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Última actualización web: 18/05/2022

Intervención psicopedagógica con adolescenes en el ámbito familiar en la sociedad del conocimiento.

Autor/autores: Julio Ramiro Bargueño
Fecha Publicación: 01/03/2008
Área temática: Psiquiatría general .
Tipo de trabajo:  Conferencia

RESUMEN

Se plantea la intervención psicopedagógica en la familia desde una perspectiva ecológica-sistémica con adolescentes, incluyendo la influencias y relaciones que se entretejen considerando el contexto de la sociedad del conocimiento y las TICs.

Palabras clave: Intervención psicopedagógica, adolescentes

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Intervención psicopedagógica con adolescenes en el ámbito familiar en la sociedad del conocimiento.

Jacobo Cano Escoriaza*; Julio Ramiro Bargueño**.

* Universidad de Zaragoza

** Doctor en Ciencias Físicas. Universidad Rey Juan Carlos. (Madrid)

Se plantea la intervención psicopedagógica en la familia desde una perspectiva ecológica-sistémica con adolescentes, incluyendo la influencias y relaciones que se entretejen considerando el contexto de la sociedad del conocimiento y las TICs.

Introducción

La sociedad del conocimiento presenta nuevos retos para la familia y la escuela, las cuales desempeñan un papel protagonista y prioritario en la educación de los niños y jóvenes. Sin embargo, la relación entre estas dos instituciones atraviesa momentos de crisis y ciertos desencuentros en los albores del siglo XXI 
No cabe duda, que los cambios sociales, económicos, tecnológicos y axiológicos están removiendo los cimientos de la sociedad y están provocando ciertos sentimientos de inseguridad, de incertidumbre, consustanciales al propio cambio y crecimiento. La familia y la escuela no son ajenos a dichos cambios.
Proponemos analizar una serie de actitudes positivas y negativas que se pueden dar en las relaciones entre la familia y la escuela. Dichas actitudes influyen en la mayor o menor colaboración o en el confrontamiento constructivo/destructivo que en muchas ocasiones se da y beneficia/perjudica al joven.


Evolución de las dificultades en el ámbito familiar

Podemos comenzar preguntándonos qué entendemos por el término “crisis”. ¿Qué significado atribuimos a este concepto? Nos parece relevante señalar algunas matizaciones hacia la crisis y reflexionar, a partir de aquí, cuál es la relación entre la familia y la escuela y en qué medida afecta o influye en el desarrollo integral de los jóvenes.
Veamos dos concepciones esenciales del concepto crisis:

a) Si nos preguntáramos cuál es la primera sensación o sentimiento que nos viene cuando hablamos de una crisis, a muchos nos vendría repentinamente aspectos negativos, derrotistas, pesimistas, algo malo, etc. En definitiva, problemas.  

b) En segundo lugar, creemos que no está suficientemente bien entendida la atribución más positiva u optimista de la crisis. En este sentido, muchos de nosotros es posible que no entendamos que la crisis puede ser una oportunidad de crecimiento, de superación, de cambio, de camino ineludible hacia la madurez. Es, precisamente desde este prisma, desde el que la crisis no se convierte como anteriormente decíamos en algo negativo, y, por consiguiente, algo que naturalmente tendemos a evitar y a escapar, sino que, por el contrario, puede suponer un peldaño necesario para cambiar, para perfeccionarse, para evolucionar.
Las crisis, por lo tanto, pueden ser vividas como problemas y/o como oportunidades de cambio y de mejora continua. Es preciso dar un giro en esta dirección para que la familia y la escuela de nuestro contexto europeo afronten de mejor forma los retos del siglo XXI.
La institución familiar y escolar atraviesan, desde nuestro punto de vista, por un periodo de crisis, entendido, como un espacio de tiempo y un conjunto de circunstancias que nos llevan a preguntarnos cuáles son los roles y funciones principales de ambas instituciones, de qué manera se pueden desarrollar cauces estrechos de participación activa y colaboración mutua para encarar con más garantías una educación y formación integral y de calidad para los jóvenes, protagonistas principales y constructores de la sociedad europea del futuro (Delors, 1994).
Conviene analizar las diferentes variables que intervienen y van moldeando el devenir de ambas instituciones, al tiempo que se hace cada vez más imprescindible superar ciertas actitudes que poco aportan a dicho avance y progreso.


