Hacer bien lo que hay que hacer, esforzarse en ello, gozarse en el logro, complacer a quienes nos rodean y disfrutarlo, servirse de nuestra vida y obras para alcanzar la felicidad y convertir en gustosa aventura nuestra travesía biográfica es algo que ?consciente o incoscientemente- pretendemos siempre. Pero en este proceso se entremezclan factores biológicos, psicológicos, actitudes, entornos educativos, sociales, y la libertad personal que se va forjando y manifestando con el tiempo. Todos estos elementos se combinan en círculos de retroalimentación o feed-back que enriquecen el vivir de la persona. Uno de los defectos o trastornos más significativos, incluido entre las alteraciones y los trastornos de la personalidad es el Perfeccionismo. Conocido, también como Síndrome del Perfeccionista, o Trastorno Anancástico de la Personalidad.Es propio del hombre querer prosperar; aproximarse a la endaimonía: La vida buena, orientada por la ética, camino de perfección, pues señalará los criterios para alcanzar la felicidad. Con perfección aludimos a un quehacer excelente considerando el enfoque de la eficiencia: Hacer algo bien junto a su coste. Lo mejor es enemigo de bueno; bueno es relativo, y perfección un entrelazamiento de lo técnico y estético, lo material y espiritual que vive el hombre. La perfección es más bien el camino que la meta. Es saber a donde vamos y acercarnos en y desde la felicidad. Ahí está la felicidad, en el camino cuando se siguen los dictados de la ley moral natural, del folleto explicativo que cada uno llevamos consigo y sobre sí mismos.