL, V. , La sfida del significato, Erikson, Trento, 2005, p. 86.

8 “Inde mihi visum est nihil esse aliud tempus quam distentionem: sed cuius rei, nescio, et mirum, si non ipsius animi”. AGUSTIN DE HIPONA, Confesiones, XI, 26, 33. Distentionem etimológicamente significa: “tender en sentidos opuestos”. Por lo tanto, para Agustín, la distensión del alma sería una expansión de sí en espera, atención y memoria.

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