La comunicación aborda el tema de la separación entre espacio público y privado y el problema de la violencia contra las mujeres. Dentro del ámbito privado se situaba a la familia, recubierta de un halo de sacralidad, por consiguiente quedaba vedado al ámbito público inmiscuirse en ella, por ende, lo que ocurría de puertas para adentro quedaba oculto y ocultado, por tanto la violencia allí ejercida quedaba al margen de la justicia y de los derechos. Sin embargo, el delito rompe con el derecho a la privacidad y exige el auxilio del Estado o de las instituciones pertinentes. Esto ya no es un problema de mujeres o grupos de mujeres.Se trata de una cuestión de tal envergadura que ha merecido la atención de organismos internacionales como las Naciones Unidas o el Consejo de Europa y de gobiernos de distintos países que desde hace casi de treinta años se dispusieron a investigar, asistir y desarrollar programas de prevención, con el objetivo último de disminu ir el caudal de Violencia contra la mujer y la violencia intrafamiliar. No se debe ni justificar ni minimizar el problema de los malos tratos que deja de ser un asunto privado para constituirse en un problema social. Para solucionar este problema social se debe reconocer, identificarlo y definirlo. La violencia contra las mujeres tiene efectos muy graves y perniciosos que irradian a todos los miembros de la familia o de convivencia. Lo que resulta muy duro es aceptar que ese comportamiento violento es, necesariamente, generador de delitos de diversa índole, con sus consecuencias y víctimas correspondientes, por tanto deja de ser un tema que no sólo que atañe al espacio privado sino que involucra al espacio público.