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Última actualización web: 16/05/2022

El Rorschach, ida y vuelta.

Autor/autores: Jaime Fúster Pérez
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Desde las respuestas que da el sujeto hasta la interpretación que realiza el especialista, se da en el Rorschach un camino de ida y vuelta. Cuando ante las láminas, estímulos un tanto ambiguos e imprecisos, se le pregunta que ¿qué podría ser esto?, sus respuestas, mucho más libres que ante un estímulo concreto, son sus respuestas. Muy suyas y muy de su momento. En ellas usa un lenguaje coloquial mediante frases formadas por sujetos, los sustantivos de las oraciones gramaticales con que responde, y predicados que los acompañan.

La persona se expresa siempre en función de quién es y cómo está. Este es el camino de ida, el que va de la persona al Rorschach. Las respuestas son traducidas por el especialista a códigos, que manejados, directamente unos y mediante sencillos cálculos matemáticos otros, dan valores para las distintas variables del Rorschach. La comparación de esos valores con los correspondientes a la población normal a que pertenece el sujeto, permite conocer los rasgos de su personalidad. Este es el camino de vuelta, el que desde el Rorschach nos lleva a la personalidad estudiada.

Palabras clave: Percepción, Personalidad, Proyección, Rasgos, Rorschach

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El Rorschach, ida y vuelta.

Jaime Fúster Pérez.

Profesor de Rorschach de la
Sociedad Española del Rorschach y Métodos Proyectivos.

PALABRAS CLAVE: Rorschach, percepción, proyección, Rasgos, personalidad.

Resumen

Desde las respuestas que da el sujeto hasta la interpretación que realiza el especialista, se da en el Rorschach un camino de ida y vuelta.

Cuando ante las láminas, estímulos un tanto ambiguos e imprecisos, se le pregunta que ¿qué podría ser esto?, sus respuestas, mucho más libres que ante un estímulo concreto, son sus respuestas. Muy suyas y muy de su momento.

En ellas usa un lenguaje coloquial mediante frases formadas por sujetos, los sustantivos de las oraciones gramaticales con que responde, y predicados que los acompañan. La persona se expresa siempre en función de quién es y cómo está. Este es el camino de ida, el que va de la persona al Rorschach.

Las respuestas son traducidas por el especialista a códigos, que manejados, directamente unos y mediante sencillos cálculos matemáticos otros, dan valores para las distintas variables del Rorschach. La comparación de esos valores con los correspondientes a la población normal a que pertenece el sujeto, permite conocer los rasgos de su personalidad. Este es el camino de vuelta, el que desde el Rorschach nos lleva a la personalidad estudiada.

“Una prueba basada en la Percepción”

En una visión global de la persona, viéndola desde fuera nos damos cuenta de que se muestra en muchísimos aspectos de su conducta, casi podemos decir, en todos y en todo. En las familias sabemos quién es el último que ha entrado en el cuarto de baño, o el que ha pasado por el comedor; decimos “eso es muy tuyo”, o “eso es impropio de ti, no me lo esperaba”; “no es tu estilo” o “eres capaz de todo”. Realmente las personas se comportan con una gran transparencia, en sus acciones, en las formas y los modos, en las preferencias, en sus temores, en sus reservas; en resumidas cuentas, en todo las personas se proyectan.  
No me refiero a la “Proyección” como “mecanismo de defensa”, como explica la psicología dinámica, sino más bien a algo semejante a lo que ocurre cuando un rayo de luz atraviesa una diapositiva y en la pantalla no se ve el rayo de luz sino lo que hay en la diapositiva. Es por eso por lo que el Rorschach es una prueba proyectiva y es eso por lo que su autor pensó en basarse en la percepción, porque de ella se podía obtener una riquísima información de la personalidad estudiada.


Conocer, predecir, percibir

Conocer es útil para vivir porque nos permite predecir y actuamos en función de nuestras predicciones. Cuando se cumplen, como esperamos, actuamos con normalidad, sin grandes reflexiones; cuando no es así nos sorprendemos y nuestra actividad sufre algún tipo de demora porque hemos de reflexionar hasta encontrar la actuación adecuada a esas circunstancias inesperadas.  
Esta, que parece ser la forma de funcionar habitual en los humanos, ocurre sin embargo desde los más incipientes niveles de funcionamiento de nuestro cerebro, mucho antes de que se pueda hablar de decisión y volición, ya en el proceso inicial de la percepción. También en él se funciona por predicciones, desde nivel cortical.