Sociedad del conocimiento y relación entre la institución familiar y escolar

Las nuevas tecnologías ponen hoy en día a nuestro alcance nada más y nada menos que “todo el saber universal” en nuestra propia casa “en cualquier situación temporal” a cambio de unas condiciones económicas asequibles a la práctica totalidad de la población. Incluso lugares remotos y de muy difícil acceso físico, cuentan con dichas posibilidades gracias a las actuales comunicaciones inalámbricas. Este hecho particular, se está traduciendo, en estos lugares “olvidados” por el mundo tecnológico, en una notable calidad de las condiciones de vida de sus gentes.

A continuación, analizamos una serie de elementos y actitudes que pueden dificultar una adecuada colaboración entre la familia y la escuela:

1. Culpabilizar al otro: “Si tal profesor hubiera sabido tratar a mi hijo, éste no estaría desmotivado; si sus padres se preocuparan por educar en casa a su hijo en las normas elementales, no daría tantos problemas en clase, etc. ”

2. Negar los nuevos retos y desafíos de la sociedad europea del siglo XXI. “Antes no teníamos ni ordenadores, ni internet ni muchas otras cosas, y todo era más fácil que ahora. . . ”

3. Atender a la diversidad, ya que no se consiguen los mejores resultados educando de idéntica forma a cada hijo. En este sentido, en ocasiones no se asumen la incertidumbre y las transiciones que suponen los cambios. “Ciertamente, atender a cada uno según sus necesidades no siempre es tan cómodo ni tan fácil que dar lo mismo para todos, y que cada uno se apañe como antes lo hacíamos. . . ”.  

4. La escasez de criterios de análisis y criba de la información en la sociedad del conocimiento. “Parece que todo vale; toda la información está disponible, sin límites ni restricciones. Investigas algo y te aparecen todo tipo de soluciones: también las destructivas y nocivas al lado de las mejores. . . ”. Ante la gran cantidad de información, es preciso crear espacios donde se fomente la formación, donde se forjen criterios sólidos fundantes de la vida que se apoyen en las experiencias compartidas en familia.

5. Las dificultades y problemáticas diversas de las relaciones intergeneracionales. “Se ha perdido el respeto, el diálogo a nivel profundo, la capacidad de ponerse en el lugar de la otra persona, la resolución de conflictos de forma constructiva y pacífica, etc. ”

6. La intolerancia. “Se rechaza a quien es diferente del resto: a quien tiene menos capacidades, se le margina; a quien sobresale en algo se le intenta “normalizar” no dejándole desarrollar todas sus potencialidades, etc. ”

7. El autoritarismo. “Antes todo era más rígido y firme, se tenía verdadera veneración por el profesor y respeto –y en demasiadas ocasiones, miedo- a los padres, especialmente al padre. . Y cuando se traía algún castigo del colegio, se recibía otro en casa, para dejar bien claro lo que había que hacer y lo que no”. Es creciente el número de padres que tienen miedo al chantaje emocional y psicológico de sus hijos, de edades cada vez más tempranas, fundamentado en numerosas ocasiones en el escaso tiempo que comparten padres e hijos. Aparenta ser más fácil comprar la educación y felicidad de los hijos con concesiones desmedidas, que regalarles tiempo “del cada vez más importante trabajo”.

8. La ausencia de límites. “El niño es el rey de la casa y es el que manda en muchas ocasiones en clase provocando y desesperando al profesor”. Se educa desde la educación recibida uno mismo por sus propios padres. Y en ocasiones se da un contraste muy extremo: de una educación rígida de décadas pasadas a un estilo educativo permisivo e incongruente.


Pero no está todo perdido. Al contrario. Caben nuevas formas de hacer las cosas. Proponemos una serie de caminos, muchos de ellos no son fáciles y requieren de tiempo y paciencia, pero nos pueden llevar, sin embargo, a una sólida colaboración entre la familia y la escuela, al tiempo que repercuta en una mejor formación futura de los jóvenes, auténticos protagonistas de la construcción europea del siglo XXI.

1. Pasar de la culpa que pesa y oprime a la corresponsabilidad.

En muchas ocasiones esperamos que el niño cambie, tanto en clase como en casa. Es importante analizar cómo los comportamientos y actitudes de los padres y de los propios profesores, pueden influir de manera directa en el niño. Los padres, sobre todo, necesitan encuentros de reflexión y diálogo que les permitan exponer sus dudas, dificultades y agobios a la hora de educar a sus hijos, haciéndose conscientes de que lo hacen lo mejor que saben y pueden y que nadie les ha enseñado.  

