La gestión de la enfermedad mental en el sistema sanitario resulta una labor ardua; en las últimas décadas se ha intentado desarrollar políticas asistenciales integradas, que incluyen sistemas sanitarios coordinados, comprehensivos y continuos (Gask, 2005). En consecuencia, surgen numerosos modelos de trabajo que han profundizado en la coordinación entre los ámbitos asistenciales de atención primaria y especializada en la gestión de la salu