Si imaginamos la percepción visual, que es la que con respecto al Rorschach nos interesa; nuestro cortex está formado por varias capas (seis, según Hawkins, 2005), (podemos imaginarlas a modo de tarjetas de visita superpuestas) con distintos niveles jerárquicos. En cada una de ellas existen neuronas con funciones especificas. Entre cada capa y la siguiente se establecen rutas de información de “ida y vuelta”, ascendente y descendente.  
La primera capa, a la que llegan las señales procedentes del nervio óptico, percibe los pequeños detalles, que los movimientos oculares (entre ellos los sacádicos) le van proporcionando. Envía (ida) esa información a la segunda capa, que es capaz de integrarlos en detalles más complejos; en ella existen ya memorias de “representaciones invariables” (como patrones conocidos) adquiridas de experiencias anteriores. Si se identifica algo conocido se enviará a su vez esa información a la primera capa (vuelta) para que vaya buscando alguna otra cosa que predice que debe de existir; si se cumple la predicción el proceso será rutinario, pero si no se encuentra lo que a continuación se esperaba, el proceso cortical, al igual que ocurre en nuestro hacer como personas, también se lentificará porque requerirá precisar mejor ese detalle que no cuadra.  
La segunda capa actúa de semejante forma con respecto a la siguiente, que también integra “representaciones invariables” mas amplias y complejas que las anteriores, ocurriendo algo semejante en la “ida y vuelta” de la información. Así irá ocurriendo sucesivamente en las capas siguientes, que al subir verticalmente lo hacen también jerárquicamente, por lo que serán cada vez más capaces de conservar representaciones invariables más complejas, más globales.  
Mientras en las capas inferiores las representaciones son tan pequeñas (como si sólo fueran segmentos) que no podemos darles una denominación, no tienen en si mismas lo que nosotros llamaríamos significado, conforme se asciende las representaciones invariables cada vez lo tienen más, hasta llegar a responder a la idea de conceptos. Incluso con frecuencia pueden ser patrones tan complejos que en ellos figuren representaciones mixtas en las que varios sentidos concurran (ver la representación de la figura 1).  
Para mejor aclaración tomamos el siguiente ejemplo de Hawkins (2005): “Dediquemos un momento a observar nuestro entorno. Los patrones de la retina que entran en nuestra corteza cerebral visual primaria se combinan para formar segmentos de línea. Los segmentos de línea se combinan para crear formas más complejas. Estas formas más complejas se combinan para formar objetos como las narices. Las narices se combinan con los ojos y las bocas para formar rostros. Y los rostros se combinan con otras partes del cuerpo para formar la persona que está sentada en la habitación frente a usted. ” 
Esto significa que para cada persona existirán en cada uno de esos niveles de la jerarquía cortical representaciones invariables, que como no son genéticas sino procedentes de experiencias anteriores, serán distintas para cada persona. Eso supone la presencia de grandes diferencias individuales en la percepción, que esa jerarquía cortical señalada hará más acusada en cada capa y que se reflejará a la hora de analizar lo percibido.
En la figura siguiente representa de una forma muy simplificada lo que parece ocurrir en esas capas sucesivas de la Jerarquía cortical.

Figura 1


Los esquemas de Tacto y Oído, dibujados más sencillos para simplificar el gráfico, deberían ser tan complejos como los de Visión.  
En todas las casillas y en todas las capas jerárquicas ocurre lo que señalamos en las casillas blancas. La primera capa recibe información múltiple desde el exterior (flechas entrantes), información sin significado en si misma. La segunda recibe esa información y la compara con informaciones anteriores de las que conserva representaciones invariables que le permiten hacer una predicción e informar a la primera sobre lo que espera. La relación entre los diferentes niveles es siempre bidireccional, de “ida y vuelta”, como señalan las flechas. Las entradas a cada capa son ascendentes (ida) en tanto que las predicciones de las capas superiores son descendentes (vuelta), dirigiéndose a la capa anterior. Conforme se asciende en vertical se hace jerárquicamente y las “representaciones invariables” van teniendo más significado.  