2. Promover un equilibrio entre las tradiciones y las innovaciones.

Es fundamental encontrar los aspectos positivos de las maneras de educar del pasado, así como incorporar las innovaciones que permitan una mejoras en la educación. Las nuevas tecnologías pueden proporcionar nuevas formas de aprendizaje, de descubrir el mundo, etc. Y son cada vez más una herramienta tremendamente interesante para lograr un crecimiento adecuado especialmente de los alumnos (hijos) con mayores problemas académicos. En este sentido el Ministerio y determinadas Comunidades Autónomas (véase el caso de Educa Madrid en la CAM) fomentan programas educativos en la red (y facilitan el acceso a los mismos) de gran utilidad a padres e hijos con problemas educacionales graves. No los neguemos, desde nuestro miedo al progreso tecnológico.

3. Aceptar que las crisis, como oportunidades para cambiar, implican cierta dosis de incertidumbre. En un mundo de seguridades, es cierto que este proceso resulta duro de asumir, pero resulta conveniente recordar que la vida se ha ido abriendo camino a través de las continuas transformaciones y mutaciones que siempre conllevan riesgos no exentos de sufrimientos.

A veces, algunos padres o profesores pueden experimentar cierta preocupación o angustia a la hora de afrontar diversos cambios. Por ejemplo, es una transición interesante en la relación padres-hijos pasar de una mayor autoridad en forma de órdenes a intentar pactar con los hijos a través del diálogo diversos temas.

4. reflexionar y dialogar para consensuar una propuesta de valores y criterios referenciales.

Es preciso recuperar en la escuela y la familia una serie de valores que merezcan la pena trabajarse. Frente a la competitividad atroz la solidaridad; frente el individualismo, el trabajo en equipo; frente a la vagancia y la vida fácil, la recuperación del esfuerzo en el trabajo personal; frente al conflicto, maneras pacíficas de resolver los problemas, etc.

5. Incrementar el diálogo intergeneracional y la confrontación civilizada de diferentes posturas (Urra, 2001). La estructura familiar cada vez presenta mayor número de generaciones en convivencia: bisabuelos, abuelos, padres e hijos, no pueden desaprovechar la tremenda riqueza que supone el intercambio de experiencias de vida.

El diálogo implica ver lo positivo del otro, empatizar, es decir, ponerse en el lugar de la otra persona para comprender su mundo y sus circunstancias, lo que implica la superación de mi propio egoísmo.


Conclusiones

Hoy, más que nunca, son necesarios espacios específicos donde se encuentren los padres, el profesorado, los orientadores, los equipos directivos y los propios jóvenes, según sus edades, donde puedan debatir y confrontar sus opiniones ante temas de tanta actualidad y urgencia como la prevención de las drogodependencias, de los trastornos del comportamiento alimentario, el desarrollo de opiniones críticas y posturas de acercamiento en la soluciones de los conflictos, el favorecimiento de la ecología y de una cultura de la paz, el consumo solidario y responsable, la tolerancia, la libertad religiosa, etc. En este sentido es muy importante destacar que todos los miembros implicados en la educación de los hijos, han de seguir directrices comunes y firmes, de manera que el alumno-hijo encuentre un camino sólido y bien forjado, y no tenga ante él multitud de aparentes atajos que le llevan confusión y fracaso.
Dentro de las programaciones anuales, es preciso organizar y reservar ciertos espacios de comunicación entre los distintos miembros de la comunidad educativa. Y estar abiertos a nuevas iniciativas que propicien este diálogo entre todos, como elemento de calidad de la educación. El orientador –en colaboración con el equipo de tutores y las familias-, en este sentido, puede ejercer un papel relevante y fundamental en su función de coordinación de las distintas personas, tendiendo puentes para una comunicación más positiva, en definitiva, más facilitadora de la construcción más humana de la Europa del siglo XXI, complementándose y potenciando la utilización de las nuevas tecnologías en el marco de la sociedad del conocimiento.


Bibliografía

Delors, J. (1994): La educación encierra un tesoro. Santillana, Ediciones UNESCO.

Urra, J. (2001): El futuro de la infancia. Madrid: Pirámide.

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