Es importante tener en cuenta que esas experiencias adquiridas que dan lugar a las representaciones invariables existen desde la segunda capa. Eso supone, que personas de determinadas civilizaciones tendrán preparados sus oídos (debido a esas experiencias anteriores adquiridas) para determinados sonidos y formas de armonizarlos, en tanto que otros sonidos u otras formas de armonía les parecerán extrañas.  
Pero volviendo a la visión, que es a lo interesa cuando nos referimos al Rorschach, personas que se hayan desarrollado en la selva tendrán unas primeras representaciones invariables (correspondientes a las primeras capas) multicolores, con luces y sombras y construidas con líneas fragmentadas, en tanto que quien lo haya sido en los polos las tendrá más de blancos y de líneas contínuas. Esas diferencias se irán haciendo más acusadas conforme se vaya ascendiendo en las capas corticales, de forma que definirán cada vez más las diferencias individuales.  
Consideramos muy importante tener en cuenta que los orígenes de esas diferencias individuales empezarán por ser geográficos y en su función climatológicos y ambientales, y de nuevo como consecuencia de ello, culturales y, finalmente, personales.  
Aun cuando al crearse el Rorschach, y hasta hace muy pocos años, no se dispusiera de estos conocimientos, si que conocíamos sus efectos. Así considerábamos que si alguien decía como respuesta “eso podría ser una bandera argentina”, era porque tenia un conocimiento anterior de dicha bandera. Ahora, pensando en esas capas corticales, podemos añadir que ese conocimiento sería una “representación invariable”, propia de capas corticales superiores y, en función de las jerarquías verticales a las que nos hemos referido, existirían en niveles previos otras “representaciones invariables” como la de la “forma” de una bandera, la del “color azul”, la de la “forma de ondear”, la de que tienen “arrugas”, la de los segmentos que configuran su forma, etc…
Es esta la primera ida y vuelta que se da en el Rorschach. Propiamente no es suya sino de aquello en que se apoya, la forma que en nuestro cerebro se realiza la percepción desde el sentido de la vista.


Las respuestas en el Rorschach

He dicho en el resumen inicial que al ser las láminas estímulos ambiguos e imprecisos, las respuestas a la consigna son mucho más libres que ante un estímulo concreto. Para cada persona serán “sus respuestas”. Muy “suyas” y muy de “su” momento.
Esta claro que ante cualquier estímulo concreto la representación invariable con la que finalmente se definirá está totalmente obligada por el propio objeto. Cualquier persona normal ante la fotografía de una mariposa verá una mariposa, con su forma, su tamaño, sus manchas, sus colores, etc.  
En la imagen de la figura 2, que sigue, está claro que hasta localizar a una representación invariable aceptable serán precisas muchas “idas y vueltas” de información entre las capas corticales. Sin embargo o no se llega a encontrar ninguna o si se consigue es la de un perro Dálmata. Además una vez encontrada se tendrá la seguridad y la satisfacción de haber acertado.  
Ante las láminas del Rorschach es diferente. La imprecisión y ambigüedad de los manchas obligan a que sea el sujeto el que se impone, el que decide, un poco el que, construye su respuesta como el artista su obra de arte. En esas “idas y vueltas” en las capas corticales no suele llegar a un “representación invariable”, sino que elije, entre muchas posibles una que para él sea aceptable. La percepción final es a medias de la mancha y a medias suya. En ocasiones más suya que de la mancha. A veces mucho, mucho más. Se le ha preguntado: ¿Qué podría ser eso? no que ¿qué es eso? y además se ha usado el pronombre “eso”, que es indefinido y aunque también se le ha insistido en que no hay respuestas malas, nunca va a saber si ha acertado, por eso suele empezar su respuesta con: eso podría ser….

Figura 2


Si, como he dicho, en nuestras cotidianidades normales y concretas nos proyectamos, ¿cuanto más no lo haremos ante estos estímulos que lo permiten “casi todo?”.  
Hemos dicho también que la respuesta es muy de “su momento”. Si al decir “suyas” hacemos referencia a “rasgos de personalidad”, cuando decimos “su momento” nos estamos refiriendo a “estados”.
Un ejemplo muy sencillo: En el Rorschach sabemos que existen tres láminas multicolores. Si una persona nos respondiera con “banderas azules como las de Argentina ondeando al viento”, con “una fiesta con un castillo de fuegos artificiales de todos los colores”; con “unos cangrejitos azules”, nos sorprendería si nos dijera que estaba muy deprimida, nos cuadraría más si estuviera quizás algo hipomaníaca.
Por lo dicho el Rorschach es también de ida y vuelta, el sujeto da sus respuestas, en función de sus rasgos y estados y desde ellas a través del test se obtienen los valores de sus variables, capaces de describir sus rasgos y estados, su personalidad.

La persona en el Rorschach es siempre principio y fin

La persona a la que se le administra Rorschach responde a la consigna: “¿Qué podría ser eso?” explicando su “percepción” mediante palabras y frases del “lenguaje coloquial”.
El test estudia las sucesivas respuestas que en cada lámina se da a esa pregunta y en cada respuesta busca tanto su semántica (“el qué”: los contenidos), como la forma en que ha sido explicada (“el cómo”: los determinantes; “el donde”: la localización; “el ajuste”: la calidad formal; etc). La técnica de la prueba se basa en agrupar los “conceptos” (palabras o frases) con que el probando formula su respuesta en determinadas “clases”.  
A cada “clase de conceptos” (respuesta global, sintetizada, de forma, de color…) el test le asigna un “código” (W, +, F, C…). A esta acción se le llama codificar, y permite el recuento y la operatividad matemática de los distintos códigos.  
Los códigos (clases de palabras codificadas) constituyen las “variables directas” del Rorschach, (que se agrupan en la Secuencia de Codificaciones y en la parte superior del Sumario Estructural). Desde ellas y mediante sencillas operaciones matemáticas se obtienen las “variables derivadas”. Unas y otras constituyen las “Variables del Rorschach”.
Gráficamente la Codificación se podría expresar así:

A: Codificación

El estudio de multitud de casos de población normal y de otros con diferentes patologías ha permitido disponer de referentes estadísticos con los que comparar los valores obtenidos en las variables del test de cada persona con la población normal a la que pertenece y poder clasificarla por comparación con esos valores.
Pero es más, se sabe que cada variable es representativa de algún rasgo de personalidad. Será distinto según que el valor de la variable sea el esperado (estadísticamente hablando), mayor, menor, o que en esa prueba no se dé. Esto permite ampliar aquella clasificación inicial y poder explicar como es esa persona con respecto a cada uno de los rasgos (afectividad, capacidad de demorar sus respuestas, etc. ) que las variables representan. A esa explicación es lo que llamamos Interpretación que realmente sería una decodificación y que también gráficamente, se podría representar: 

B: Interpretación (decodificación)

Consideramos que debe de existir una cierta correspondencia entre la personalidad (rasgos y estados) y las Variables del Rorschach de ese individuo. Es una correspondencia “no exactamente biunívoca”, debido tanto a la difícil cuantificación y definición de la personalidad, como a lo numeroso de las variables que se consideran y de las oscilaciones que pueden experimentar sus valores.
Si unimos los dos procesos, vemos que el A es seguido del B en un movimiento claramente circular, un verdadero “ida y vuelta”.

A+ B: El proceso completo

En la “codificación” se pasan las “palabras” de las respuestas (que suponemos originadas o influidas por los rasgos o estados de su personalidad) a “códigos” y de estos a las variables Rorschach.  
La decodificación es mucho más compleja puesto que se trata de hacer una inferencia dando un paso mucho más hacia atrás, tratamos de pasar de las “Variables” del Rorschach “a los rasgos o estados” que subyaciendo en la persona le han debido de llevar a usar esas clases de conceptos en sus respuestas.

Aun existe una posibilidad más al alcance de un buen especialista en el test, la “hipercodificación”.
Llamamos así a la capacidad de inferir, desde los “rasgos y estados” que definen una personalidad, bien sea normal o patológica, cuales son los “valores esperables para cada una de las variables del Rorschach” que le podrían corresponder.
Podemos darnos cuenta de que el proceso C es semejante a un proceso A sincopado, puesto que no están presentes las verbalizaciones del sujeto.

 

C: Hipercodificación

Solo quien este capacitado para entender este proceso también, estará en condiciones de valorar la validez del Rorschach de un sujeto concreto, o sea conociendo al sujeto y consecuentemente sus rasgos de personalidad y estados, considerar si el Rorschach que se le ha administrado le corresponde. Igualmente es preciso ser capaz de realizar este proceso para poder realizar diagnósticos y más especialmente si de diagnósticos diferenciales se trata.


Conclusión

De todos modos quizás lo que consideramos más importante de las “idas y vueltas” en el Rorschach es tener claro que, como cualquier otra prueba, nos ha de describir a una persona; de tal manera que si conocemos bien a esa persona la descripción que de ella obtengamos mediante el Rorschach debe, en líneas generales, coincidir con ella. Si no fuera así, si no coincidiera, o no se conocía tan bien como se suponía a esa persona, o el Rorschach estaba mal; mal administrado, mal codificado o interpretado, ya que:
“Desde la persona se llega al Rorschach y desde el Rorschach a la persona”.


Bibliografía

Exner, J. (1994) El Rorschach. Un Sistema Comprehensivo. Volumen 1: Fundamentos Básicos. Tercera edición. Madrid. Psimática
Forns, M-Kirchner, T-Torres, M (1991) Principales modelos de evaluación psicológica. Barcelona. L’estudi d’en llop.
Fúster, J. (1995) Conocer el Rorschach. Valencia. Promolibro
Fúster, J. (1998) Practicar el Rorschach. Valencia. Promolibro
Hawkins, J & Blakeslee, S. (2005) Sobre la inteligencia. Madrid. Espasa








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